Nos diferenciamos
Aquí se sitúa el desencuentro. No por mirar a otras te quería menos. Sin embargo tu no puedes soportar que quien contigo va se salga de vez en cuando.
Aquí la discordia entre el hombre y la mujer.
Si la mujer manifiesta tendencias similares es tachada de lasciva y cosas peores que no apuntaré por no tocar allí donde no debiera.
La vida es una y las carnes son promiscuas. Los sistemas apuntan a un control que por pactos diversos se dan.
A los hombres nos ha sido dado un control de vida y no nos han limitado en aspectos como el de dejar que la libido campe a sus anchas.
La mujer va ganando territorio y, también, en lo libidinoso va destapando.
En las páginas dedicadas a temas pasionales, sexuales,... se ve la mano de ellas. La mirada de la mujer no es meramente romántica. Ya se ve.
La entrega más absoluta la tenéis vosotras, nosotros nos dejamos querer. Lo mamamos desde la madre.
Ella como mujer sabe lo frágiles que somos y nos arropa, si puede, siempre.
El trato diferencial tiene una razón de ser. La supervivencia del grupo social depende de la matricial manera del ser.
Vosotras os resolvéis con mejores capacidades. Las niñas conquistan autonomía e independencia. Las madres las hacen fuertes.
Educacional, modelaje,...
Muchas cosas a un tiempo y controlándolo todo. Nosotros nos distraemos.
Miramos fijamente el objeto. Vosotras miráis sin ser vistas, disimuláis el objeto. Enmascaráis y sólo otra mujer capta el mensaje de vuestro gesto. Nosotros no nos damos cuenta.
Cuando alguno de nosotros conquista cotas de listura se crece tanto que cree ser dotado por gran capacidad.
Se sabe que una mujer sobradamente inteligente es capaz de estar en sumisión, sin embargo un hombre ha de ser medido en justo valor. Serán las hormonas, serán.
Se cultivan ciertas actitudes para separarnos.
Tú te quejabas de esa actitud femenina de antagonismo. Ese ser de las mujeres que veías se incrustaba en ti. Esa dificultad de amistad de camaradería que veías en tu hermano con los amigos. La ibas ganando con algunos, pero costaba normalizarla.
¿Cómo hacer de esa relación una amistad y no un romance?
¿Cómo conseguir tener esa mirada limpia del amigo?
Cuantas veces no captaste esa mirada de deseo en quien querías fuera amigo.
Ese bulto en la bragueta en aquella noche en que se tomaran algunas copas de más. Aquel sentimiento de frustración por no haber podido prever que ante tal hecho el amigo dejaría de ser.
Te cortaron alas de promiscuidad y esa fue una de las razones de desencuentro.
Te defendías como podías de su desliz.
Pagabas cerrando vías. Los celos se ponían en marcha. Con ello no contabas. Tu mente no controlaba.
Ese jinete que ha de coger las bridas y controlar el desboque de los caballos que tiran de tan hermoso carro no podía con ello. Te dolías. Te dueles.
Pusiste en marcha una teoría que no te funcionó.
"Si él deja la cama vacía tu la puedes llenar con otra compañía"
No te servía. Llorabas la ausencia. Ahora entiendes la canción de Sabina, "...quinientas noches"
Aquí la discordia entre el hombre y la mujer.
Si la mujer manifiesta tendencias similares es tachada de lasciva y cosas peores que no apuntaré por no tocar allí donde no debiera.
La vida es una y las carnes son promiscuas. Los sistemas apuntan a un control que por pactos diversos se dan.
A los hombres nos ha sido dado un control de vida y no nos han limitado en aspectos como el de dejar que la libido campe a sus anchas.
La mujer va ganando territorio y, también, en lo libidinoso va destapando.
En las páginas dedicadas a temas pasionales, sexuales,... se ve la mano de ellas. La mirada de la mujer no es meramente romántica. Ya se ve.
La entrega más absoluta la tenéis vosotras, nosotros nos dejamos querer. Lo mamamos desde la madre.
Ella como mujer sabe lo frágiles que somos y nos arropa, si puede, siempre.
El trato diferencial tiene una razón de ser. La supervivencia del grupo social depende de la matricial manera del ser.
Vosotras os resolvéis con mejores capacidades. Las niñas conquistan autonomía e independencia. Las madres las hacen fuertes.
Educacional, modelaje,...
Muchas cosas a un tiempo y controlándolo todo. Nosotros nos distraemos.
Miramos fijamente el objeto. Vosotras miráis sin ser vistas, disimuláis el objeto. Enmascaráis y sólo otra mujer capta el mensaje de vuestro gesto. Nosotros no nos damos cuenta.
Cuando alguno de nosotros conquista cotas de listura se crece tanto que cree ser dotado por gran capacidad.
Se sabe que una mujer sobradamente inteligente es capaz de estar en sumisión, sin embargo un hombre ha de ser medido en justo valor. Serán las hormonas, serán.
Se cultivan ciertas actitudes para separarnos.
Tú te quejabas de esa actitud femenina de antagonismo. Ese ser de las mujeres que veías se incrustaba en ti. Esa dificultad de amistad de camaradería que veías en tu hermano con los amigos. La ibas ganando con algunos, pero costaba normalizarla.
¿Cómo hacer de esa relación una amistad y no un romance?
¿Cómo conseguir tener esa mirada limpia del amigo?
Cuantas veces no captaste esa mirada de deseo en quien querías fuera amigo.
Ese bulto en la bragueta en aquella noche en que se tomaran algunas copas de más. Aquel sentimiento de frustración por no haber podido prever que ante tal hecho el amigo dejaría de ser.
Te cortaron alas de promiscuidad y esa fue una de las razones de desencuentro.
Te defendías como podías de su desliz.
Pagabas cerrando vías. Los celos se ponían en marcha. Con ello no contabas. Tu mente no controlaba.
Ese jinete que ha de coger las bridas y controlar el desboque de los caballos que tiran de tan hermoso carro no podía con ello. Te dolías. Te dueles.
Pusiste en marcha una teoría que no te funcionó.
"Si él deja la cama vacía tu la puedes llenar con otra compañía"
No te servía. Llorabas la ausencia. Ahora entiendes la canción de Sabina, "...quinientas noches"





