Sueños o pesadillas
Gretel se fue, murió en el 2000. Yo la quise, no con el amor de quien quiere ser amante, no diria tampoco que simplemente amiga.
Muchas cosas , pequeñeces, me vuelven a ella.
La admiraba. Nunca antes tuve especial admiración por nadie.
Para mí era una de las madres, las italianas acuñaron la palabra 'afidamento' no se si con el mismo significado, las americanas la de 'hermana'.
Hay un antes y un después en mi vida. Marca la barrera del tiempo el haberla conocido y haber tenido el gran privilegio de estar a su lado y sentirme grande y capaz porque ella así me hizo sentir.
Si hablo de sueños por qué traigo a Gretel hacia aquí. La traigo porque vuelve en mis sueños. Sueños simbólicos, sueños que si recuerdo.
Ella hablaba de la diosa. Traía a las pensadoras feministas que aquí no se traducían. Pero en mis sueños no me habla como en vida lo hacía. En mis sueños ella viene a mí en un espacio y mundo paralelo.
Después de su muerte la lloré, la lloré mucho, y descubrí que la quería y que de alguna forma me había quedado huérfana.
Viví con ella muchas complicidades, bastaba una mirada entre mucha gente para reconocernos, para sabernos.
Ella admiraba de mi el don del baile. Me lo decía con sus palabras, me lo decía con sus gestos, me lo decía con sus ojos.
Hablábamos horas y horas. Explicaba, se explicaba. Era una gran pensadora, filósofa. Me concedió, me abrió las puertas de su alma, las llaves de su casa. Política con la fuerza y energía de mover y congregar. Muchas feministas discreparon con ella.
En su entierro se abarrotó la capilla. Ella mitómana seguramente nos vio y, aunque alguien oficiaba visiblemente desde un altar, seguramente tenía a la diosa a su lado. Las' voces de venus' loaron y cantaron. Su madre cual dolorosa aguantada y sujetada por sus dos hermanos. Recuerdo esa foto de infancia con tu madre y tus dos hermanos por la playa de la 'concha' de S. Sebastian, Donosti. Eras una niña regordeta, orgullo de tu madre.
Tuve el privilegio de estar cerca de ti desde el ochenta y dos. Llegué de la mano de una amiga, mi primera amiga verdadera. Se estaban organizando las jornadas feministas de Barcelona. Mi amiga y yo nos presentamos como independientes, tú enseguida captaste y coincidiendo en el mismo grupo de trabajo te acercaste. Recuerdo que hablabas en un lenguaje con otro significado, significado que poco a poco descubrí. Antes de esto habíamos ido por las movidas del 'aborto', detrás de la catedral, en los locales de la asociación de vecinos.
Me introdujiste y me enseñaste, fuiste mi maestra. ¿Amor platónico? ¿Diótima? ¿Diosa que desvela los velos de Isis?
Sigues allí, puedo pensar en tí y enriquecerme.
Cuando desperté tuve que pensar que ya no estás aquí y asegurarme del tiempo y el lugar que ocupo. Ahora sé que volviste en mi sueño porque yo había vuelto.
Soñé que empezaba a bailar en medio de un espacio amplio y que mi cuerpo era fuerte y joven, que dí volteretas en el aire (cosas que nunca fui capaz de hacer), y justo terminé y había otros no conocidos mirando cerca de mí, allí desperté. Desperté con alegría y con energía.
Este sueño, pienso ahora, marca mi última muda de piel.
A lo largo de mi vida he ido mudando, muertes y renacimientos.
Ahora me siento liberada, hoy reconozco el mensaje.
Un recuerdo de aquellas cositas que tu coleccionabas
Muchas cosas , pequeñeces, me vuelven a ella.
La admiraba. Nunca antes tuve especial admiración por nadie.
Para mí era una de las madres, las italianas acuñaron la palabra 'afidamento' no se si con el mismo significado, las americanas la de 'hermana'.
Hay un antes y un después en mi vida. Marca la barrera del tiempo el haberla conocido y haber tenido el gran privilegio de estar a su lado y sentirme grande y capaz porque ella así me hizo sentir.
Si hablo de sueños por qué traigo a Gretel hacia aquí. La traigo porque vuelve en mis sueños. Sueños simbólicos, sueños que si recuerdo.
Ella hablaba de la diosa. Traía a las pensadoras feministas que aquí no se traducían. Pero en mis sueños no me habla como en vida lo hacía. En mis sueños ella viene a mí en un espacio y mundo paralelo.
Después de su muerte la lloré, la lloré mucho, y descubrí que la quería y que de alguna forma me había quedado huérfana.
Viví con ella muchas complicidades, bastaba una mirada entre mucha gente para reconocernos, para sabernos.
Ella admiraba de mi el don del baile. Me lo decía con sus palabras, me lo decía con sus gestos, me lo decía con sus ojos.
Hablábamos horas y horas. Explicaba, se explicaba. Era una gran pensadora, filósofa. Me concedió, me abrió las puertas de su alma, las llaves de su casa. Política con la fuerza y energía de mover y congregar. Muchas feministas discreparon con ella.
En su entierro se abarrotó la capilla. Ella mitómana seguramente nos vio y, aunque alguien oficiaba visiblemente desde un altar, seguramente tenía a la diosa a su lado. Las' voces de venus' loaron y cantaron. Su madre cual dolorosa aguantada y sujetada por sus dos hermanos. Recuerdo esa foto de infancia con tu madre y tus dos hermanos por la playa de la 'concha' de S. Sebastian, Donosti. Eras una niña regordeta, orgullo de tu madre.
Tuve el privilegio de estar cerca de ti desde el ochenta y dos. Llegué de la mano de una amiga, mi primera amiga verdadera. Se estaban organizando las jornadas feministas de Barcelona. Mi amiga y yo nos presentamos como independientes, tú enseguida captaste y coincidiendo en el mismo grupo de trabajo te acercaste. Recuerdo que hablabas en un lenguaje con otro significado, significado que poco a poco descubrí. Antes de esto habíamos ido por las movidas del 'aborto', detrás de la catedral, en los locales de la asociación de vecinos.
Me introdujiste y me enseñaste, fuiste mi maestra. ¿Amor platónico? ¿Diótima? ¿Diosa que desvela los velos de Isis?
Sigues allí, puedo pensar en tí y enriquecerme.
Cuando desperté tuve que pensar que ya no estás aquí y asegurarme del tiempo y el lugar que ocupo. Ahora sé que volviste en mi sueño porque yo había vuelto.
Soñé que empezaba a bailar en medio de un espacio amplio y que mi cuerpo era fuerte y joven, que dí volteretas en el aire (cosas que nunca fui capaz de hacer), y justo terminé y había otros no conocidos mirando cerca de mí, allí desperté. Desperté con alegría y con energía.
Este sueño, pienso ahora, marca mi última muda de piel.
A lo largo de mi vida he ido mudando, muertes y renacimientos.
Ahora me siento liberada, hoy reconozco el mensaje.
Un recuerdo de aquellas cositas que tu coleccionabas
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