En la escapada
Muchas veces ante el peligro tomar la alternativa que te pone en la línea de salida. Salirse por la tangente.
Si dejarse atrapar por la seductora araña era peligroso no lo es menos eludirla.
Son estados del alma que a nadie se le desearían. Muchas veces desearías tener una coraza protectora que te permitiera seguir el camino trazado, pero no es así. El deseo muerde y desgarra. Lo eludes y te crees que pasados los días se supera. Aparentemente se siente superado.
-Ahora ya no siento nada.
Se dice a sí misma la víctima.
Pero nada, nada en absoluto. De hecho está en estado de latencia y no serán días ni meses, serán años de sequía.
Al pasar de los años si se encuentra con otros u otras que le quieran sentirá el vacío de lo no vivido, no podrá dar el paso en compañía. Se le secará el alma, herida del veneno que aniquila.

Sucede, le sucede, que los recuerdos se mueven de forma autónoma y sin apenas darse cuenta estos perforan su alma.
Encuentra un cuaderno, donde a veces escribió cosas. Hace tanto tiempo, que ni lo recuerda.
En el perfil reconoce que es él, aquel a quien amó, recuerda que tanto.
Fue desdichada y feliz a un tiempo.
De pronto un perfil dibujado y un texto breve y doloroso, que ahora ya no hiere. Hace tanto tiempo. En otra vida. En otro tiempo.
Hay trazos que la remontan a aquel pasado.
¿Qué sucede cuando el próximo paso que has de dar no hay nada que te motive para darlo?
Hay que seguir dándolos ya que puede suceder que la falta de sentido se olvide y tome cuerpo una nueva forma de vida en ti.
Cuando aquello que te rodeaba se desmorona, ¿qué hacer para seguir viviendo sin que te duela?
Todo estaba callado de antemano.
Es inutil la palabra, te hundes en el silencio.
Nada puede sacarte, te pierdes lejos, arrastras la carne.
Nada, nadie puede ayudarte.
Si dejarse atrapar por la seductora araña era peligroso no lo es menos eludirla.
Son estados del alma que a nadie se le desearían. Muchas veces desearías tener una coraza protectora que te permitiera seguir el camino trazado, pero no es así. El deseo muerde y desgarra. Lo eludes y te crees que pasados los días se supera. Aparentemente se siente superado.
-Ahora ya no siento nada.
Se dice a sí misma la víctima.
Pero nada, nada en absoluto. De hecho está en estado de latencia y no serán días ni meses, serán años de sequía.
Al pasar de los años si se encuentra con otros u otras que le quieran sentirá el vacío de lo no vivido, no podrá dar el paso en compañía. Se le secará el alma, herida del veneno que aniquila.

Sucede, le sucede, que los recuerdos se mueven de forma autónoma y sin apenas darse cuenta estos perforan su alma.
Encuentra un cuaderno, donde a veces escribió cosas. Hace tanto tiempo, que ni lo recuerda.
En el perfil reconoce que es él, aquel a quien amó, recuerda que tanto.
Fue desdichada y feliz a un tiempo.
De pronto un perfil dibujado y un texto breve y doloroso, que ahora ya no hiere. Hace tanto tiempo. En otra vida. En otro tiempo.
Hay trazos que la remontan a aquel pasado.
¿Qué sucede cuando el próximo paso que has de dar no hay nada que te motive para darlo?
Hay que seguir dándolos ya que puede suceder que la falta de sentido se olvide y tome cuerpo una nueva forma de vida en ti.
Cuando aquello que te rodeaba se desmorona, ¿qué hacer para seguir viviendo sin que te duela?
Todo estaba callado de antemano.
Es inutil la palabra, te hundes en el silencio.
Nada puede sacarte, te pierdes lejos, arrastras la carne.
Nada, nadie puede ayudarte.





