Conecting
El Media Markt nos abduce. El lunes sucumbí y me compré una impresora que ya necesitaba desde hace tiempo, de esas multifunciones: imprime, escanea, fotocopia y manda fax. Un bombazo tecnológico. Ya mismo serán los móviles los que hagan todo eso. Además por un módico precio, también me hice con una webcam, que nunca me llamaron la atención pero que ahora, para cursar el Máster en Periodismo Digital me recomiendan encarecidamente tener.
Tendremos encuentros con video conferencia y no veas cuantas cosas ultrafuturas. La plataforma parece de la NASA, como dice Loarte y es que va a ser verdad eso de que vivimos la era de la tecnología. Yo no me resisto, que me encanta, pero da un poco de yuyu pensar en todas las posibilidades.
¿Qué será de nosotros?
Mejor estar preparado. Je.
Besos, que yo no soy tonta.

Ah! y a Halloween que le den, que menuda horterada!
Hit it hard Peaches
A unos les da por zapear, a otras...
Empiezo a conocer a Bruckner. Es un filósofo contemporáneo que he descubierto casi sin querer a través de una de sus obras: La tentación de la inocencia. Algo espesito, aunque no demasiado y muy muy interesante, al menos para los que como yo, se inquietan por cuestiones profundas sobre el devenir de la existencia, la sociedad neurótica en que vivimos y unos cuántos etcétera que si bien no llegan a volvernos locos ni a convertirnos en autistas, refinadores del intelecto, sí nos pululan por la cabeza como moscas cojoneras.
Y aunque sea para aliviar ese zumbido, de higos a peras merece la pena saciar tan pesada curiosidad.
El libro habla de cómo nos hemos convertido en seres ausentes de cualquier tipo de responsabilidad. El doble filo de la libertad del individuo. Por un lado no sentir ningún tipo de represión oficialmente establecida para hacer, decir y pensar lo que nos venga en gana. Por otro, obviar las consecuencias de todo eso y claro, no tener estado, ni institución, ni fuerza mayor a la que echarle la culpa. La culpa, si es que nos decidimos a asumir este concepto, es sólo nuestra. Así que... ¿Ahora qué?
Pues ahora el caos, porque no tenemos ni pajotera idea de qué es conocerse así mismo, entenderse, tomar decisiones, aceptar situaciones y otro largo etcétera. No nos han enseñado, ni tenemos tampoco especial interés. Ante esto surgen dos corrientes: el victimismo y el infantilismo.
Con la primera, siempre somos desgraciados y por tanto desagradecidos.
Con la segunda, unos inmaduros supremos que nos negamos a asumir responsabilidades.
El mundo funciona así, del que nos llegan ecos de lejos y el que vivimos todos los días. No hay más que echar un vistazo.
El libro no lo he acabado.
Sabe Dios que tostón os daré cuando me empape de más espesura!
Si alguien cosigue leer estos artículos que últimamente escribo, más largos de lo habitual y también algo más críticos, felicidades y gracias por el seguimiento. Soy consciente de lo que tira para atrás ver un post tan largo. Por eso mismo, ya corto.
Cambio!
El lado negativo de las cosas, las hormonas y por qué no salir a la calle
Un sábado tarde cualquiera. Decides salir a tomar café, dar una vuelta por el centro a ver si te compras por fin esa chaqueta que necesitas, luego tomar unos vinillos y loquevengadespués.
Sales a eso de las 17.30 cuando ya has hecho la digestión y te reúnes en una terraza porque todavía hace un calor de cojones para ser finales de octubre. Te resulta un poco pesado llevar tanta prenda puesta porque lo mismo que en ese momento te cueces a lo gallina blanca, sabes que en cuestión de dos horas te helarás como un calipo. Te sientas, esperas que el camarero decida servirte, que con esto de que estamos en crisis las empresas apuran los contratos (cuando les da por hacerlos) y reducen a un chavalín para que sirva las doscientas mesas de fuera y las cincuenta de dentro. Porque, aunque estemos en crisis la gente está todo el día en la calle, gastando lo que no tiene. Porque eso, o axfisiarse en los escasos metos cuadrados de casa por inanición de ondas televisivas.
El camarero sudoroso y con cierto aire pasota te anota lo que vas a tomar pero se va sin limpiarte la mesa. ¿Para qué? así da más paseos de acá para allá y mosquea un poquillo a los clientes. "Que se jodan, que yo no doy abasto. A ver cuándo el cabronazo de mi jefe se estira y me pone aunque sea un becario". Tras otros cuantos minutos, viene con las bebidas, las sirve y no limpia la mesa. "Perdona, ¿te importa limpiarnos la mesa, por favor?" y sin contestar ni mu, se va a por el trapo. Tras otros cuantos minutos vuelve con una balleta grisácea, la coge con la puntita del dedo índice y pulgar y la pasa por la tabla, arrastra las mijillas hasta el suelo y otras pocas te las echa encima. "Porque me da la gana, que se jodan. Que no vuelvan más por aquí y se le arruine el negocio a mi jefe". Y tú no sonríes, miras al vacío y suspiras resignada.
Pasas el rato en la terraza, charlando de vez en vez con tu acompañante, cuando el negro vendecedés deja de interrumpirte, el acordeonista acaba el repertorio y te da tregua para recuperar el oído y el camarero deja de ir y venir a retirarte lo que consumes.
Te despides pues a eso de la hora y poco y te vas de compras a ver si te dejan. Que tampoco lo hacen, porque marabuntas y marabuntas de histéricas continúan ahogando su amargura en el consumismo activo y pasándose la crisis por el ojete. Desistes y optas por la idea de tomar los vinillos. Un poco de alcohol anulara tanta lucidez y a poco te hará reir a medias.
Recorres ahora como tres o cuatro establecimientos con la esperanza de encontrar algún hueco en el que acoplar tu figura, aunque sea de lado, por dios. Y al final lo encuentras y se repite entonces la misma situación. Igualito que un flashback: mesa sucia, servicio que no llega, que si el negro, que si el moro, que si la canción del acordeón. Y a ti ya te hace gracia porque el lambrusco hace efecto. Te cagas en voz alta de todo lo que asquea este puto mundo, tu interlocutor te responde, porque te quiere y tú lo abrazas.
Agradeces y propones el mejor plan: "oye, ¿volvemos a casa?", "por favor..."
Atra - pados
Hubo otros tiempos.
Cuando Atramentum pasó de ser una divertida ilusión a algo mucho más grande: un gran portal literario, una comunidad de amigos, una familia, como muchos dirían.
Rebuscando entre mis cds he encontrado los archivos de aquel lugar y miles de fotos, textos, secciones y experiencias me han llegado a las manos en forma de clics.
Imágenes de las primeras quedadas, nombres de los que nunca más se supo, caras conocidas... toda una macedonia de sabores que me ha hecho sonreir.
Desde aquí mi homenaje a aquellos tiempos universitarios y a los que están por venir. Un saludito y pronto recargamos, seguro!

Otros aires
Me crie con los acordes de Ketama como innovación flamenca del momento junto con la patética degradación de Camela. No sé si por naturaleza o porque los ritmos de aquella época no me despertaban especial interés, a excepción de algún gran éxito de los Carmona, pero mi cultura musical de fusión, gitaneo y demás está bajo cero.
Hace poco, empecé a cogerle cierto gustillo al género más autóctono de nuestra tierra y desde Carlos Cano a Jorge Pardo, pasando por el Bicho, o lo último de Antonio Carmona, entre otros, me he descubierto a mí misma tarareando melodías y saborándolas con gusto.
Un aperitivo para la tarde. Que ya es viernes y yo empiezo a avanzar con mi web!
Pa ti - El bicho
Puerto moruno - Antonio Carmona
Forrest, Forrest, Forrest
Mucha ganas de quedar bien. Muchos maceteros horteros en mitad de Gran Vía con floripondios rosas que van a durar allí lo que un visto y no visto. Mucho empeño por ganar elecciones del copón y su santa madre. Mucha mierda.
Por si no fueran pocas las obras del centro, este espléndido ayuntamiento que tenemos ha decidido seguir remodelando la ciudad y así, se sigue por las calles colindantes como Alhamar hasta llegar al lejano Palacio de Deportes donde casi me dejo un pie el otro día con una puta valla de hierro mal puesta. Estoy hasta las narices de las zanjas, los alambriques que nos enjaulan para evitar atropellos de los que salpican (cuando han tenido el detalle de habilitar recorridos para el peatón con la delicadeza de salvaguardar por su vida)
Otra vez calzada de piedras, laberintos de zanjas, personal pesado y antiguo relentizando el tráfico humano y pocas opciones de adelantamiento.
Me canso de malhumorarme por simplezas como el destripamiento de calles, la marabunta de gente que intenta, como cualquiera más, continuar su recorrido y por los esbeltos guardias de tráfico con chalecos reflectantes de los cojones que, a parte de molestar a la vista y ensordecer el oído con tanto pitido, no sirven para nada más.
Quiero que esto acabe por dioooosss!!!
El ciudadano sólo quiere vivir y dejar vivir: ir al trabajo, volver, dar un paseo, hacer la compra... tan difícil resulta, coño!! y por otro lado, no se trata de eso??? de vivir!!
Me temo que estos ineptos políticos nuestros no repetirán candidatura. Desde luego no por mi parte, si por el resto así ocurre, tirémonos a los leones!
Por si no fueran pocas las obras del centro, este espléndido ayuntamiento que tenemos ha decidido seguir remodelando la ciudad y así, se sigue por las calles colindantes como Alhamar hasta llegar al lejano Palacio de Deportes donde casi me dejo un pie el otro día con una puta valla de hierro mal puesta. Estoy hasta las narices de las zanjas, los alambriques que nos enjaulan para evitar atropellos de los que salpican (cuando han tenido el detalle de habilitar recorridos para el peatón con la delicadeza de salvaguardar por su vida)
Otra vez calzada de piedras, laberintos de zanjas, personal pesado y antiguo relentizando el tráfico humano y pocas opciones de adelantamiento.
Me canso de malhumorarme por simplezas como el destripamiento de calles, la marabunta de gente que intenta, como cualquiera más, continuar su recorrido y por los esbeltos guardias de tráfico con chalecos reflectantes de los cojones que, a parte de molestar a la vista y ensordecer el oído con tanto pitido, no sirven para nada más.
Quiero que esto acabe por dioooosss!!!
El ciudadano sólo quiere vivir y dejar vivir: ir al trabajo, volver, dar un paseo, hacer la compra... tan difícil resulta, coño!! y por otro lado, no se trata de eso??? de vivir!!
Me temo que estos ineptos políticos nuestros no repetirán candidatura. Desde luego no por mi parte, si por el resto así ocurre, tirémonos a los leones!
En efectivo o con tarjeta
Ya es que no hay días.
Antes ir a mirar ropa los sábados por la mañana era el auténtico caos, ya empezaba el viernes por la tarde y con los años y esa mala costumbre de no cerrar sábados tarde, la vorágine de la compra compulsiva ha dejado de entender de horarios. Salir en busca de vestuario para la nueva temporada, se ha convertido ya, seguramente, en una actividad lúdica más como ir al cine o tomar un café. "Vamos a comprar algo!"
El último reportaje que hice fue sobre una norteamericana que había venido a la Universidad de Granada a estudiar español. La chica alucinaba con los modos de diversión de los españoles, se escandalizaba ante tanta gente bailando en las discotecas y con los chicos acercándose uno tras otro hasta darse por vencidos o llevarse la berenjena al huerto. El caso es que ella contaba en qué empleaba su tiempo libre en Pórtland y tan inocente ella, se dedicaba a pasear por los parques, leer algún libro y salir de compras a los centros comerciales. Prácticas todas con derecho a la vida, aunque esta última verdaderamente ilustrativa respecto al modelo de vida americano. Pero eso es otro tema.
Yo volvía a casa tranquilamente con la intención de ir mirando escaparates y si acaso entrar a probarme algo. Entrar??? Probarme??? quien dijo que los establecimientos de ropa eran locales amplios, con admirable servicio y variedad de prendas? quien dijo que con dinero todo se compra? MENTIRA!
Las tiendas como Zara, Mango, Stradivarius, Bershka y demás sucedáneos se han convertido en ollas spress: centros de hervor adolescente/juvenil dispuestos a estallar en cualquier momento.
Olor nauseabundo, colas insufribles en los probadores y en las cajas! por dios! es que la gente no ahorra? pisotones, malas miradas, y caritas de dependientas repintadas repitiendo como loros mariquitas "un momentito, por favor, déjame pasar" y montones de ropa en las estanterías arrugandose, resbalándose, manchándose...
Un horror.
Al final he salido espantada de dos o tres sitios, con ganas de probarme un par de camisetas e implorando al viento otoñal que nos taladra el cogote: "Perdónalas, dios mío, porque no saben lo que hacen". Así, con alegre y resignado caminar he vuelto al barrio pensándo qué coño hace todo el mundo invadiendo las tiendecillas un miércoles, en lugar de estar estudiando o yendo a clase! Si es que ya no hay respeto. No señor.

Cosas que da la noche
Echar de menos se convierte en días en una acción incontrolada que se cuelga de la ropa y no desaparece hasta la madrugada, cuando ya el sueño ha ganado la batalla. Echo de menos a mi padre, jornadas como vapor en el ámbiente, otras como punzada en la garganta. Añoro viejas amistades, que seguramente me olvidaron y yo también lo hice en gran medida, aunque a intervalos me recuerden bailes, tonterías, fiestas de pijama y ciudades por conocer.
Con cierta escala de notas o combinaciones explosivas de vaivenes musicales se me abrazan al cuello antiguas personas y entre guiños y fotogramas me dan las buenas noches.
Así mencionaré a quienes me hicieron reir tantas veces, me dieron alas para volar o me descifraron otros mundos. Así, Davinia, Alberto, Dani, Juande, Anita, María, Laura, Gabriella, Rocío, Blanca, Juanes, Elena, Noelia, Ernesto, Cristina, Jorge, Peluco, Carmita, Luzmi, Maria Elena...
y otros tantos que hacen fila desde el portal a la espera de que también los recuerde.
Para ellos esta noche. Para los que se acercaron un poco hasta mis pies y compartieron un rato mi camino.
Con cierta escala de notas o combinaciones explosivas de vaivenes musicales se me abrazan al cuello antiguas personas y entre guiños y fotogramas me dan las buenas noches.
Así mencionaré a quienes me hicieron reir tantas veces, me dieron alas para volar o me descifraron otros mundos. Así, Davinia, Alberto, Dani, Juande, Anita, María, Laura, Gabriella, Rocío, Blanca, Juanes, Elena, Noelia, Ernesto, Cristina, Jorge, Peluco, Carmita, Luzmi, Maria Elena...
y otros tantos que hacen fila desde el portal a la espera de que también los recuerde.
Para ellos esta noche. Para los que se acercaron un poco hasta mis pies y compartieron un rato mi camino.
Rober-to que no llegamos!
Vía JJ he
descubierto los fantásticos entresijos que se cuecen en el, helo aquí: mundo virtual de la Rober: blog de Paco Gómez: un individuo muy relacionado con el mundo buséistico de nuestra ciudad, foro donde los usuarios y afectados por el nefasto servicio de transporte público granadino alzan su voz, convocatorias de huelga, encuentros... Noticias y casposidades. Lo más para el ciudadano, que resignado y al borde del ataque de nervios, había dado por perdida su oportunidad de gritar, además de a los cuatro vientos su soberana ira, a un muro de lamentaciones donde por lo menos se sintiera arropado y escuchado por el resto de su especie.
Yo me uno.
Por cierto, mañana HUELGA!
Llegar al trabajo con un humor de perros o 40 minutos de trayecto
Estimado señor alcade:
Comprendo la difultad que debe entrañar su trabajo, siempre de acá para allá, acudiendo a inauguraciones de todo tipo, eventos sociales ineludibles o visitas a los pueblos vecinos y recónditos de nuestra provincia. Por no mencionar los dolores de cabeza que en sí debe suponer gobernar una ciudad como la nuestra, llena de peligros, corrupción y exigencias continuas de un pueblo que, en ocasiones, pinta más de malafollá que de agradecido.
Como digo, imagino de su apretada agenda. Que si negociaciones con el servicio público para que sea cada vez más servicio (en todos los sentidos) y cada vez más público (como debe ser), cálculos bárbaros para ajustar presupuestos y que el reparto sea lo más equitativo posible y justo para todos los vecinos, ya sean del zaidín o la chana, el realejo o los vergeles, de la concejalía de urbanismo o de economía. Debe ser árdua tarea no cabe duda, sobre todo si se pretende repetir candidatura y ser aclamado por todos.
Sin embargo, me atrevo a plantear entre mis muchos planteamientos vitales sobre el devinir de la existencia ¿a qué se debe el levantamiento de un alto porcentaje de las calles de nuestra real Granada? ¿Es consecuencia de los angélicos deseos de vuesa merced porque la ciudad quede lo más bella posible a ojos del viandante turista o capricho aleatorio de su excelencia? ¿Prentende, honorable hombre, haced de nuestra Granada, el manjar más apetitoso del menú?
Quizás pueda llegar a entenderse, en un acto de auténtica fe, las razones de su levantamiento de piedras, mucho más acusado en estos últimos meses. ¡Quedará tan vistosoel bulevard de Constitución! ¡serán tan agradables y divertidos los paseos por Gran Vía oh! sí! cuándo haya que ir sorteando los obstáculos de las esquinas de las aceras que al terminar en diagonal obligan al caminante a dar un pequeño trotecillo que le salve de una sonora caida de bruces! ¡Cuánta elegancia para tan majestuosa ciudad!
Porque para que vamos a engañarnos querido Torres, lo que importa es lo que entra por los ojos. Esa primera impresión que deben encontrar los visitantes internacionales que se dignen a pisar esta tierra. Esa conversación que mantendrán cuando vuelvan a sus países sobre una Granada más imperial que nunca y un centro histórico cuajado de lindas florecillas y terminados imponentes. Es la estética lo que hará de esta ciudad un lugar con calidad de vida. Un paraje de cemento envidiable, porque eso sí, para zonas verdes y parques ya tenemos el del ensalzado Lorca. Sangre de nuestra sangre. Mito encubrado que nos ha promocionado internacionalmente.
Para qué más zonas de recreo donde pisar o tumbarse de cara al sol no vaya en contra del lema "Cuidemos el parque", ni pasear en bicicleta se considere un atentado contra la senectud o los lagos tengan especies variadas, además de una muchedumbre de patos moribundos y hambrientos ansiosos de la esperada miga de pan.
Hay que proyectar el futuro y para ello es necesario sacrificar el presente. Obviar los accidentes que provocan media ciudad en obras. Media y tres cuartos, vamos a poner. Es necesario el sacrificio: la inaccesibilidad a los locales comerciales del centro, la imposibilidad de cruzar la calle o incluso continuar el recorrido en línea recta. Hay que prescindir, si es necesario, de vidas humanas que se perdieron en las zanjas incontables del centro: ya sea por trabajadores, ya por ancianitas torpes ellas que caminaban sin mirar al suelo, pendientes de los semaforos rotos que podían llevarlas a la muerte súbita del aplastamiento por autobús. Pasar por alto las mutilaciones de los miembros del cuerpo que se enterraron en los rincones de las plazas, provocadas por los golpes con las vallas o el inserto de de los paraguas en el ojo que, irremediablemente y ante la dificultad de caminar en ambos sentidos por un tramo kilométrico de doscientos centímetros de diámetro, no se pudo evitar.
Querido señor alcalde, ¿cree, en el fondo de su corazón, que esa necesidad enfermiza por cambiar las calles de sitio, decorar al estilo más barroco los espacios y gastar cantidades alarmantes de dinero en la transformación de la ciudad le convertirá en el político que el pueblo siempre soñó tener? Si así lo cree, será triste, porque será también señal inequívoca de que puede que sea posible y entonces cualquier esperanza de lucidez y cordura para generaciones y generaciones se habrá perdido para siempre.
Comprendo la difultad que debe entrañar su trabajo, siempre de acá para allá, acudiendo a inauguraciones de todo tipo, eventos sociales ineludibles o visitas a los pueblos vecinos y recónditos de nuestra provincia. Por no mencionar los dolores de cabeza que en sí debe suponer gobernar una ciudad como la nuestra, llena de peligros, corrupción y exigencias continuas de un pueblo que, en ocasiones, pinta más de malafollá que de agradecido.
Como digo, imagino de su apretada agenda. Que si negociaciones con el servicio público para que sea cada vez más servicio (en todos los sentidos) y cada vez más público (como debe ser), cálculos bárbaros para ajustar presupuestos y que el reparto sea lo más equitativo posible y justo para todos los vecinos, ya sean del zaidín o la chana, el realejo o los vergeles, de la concejalía de urbanismo o de economía. Debe ser árdua tarea no cabe duda, sobre todo si se pretende repetir candidatura y ser aclamado por todos.
Sin embargo, me atrevo a plantear entre mis muchos planteamientos vitales sobre el devinir de la existencia ¿a qué se debe el levantamiento de un alto porcentaje de las calles de nuestra real Granada? ¿Es consecuencia de los angélicos deseos de vuesa merced porque la ciudad quede lo más bella posible a ojos del viandante turista o capricho aleatorio de su excelencia? ¿Prentende, honorable hombre, haced de nuestra Granada, el manjar más apetitoso del menú?
Quizás pueda llegar a entenderse, en un acto de auténtica fe, las razones de su levantamiento de piedras, mucho más acusado en estos últimos meses. ¡Quedará tan vistosoel bulevard de Constitución! ¡serán tan agradables y divertidos los paseos por Gran Vía oh! sí! cuándo haya que ir sorteando los obstáculos de las esquinas de las aceras que al terminar en diagonal obligan al caminante a dar un pequeño trotecillo que le salve de una sonora caida de bruces! ¡Cuánta elegancia para tan majestuosa ciudad!
Porque para que vamos a engañarnos querido Torres, lo que importa es lo que entra por los ojos. Esa primera impresión que deben encontrar los visitantes internacionales que se dignen a pisar esta tierra. Esa conversación que mantendrán cuando vuelvan a sus países sobre una Granada más imperial que nunca y un centro histórico cuajado de lindas florecillas y terminados imponentes. Es la estética lo que hará de esta ciudad un lugar con calidad de vida. Un paraje de cemento envidiable, porque eso sí, para zonas verdes y parques ya tenemos el del ensalzado Lorca. Sangre de nuestra sangre. Mito encubrado que nos ha promocionado internacionalmente.
Para qué más zonas de recreo donde pisar o tumbarse de cara al sol no vaya en contra del lema "Cuidemos el parque", ni pasear en bicicleta se considere un atentado contra la senectud o los lagos tengan especies variadas, además de una muchedumbre de patos moribundos y hambrientos ansiosos de la esperada miga de pan.
Hay que proyectar el futuro y para ello es necesario sacrificar el presente. Obviar los accidentes que provocan media ciudad en obras. Media y tres cuartos, vamos a poner. Es necesario el sacrificio: la inaccesibilidad a los locales comerciales del centro, la imposibilidad de cruzar la calle o incluso continuar el recorrido en línea recta. Hay que prescindir, si es necesario, de vidas humanas que se perdieron en las zanjas incontables del centro: ya sea por trabajadores, ya por ancianitas torpes ellas que caminaban sin mirar al suelo, pendientes de los semaforos rotos que podían llevarlas a la muerte súbita del aplastamiento por autobús. Pasar por alto las mutilaciones de los miembros del cuerpo que se enterraron en los rincones de las plazas, provocadas por los golpes con las vallas o el inserto de de los paraguas en el ojo que, irremediablemente y ante la dificultad de caminar en ambos sentidos por un tramo kilométrico de doscientos centímetros de diámetro, no se pudo evitar.
Querido señor alcalde, ¿cree, en el fondo de su corazón, que esa necesidad enfermiza por cambiar las calles de sitio, decorar al estilo más barroco los espacios y gastar cantidades alarmantes de dinero en la transformación de la ciudad le convertirá en el político que el pueblo siempre soñó tener? Si así lo cree, será triste, porque será también señal inequívoca de que puede que sea posible y entonces cualquier esperanza de lucidez y cordura para generaciones y generaciones se habrá perdido para siempre.
Medio kilo de azúcar para el café
Muchas mañanas salgo a desayunar fuera. Es un hábito que me encanta. Levantarte y no pensar en qué hacerte con el café mientras intentas abrir completamente los ojos pegados. Vestirte, sin más y marcharte en busca del mejor desayuno del barrio.
Hoy ha sido uno de esos días, más que de pereza, de no encontrar pan en la cocina y decidir bajar a comprar algo y de paso entrar en el bar de Paco. Que así lo llamo yo.
Paco es un hombre seguramente de treintaytantos pero de los que aparentan cuarentaypoco. Ancho, con el pelo revuelto, la miopía tratada con unas gafitas graciosas y el buen humor siempre puesto. Es una de esas personas de habilidad social asombrosa y cuando entras en su establecimiento para todo el mundo tiene saludos.
"Buenas Amparo!", "¿Qué tal la mañana Ramón?" y si eres de los pocos habituales o incluso es la primera vez que pasas por allí: "Qué le pongo, muchacha?", "Todo bien, reina?" y así unos cuantos cumplidos más. Pero cumplidos que si bien yo normalmente los aborrezco por la falsedad implicita que llevan y lo bochornoso que me resulta tanto ímpetú por agradar, los que lanzan este buen señor Paco gustan y regustan sin remedio.
Cuando alguna vez entro y observo a este hombre de acá pa llá. Con alegría que si es fingida viste lo más grande, poniendo con gracia las tostadas, preguntando a la salida si estuvo usté agusto y con alguna que otra broma para todo el bar, que la acogen siempre caras divertidas, sólo puedo admirarlo. Yo me siento como me siento y ese arte del sonreir y tomarse la rutina con filosofía y pandereta no es lo mío. Y no pretendo que lo sea. Pero me pregunto, del mismo modo, si de verdad sonreir tanto, tener palabras amables y mostrar esa cercanía no calmaran un poco el alma cuando ésta se despierta remendada. Si no acabará uno de verdad sientiéndose contento y relativizando todos los problemas que se esconden en las suelas hasta la vuelta a casa.
Cualquier día se lo pregunto a Paco, que para eso anima las mañanas de medio barrio y además cobra el desayuno sólo a uno treinta.
Buen lunes.

Cerrando fuerte los ojos
Para algunas cosas soy muy tonta.
A veces pienso, cual niña pequeña, que si no miro a las cosas no van a estar o yo voy a volverme invisible.
Hay situaciones que me cohiben como mirar a depende qué persona cuando me habla, y pienso que si no lo hago, evitaré la situación porque esa persona dejará de apreciar mi presencia o el contexto en sí cambiará rápidamente. Soy consciente mientras lo hago, depués de haberlo hecho o sin venir a cuento, como ahora que lo reflexiono, de que se trata de un auténtico engaño. Una actitud evasiva y estúpida, que sin embargo, me hace sentir a salvo.
Es probable que sea un vestigio de la infancia. Todavía unos gramos de inocencia o fantasía, que aún con el paso de los años, se resiste a soltarse.
De cualquier manera y dejando a un lado la poesía es también una bonita manera de hacer el ridículo.
Es así.
Como un gran hermano
Bebo un vaso de leche.
Escucho a El bicho y hago planes de no salir.
Por el patio llega el caer del agua en la fuente y mi móvil se carga, aburrido de escasas llamadas y mensajes de publicidad amena, ahora orange (menuda horterada)
Por otro lado, se amontonan revistas en el escritorio, una libreta verde que espera ser descifrada, números de teléfono, dvs para grabar.
Me gusta parar un poco. No tener que hacer nada por obligación: salir porque sea sábado, ni siquiera llamar a nadie.
Esta bien esta luz temprana de mesita de noche, este espacio reducido en blanco y madera. No esta mal mirarlo a él rebuscando en la cocina cereales, echando de menos las galletas caseras que compró el día anterior y que me zampé yo en el desayuno.
Otro sábado que fluye.
Rumores urbanos
Acabo de ver Lost in Translation. Me la recomendó mi primo cuando vino a casa hace una semana desde Valencia. Me hablaron de muchos buenos films pero me dijeron que empezara por éste, que me iba a gustar.
Iba a gustarme y me gustó. Me cautivó.
Quizás resulte un poco lento el principio pero la historia está llena de encanto. Y el final, tan triste como podría pensarse, me parece el perfecto.
La banda sonora merece otra mención y la fotografía. En resumen, que para ser americana luce bastante buena crítica. La mía, desde luego.
Para quienes no la han visto aún, aquí tienen el trailer.
No la dejéis pasar.
Todos podemos ser Shakespeare o cómo vender la moto
El otro día me encontré con un cartel que anunciaba una web que ofrecía servicio para la publicación personal de un libro. Es decir: pagarte de tu lindo bolsillo el número de ejemplares que siempre soñaste ver en el mercado editorial con tu firma de autor.
Me hacen gracia este tipo de negocios porque te venden con mucha soltura y frescura poco menos que un billete canjeable por el Premio Planeta. Te doran la pildora, te cuenta lo preciosísima que va a quedar la cubierta, lo glamurosas que van a ser las presentaciones. Te hacen la boca agua, ahora eso sí: la pasta gansa la pone el interesado, ellos se limitan a organizar. Omiten, en toda la parafernalia, la parte de la precipitación al olvido, la saturación de autores que suenan a chino y la directa inmersión en el maremagnum literariorcillo made in spanish o sabedios. Of course.
Esta bonito cumplir los sueños de la gente, hacerlos creer por un periodo de tiempo que forman parte de la esfera intelectual de este país bendito en el que vivimos, exhibir su don de palabra en locales bohemios de tercer grado y darlos a conocer. Intentarlo, al menos.
Pero, ¿sabrá esta pobre gente que la moraleja de su experiencia será que se convirtieron en triunfitos editoriales de los que nunca más se supo?
Espero que sí, y si no, ya pueden ir enterándose de la peli. Que las almas caritativas dejaron de existir hace tiempo y ahora es mucho más estiloso ser un sacacuartos elegante y hacerse el agosto, septiembre, octubre y parte del calendario chino.
Y por otro lado, por qué tanta necesidad imperiosa porque nos lean? por qué ese hábito enfermizo por escribir y alzar la voz hacia las ondas virtuales-espirituales?
Será que es que ya nadie escucha?
Qué hago yo por ejemplo, cada día volcando mis pensamientos en este blog?
No sé, no sé, no sé. Por eso pregunto!
Hannigan
No sé si alguna vez habéis sentido esto: una especie de vértigo placentero, algo parecido a la embriaguez de un buen vino o la sensación plena de sentarse frente al mar. Es algo similar pero en movimiento.
De repente, igual que hay días en que te sientes más guapa, otros más fea, algunos inútil y otros tantos radiante, llega una mañana en la que te levantas y no pasa nada. Es un día más, insípido, que se ha despertado nublado y parece que el tiempo empieza a cambiar y parece también que puede que llueva. Pero luego no llueve y las horas se suceden normales, sin contratiempos, ni sobresaltos, ni tampoco sorpresas. Pero justo al atarcedecer, cuando se pone el sol y por algún motivo tú ya vuelves a casa, ese bienestar extraño de sentirse viva o un poco vacía o completamente desapercibida llega de repente, de golpe: como un buen guantazo. Y se instala durante el camino de vuelta.
Ahí estás tú caminando, despacio, sin que nada tenga importancia. Da igual si el semáforo está en verde o no, si el tráfico está insoportable o el autobús no llega. Dejan de tener significado todos los anuncios de las cabinas, las señales del asfalto, la voz que de lejos puede que te llame. Y caminas, despacio, disfrutando del frío que tampoco molesta, de la gente a la que no ves. No piensas en nada, se olvida todo el día. Algún recuerdo quizás insista mientras la melodía del mp3 te evoca ojos que ya no están, amores imposibles, un poco de locura.
Termina el trayecto y entras en casa, sin saber si feliz o infeliz, si extraña o como siempre, pero todo despacio, tan lento que parece que la Tierra decidió hacer una pausa.
No sé si alguna vez os ha pasado, pero a mí me ocurre en ocasiones, sin saber cómo explicarlo, ni tampoco por qué llega, ni si tiene sentido. Pero entre sabor agridulce y ganas de llorar y correr y cantar las canciones que escucho y dar vueltas con los brazos extendidos, como si nadie más existiera, entre todo eso me gusto. Y siempre quiero repetirlo.
De repente, igual que hay días en que te sientes más guapa, otros más fea, algunos inútil y otros tantos radiante, llega una mañana en la que te levantas y no pasa nada. Es un día más, insípido, que se ha despertado nublado y parece que el tiempo empieza a cambiar y parece también que puede que llueva. Pero luego no llueve y las horas se suceden normales, sin contratiempos, ni sobresaltos, ni tampoco sorpresas. Pero justo al atarcedecer, cuando se pone el sol y por algún motivo tú ya vuelves a casa, ese bienestar extraño de sentirse viva o un poco vacía o completamente desapercibida llega de repente, de golpe: como un buen guantazo. Y se instala durante el camino de vuelta.
Ahí estás tú caminando, despacio, sin que nada tenga importancia. Da igual si el semáforo está en verde o no, si el tráfico está insoportable o el autobús no llega. Dejan de tener significado todos los anuncios de las cabinas, las señales del asfalto, la voz que de lejos puede que te llame. Y caminas, despacio, disfrutando del frío que tampoco molesta, de la gente a la que no ves. No piensas en nada, se olvida todo el día. Algún recuerdo quizás insista mientras la melodía del mp3 te evoca ojos que ya no están, amores imposibles, un poco de locura.
Termina el trayecto y entras en casa, sin saber si feliz o infeliz, si extraña o como siempre, pero todo despacio, tan lento que parece que la Tierra decidió hacer una pausa.
No sé si alguna vez os ha pasado, pero a mí me ocurre en ocasiones, sin saber cómo explicarlo, ni tampoco por qué llega, ni si tiene sentido. Pero entre sabor agridulce y ganas de llorar y correr y cantar las canciones que escucho y dar vueltas con los brazos extendidos, como si nadie más existiera, entre todo eso me gusto. Y siempre quiero repetirlo.
Doctora Jeckyll
A mí me pasa que a veces voy pensando el momento previo que no voy a decir esto o aquello y que mi comportamiento jamás va a ser de esta u otra forma. ¿Y qué pasa? que cuando se da la situación mi primera reacción es justamente la que había decidido evitar.
¿Serán mecanismos de la mente? porque me veo a veces en diálogos, invitaciones o acciones en las que ni me reconozco.
Somos unos humanoides extraños. amigos...

El horizonte lejano del vocablo
El lenguaje es un mundo, sin duda alguna, aunque pase desapercibido para la gran mayoría. Yo, no sé si por pasión o por defecto profesional, suelo captar al vuelo las palabrejas raras que se escapan por ahí, las entonaciones y demás parafernalia lingüística. Hasta tal punto de inconsciencia que esta tarde, estaba yo en el sofá cómodamente echando mi siesta de domingo cuando en el duermevela de los primeros minutos descubro que los diálogos de fondo que se escuchan en la tv son de una peli del oeste.
Me ha llamado la atención, no sólo que todas las películas del género precisamente por ser del género son bastante parecidas y predecibles (después de los insultos, venía el tiroteo, después la declaración del héroe a la gentil dama, el viaje, la recompensa, el triunfo) sino también que los diálogos eran de lo más curioso, si uno reflexionaba sobre las palabras. A pesar del odio entre indios y vaqueros las blasfemias que se echaban unos a otros eran de un civilizado estrambótico: "Bastardo, acabaré contigo" cuando hubiera hecho más justicia: "Voy a reventarte la cabeza, hijo de la gran puta" o "Tu estirpe manchará con cada gota de su sangre la venganza de mi familia". ¿Qué clase de injurias son esas? Me hacía gracia escuchar el guión y el lenguaje que habían adaptado. Y eso que después de todo se trataba de un film de caché, con buena ambientación, excelente musiquita y un reparto más que aceptable con Jonhn Wayne como protagonista.
No serán más que delirios del cansancio o perspicacia repelente.
Ays!
Reset
¿Por qué las cosas se hacen mal pudiéndose hacer sencillamente bien?
¿Por qué locales minúsculos y sin adaptación para conciertos se dan a conocer como salas de música y luego no se tratan más que de microcosmos infectados de pseudobohemios culturillas con un sonido estridente que repele hasta a los mosquitos?
¿Por qué me encargan un trabajo con cuatro días de antelación cuando han tenido toooodo un verano, mes de octubre o incluso un par de días antes para avisarme?
¿Las obras de Granada no pueden hacerlas por etapas en vez de levantar todas las calles del centro a la vez y crear el caos más absoluto?
¿Por qué eres más si te acuestas cada sábado a las tantas y te levantas con un resacón del quince en lugar de quedarte en casa con actividades más apacibles?
¿Es posible un mundo mejor?
¿Podré dormir mañana hasta que me plazca sin levantarme estresada por todo lo que tengo que hacer?
¿Me saldrá pronto una web en condiciones para mi calificación del curso?
¿Hay vida en Marte?
¿Podré tomarme un mojito en un local chulipiruli con gente fumadora sin que mi ropa apeste después durante días?
En fin...
siempre habrá preguntas sin respuesta o necesidad de formatear el disco duro.
Quiero irme a Tokio, ¿alguién regala un par de pasajes?

Cambiando el chip
Vuelvo al periódico. Ya intuía yo que todas las cosas iban a pasar a la vez, pero es que siempre es lo mismo. Ya que casi me había matriculado en el CAP y pensaba organizarme con el Master on line que voy a hacer, vuelven a contar conmigo para el suplemento de universidad. Me ha hecho ilusión, la verdad, porque es un trabajo muy chulo en el que conoces a un montón de gente y aprendes de todo tipo de temas y además me supone un ingreso, mínimo pero necesario. Je.
Espero que el nuevo tratamiento que me están poniendo para la anemia me dé energía para todo!
Cansada de tantas vacaciones, ahora me voy a cansar de volver al estrés.
Si es que el caso es quejarse.
Y la paginita web que tengo que entregar inminentemente que no me sale, jue!
Invoco a alguna brujilla que venga a iluminarme!
Como un circo
Me gusta conocer música distinta, series, pelis, por eso procuro apuntar en mi libretita cuánto título ronda cerca de mí, bien porque lo recomiende alguna revista de las que leo, bien porque la haya visto alguien de buen criterio. (Sí, Jagg, tú estás entre ese tipo de personas)
Lo último que estoy escuchando es La buena vida, Dani Siciliano, Jorge Pardo, Juliette Lewis, Ney Matogrosso y Ramona Cordova. Todos ellos con crítica excelente en la Luna de Metropoli. Me guié por el número de estrellitas y un estilo más o menos acorde con mis preferencias. Flamenco-jazz, letras portuguesas, Juliette mostrando su lado más rockero y un pop melódico exlusivo, nada que ver con La Oreja de Van Gogh y demás sucedáneos.
Os cuelgo un aperitivo. Por si gustáis.
Otro día os hablo del cine de autor que degusto últimamente, de sorbito en sorbito.
Slappers - Dani Siciliano
La niña de fuego - Jorge Pardo
Hardly wait - Juliette Lewis

Días distintos
Estos días sólo puedo hablar de bueno.
Bueno el sacromonte y su cena de martes con poca gente. Bueno el bullicio, los helados de yogurt y crema tostada, los bollitos de por la mañana, el tibio frío de la noche. Buena la luna dejando de ser llena y los perros que ladran o las campanas que suenan. Maravilloso el nuevo look de Loarte, las imágenes robadas de la Granada más árabe y el cuscus del otro día y el descubrimiento del té moruno y las hierbas digestivas y la ecotienda del barrio: llenar la nevera de arándanos y la estantería de levadura de cerveza, por eso de reencontrarse con lo natural, como cuándo éramos neardentales.
Fantástico por ellos (visitantes sin visita) que me cambian el paisaje de cada día, me quitan horas de sueño, me roban la cama, pero me hablan de aceites de alquimia, cine de autor y la lomografía.
Dos personajes de diseño habitan en casa estos días y yo me vuelvo a ser una niña para salir de paseo con ellos y abrir bien los ojos a todo. Quiero saberme sus cosas y saberme de ellos.
Silencio de madrugada.
La alhambra mezclada en las sábanas.
Esencia.
Formas de amor
Descubro nuevas baldosas en los ratitos de siempre y empiezo a creer en otras mentes de vuelos sin paracaídas y en otros cuerpos cansados del polvo: entusiasmo disuelto en conversaciones de tiempos y lunas y té con hierbabuena y volver a empezar. Con ganas.
Desgasto octubre con cuidado porque sé que no va a volver. Miro a los ojos de quien quiero para redescubrir un cariño crecido que evoca una infancia de preguntas grandes para tan corta edad.
Los reencuentros siempre ocurren. Y a mí me gusta.
Dirección cientonueve
Estoy en un kilómetro cuadrado de sombra.
El suelo se divide en pantanos que deshacen el papel de los actores, las notificaciones urgentes y los recibos de luz. Mis pies intentan inventar una danza, pero temerosos son incapaces de moverse. Y yo los miro para reconfortarlos con un poco de compasión.
Me he convertido en parte del paisaje y mi cuerpo ya es sigilo: rama de árbol quebrada.
El cielo ha dejado de acunar pájaros, de abrazar nubes y consentir al sol. El cielo se ha marchado para no quererme de momento. Y yo he dejado de pensar por largo rato. He dejado de estar.
Corren aires de nieve.
Tengo los ojos de tinta.
Alguien me falta en las manos.
Nada importa.
De menos - Pedro Guerra
Dedicatoria
Para Lucas, que me pide un canción para un momento depre:
Espero que te animes... aunque sea un tópico: "no hay pena que cien años dure". Y doy fe de que es verdad.
Un abrazo.
Después - Bebe y Los delincuentes

Como hacer de cuatro la cadena de los mataos
Que la Mascó es guapa, habrá a quien le parezca. Bueno.
Que es modelo, también: alta, delgada, exhuberante, sonrisa profidén. Vale.
Pero que pretendan además convertirla en presentadora, ya eso suena a chirigota de las cachondas. Varias semanas llevo ya (enganchada, lo reconozco) viendo Supermodelos 2006 y esta chica rubita en vez de mejorar, está cargándose su reputación y su carrera. La pobre, ¿no se dará cuenta? ¿y qué pasa con el director del programa? ¿será que tienen un lío?
No sólo no mira a la cámara que es. No sólo tartamudea, hace exageradas pausas en sus puntos y a parte (dado que la mujercita es incapaz de hacer uso de la espontaneidad y decir algo sin que sea leído) y tontea como una adolescente presumida con un miembro del jurado. Si no, que encima, como colmo de los colmos y ofensa a la inteligencia humana y en especial a la de los amantes de la lengua, no sabe conjugar verbos. A este bonito detalle (sí, señor) le añadimos el laismo de la Paolita y ya hemos bordado la emisión.
Si la idea en sí de hacer un concurso para adolescentes aspirantes a modelo ya suena francamente patética, qué menos que hacer que la forma compense al pésimo contenido. Pues no, amigos míos. Aquí la pifia está medida hasta el milímetro.
Su trabajo les habrá costado.
Esencia musical
Por ahí ronda un meme musical que, aunque nadie me lo ha enviado, lo voy a copietear y daros el tostón con mis respuestas. Yo sí se lo paso a Lala, Rafa, Roeth, Krisol K, Inconexa y Jagg.
Ahí voy
¿Eres hombre o mujer?
Soy lo que soy - Amaral
¿Como se sienten las personas cerca de ti?
Secret herat - Feist
¿Cómo te sientes?
Alegria da vida
¿Cómo describirías tu anterior relación sentimental?
Todo - Pereza
Describe tu actual relación con tu novio/a o pretendiente:
Limón y Sal - Julieta Venegas
¿Dónde quisieras estar ahora?
New York New York - Sinatra
¿Cómo eres respecto al amor?
Freedom - George Michael
¿Cómo es tu vida?
El Viaje de Chihiro - Ferreiro
¿Qué pedirías si tuvieras sólo un deseo?
Historia de un sueño - La oreja de Van Gogh
Escribe una cita o frase famosa:
Tócala otra vez, Sam.
Despídete:
El destino - Amparanoia
Pensandolo un poco...
Quizás estaría bien pasar por la vida más de puntillas. Rápida y veloz para no mancharme de barro, ni mojarme los pies. Podría probar un día a no trascender tanto lo ínfimo, a dejar de ver tantos matices, tantos porqués. Dejar esa inercia que tengo por bailar en espiral. A lo mejor está bien ser como cualquiera, reir con las tonterías que hacen reir y llorar con las telenovelas de antena tres, en lugar de con los telediarios, los documentales o los clásicos.
Es cuestión de intentarlo.
Es cuestión de elegir.
Cuarto milenio o pensar en otras cosas
Vivimos en burbujas.
Una cada dos o tres personas, a veces por comunidades. Individuales.
Conocemos nuestro espacio, nuestro tiempo, y en potencia muchas otras cosas que imaginamos, suponemos o comprobamos con la Ciencia. Pero eso siempre un poco más allá, lejos de lo cercano, sin que apenas nos roce, completamente ajeno en el fondo.
Es fácil controlar nuestra habitación, que la casa esté en orden, limpia, que tengamos el frigorífico lleno, ropa de temporada y algún dinerillo para gastar en ocio: que si una comidita fuera, un viaje en vacaciones, alta tecnología en el hogar. Es fácil saber que pensamos, o hacernos una idea, intuir nuestros sentimientos y un poco los de la gente con la interactuamos, o en ocasiones queremos. Nos suenan algunas personalidades históricas, los estilos de música que más suenan o el último superestreno del cine. Las noticias nos segmentan la realidad a la que no llegamos y de política mejor no hablar. Más bien porque no tenemos mucha idea, más bien porque a saber quién dice la verdad.
Copulamos desde nuestra burbuja, nos reímos, lloramos por lo que no tenemos y sacamos a pasear al perro con un aire distinguido que nos hace un tanto más fuertes. Visitamos parques temáticos, buscamos aire puro en pequeñas zonas verdes y refrescante brisa de mar. Así vivo yo y vivirás tú aunque lo niegues, en la pompa del conformismo y la absoluta ignorancia, por mucho que nos creamos conocedores de todo.
Lo demás: los ovnis, el punto exacto de la Medicina, el estado auténtico del átomo, los cuadrados o círculos de las cuentas guvernamentales, europeas y mundiales, la ecuación exacta para el exterminio de la humanidad, el clic adecuado para combatir el hambre, la solución más sencilla y asequible para remediar este absurdo planeta... la esperanza. Todo eso y lo que ni siquiera puedo alcanzar a pensar se escapa, se evapora, se emborrona y disipa. Se ausenta. Porque si fuera voz populi, la especie entera desaparecería en una infinita mueca de dolor
Ciudadano A - I. Ferreiro





