Trayectos
Desde mi casa al trabajo hay un kilómetro y medio en línea recta. Aproximadamente.
Las calles que nos unen pasan de ser estrechas a convertirse en dos avenidas sin importancia. Una de ellas en obras, como cabe esperar.
A veces hago el trayecto en bus, otras camino tranquila observando una y otra vez los edificios de siempre.
Esta mañana la distancia se ha hecho infinita. No era el frío que se pegaba a las paredes, ni el trasiego de los empresarios. No se trataba del continuo ir y venir de autobuses numerados, ni que me sobrara un tiempo extraño hasta la hora de comer que me desconcertaba. Ni que las librerías del camino no tuvieran el libro que busco, ni ver de lejos a la madre de mi mejor amiga de la infancia. Tampoco que llevase las orejas completamente heladas, que en esta semana cumpliera años mi madre, ni que mi padre siguiera sin estar.
No era nada de eso. No era ni una cosa ni otra, ni la que pensaba ni la que no pensaba, ni lo olvidado ni lo que queda por venir.
No era mi edad, ni mi niñez, ni tener ganas de salir corriendo, ni hacer cuentas para la llegada de la regla, ni intentar recordar palabras que se borraron.
No sé que me ha hecho la nada a eso de la una del mediodía, pero ese algo que se convierte en invisibilidad y cero a la izquiera me ha sobrecogido cada uno de los genes. Ha empapado la sangre de mi cara hasta volverme desconocida.
Ya se pasa. No es nada.

Las calles que nos unen pasan de ser estrechas a convertirse en dos avenidas sin importancia. Una de ellas en obras, como cabe esperar.
A veces hago el trayecto en bus, otras camino tranquila observando una y otra vez los edificios de siempre.
Esta mañana la distancia se ha hecho infinita. No era el frío que se pegaba a las paredes, ni el trasiego de los empresarios. No se trataba del continuo ir y venir de autobuses numerados, ni que me sobrara un tiempo extraño hasta la hora de comer que me desconcertaba. Ni que las librerías del camino no tuvieran el libro que busco, ni ver de lejos a la madre de mi mejor amiga de la infancia. Tampoco que llevase las orejas completamente heladas, que en esta semana cumpliera años mi madre, ni que mi padre siguiera sin estar.
No era nada de eso. No era ni una cosa ni otra, ni la que pensaba ni la que no pensaba, ni lo olvidado ni lo que queda por venir.
No era mi edad, ni mi niñez, ni tener ganas de salir corriendo, ni hacer cuentas para la llegada de la regla, ni intentar recordar palabras que se borraron.
No sé que me ha hecho la nada a eso de la una del mediodía, pero ese algo que se convierte en invisibilidad y cero a la izquiera me ha sobrecogido cada uno de los genes. Ha empapado la sangre de mi cara hasta volverme desconocida.
Ya se pasa. No es nada.

Comentario:
son hormonas femeninas... tranquilos amigos, pronto pasara todo :P
besos
besos
Comentario:
Nenaaaaaaaaaaaaaaaaa te noto alicaída... pero.. ¿no soy yo el depre? Ainssssssssss que Loarte se ponga el gorro de campesino chileno y te cante algo :))))))))
jeejejejejejejeje ya he empezado a editar algo.. pero la gente muuuuuuu sosa o demasiado responsable...
jeejejejejejejeje ya he empezado a editar algo.. pero la gente muuuuuuu sosa o demasiado responsable...
Comentario:
Si, suele ocurrir.
Es como cuando relees algo que has escrito hace algún tiempo, un par de meses o así, y te sorprendes de ver que no conoces a quién lo ha escrito .
Y es que la forma de encontrarse uno mismo, es desaparecer dentro de si.
Un beso con todo mi cariño. Ya ves... el virtual sigue a tu lado, como siempre.
Es como cuando relees algo que has escrito hace algún tiempo, un par de meses o así, y te sorprendes de ver que no conoces a quién lo ha escrito .
Y es que la forma de encontrarse uno mismo, es desaparecer dentro de si.
Un beso con todo mi cariño. Ya ves... el virtual sigue a tu lado, como siempre.





