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El mundo desde mi OVNI
Acerca de
Colección de imágenes deshilvanadas, de historias a veces sin principio, otras sin final, retratos en sepia, colores inventados, diálogos sublimes, acciones imposibles. Sueños de noche. Realidades de día. Mi refugio virtual.
Sindicación
 
Contrastes de paladar

Me sorprenden algunas reacciones.
Movimientos, conversaciones en voz baja y miradas por encima de superioridad y desprecio. (Nunca más que hacia ellos mismos)
En la mesa de al lado del restaurante en el que comíamos se sentaba una pareja cuarentona y podría decirse que amargada. Uno en frente el otro perdía la mirada sobre el hombro de su acompañante hasta clavarse en las correspondientes paredes del local y diluyirse por completo, quien sabe si impulsada por la tristeza, la rabia o hasta el dolor. No hablaban, no se miraban, comían torpe y exquisitamente como duques antiguos llenos de culpas pero que saben de compostura. Un bigote que en ocasiones temblaba, un cuello femenino adornado que se inclinaba hacia el camarero: "los postres, por favor" y el camarero presuroso, diligente y educado servía en el ademán: "aquí tienen señores, que aproveche".
Una tarta de chocolate se derretía en los labios torcidos de una posible asesora inmobiliaria. Un café humeaba hasta la naricilla menuda del caballero pasmado. Aclaraciones sobre los ingredientes del dulce y la tarjeta visa cobrando un almuerzo de moribundos.

Loarte reía conmigo, me besaba de vez en vez y jugueteaba con las migas de pan."Seguro que trabajan en un tanatorio", ha bromeado.
"Seguro"-



 
Comentario:
Muchas parejas acaban sin color en su vida... olvidaron hace tiempo lo que era sentir, es triste cuando lo ves...

Un abrazo.
 
Comentario:
La extraña pareja se ha vuelto a sentar en la misma mesa de siempre, con sus caras de siempre, su ropa de siempre, su presencia de siempre. Lo único que se de ellos es que trabajaban en una funeraria del centro de la ciudad. Lo demás son habladurías y chismorreos típicos de una ciudad donde hasta trabajar con la muerte es envidiado. Dicen también, y de esto ya no doy fé, que marcha a las mil maravillas su negocio, que poseen un enorme chaletazo a las afueras y que no tienen hijos. Solemos coincidir muchas veces, bueno, no tanto, mejor dicho cuando nuestros bolsillos nos dejan venir a comer al restaurante.
A veces pasa algo que me desconcierta: me inquieto mucho cuando descubro que me miran. Tengo la sensación de que calculan a ojo mis medidas ¿Será para su nuevo modelo de ataud con cierre centralizado y eleva almas eléctrico? Cuando esto pasa vuelvo rápidamente la mirada hacia la comida y contínuo como si tal cosa mientras un escalofrío me recorre la espalda como un tsunami.
Cuando logro reunir el valor suficiente para volver a mirar descubro entonces que hay un tercero que, lo juro, antes no estaba. Es un personaje sin rostro, vestido con una gran túnica negra con capucha. El camarero les sirve el postre de chocolate y ellos comen en silencio. Un silencio que habla, que escupe la verdad con una indiferencia cruel.
De vez en cuando les parte con paciencia un trocito de pastel, creo que lo que utiliza es una guadaña, y ellos, en silencio engullen...
Entonces es cuando caigo en la cuenta: ¡¡¡La muerte ha venido a llevarse su amor!!! Rápidamente me abalanzo sobre Ana y la beso, la miro, la toco y le hago el amor encima de la mesa como un poseso (mientras el camarero me dice gritando que va a llamar a la policía).
Cuando salimos del restaurante la extraña pareja sigue con la mirada perdida en la pared, ajenos a todo. De vuelta a casa Ana y yo paseamos, hablamos y reímos porque así lo ha querido el destino que, a veces, viste de negro.
P.D. Carpe Diem.
 
Comentario:
Uy, a mí me asusta enormemente en pensar que algún día eso me pudiera ocurrir a mí. Pienso entonces en que esa pareja estirada que apenas se habla fueron jóvenes algún día y quizás eran como tú y como yo... Qué les ha ocurrido por le camino para acabar siendo así. Qué trizteza pensar que quizás yo también acabe así como ellos... Deseo que eso no ocurra y voy a estar bien pendiente de todos mis pasos para no permitir que la tristeza y la soledad sea el pan de cada día en mi pareja... Besos de colores brillantes...
 
Comentario:
Quizás tras veinte años juntos ya se lo han dicho todo. O quzás no y es mejor que sigan callados; deben de odiarse tanto... se robaron mutuamente la juventud.
 
Comentario:
que miedo... me agarro firmemente a pensar que eso nunca me tocará-.-
 
Comentario:
Me resulta triste eso que cuentas.Y muchas veces,pienso que no quiero llegar nunca a una situación así con Borja.
Me gustaría,que siempre el amor fuese igual.Lo que no sé,es si eso es posible.
Pero no quiero ser nunca como esa pareja que has descrito.
 
Comentario:
La distancia hace que, en el último año, me haya sentado a comer sólo en un restaurante más veces de las que me habría gustado... Y entonces observo a mi alrededor...
... que envidia las parejas que ríen, comen del plato del otro, apuran lentamente la cerveza y se hacen caricias por debajo de la mesa o se besan justo antes de levantarse para irse...
... que tristeza esas parejas que comen en silencio, o hablando en voz baja de cosas serias, que miran de reojo a los enamorados, que parecen molestos por su alegría...

...yo, desde la soledad de mi mesa, apuro lentamente la cerveza...
No
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