HISTORIAS IMAGINARIAS - 001

Una de mis aficiones favoritas allá por los años de la adolescencia, y mantenida hasta el fin de mis días universitarios, era la lectura devoradora de historietas norteamericanas de superhéroes. Con el paso de los años fui perdiendo algo, llámenlo suspensión de la incredulidad si quieren, que hizo que dejase de disfrutar dicho tipo de tebeos de forma generalizada.
Entre mis guionistas predilectos en dicho terreno, y en aquellos tiempos, se contaba el escocés Grant Morrison. No quiero marearles con excesivos datos biográficos así que baste decir que el autor, nacido en Glasgow durante 1960, destacó en el semanario inglés 2000 AD creando la serie Zenith, donde nos presentaba a una estrella de rock reconvertida a superhéroe en lucha contra una invasión alienígena extra-dimensional. Fue dicha historieta, entre otras, la que llamó la atención de la editorial americana DC Comics, famosa por cobijar entre sus publicaciones a personajes de la talla de Superman, Batman o Wonder Woman. Dicha empresa se encontraba sumergida durante mediados y finales de la década de los ochenta en un proceso de renovación, bastante progresista, de su exitosa línea de publicaciones superheroicas. Una de las tácticas con las que se pretendía llevar a buen puerto dicho proceso era la caza y captura de escritores ingleses, a los que se concedía la suposición de poseer superiores habilidades literarias en comparación con sus colegas estadounidenses, para elevar el prestigio de sus colecciones de tebeos.
El primer encargo del señor Morrison, una vez a bordo de la máquinaria industrial de la DC, fue la revitalización de un oscuro personaje secundario perteneciente al insondable fondo de armario de la mencionada editorial: Animal Man. Desde las veinticuatro páginas mensuales del tebeo y durante un total de 26 capítulos, los lectores asistimos, anonadados, a un estrambótico experimento metalingüístico donde a menudo veíamos cuestionada la noción misma de ficción y que concluyó con un memorable encuentro del personaje con su escritor en la última entrega de la historia. Los aficionados españoles al género todavía recordamos con admiración aquel brillante tebeo publicado por Ediciones Zinco hace más de una década y ahora de nuevo disponible gracias a la reedición de Norma Editorial.

El segundo trabajo asumido por el escocés, desde el punto de vista cronológico, y durante su desembarco en la patria de McDonald's, fue la continuación de la serie mensual dedicada a La Patrulla Condenada, o Doom Patrol en el original, que se podría definir como una agrupación de auténticos freakies superheroicos que venían como anillo al dedo a la extravagante imaginación del guionista. Nunca las páginas de un tebeo vieron tal acumulación de creatividad extraña y enfermiza, donde tan pronto se daba pié a técnicas de escritura libre como se pasaba a interrogar al lector sobre la relación entre cuerpo y mente. Todo ello aderezado con un torrente incontenible de argumentos, personajes y situaciones verdaderamente surrealistas entre los que destacaba, siempre bajo mi punto de vista particular, Danny la Calle, una avenida viviente, travestí y con superpoderes.
El trabajo realizado por Morrison durante los años en que estuvo al frente de la serie dedicada a La Patrulla Condenada hizo que esta, sin ningún lugar a dudas, pasara a convertirse en el cómic de culto por excelencia. Más aún si tenemos en cuenta que gran parte de su material continúa tristemente inédito en España y que los lectores hambrientos de experiencias perturbadoras hemos tenido que hacernos con la edición original en inglés.
(continuará)
Entre mis guionistas predilectos en dicho terreno, y en aquellos tiempos, se contaba el escocés Grant Morrison. No quiero marearles con excesivos datos biográficos así que baste decir que el autor, nacido en Glasgow durante 1960, destacó en el semanario inglés 2000 AD creando la serie Zenith, donde nos presentaba a una estrella de rock reconvertida a superhéroe en lucha contra una invasión alienígena extra-dimensional. Fue dicha historieta, entre otras, la que llamó la atención de la editorial americana DC Comics, famosa por cobijar entre sus publicaciones a personajes de la talla de Superman, Batman o Wonder Woman. Dicha empresa se encontraba sumergida durante mediados y finales de la década de los ochenta en un proceso de renovación, bastante progresista, de su exitosa línea de publicaciones superheroicas. Una de las tácticas con las que se pretendía llevar a buen puerto dicho proceso era la caza y captura de escritores ingleses, a los que se concedía la suposición de poseer superiores habilidades literarias en comparación con sus colegas estadounidenses, para elevar el prestigio de sus colecciones de tebeos.
El primer encargo del señor Morrison, una vez a bordo de la máquinaria industrial de la DC, fue la revitalización de un oscuro personaje secundario perteneciente al insondable fondo de armario de la mencionada editorial: Animal Man. Desde las veinticuatro páginas mensuales del tebeo y durante un total de 26 capítulos, los lectores asistimos, anonadados, a un estrambótico experimento metalingüístico donde a menudo veíamos cuestionada la noción misma de ficción y que concluyó con un memorable encuentro del personaje con su escritor en la última entrega de la historia. Los aficionados españoles al género todavía recordamos con admiración aquel brillante tebeo publicado por Ediciones Zinco hace más de una década y ahora de nuevo disponible gracias a la reedición de Norma Editorial.

El segundo trabajo asumido por el escocés, desde el punto de vista cronológico, y durante su desembarco en la patria de McDonald's, fue la continuación de la serie mensual dedicada a La Patrulla Condenada, o Doom Patrol en el original, que se podría definir como una agrupación de auténticos freakies superheroicos que venían como anillo al dedo a la extravagante imaginación del guionista. Nunca las páginas de un tebeo vieron tal acumulación de creatividad extraña y enfermiza, donde tan pronto se daba pié a técnicas de escritura libre como se pasaba a interrogar al lector sobre la relación entre cuerpo y mente. Todo ello aderezado con un torrente incontenible de argumentos, personajes y situaciones verdaderamente surrealistas entre los que destacaba, siempre bajo mi punto de vista particular, Danny la Calle, una avenida viviente, travestí y con superpoderes.
El trabajo realizado por Morrison durante los años en que estuvo al frente de la serie dedicada a La Patrulla Condenada hizo que esta, sin ningún lugar a dudas, pasara a convertirse en el cómic de culto por excelencia. Más aún si tenemos en cuenta que gran parte de su material continúa tristemente inédito en España y que los lectores hambrientos de experiencias perturbadoras hemos tenido que hacernos con la edición original en inglés.
(continuará)
Comentario:
Comentario:
Nice site!
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Comentario:
De todos los tebeos que publicaba la DC Comics en aquella época (entre finales de los ochenta y principios de los noventa) posiblemente estos sean los que mejores relecturas me proporcionan. Puede que Grant Morrison no tenga el nivel literario de un Neil Gaiman o de un Peter Milligan, pero es sin duda lo más loco y divertido que le haya pasado jamás a la historieta mainstream norteamericana.
En la historia que comentas sobre la Patrulla Condenada sobresalía con luz propia el líder de aquella Hermandad de Dadá, el Señor Nadie. Cada una de sus intervenciones superaba en ingenio creativo a lo que eran capaces de hacer la mayoría de los guionistas del momento en todo un año de trabajo.
Conozco a muchas personas que, sin ser lectores habituales de historieta, tienen al señor Morrison en un altar debido a "El Cuadro que se Comió Paris" (así es como se tradujo el título en España por parte de Ediciones Zinco)
En la historia que comentas sobre la Patrulla Condenada sobresalía con luz propia el líder de aquella Hermandad de Dadá, el Señor Nadie. Cada una de sus intervenciones superaba en ingenio creativo a lo que eran capaces de hacer la mayoría de los guionistas del momento en todo un año de trabajo.
Conozco a muchas personas que, sin ser lectores habituales de historieta, tienen al señor Morrison en un altar debido a "El Cuadro que se Comió Paris" (así es como se tradujo el título en España por parte de Ediciones Zinco)
Comentario:
La vuelta de hoja de Morrison con Animal Man es de aquellas cosas que no permiten cerrar la boca. Además enriquece la relectura del material, lo dota de más sentido en las posteriores lecturas.
De la Patrulla Condenada tengo muy presente una historia que se llamaba "La pintura que se comió París" (o algo así), dónde la pintoresca Patrulla se enfrentaba a la más pintoresca Hermandad Dadá. Sólo el nombre del enemigo ya invita a leerlo "Hermandad Dada", impresionante, dadaista...
De la Patrulla Condenada tengo muy presente una historia que se llamaba "La pintura que se comió París" (o algo así), dónde la pintoresca Patrulla se enfrentaba a la más pintoresca Hermandad Dadá. Sólo el nombre del enemigo ya invita a leerlo "Hermandad Dada", impresionante, dadaista...





