MACARRONES AL WHISKY
Pretendo exponer en estas líneas una relajante propuesta para matar esas estúpidas tardes de sábado en las que uno no tiene ni repajolera idea de lo que hacer para pasar el tiempo. Advierto previamente que el único ingrediente indispensable son dos o tres colegas. No menos, porque acabarían aburriéndose, mirándose con cara extraña y arqueo de cejas, pensando cosas como “éste es gilipollas” y decidiendo, en su fuero interno, no repetir la experiencia. Tampoco más, ya que se arriesgarían a convertir la velada en una juerga loca y etílica, sin posibilidad de marcha atrás, de la que se recordarían aún pasados tres o cuatro días.
El primer paso ha de darse en el momento justo en el que usted decida levantarse de la cama. Siempre y cuando dicho momento sea, al menos, un par de horas antes de la llegada de los colegas a su hogar, en respuesta a la invitación que usted habrá realizado días antes. Una vez despierto, y mientras se calienta el café, coja usted esa botella de whisky que sobró de la noche anterior y sirva un vaso hasta colmarlo. Resista la tentación de ingerirlo tal cual e introduzca en el dorado líquido tres dientes de ajo previamente pelados y cortados en rodajas. Deje la estrambótica mezcla olvidada en la cocina y dedíquese usted a otros menesteres.

Pues bien: ha pasado el tiempo y queda media hora para que su casa se convierta en lugar de regocijo y esparcimiento. Vuelva entonces a la cocina y saque 150 gramos de bacon cortado en lonchas del frigorífico. Ponga a calentar una fina capa de aceite de oliva en la sartén mientras, en otro fogón, estratégicamente colocado, comienza usted a hervir los macarrones. Si necesita que le explique como tiene que hacer esto último, mejor será que olvide este artículo y llame a una pizzería. En caso contrario, ya puede echar el bacon, el beicon, la panceta, o el más castizo tocino, en la sartén. Pero ¡ojo! no espere a que se fría: déjele medio minuto para que coja algo de color y entonces, y sólo entonces, vierta encima el whisky a través de un colador con el que separará los ajos. Y apártese con rapidez, oiga, no vaya a ser que las risas acaben en lloros.
Mientras el tocino absorbe el dorado líquido más rápido que un treintañero sin novia, saque ese bote de tomate natural pelado, a punto de caducar, que todos los solteros guardamos en una esquina de la nevera y ábralo, viértalo, aplástelo con saña y échelo en la sartén. Dos pasos hacia atrás, respiración, y dos pasos hacia delante. Remueva bien la mezcla con cuchara de palo mientras echa la sal, si es que no lo ha hecho antes, y, si quiere, algo de pimienta negra. Si no quiere, haga de tripas corazón, y échesela igual: no me sea afeminado.
Mientras realiza con precisión estas operaciones, los invitados habrán ido acercándose a su hogar, donde no habrán tardado en sentarse y servirse un poco del whisky sobrante que usted, como quien no quiere la cosa, habrá dejado en la mesa bien visible y en compañía de tres o cuatro vasos. Cuando el volumen de la conversación supere al de sus propios pensamientos, cuele los macarrones, lávelos, sírvalos en una fuente y écheles encima el contenido de la sartén, porque ahora viene el paso más importante: el orégano u origanum vulgare ¿Qué es un plato de pasta con tomate sin orégano? Pues una mierda pinchada en un palo, con todos los respetos. Así que coja la preciada especia y riegue la fuente contenedora abundantemente y con furia si ello fuese necesario. No se asuste ni tenga miedo: el mundo es de los valientes.

Una vez realizado todo esto ya puede servir la mesa. Sorprenderá y agradará a sus visitas al pedirles que durante el acto de deglución no se beba otra cosa que Jack Daniels, ya que no es aconsejable mezclar (saque partido de esta leyenda sin fundamento que recorre tristemente nuestros bares) y, sobre todo, al sacar del congelador esa fresquita tarta al whisky que todos sospechaban iba usted a proponer como postre previo a una elevada consumición de chupitos ad aeternum. Para acompañar esta alegre y festiva experiencia culinaria aconsejo el visionado de “La Carrera de la Muerte del Año 2000”, película de ciencia-ficción cutre y canalla dirigida por Paul Bartel en 1975 y protagonizada, entre otros, por David Carradine y Sylvester Stallone, en la cúspide de sus respectivas carreras, en los papeles de Frankenstein y Ametralladora Joe Viterbo respectivamente.
Las quejas de los vecinos están aseguradas.
El primer paso ha de darse en el momento justo en el que usted decida levantarse de la cama. Siempre y cuando dicho momento sea, al menos, un par de horas antes de la llegada de los colegas a su hogar, en respuesta a la invitación que usted habrá realizado días antes. Una vez despierto, y mientras se calienta el café, coja usted esa botella de whisky que sobró de la noche anterior y sirva un vaso hasta colmarlo. Resista la tentación de ingerirlo tal cual e introduzca en el dorado líquido tres dientes de ajo previamente pelados y cortados en rodajas. Deje la estrambótica mezcla olvidada en la cocina y dedíquese usted a otros menesteres.

Pues bien: ha pasado el tiempo y queda media hora para que su casa se convierta en lugar de regocijo y esparcimiento. Vuelva entonces a la cocina y saque 150 gramos de bacon cortado en lonchas del frigorífico. Ponga a calentar una fina capa de aceite de oliva en la sartén mientras, en otro fogón, estratégicamente colocado, comienza usted a hervir los macarrones. Si necesita que le explique como tiene que hacer esto último, mejor será que olvide este artículo y llame a una pizzería. En caso contrario, ya puede echar el bacon, el beicon, la panceta, o el más castizo tocino, en la sartén. Pero ¡ojo! no espere a que se fría: déjele medio minuto para que coja algo de color y entonces, y sólo entonces, vierta encima el whisky a través de un colador con el que separará los ajos. Y apártese con rapidez, oiga, no vaya a ser que las risas acaben en lloros.
Mientras el tocino absorbe el dorado líquido más rápido que un treintañero sin novia, saque ese bote de tomate natural pelado, a punto de caducar, que todos los solteros guardamos en una esquina de la nevera y ábralo, viértalo, aplástelo con saña y échelo en la sartén. Dos pasos hacia atrás, respiración, y dos pasos hacia delante. Remueva bien la mezcla con cuchara de palo mientras echa la sal, si es que no lo ha hecho antes, y, si quiere, algo de pimienta negra. Si no quiere, haga de tripas corazón, y échesela igual: no me sea afeminado.
Mientras realiza con precisión estas operaciones, los invitados habrán ido acercándose a su hogar, donde no habrán tardado en sentarse y servirse un poco del whisky sobrante que usted, como quien no quiere la cosa, habrá dejado en la mesa bien visible y en compañía de tres o cuatro vasos. Cuando el volumen de la conversación supere al de sus propios pensamientos, cuele los macarrones, lávelos, sírvalos en una fuente y écheles encima el contenido de la sartén, porque ahora viene el paso más importante: el orégano u origanum vulgare ¿Qué es un plato de pasta con tomate sin orégano? Pues una mierda pinchada en un palo, con todos los respetos. Así que coja la preciada especia y riegue la fuente contenedora abundantemente y con furia si ello fuese necesario. No se asuste ni tenga miedo: el mundo es de los valientes.

Una vez realizado todo esto ya puede servir la mesa. Sorprenderá y agradará a sus visitas al pedirles que durante el acto de deglución no se beba otra cosa que Jack Daniels, ya que no es aconsejable mezclar (saque partido de esta leyenda sin fundamento que recorre tristemente nuestros bares) y, sobre todo, al sacar del congelador esa fresquita tarta al whisky que todos sospechaban iba usted a proponer como postre previo a una elevada consumición de chupitos ad aeternum. Para acompañar esta alegre y festiva experiencia culinaria aconsejo el visionado de “La Carrera de la Muerte del Año 2000”, película de ciencia-ficción cutre y canalla dirigida por Paul Bartel en 1975 y protagonizada, entre otros, por David Carradine y Sylvester Stallone, en la cúspide de sus respectivas carreras, en los papeles de Frankenstein y Ametralladora Joe Viterbo respectivamente.
Las quejas de los vecinos están aseguradas.

Comentario:
Pues espero que hayas podido des- atraparte sin problemas. Y gracias por las felicitaciones: no se merecen.
Comentario:
Me quedado atrapada en tú artículo!
Que bueno en general el blog. Felicidades!
Que bueno en general el blog. Felicidades!





