HISTORIAS IMAGINARIAS - 002

Los criminales dementes recluidos en el manicomio Arkham Asylum se han rebelado y tomado el control del establecimiento. A cambio de liberar a los rehenes que mantienen consigo exigen que Batman, el hombre que los ha capturado, la persona a la que más odian en esta vida, su némesis, se encierre con ellos en la mencionada institución.
Arkham Asylum, publicada en 1989, tuvo el honor de ser la primera novela gráfica en tapa dura protagonizada por el Hombre Murciélago, Batman. La industria norteamericana de historietas comerciales de consumo rápido se encontraba en un momento convulso en el que veían la luz obras experimentales con un tono y una temática más adultos de lo usual hasta entonces. Los viejos superhéroes, simples y bonachones, comenzaron a teñirse con matices oscuros y realistas.
Los lectores de la época ya habíamos tenido una agradable muestra de madurez temática en los trabajos de autores como Alan Moore o Frank Miller, famosos por obras hoy míticas como La Cosa del Pantano o Watchmen el primero y Daredevil o Batman Dark Knight el segundo. También habíamos tenido el placer de conocer los territorios de la experimentación artística de las manos de uno de los pocos genios indiscutibles que ha dado la historieta en las últimas décadas: Bill Sienkiewicz. Pero nada de todo esto podía habernos preparado para la explosión y el impacto que supuso Arkham Asylum.
Editada el mismo año en que saltó a las pantallas el primer filme de Tim Burton sobre Batman, llegó a rumorearse que algunas de sus páginas habrían sido censuradas por la DC Comics para ampliar su nicho de mercado potencial. Lo cierto es que resulta difícil imaginar que clase de aberraciones enfermizas pudieran considerarse excesivas en comparación a lo que finalmente vio la luz. Y es que sin profundizar demasiado en la lectura podemos encontrar alusiones a la homosexualidad del Hombre Murciélago y su compañero, Robin, hechas por El Joker mientras palmea el culo del primero; mención abierta y sin tapujos de desviaciones sexuales tales como violaciones, mutilaciones o pedofilia; exhibición en primerísimo plano de conductas sádicas y masoquistas, ...
Cabe destacar el impactante descubrimiento que supuso el artista Dave Mckean en el apartado gráfico. Una simple aproximación a la novela ya nos advierte de su oscuridad, de su alto contenido en sangre y de su marcado carácter experimental. Una vez nos vemos inmersos en su lectura, el dibujante nos atrapa, nos secuestra, haciendo gala de una variedad de técnicas que demuestra dominar con virtuosismo: un lápiz furioso aquí, unas acuarelas obsesivamente detalladas allá, un collage industrial que mezcla desde fotografías hasta tornillos... Todo ello al servicio de un talento inmenso que sobresale por encima, que nos habla ya desde el boceto, y que termina por abofetearnos con la fuerza de su expresión plástica.
En el apartado literario nos encontramos con un Grant Morrison desatado, pletórico de ideas que tanto saltan a la mente del lector en un primerísimo plano como quedan enterradas en los fondos, semiocultas, como claves secretas que iría desarrollando con el paso de los años en una sucesión de obras que todavía continúa en marcha. Es quizá en Arkham Asylum donde el brillante escritor escocés comienza a forjar su estrella y a dejarnos entrever alguno de los conceptos que pueblan su febril imaginación: el escarabajo como símbolo de renacimiento, personajes con fuertes pulsiones sexuales y autodestructivas -el eros y el thanatos freudianos, nada menos- el tarot como explicación de la maquinaria de la vida, el significado de las leyendas mitológicas y su traslación al terreno de la psicología, la exploración de religiones y prácticas olvidadas o minoritarias como la nigromancia y el vudú, la omnipresente sombra de Aleister Crowley, ... Todo ello sin olvidar que la premisa inicial de su trabajo con el Hombre Murciélago es no sólo sugerir que el personaje ha de ser por fuerza un enfermo mental, sino afirmarlo rotundamente. Tanto a través de sus actos como de sus palabras, y cito: “Temo que cuando cruce la entrada del Asilo... cuando entre en Arkham y las puertas se cierren tras de mí... sea como estar en casa.”
A destacar las últimas páginas del libro, donde Morrison y McKean, en una impresionista sucesión de instantáneas que combinan de forma esquizofrénica escritura automática, poesía, vanguardismo plástico y psicología, nos presentan a los habitantes del siniestro edificio entre los que incluyen, claro, al no menos siniestro Batman. Y todo ello a modo de epílogo y cierre, de apoteosis final grabada en fuego. Especial atención merece el apartado dedicado al Doctor Destino, por su innegable relación con los relatos de fantasía onírica que estaba desarrollando por aquellas fechas otro autor, Neil Gaiman, en la serie de culto Sandman.
A modo de conclusión, señalar que, con el paso de los años, este impactante libro ha ido perdiendo parte del apoyo que en su momento se le brindó tanto a nivel de crítica como de público. Algunos opinan que fue una obra sobrevalorada en su momento. No estoy de acuerdo: Arkham Asylum constituye una pieza fundamental para el estudio del trabajo posterior de su guionista y para la comprensión global del arte de Dave McKean y su difusión entre el gran público. También creo que es un trabajo irrepetible e inimitable, consecuencia de unas circunstancias coyunturales muy concretas y máxima expresión del acercamiento del comic-book norteamericano a temáticas adultas y experimentales. Me atrevo a asegurar que nunca se había llegado tan lejos en un tebeo del género superheroico más popular y que nunca se volverán a alcanzar esos extremos. Al menos no de forma tan contundente y creíble.
Arkham Asylum, publicada en 1989, tuvo el honor de ser la primera novela gráfica en tapa dura protagonizada por el Hombre Murciélago, Batman. La industria norteamericana de historietas comerciales de consumo rápido se encontraba en un momento convulso en el que veían la luz obras experimentales con un tono y una temática más adultos de lo usual hasta entonces. Los viejos superhéroes, simples y bonachones, comenzaron a teñirse con matices oscuros y realistas.
Los lectores de la época ya habíamos tenido una agradable muestra de madurez temática en los trabajos de autores como Alan Moore o Frank Miller, famosos por obras hoy míticas como La Cosa del Pantano o Watchmen el primero y Daredevil o Batman Dark Knight el segundo. También habíamos tenido el placer de conocer los territorios de la experimentación artística de las manos de uno de los pocos genios indiscutibles que ha dado la historieta en las últimas décadas: Bill Sienkiewicz. Pero nada de todo esto podía habernos preparado para la explosión y el impacto que supuso Arkham Asylum.
Editada el mismo año en que saltó a las pantallas el primer filme de Tim Burton sobre Batman, llegó a rumorearse que algunas de sus páginas habrían sido censuradas por la DC Comics para ampliar su nicho de mercado potencial. Lo cierto es que resulta difícil imaginar que clase de aberraciones enfermizas pudieran considerarse excesivas en comparación a lo que finalmente vio la luz. Y es que sin profundizar demasiado en la lectura podemos encontrar alusiones a la homosexualidad del Hombre Murciélago y su compañero, Robin, hechas por El Joker mientras palmea el culo del primero; mención abierta y sin tapujos de desviaciones sexuales tales como violaciones, mutilaciones o pedofilia; exhibición en primerísimo plano de conductas sádicas y masoquistas, ...
Cabe destacar el impactante descubrimiento que supuso el artista Dave Mckean en el apartado gráfico. Una simple aproximación a la novela ya nos advierte de su oscuridad, de su alto contenido en sangre y de su marcado carácter experimental. Una vez nos vemos inmersos en su lectura, el dibujante nos atrapa, nos secuestra, haciendo gala de una variedad de técnicas que demuestra dominar con virtuosismo: un lápiz furioso aquí, unas acuarelas obsesivamente detalladas allá, un collage industrial que mezcla desde fotografías hasta tornillos... Todo ello al servicio de un talento inmenso que sobresale por encima, que nos habla ya desde el boceto, y que termina por abofetearnos con la fuerza de su expresión plástica.
En el apartado literario nos encontramos con un Grant Morrison desatado, pletórico de ideas que tanto saltan a la mente del lector en un primerísimo plano como quedan enterradas en los fondos, semiocultas, como claves secretas que iría desarrollando con el paso de los años en una sucesión de obras que todavía continúa en marcha. Es quizá en Arkham Asylum donde el brillante escritor escocés comienza a forjar su estrella y a dejarnos entrever alguno de los conceptos que pueblan su febril imaginación: el escarabajo como símbolo de renacimiento, personajes con fuertes pulsiones sexuales y autodestructivas -el eros y el thanatos freudianos, nada menos- el tarot como explicación de la maquinaria de la vida, el significado de las leyendas mitológicas y su traslación al terreno de la psicología, la exploración de religiones y prácticas olvidadas o minoritarias como la nigromancia y el vudú, la omnipresente sombra de Aleister Crowley, ... Todo ello sin olvidar que la premisa inicial de su trabajo con el Hombre Murciélago es no sólo sugerir que el personaje ha de ser por fuerza un enfermo mental, sino afirmarlo rotundamente. Tanto a través de sus actos como de sus palabras, y cito: “Temo que cuando cruce la entrada del Asilo... cuando entre en Arkham y las puertas se cierren tras de mí... sea como estar en casa.”A destacar las últimas páginas del libro, donde Morrison y McKean, en una impresionista sucesión de instantáneas que combinan de forma esquizofrénica escritura automática, poesía, vanguardismo plástico y psicología, nos presentan a los habitantes del siniestro edificio entre los que incluyen, claro, al no menos siniestro Batman. Y todo ello a modo de epílogo y cierre, de apoteosis final grabada en fuego. Especial atención merece el apartado dedicado al Doctor Destino, por su innegable relación con los relatos de fantasía onírica que estaba desarrollando por aquellas fechas otro autor, Neil Gaiman, en la serie de culto Sandman.
A modo de conclusión, señalar que, con el paso de los años, este impactante libro ha ido perdiendo parte del apoyo que en su momento se le brindó tanto a nivel de crítica como de público. Algunos opinan que fue una obra sobrevalorada en su momento. No estoy de acuerdo: Arkham Asylum constituye una pieza fundamental para el estudio del trabajo posterior de su guionista y para la comprensión global del arte de Dave McKean y su difusión entre el gran público. También creo que es un trabajo irrepetible e inimitable, consecuencia de unas circunstancias coyunturales muy concretas y máxima expresión del acercamiento del comic-book norteamericano a temáticas adultas y experimentales. Me atrevo a asegurar que nunca se había llegado tan lejos en un tebeo del género superheroico más popular y que nunca se volverán a alcanzar esos extremos. Al menos no de forma tan contundente y creíble.
Comentario:
Cierto: se acerca la fecha de estreno del Batman Begins de Christopher Nolan, director de la imprescindible Memento entre otras.
Comentario:
ahh creo q es una buena opcion de lectura de culto q se basa en un comic q es uno de mis favoritos
talves no haymas asi como esta revista
mme agrada mucho la historia del creador del psiquiatrico
sus frases son realmente contundentes y .... algo de sicoticas
con buenas frases a lo largo de la historia creo q me atrapo desde la primera vez q lo lei
ahora q se acerca el 5 film del hombre murcielago y q se vera al espantapajaros recluido con su camisa de fuerza en este manicomio seria bueno que los fans lo leyesen
talves no haymas asi como esta revista
mme agrada mucho la historia del creador del psiquiatrico
sus frases son realmente contundentes y .... algo de sicoticas
con buenas frases a lo largo de la historia creo q me atrapo desde la primera vez q lo lei
ahora q se acerca el 5 film del hombre murcielago y q se vera al espantapajaros recluido con su camisa de fuerza en este manicomio seria bueno que los fans lo leyesen





