ETÉREO - EL FERROL
Continúo compartiendo con ustedes extractos de la malograda novela Etéreo, que comenzara a escribir años ha para nunca volver sobre ella. La lectura de sus páginas, aparte de traerme poderosos recuerdos de las vivencias experimentadas por aquel entonces, me revela algo de lo que ya debería haber sido consciente en su momento: junto a escenas, descripciones o personajes satisfactorios se acumulan una serie de secuencias irregulares fruto de mi impericia como novelista. Además, debo confesar que el tono de algunas oraciones se me antoja algo tosco, pedante y rebuscado.
En las líneas que siguen, inserto el extracto del segundo capítulo en el que doy una breve descripción del escenario general en el que tenía previsto desarrollar el grueso de mi historia. Debo destacar que había tomado la decisión de comenzar a escribir el relato in media res, partiendo del nudo de la acción en el primer capítulo para pasar a presentar el inicio en el segundo.
“(...) En el interior de este denso y simétrico cinturón industrial en semicírculo geográfico se encuentra la primitiva ciudad de El Ferrol. Siguiendo una línea imaginaria de izquierda a derecha sobre la base del hemiciclo nos encontramos en primer lugar con el casco antigüo de la localidad donde se mantiene a duras penas el carácter marinero de sus habitantes. La conservación del muelle de Curuxeiras permite subsistir a un reducido número de familias merced a la ancestral labor pesquera realizada en viejas embarcaciones (...) El centro de la urbe recibe el nombre de Ferrol Nuevo desde su urbanización, en el siglo XVIII, derivada de modelos ingleses y sobre la base de un estricto trazado en damero. Se trata del verdadero núcleo vital de la ciudad: un corazón de hierro, hormigón y vidrio que nutre de seres humanos y caudal financiero a los capilares industriales y militares que lo circundan. Al este del mapa se encuentra el barrio de Esteiro, surcado por calles largas y rectas en una curiosa evolución del diseño geométrico que rige la urbe. La presencia del arsenal militar de La Graña dota de cierta personalidad a este último sector. Alrededor de sus instalaciones ha crecido toda una red de dudosos negocios destinados a alimentarse del tiempo libre de marineros y soldados. La anarquía de su distribución combina vetustos edificios en ruinas con los más modernos establecimientos de ocio nocturno. Caldo de cultivo de mafias, mercado negro y todo tipo de individuos marginales, dicho barrio es tolerado por las autoridades militares y los emporios empresariales como un mal menor de gran utilidad en su esquema de control poblacional.
La bisectriz que delimita el sur del semicírculo geográfico denominado El Ferrol está compuesta por una sucesión discontinua de instalaciones militares que otorgan a la ciudad una posición privilegiada en el organigrama de la Zona marítima del Cantábrico. Desde el ya mencionado arsenal de La Graña hasta la Escuela de Propulsión y Motores, pasando por diversos emplazamientos entre los que destaca uno de los puertos militares más importantes del sur de Europa (...) Bajo un cielo color plata envenenado (...)
El resultado de todas estas combinaciones militares, empresariales y urbanísticas es una urbe anglo-española (...) Una aglomeración de edificios, personas y actividades que sintetizada y después analizada semeja un gigantesco leviatán mitológico donde cada órgano cumple la función que tiene asignada para la supervivencia del cuerpo. Es el cerebro militar quien da las órdenes y hace funcionar a la máquina. A través de las conexiones neuronales precisas se ponen en movimiento las extremidades de la industria que construye y trabaja para dar alimento al monstruo. Un engendro por cuyas venas y arterias fluyen personas y capitales. No le faltan a este ser grotesco caracteres humanos como la memoria, localizada en el muelle de Curuxeiras. Tampoco hablamos de un ser carente de bajas pasiones pues estas tienen una amplia región para su consumación en la entrepierna denominada Esteiro, donde gozan tanto el cerebro como los brazos con la afluencia de su dedicación y sangre cuando ha lugar, de manera consciente o inconsciente.”
No hace falta que les recuerde que este texto es ficción y que cualquier parecido con la realidad no es más que pura coincidencia ¿verdad?
En las líneas que siguen, inserto el extracto del segundo capítulo en el que doy una breve descripción del escenario general en el que tenía previsto desarrollar el grueso de mi historia. Debo destacar que había tomado la decisión de comenzar a escribir el relato in media res, partiendo del nudo de la acción en el primer capítulo para pasar a presentar el inicio en el segundo.
“(...) En el interior de este denso y simétrico cinturón industrial en semicírculo geográfico se encuentra la primitiva ciudad de El Ferrol. Siguiendo una línea imaginaria de izquierda a derecha sobre la base del hemiciclo nos encontramos en primer lugar con el casco antigüo de la localidad donde se mantiene a duras penas el carácter marinero de sus habitantes. La conservación del muelle de Curuxeiras permite subsistir a un reducido número de familias merced a la ancestral labor pesquera realizada en viejas embarcaciones (...) El centro de la urbe recibe el nombre de Ferrol Nuevo desde su urbanización, en el siglo XVIII, derivada de modelos ingleses y sobre la base de un estricto trazado en damero. Se trata del verdadero núcleo vital de la ciudad: un corazón de hierro, hormigón y vidrio que nutre de seres humanos y caudal financiero a los capilares industriales y militares que lo circundan. Al este del mapa se encuentra el barrio de Esteiro, surcado por calles largas y rectas en una curiosa evolución del diseño geométrico que rige la urbe. La presencia del arsenal militar de La Graña dota de cierta personalidad a este último sector. Alrededor de sus instalaciones ha crecido toda una red de dudosos negocios destinados a alimentarse del tiempo libre de marineros y soldados. La anarquía de su distribución combina vetustos edificios en ruinas con los más modernos establecimientos de ocio nocturno. Caldo de cultivo de mafias, mercado negro y todo tipo de individuos marginales, dicho barrio es tolerado por las autoridades militares y los emporios empresariales como un mal menor de gran utilidad en su esquema de control poblacional.
La bisectriz que delimita el sur del semicírculo geográfico denominado El Ferrol está compuesta por una sucesión discontinua de instalaciones militares que otorgan a la ciudad una posición privilegiada en el organigrama de la Zona marítima del Cantábrico. Desde el ya mencionado arsenal de La Graña hasta la Escuela de Propulsión y Motores, pasando por diversos emplazamientos entre los que destaca uno de los puertos militares más importantes del sur de Europa (...) Bajo un cielo color plata envenenado (...)
El resultado de todas estas combinaciones militares, empresariales y urbanísticas es una urbe anglo-española (...) Una aglomeración de edificios, personas y actividades que sintetizada y después analizada semeja un gigantesco leviatán mitológico donde cada órgano cumple la función que tiene asignada para la supervivencia del cuerpo. Es el cerebro militar quien da las órdenes y hace funcionar a la máquina. A través de las conexiones neuronales precisas se ponen en movimiento las extremidades de la industria que construye y trabaja para dar alimento al monstruo. Un engendro por cuyas venas y arterias fluyen personas y capitales. No le faltan a este ser grotesco caracteres humanos como la memoria, localizada en el muelle de Curuxeiras. Tampoco hablamos de un ser carente de bajas pasiones pues estas tienen una amplia región para su consumación en la entrepierna denominada Esteiro, donde gozan tanto el cerebro como los brazos con la afluencia de su dedicación y sangre cuando ha lugar, de manera consciente o inconsciente.”
No hace falta que les recuerde que este texto es ficción y que cualquier parecido con la realidad no es más que pura coincidencia ¿verdad?






