TREINTAITANTOS
Un sueño no cumplido es un veneno, una mentira, una maldición que te visita todas las noches a la hora de la loba. Un cáncer, un parásito, que se instala en tus entrañas y devora voluntad, fuerza, alma, ganas de vivir.
Un sueño roto, una promesa traicionada, sabe a café negro con ceniza de Ducados. Paladearlo es sentir como si los dientes se volviesen tizas y del interior de los pulmones subiese un aire con sabor a rancio, a enfermo, a dolor y a carne en mal estado.
Puede llegar a disfrutarse, levemente, pero nunca puede llegar a marcharse, a esfumarse, a largarse. Esa pesadilla arrastra insomnio y noches en vela, agarra el techo de la habitación con sus delgados y grises dedos para girarlo y mostrarlo ante tus ojos cerrados.
Un sueño negado es un asesinato, un agujero clavado en la inmensidad de tu corazón, comiendo, tragando, succionando, ... Llevándote despacio y tranquilo hacia el negro, la nada, de vuelta al útero protector del vacío.
Un sueño roto, una promesa traicionada, sabe a café negro con ceniza de Ducados. Paladearlo es sentir como si los dientes se volviesen tizas y del interior de los pulmones subiese un aire con sabor a rancio, a enfermo, a dolor y a carne en mal estado.
Puede llegar a disfrutarse, levemente, pero nunca puede llegar a marcharse, a esfumarse, a largarse. Esa pesadilla arrastra insomnio y noches en vela, agarra el techo de la habitación con sus delgados y grises dedos para girarlo y mostrarlo ante tus ojos cerrados.
Un sueño negado es un asesinato, un agujero clavado en la inmensidad de tu corazón, comiendo, tragando, succionando, ... Llevándote despacio y tranquilo hacia el negro, la nada, de vuelta al útero protector del vacío.





