LA SANIDAD, EL DÉFICIT Y LOS VAMPIROS
El reciente anuncio por parte de varios Ministros del Gobierno socialista de la propuesta de incrementar el nivel de imposición indirecta sobre los cuatro productos o servicios estrella de la polémica fiscal por parte de las administraciones autonómicas para aflojar el desencuentro entre ingreso y gasto público en el sector sanitario ha dejado en evidencia dos verdades: a) la sanidad pública acarrea el peso de un grave y peligroso déficit y b) hay que paliar, disminuir, eliminar dicha asimetría presupuestaria en la medida de lo posible. Como viene siendo habitual cada vez que un Consejo de Ministros o Comisión Delegada se encuentra con un problema a solucionar, la receta a aplicar se viste o disfraza de tintes punitivos, sancionadores o, en este caso, impositivos, asimétricos, injustos y de difícil defensa desde el punto de vista de quien se dice socialista por cuanto viene a posar su pesada carga sobre la espalda del ciudadano de a pie cada vez más cercano al proletario industrial de finales del siglo XIX y más alejado del feliz pequeño-burgués habitante de un ya perdido para siempre Estado del Bienestar.
Convendría analizar las causas, motivos y orígenes de la susodicha situación deficitaria para actuar eficazmente en lugar de venir ahora a tapar la hemorragia con el ya cansino parche de carga fiscal, que amenaza con traer más problemas, discordia y crispación que soluciones reales. Por mucho que sonría la excelentísima Fernández de la Vega desde lo alto de su culo empinado y obscenamente bronceado por las llamas del verano o por mucho que trate de acojonar el Ministro Jordi Sevilla mediante torpes amenazas veladas que vienen a subrayar el falso carácter voluntario de las medidas propuestas.
Los motivos reales, concretos y palpables que vienen a confluir en lo que vamos a entender como incremento del coste generado por la sanidad pública son los siguientes: el inapelable envejecimiento de la población española, merced a una desastrosa y generalizada situación laboral y económica que nos empeñamos en no querer ver, cegados como estamos por los supuestos y mediáticos crecimientos de la economía nacional; el innegable aunque insuficiente incremento de la renta per capita que viene a derivar en un lógico aumento de la demanda; el elevado y progresivo coste de la investigación y tecnología médica, la cual, además, está sujeta a un período de rotación o maduración muy breve; la evidente explosión demográfica causada por el fenómeno de la inmigración, tan de actualidad cuando se trata de mostrar lo solidarios que somos pero tan olvidado a la hora de pedir que se pague lo que se debe, oiga, que yo no cotizo a la Seguridad Social para que venga el amigo Mustafá a quitarme el empleo sobre la base de unas prestaciones que no ha contribuido a sostener.
Hasta ahí, los motivos que vienen a engrosar el incremento de los costes sanitarios vivido recientemente en nuestro país, en nuestras autonomías. Pero el hecho de que exista un evidente e innegable aumento de costes no tiene porque venir a dar como resultado un balance final desequilibrado o la existencia necesaria de un galopante déficit. Tomemos como ejemplo a la Consellería de Sanidad y Servicio Gallego de Salud, también llamada Sergas -ya que de autonomías estamos hablando- durante el período de ejercicios económicos comprendidos entre 1996 y 2002. Según datos analizados y estudiados por el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Coruña Xaquín Álvarez Corbacho, en un reciente artículo periodístico publicado en La Voz de Galicia del 6 de septiembre de 2005, con el título de Precisiones sanitarias y bajo el amparo de la sección LÍNEA ABIERTA, podríamos articular las siguientes partidas en la gestión administrativa del citado órgano:
Queda, por lo tanto, desvelada y despejada la incógnita que explica el desencuentro entre gasto e ingreso, el incremento asimétrico e ineficiente de los costes, en la figura del gasto farmacéutico. Gasto que tan sólo puede aumentar merced a dos vías, claramente identificables: el aumento en la cantidad demandada y el aumento en el precio ofertado (¿exigido?) como sabe cualquier economista de medio pelo. El crecimiento del número de pensionistas, y del número de recetas por pensionista, analizado en este caso, muestra con transparencia como puede ser considerado responsable de apenas un porcentaje total del 10% del incremento global del susodicho gasto farmacéutico. Es por lo tanto evidente que resta un 90% de responsabilidad, ni más ni menos, adjudicable al incremento de los precios sostenido de forma descaradamente unilateral por parte de la industria farmacéutica. Y digo descaradamente porque, citando al señor Álvarez Corbacho, la experiencia comparada viene a demostrar que tan sólo un 7% de los nuevos fármacos justifican un precio mayor por sus mejoras terapéuticas con respecto a los medicamentos que sustituyen.
Queda entonces claro que ya hemos terminado de identificar el problema y se llama Neoliberalismo, Liberalismo, Libertad de Mercado, Industria Farmacéutica, Capitalismo, etc, ... El cacique del siglo XXI ya no se mueve en el ámbito de cutres alcaldías de pueblo, aldea, botijo y barragana, sino que ha medrado y le ha crecido corbata para adaptarse a los despachos de cristal, hierro y aglomerado de la gran industria, del nuevo vampiro tecnológico y financiero que ahora, sí, ya está claro, ha llegado a la tierra prometida para alimentarse de nuestra sangre, para traernos la perdición y el caos, para rendirnos y bajarnos la cabeza ahora que, por fin, tras más de un siglo de esclavismo patrocinado, comenzábamos a levantarla.
Convendría analizar las causas, motivos y orígenes de la susodicha situación deficitaria para actuar eficazmente en lugar de venir ahora a tapar la hemorragia con el ya cansino parche de carga fiscal, que amenaza con traer más problemas, discordia y crispación que soluciones reales. Por mucho que sonría la excelentísima Fernández de la Vega desde lo alto de su culo empinado y obscenamente bronceado por las llamas del verano o por mucho que trate de acojonar el Ministro Jordi Sevilla mediante torpes amenazas veladas que vienen a subrayar el falso carácter voluntario de las medidas propuestas.
Los motivos reales, concretos y palpables que vienen a confluir en lo que vamos a entender como incremento del coste generado por la sanidad pública son los siguientes: el inapelable envejecimiento de la población española, merced a una desastrosa y generalizada situación laboral y económica que nos empeñamos en no querer ver, cegados como estamos por los supuestos y mediáticos crecimientos de la economía nacional; el innegable aunque insuficiente incremento de la renta per capita que viene a derivar en un lógico aumento de la demanda; el elevado y progresivo coste de la investigación y tecnología médica, la cual, además, está sujeta a un período de rotación o maduración muy breve; la evidente explosión demográfica causada por el fenómeno de la inmigración, tan de actualidad cuando se trata de mostrar lo solidarios que somos pero tan olvidado a la hora de pedir que se pague lo que se debe, oiga, que yo no cotizo a la Seguridad Social para que venga el amigo Mustafá a quitarme el empleo sobre la base de unas prestaciones que no ha contribuido a sostener.
Hasta ahí, los motivos que vienen a engrosar el incremento de los costes sanitarios vivido recientemente en nuestro país, en nuestras autonomías. Pero el hecho de que exista un evidente e innegable aumento de costes no tiene porque venir a dar como resultado un balance final desequilibrado o la existencia necesaria de un galopante déficit. Tomemos como ejemplo a la Consellería de Sanidad y Servicio Gallego de Salud, también llamada Sergas -ya que de autonomías estamos hablando- durante el período de ejercicios económicos comprendidos entre 1996 y 2002. Según datos analizados y estudiados por el catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de La Coruña Xaquín Álvarez Corbacho, en un reciente artículo periodístico publicado en La Voz de Galicia del 6 de septiembre de 2005, con el título de Precisiones sanitarias y bajo el amparo de la sección LÍNEA ABIERTA, podríamos articular las siguientes partidas en la gestión administrativa del citado órgano:
- Gasto corriente (97% del total)
- Gasto de personal que, en el período referido, crece de 100 a 130.
- Gasto farmacéutico (hospitalario y extrahospitalario) que crece de 100 a 187.
- Resto del gasto corriente que aumenta de 100 a 156.
- Gasto de personal que, en el período referido, crece de 100 a 130.
- Los ingresos totales del presupuesto crecen de 100 a 143 mientras que los gastos lo hacen de 100 a 148. En otras palabras, y como acertadamente concluye el mencionado catedrático, si el gasto farmacéutico hubiese aumentado de forma equivalente al incremento anual del PIB (entre el 6 y el 7%) no estaríamos hablando ahora de este tema, de este déficit, de esta asimetría entre ingresos y gastos.
Queda, por lo tanto, desvelada y despejada la incógnita que explica el desencuentro entre gasto e ingreso, el incremento asimétrico e ineficiente de los costes, en la figura del gasto farmacéutico. Gasto que tan sólo puede aumentar merced a dos vías, claramente identificables: el aumento en la cantidad demandada y el aumento en el precio ofertado (¿exigido?) como sabe cualquier economista de medio pelo. El crecimiento del número de pensionistas, y del número de recetas por pensionista, analizado en este caso, muestra con transparencia como puede ser considerado responsable de apenas un porcentaje total del 10% del incremento global del susodicho gasto farmacéutico. Es por lo tanto evidente que resta un 90% de responsabilidad, ni más ni menos, adjudicable al incremento de los precios sostenido de forma descaradamente unilateral por parte de la industria farmacéutica. Y digo descaradamente porque, citando al señor Álvarez Corbacho, la experiencia comparada viene a demostrar que tan sólo un 7% de los nuevos fármacos justifican un precio mayor por sus mejoras terapéuticas con respecto a los medicamentos que sustituyen.
Queda entonces claro que ya hemos terminado de identificar el problema y se llama Neoliberalismo, Liberalismo, Libertad de Mercado, Industria Farmacéutica, Capitalismo, etc, ... El cacique del siglo XXI ya no se mueve en el ámbito de cutres alcaldías de pueblo, aldea, botijo y barragana, sino que ha medrado y le ha crecido corbata para adaptarse a los despachos de cristal, hierro y aglomerado de la gran industria, del nuevo vampiro tecnológico y financiero que ahora, sí, ya está claro, ha llegado a la tierra prometida para alimentarse de nuestra sangre, para traernos la perdición y el caos, para rendirnos y bajarnos la cabeza ahora que, por fin, tras más de un siglo de esclavismo patrocinado, comenzábamos a levantarla.
Comentario:
En lo tocante a las conclusiones del último párrafo... Hago referencia al supuesto e hipotético Estado del Bienestar propugnado, no hace tanto, por gobernantes y estadistas de todo signo ideológico sobre la base de procesos tales como una rampante privatización industrial, una absoluta e irreflexiva descentralización administrativa (positiva en ciertos ámbitos pero mal llevada a cabo en este que nos toca, el sanitario) o una salvaje y asimétrica liberalización del mercado.
Es esta última idea, en concreto, la salvaje y asimétrica liberalización, la que nos ha llevado a la situación de tener que soportar unos márgenes de beneficio empresarial absolutamente fantásticos en el ámbito de la industria farmacéutica. Superiores, incluso, al 100%, si mis fuentes no me engañan.
La solución al déficit sanitario pasa no sólo por incrementar los ingresos (pero nunca a través de la injusta imposición indirecta, ojo) si no también, y muy especialmente, por reducir los gastos. Es decir: negociar con más dureza e incluso llegando a intervenir estatalmente para regular los alucinantes desmanes de la industria farmacéutica en lo tocante a la fijación de precios vía desmesurados e injustificables márgenes de beneficio.
En cuanto a la Señora Doña Fernádez de la Vega... Digamos que me dan cierta grima los dirigentes políticos, o gobernantes, exageradamente bronceados y vestidos con tonos excesivamente claros, para contrastar, que también suelen lucir en todo tipo de afeites (en la ciudad de Vigo seguro que me comprenden) Y más si es que han sido portada de la revista Vogue.
Me acostumbraré con el tiempo. Supongo.
Un fuerte abrazo, también.
Es esta última idea, en concreto, la salvaje y asimétrica liberalización, la que nos ha llevado a la situación de tener que soportar unos márgenes de beneficio empresarial absolutamente fantásticos en el ámbito de la industria farmacéutica. Superiores, incluso, al 100%, si mis fuentes no me engañan.
La solución al déficit sanitario pasa no sólo por incrementar los ingresos (pero nunca a través de la injusta imposición indirecta, ojo) si no también, y muy especialmente, por reducir los gastos. Es decir: negociar con más dureza e incluso llegando a intervenir estatalmente para regular los alucinantes desmanes de la industria farmacéutica en lo tocante a la fijación de precios vía desmesurados e injustificables márgenes de beneficio.
En cuanto a la Señora Doña Fernádez de la Vega... Digamos que me dan cierta grima los dirigentes políticos, o gobernantes, exageradamente bronceados y vestidos con tonos excesivamente claros, para contrastar, que también suelen lucir en todo tipo de afeites (en la ciudad de Vigo seguro que me comprenden) Y más si es que han sido portada de la revista Vogue.
Me acostumbraré con el tiempo. Supongo.
Un fuerte abrazo, también.
Comentario:
Tremendamente clarificador… Y créame si le digo que suscribo hasta la última coma de su exposición, a excepción de las conclusiones del último párrafo. Es que no termino de ver la relación causal. No obstante su argumentación da que pensar y yo desde luego repensaré mis ideas (¿prejuicios? ¿juicios?) al respecto. Pero esa última afirmación de que tras siglo y medio estábamos levantando la cabeza… ¿en serio lo piensa? Y ¿hacia dónde mirábamos?.
Oiga y, por cierto… ¿Qué le pasa a usted con la Fernández de la Vega? Me consta que en ocasiones se la imagina recitando el Código de Buen Gobierno cual si el Libro de Buen Amor se tratare, y ahora esos sicalípticos comentarios sobre su culo… No se le ocurra consultar con un psicoanalista o estará perdido.
Un fuerte abrazo
Oiga y, por cierto… ¿Qué le pasa a usted con la Fernández de la Vega? Me consta que en ocasiones se la imagina recitando el Código de Buen Gobierno cual si el Libro de Buen Amor se tratare, y ahora esos sicalípticos comentarios sobre su culo… No se le ocurra consultar con un psicoanalista o estará perdido.
Un fuerte abrazo





