IFIGENIA Y TOSCA (I)
Ante todo: mucha calma. No soy yo el primero en sugerir, o quizá adivinar, una evidente línea de paralelismo entre la clásica, y lejana ya, tragedia griega, elevada cuna de nuestras letras, y la expresión o género musical culto que hemos venido en denominar con el apelativo de ópera (obra, en latín) En concreto, les recomiendo la lectura de El origen de la tragedia (1872) del conocido, leído, pero no comprendido, filósofo, poeta y filólogo alemán Friedrich Nietzsche donde, además de introducir algunos elementos del discurso que pasaría a desarrollar más adelante, como la suspuesta debilidad moral inducida por la eclosión del cristianismo en la civilización occidental, se nos habla de lo que pudo ser, en su nacimiento, la puesta en escena de una tragedia griega. De como se trataba no sólo de una pieza literaria o dramática sino más bien de un compendio de diversas disciplinas artísticas donde tenía cabida, sí, la poesía, el teatro, pero también la pintura, a través del cuidadosamente estudiado diseño de vestimentas y decorados; la arquitectura, si tenemos en cuenta las impresionantes construcciones que nos ha legado la cultura de la que estamos hablando y que, aún a día de hoy, continúan quitándonos el hipo, y donde venían a llevarse a cabo las representaciones periódicas de las piezas escritas por los tragediógrafos antiguos; y la música. Parece ser, y así lo describe Nietzsche, que las mencionadas tragedias griegas no fueron escritas tan sólo para ser representadas tal cual conocemos hoy en día la escenificación dramática sino también, y sobre todo, para ser cantadas. Conclusión lógica, por otra parte, para cualquier lector con ojos en la cara y que sea capaz de identificar la intervención del coro griego a través de las estrófas, antístrofas y épodos que subdividen las piezas escritas por Esquilo, Sófocles o Eurípides, entre otros, y que nos hablan, a todas luces, de una evidente estructura musical. Habría, por lo tanto, música en los teatros griegos. Y todo ello al servicio de una sola idea: el exorcismo, el éxtasis, la identificación, ... la catársis del público a traves del arte. De la obra. De la obra de arte. De la obra de arte completa. Del encuentro con esta idea a la mención de Richard Wagner o Ludwig Van Beethoven no necesitó el filósofo alemán realizar excesivos encajes de bolillos ni enrevesados juegos de palabras como no es necesario tampoco ser muy despierto para ver la influencia de la lógica musical en la concepción original de las tres divisiones clásicas de la obra narrativa (inicio, desarrollo y final) De ahí a decir que la música es la madre de absolutamente todas nuestras expresiones artísticas, incluyendo las de índole narrativo -¿cuál no lo es?- , de absolutamente todos nuestros medios expresivos, media un solo paso. Pero no soy yo el que ha de darlo.
Obvio, por supuesto, la tarea de extenderme en la idea propugnada por el bueno de Friedrich, según la cual los alemanes modernos y su moderna cultura son herederos directos de los griegos antiguos y su antigua cultura. Y es que toda lectura de una obra filosófica ha de ser llevada a cabo desde un punto de vista desdeñoso que nos permita filtrar las ideas interesantes y válidas de las puras y simples tonterías.
(Continuará)





