EDWARD JAMES OLMOS
Algunos lo recordarán en la piel del intenso y taciturno Teniente Castillo que llenaba la pantalla cada vez que asomaba el picado jeto por la teleserie Corrupción en Miami (Miami Vice) Otros tendrán grabadas a fuego en el recuerdo sus escasas pero remarcables intervenciones como Gaff, Blade Runner ambicioso, amante de la papiroflexia y que, al final del célebre filme dirigido por Ridley Scott, se revelaba como el mejor compañero que hubiese podido desear el ambiguo antihéroe Rick Deckard. Pocos, muy pocos, o ninguno, serán los que conozcan su laureado trabajo a las órdenes de Ramón Menéndez en el drama, basado en hechos reales, Stand and Deliver, donde daba vida a un profesor de matemáticas de instituto de barrio marginal norteamericano, Jaime Escalante, y que le valió, entre otras cosas, una nominación al Oscar. Edward James Olmos, actor como la copa de un pino, anda enfrascado actualmente en la nueva versión, el remake, de aquella famosa serie televisiva espacial de nuestros años mozos denominada Galáctica. Sí, aquella que, en la estela del coyuntural éxito de La Guerra de las Galaxias, nos presentaba a unos androides malignos denominados Cylones y a Dirk Benedict –el Equipo A- disfrazado de piloto estelar. Por no mencionar a Lorne Green –Bonanza- en plan patriarca benévolo de las estrellas como el Comandante Adama. Papel precisamente este último reservado ahora para el actor hispanoamericano que viene a protagonizar estas líneas.Ahora que ya sabemos que el género al que se circunscriben estas producciones se denomina space opera, ahora que hemos vivido angustiados un 11 de septiembre y ahora que los productores norteamericanos nos han mostrado hasta donde puede llegar una serie televisiva como vehículo narrativo, no podemos ya volver la vista atrás para resucitar de forma ingenua y colorista un producto hortera y facilón como era aquella Galáctica original que, les refresco, nos hablaba del éxodo de la raza humana en busca del mítico planeta Tierra motivado por la destrucción masiva de las colonias interestelares llevada a cabo por los pérfidos Cylones. Con estos datos, con estos recuerdos, ya se imaginan ustedes que el producto alumbrado durante el reciente año 2003 y siguientes, primero en forma de miniserie, y luego de serie cortada por temporadas, poco tiene que ver con el aire camp del original y basa su fuerza en características opuestas a las que destilaba aquel. Es esta nueva versión una muestra de ciencia ficción sucia y dura más próxima a la herrumbre de Blade Runner y la frialdad facultativa de Gattaca que al colorido de las trilogías de George Lucas. El argumento, aún sobre la base del material original, afila hasta extremos insospechados su crudeza, la inmersión narrativa en el alma torturada y, en algunos casos, esquizofrénica, de los personajes. Por cada uno de los fotogramas de esta excelente puesta al día sobrevuela un aire de producto serio, adulto, bien escrito y todavía mejor ejecutado formalmente. Hasta el punto de respetar de forma escrupulosa los conocimientos astrofísicos vigentes a la hora de presentarnos impactantes y espectaculares escenas de agresión espacial.
A pesar del impresionante derroche imaginativo y técnico dedicado al apartado visual y sonoro bajo el título de “efectos especiales”, o como quiera que ahora se denomine dicha disciplina, soy de los que opinan que el punto fuerte de la teleserie está en la excelente interpretación del papel correspondiente al Comandante Adama, ejecutada con maestría por el mencionado Edward James Olmos. Lejos del aire de patriarca bíblico, sabio y bonachón, que trataba de transmitir el feísimo Lorne Greene durante los hoy en día infumables capítulos correspondientes a la serie original, el nuevo responsable de manejar el rumbo de la Estrella de Combate Galáctica, navío que se coloca a la cabeza del referido éxodo sideral, se nos presenta como un líder militar auténtico, de la vieja escuela, duro y batallador, carismático, inteligente y calculador, sí, pero propietario, también, de un corazón gigante que no le cabe en el pecho. Y es que el conocido actor hispano, en complicidad con los creadores y guionistas del remake, compone y pinta un personaje complejo, multifacético, profundo, vivo y dueño de una serie sucesiva de coherentes capas de personalidad que lo acercan de manera realista a lo que cabría esperar de una auténtica persona de carne y hueso. Dos de los aspectos más cuidados en este soberbio trabajo de caracterización son la modulación vocal, auténtica lección de cómo interpretar verbalmente merced a unas cuidadas inflexiones ejecutadas con convicción y claridad por la personalísima voz de Olmos, y la gestualización física, dramática, pausada pero poderosa, cargada de fuerza, justicia, templanza y sabiduría, tal y como corresponde a la figura del personaje que se trata de retratar.¿Qué que dónde he tenido yo la oportunidad de degustar esta auténtica joya televisiva? Ah, claro, me olvidaba: todavía no se ha comenzado a emitir en nuestro pobre país, España, así que he tenido que recurrir a otras fuentes como, sí, les aconsejo a ustedes que hagan. Podrán así disfrutar del mejor espectáculo de ciencia-ficción que se produce actualmente en impagable versión original y con trabajados subtítulos al castellano que alguien -¿un santo?- se ha molestado en realizar. Y es que cuando la montaña no va a Mahoma...
Comentario:
Pues le agradezco el aserto. Y la apreciación. Que no considero, ni mucho menos, pedantería.
Comentario:
Tenga en cuenta -y perdone la pedantería- que la teleserie llega a ser el refugio la auténtica izquierda estética. Allí está para empezar -y hasta para acabar, si me apura- el inmenso Julian Beck.
O sea, finito.
Le copio un aserto atlántico:
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Corrupción en Miami (Miami Vice). EEUU, 1984-1989. Serial / Televisión / Crimen. Teledrama, del género criminal, creado por Anthony Yerkovich, y con producción ejecutiva de Michael Mann (después y también, director cinematográfico con obras brillantes, como El último mohicano o Heat). Arropada por los estudios NBC, agrupó (en cinco temporadas, y con ciento diez episodios de 46’ en color, más otro censurado y no emitido en su aparición consecutiva de 1989, Too much too late, y que recuperó Cable Network en 1990) las peripecias de Miami Antivicio, brigada al mando (tras la muerte, en el episodio cuarto, de otro teniente, y chicano, Lou Rodríguez) del teniente, Manuel Martín Castillo –incorruptible, estricto, profesional y ex DEA con destino en Tailandia–, y encabezada por los agentes James Sonny Crockett –sureño, enamoradizo y ex combatiente en Vietnam, que se desplaza en un ferrari y vive en un velero atracado en el puerto, y en el que cobija a su mascota Elvis, un irascible caimán de los manglares–, Ricardo Tubbs –un afroamericano trasladado desde New York y antiguo pandillero aficionado al saxofón y cuidadoso de su cadillac de época–, Stanley Switek –un logista todoterreno, entusiasta de las telenovelas y coleccionista de discos de Elvis Presley– y Lawrence Zito –un especialista en tecnología de apoyo y seguidor de la teleserie Kojak, y que murió en el episodio núm.55, Cuenta atrás–, y por las agentes Gina Navarro Calabresse –una sensual his-panoitaliana de implacable puntería– y Trudy Joplin –mulata no sólo atractiva y conocedora de la informática–. La saga relanzó directores clásicos de lo televisual (Richard A. Colla, Lee H. Katzin, Virgil W. Vogel), consideró a otros no habituales y como homenaje (David Soul, Georg Stanford Brown, Paul Michael Glaiser, actores protagonis-tas en seriales clásicos de lo criminal), apoyó promesas a punto de expansión (Rob Cohen, Abel Ferrara) o reafirmó al propio equipo (Don John-son, Edward James Olmos). Serial que se mostró observante de anteriores experiencias míticas con pareja protagonista (El agente de la CIPOL; I spy; Las calles de San Francisco; Starsky y Hutch), pero que explotó con una presentación novedosa en la resolución técnica, ya en lo formal (cámaras cruzadas y simultáneas; fotografía arriesgada en la mezcla ambiental; montaje discontinuo) ya en lo aparencial (indumentarias de diseño avanzado; reintegración respetuosa del decorado), más una potenciación del espacio musical tan revisitante (estabilización de la estética videocuña con temas de los años sesenta y sucesivos) como novedosa (brillante uso de las partituras armonizadas por sintetizador). Las apariciones como actuantes de figuras invi-tadas se convirtió en un catálogo de calidad, ya del presente musical (James Brown, Phil Collins, Willie Colon, Miles Davis, Isaac Hayes, Frank Zappa,) ya del modelaje (Bianca Jagger, Iman) ya de la propia profesión para un futuro despun-tante (Helna Bonham Carter, Joan Chen, Joa-quim DeAlmeida, Melanie Griffith, Michael Madsen, Lian Neesom, Julia Roberts, Bruce Willis) o del irrepetible pasado (Julian Beck, Judith Malina, Tomás Millian). Aunque bajo un prisma aventurero, temáticamente la serie dejó un amplio friso de miradas denunciantes de una actualidad de los años ochenta estadouniden-ses: impunidad de los traficantes (armas, drogas, joyas), falsificadores, protección a dictaduras latinoamericanas, secuelas del desastre vietnamita, prostitución esclavista, neonazismo, corrupción policial.
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O sea, finito.
Le copio un aserto atlántico:
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Corrupción en Miami (Miami Vice). EEUU, 1984-1989. Serial / Televisión / Crimen. Teledrama, del género criminal, creado por Anthony Yerkovich, y con producción ejecutiva de Michael Mann (después y también, director cinematográfico con obras brillantes, como El último mohicano o Heat). Arropada por los estudios NBC, agrupó (en cinco temporadas, y con ciento diez episodios de 46’ en color, más otro censurado y no emitido en su aparición consecutiva de 1989, Too much too late, y que recuperó Cable Network en 1990) las peripecias de Miami Antivicio, brigada al mando (tras la muerte, en el episodio cuarto, de otro teniente, y chicano, Lou Rodríguez) del teniente, Manuel Martín Castillo –incorruptible, estricto, profesional y ex DEA con destino en Tailandia–, y encabezada por los agentes James Sonny Crockett –sureño, enamoradizo y ex combatiente en Vietnam, que se desplaza en un ferrari y vive en un velero atracado en el puerto, y en el que cobija a su mascota Elvis, un irascible caimán de los manglares–, Ricardo Tubbs –un afroamericano trasladado desde New York y antiguo pandillero aficionado al saxofón y cuidadoso de su cadillac de época–, Stanley Switek –un logista todoterreno, entusiasta de las telenovelas y coleccionista de discos de Elvis Presley– y Lawrence Zito –un especialista en tecnología de apoyo y seguidor de la teleserie Kojak, y que murió en el episodio núm.55, Cuenta atrás–, y por las agentes Gina Navarro Calabresse –una sensual his-panoitaliana de implacable puntería– y Trudy Joplin –mulata no sólo atractiva y conocedora de la informática–. La saga relanzó directores clásicos de lo televisual (Richard A. Colla, Lee H. Katzin, Virgil W. Vogel), consideró a otros no habituales y como homenaje (David Soul, Georg Stanford Brown, Paul Michael Glaiser, actores protagonis-tas en seriales clásicos de lo criminal), apoyó promesas a punto de expansión (Rob Cohen, Abel Ferrara) o reafirmó al propio equipo (Don John-son, Edward James Olmos). Serial que se mostró observante de anteriores experiencias míticas con pareja protagonista (El agente de la CIPOL; I spy; Las calles de San Francisco; Starsky y Hutch), pero que explotó con una presentación novedosa en la resolución técnica, ya en lo formal (cámaras cruzadas y simultáneas; fotografía arriesgada en la mezcla ambiental; montaje discontinuo) ya en lo aparencial (indumentarias de diseño avanzado; reintegración respetuosa del decorado), más una potenciación del espacio musical tan revisitante (estabilización de la estética videocuña con temas de los años sesenta y sucesivos) como novedosa (brillante uso de las partituras armonizadas por sintetizador). Las apariciones como actuantes de figuras invi-tadas se convirtió en un catálogo de calidad, ya del presente musical (James Brown, Phil Collins, Willie Colon, Miles Davis, Isaac Hayes, Frank Zappa,) ya del modelaje (Bianca Jagger, Iman) ya de la propia profesión para un futuro despun-tante (Helna Bonham Carter, Joan Chen, Joa-quim DeAlmeida, Melanie Griffith, Michael Madsen, Lian Neesom, Julia Roberts, Bruce Willis) o del irrepetible pasado (Julian Beck, Judith Malina, Tomás Millian). Aunque bajo un prisma aventurero, temáticamente la serie dejó un amplio friso de miradas denunciantes de una actualidad de los años ochenta estadouniden-ses: impunidad de los traficantes (armas, drogas, joyas), falsificadores, protección a dictaduras latinoamericanas, secuelas del desastre vietnamita, prostitución esclavista, neonazismo, corrupción policial.
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Comentario:
Cierto, Don Jesús.
Lo cual me lleva a recordar uno de los aspectos a posteriorimás curiosos de dicha teleserie: el interesante elenco de artistas "invitados" (o guest stars, que les dicen) entre los que figuraban unos primerizos Jimmy Smits, Bruce Willis, o el legendario Dean Stockwell (Quantum Leap, Paris-Texas, Terciopelo Azul)
Lo cual me lleva a recordar uno de los aspectos a posteriorimás curiosos de dicha teleserie: el interesante elenco de artistas "invitados" (o guest stars, que les dicen) entre los que figuraban unos primerizos Jimmy Smits, Bruce Willis, o el legendario Dean Stockwell (Quantum Leap, Paris-Texas, Terciopelo Azul)
Comentario:
Y no sólo el actor brillante: el episodio más estético -que ya es decir- de "Miami Vice" lo dirigió él:
- La derrota del guerrero (Bushido). Emisión: núm.30 / 22-XI-1985. Guionista: John Leekley. Director: Edward James Olmos. Actores: Dean Stockwell, David Rasche, Thomas G. Waites, Tom Bower, Jerry Hardin, Rosana De Soto, Natasha Detante, otros
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- La derrota del guerrero (Bushido). Emisión: núm.30 / 22-XI-1985. Guionista: John Leekley. Director: Edward James Olmos. Actores: Dean Stockwell, David Rasche, Thomas G. Waites, Tom Bower, Jerry Hardin, Rosana De Soto, Natasha Detante, otros
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Comentario:
Y no sólo actor: el episodio más estético, que ya es decir, de todos los de "Miami Vice"... lo dirigió él.
- La derrota del guerrero (Bushido). Emisión: núm.30 / 22-XI-1985. Guionista: John Leekley. Director: Edward James Olmos. Actores: Dean Stockwell, David Rasche, Thomas G. Waites, Tom Bower, Jerry Hardin, Rosana De Soto, Natasha Detante, otros
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- La derrota del guerrero (Bushido). Emisión: núm.30 / 22-XI-1985. Guionista: John Leekley. Director: Edward James Olmos. Actores: Dean Stockwell, David Rasche, Thomas G. Waites, Tom Bower, Jerry Hardin, Rosana De Soto, Natasha Detante, otros
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Comentario:
Informado quedo, entonces, pues desconocía ese dato. Lo cual tampoco es de extrañar, ya que la prensa "general" suele hacerse poco eco de las emisiones llevadas a cabo mediante canales de pago (y por alguna razón será...)
Comentario:
Lejos de querer corregirle, le informo que desde el miércoles pasado se emite en el Canal Fox de cable, Digital y esas.
Y que conviene tenr paciencia con las dos primeras entregas, asaz peñazo y carentes de emoción alguna.
Y que conviene tenr paciencia con las dos primeras entregas, asaz peñazo y carentes de emoción alguna.





