THE AMAZING SPIDER-MAN
Introducción.
El término comic book se usa, entre los aficionados al tebeo, para definir una publicación de entre dieciocho y veinticuatro páginas encuadernadas en grapa. Suele ser el formato escogido para contener la serialización de títulos de larga trayectoria y de lectura rápida e intranscendente siendo el género estrella el de las aventuras de superhéroes. Mezcla de ciencia-ficción, serie negra, comedia adolescente o fantasía, dependiendo del título al que nos acerquemos, las historietas de héroes con habilidades más allá del común de la humanidad llevan publicándose en los EE. UU., su país de origen, desde el año 1938, fecha en la cual Clark Kent saltaba desde las páginas del primer número de la revista Action Comics, vestido de rojo y azul, y portando la égida dorada de Superman en el pecho.
Dentro de este género, o subgénero, de aventuras secuenciadas en viñetas, destacan, por su impacto, importancia y popularidad, las publicaciones de la DC Comics, siglas correspondientes al tebeo en el cual vió la luz el mito de Batman -Detective Comics- y las ediciones de la todopoderosa Marvel Comics, responsable de editar las andanzas de Spiderman, Hulk o la Patrulla-X, entre otros. Este último sello, tras dar la campanada con la creación de series como Fantastic Four (1961) o Amazing Spider-Man (1963) tuvo su época de esplendor y gloria entre los años 1965 y 1975, viviendo una añorada edad de oro, en la que vino a confirmar, ampliar y apuntalar la popularidad creciente de sus personajes bidimensionales y viñetas en cuatricromía gracias al trabajo de una serie de artistas de inmensa calidad y profesionalidad que vivían, por aquel entonces, un simultáneo período de bonanza creativa.
I.
Si hay una serie representativa del proceso evolutivo a que se han visto sometidos los tebeos publicados por la Marvel desde el inicio de su época dorada, ésta es la ya mencionada The Amazing Spider-Man. Su protagonista fue creado por el guionista Stan Lee y el dibujante Steve Ditko en el número 15 de la fenecida revista Amazing Fantasy, editado durante el verano de 1962. En contraposición a los brillantes y varoniles héroes de mandíbula cuadrada que abundaban por aquella época, Peter Parker no es más que un adolescente insignificante e introvertido que, mediante la picadura de una araña envenenada por radiación, pasa a adquirir asombrosas y bizarras habilidades sobrehumanas. Embriagado de la lógica sensación de poder y autosuficiencia que este extraño giro del destino le otorga, el joven superhéroe aprende por las malas a cargar con las responsabilidades que trae aparejadas la inusual circunstancia. Ante el singular éxito de la sugerente propuesta, la editora decidió concederle serie propia a partir del mes de marzo del año 1963 manteniendo como responsable artístico al equipo creativo original. Fueron 38 números brillantes, o 40 si contamos los especiales de periodicidad anual, con un Ditko en constante evolución que pasó de sentar las bases de la tira, en un primer momento, a componer relatos inolvidables como la trilogía del Planeador Maestro que, todavía hoy, sigue siendo aclamada como la mejor historia del superhéroe arácnido jamás contada y como posible o probable cima artística y temática de la serie y de la metáfora adolescente en que devino el encadenamiento sucesivo, artesano y expresivo de la viñeta ditkiana. A destacar, y dentro del mencionado tríptico, las páginas iniciales de la historia titulada, con preclaridad certera, "¡Capítulo Final!", publicada en el número 33 de la revista, las cuales constituyen un auténtico prodigio de sencillez y eficacia narrativa y una lección inolvidable de como usar el tebeo, la viñeta, la página, como medio de expresión artística para trasladar tensión, sentimiento y emoción al hipnotizado lector.
II.
El mes de julio de 1966, y por desavenencias creativas con el guionista Stan Lee, el insigne artista y creador Steve Ditko decide abandonar la serie dando por cerrado uno de los capítulos más recordados de la historia del comic book norteamericano siendo sustituido, a partir del número 39, por el dibujante John Romita. Este último, con una dilatada experiencia en el terreno de la comedia romántica a sus espaldas, da comienzo a una nueva etapa siguiendo primero los pasos marcados por su predecesor para pasar a mostrar, de forma paulatina pero firme, una enorme capacidad artística que dotaría al protagonista de la strip de sus rasgos gráficos más característicos y reconocibles. Bajo su lápiz claro, clásico y atractivo, The Amazing Spider-Man vivió un particular proceso de evolución, pasando a integrar temáticas de corte más o menos adulto -como, por ejemplo, las revueltas estudiantiles de finales de los sesenta- en una narración que iba derivando de forma más o menos tambaleante hacia la comedia de situación o melodrama adolescente.
Mención aparte merece la brillante labor del dibujante Gil Kane, el cual, y a pesar de que no suele ser mencionado como autor titular de la serie, vino a suplir las cada vez más frecuentes ausencias del maestro Romita con un lápiz moderno, detallista y cuidado, con una composición de página rompedora e impactante, al menos en comparación con lo que se venía haciendo por lo común en la strip o en la propia editorial, y con una narrativa dinámica y refrescante que, a día de hoy, semeja haber sobrevivido y envejecido mucho mejor que la del resto de sus compañeros de línea. Es este un artista por el que tengo una debilidad especial, y no debo de ser el único, ya que durante el transcurso de los años felices y clásicos de The Amazing Spider-Man fue él, y no John Romita, el encargado de dar vida con sus impagables ilustraciones a las aventuras más recordadas de la saga de Peter Parker. Momentos de tragedia que, siguiendo la tónica habitual de la serie, no se limitaban a amargar las intervenciones públicas del enmascarado, si no que además tenían consecuencias, y graves, sobre el ámbito personal o privado de la vida del ya, con el transcurrir de los años, universitario héroe.
III.
Tras mantenerse durante la nada despreciable suma de 110 capítulos y 10 años firmando los argumentos de la tira, con una única y breve interrupción de cuatro notables entregas a cargo del por aquel entonces excelente guionista Roy Thomas, el legendario Stan Lee, co-creador de la práctica totalidad de las series que integraron el nacimiento y eclosión de lo que se ha dado a conocer como "Universo Marvel", acuciado y asfixiado como estaba por el incremento en progresión geométrica de sus responsabilidades como editor y mascarón de proa de la empresa, decide dejar el destino de Peter Parker en manos del recién llegado y novel escritor Gerry Conway. El relevo se produce a la altura del capítulo 111, todavía con lápices del anteriormente mencionado John Romita, y adquiere caracteres de proceso paulatino pues no es hasta pasados unos meses que la serie comienza a tomar nuevos rumbos y mostrar diferente personalidad completándose el cambio con la llegada del nuevo dibujante Ross Andru.
Es el trabajo realizado por el dúo formado por Conway y Andru, construido sobre la base de los hallazgos llevados a cabo por sus predecesores, recordado por muchos como el momento cúlmen de la serie o como representante de lo que se ha venido a denominar como el Spiderman “definitivo”. El guionista, seguidor pretérito de la strip, y que cuenta en aquellas fechas con la edad media del lector universitario al que se dirige, urde una trama compleja e inteligente que desarrolla a partir de diversos recursos narrativos tratados con indudable eficacia -como, por ejemplo, la adopción del punto de vista subjetivo con respecto al desarrollo temporal de la acción en el número 125- que se ven plasmados por los sorprendentemente efectivos lápices de un dibujante en forma que se amolda al género superheroico como el guante proverbial. A destacar, también, la introducción de personajes cómo el Castigador, un mercenario veterano de la guerra del Viet Nam, o la Tarántula, ex miembro de un grupo revolucionario sudamericano que pasa a convertirse en “soldado de fortuna” tras traicionar a la guerrilla como superhéroe al servicio del estado fascista contra el que en un principio se había rebelado. Son sin duda personajes estos de un tono decididamente más adulto de lo que se había visto hasta el momento, y que muy bien podrían venir a metaforizar realidades político-sociales de la época en contraposición a los más imaginativos y fantásticos caracteres presentados durante los primeros años de la serie. Es esta etapa de Amazing Spider-Man ejemplo perfecto de hasta donde puede llegar el subgénero superheroico en su recorrido hacia la edad adulta antes de sobrepasar el punto de no retorno y acabar perdiendo sus puntos de apoyo, sus características básicas.
La colaboración entre Gerry Conway y Ross Andru se cierra con un magnífico, impresionante e inolvidable broche de oro en forma de última página que, retrotrayéndonos en su esquema y simetría al epílogo realizado veintisiete capítulos antes, en el punto de partida de la saga, viene a dejarnos bien a las claras que es lo que nos han estado contado realmente los autores, y de que nos han estado hablando, por si algún lector despistado, que haberlos haylos, todavía no se había enterado: de la metáfora adolescente, de la persona que se es y de la persona que se querría ser, de la evolución, la madurez y del dolor del crecimiento, del cambio y de la final aceptación de uno mismo. Porque de eso trata, y no de otra cosa, el tebeo protagonizado por el Hombre Araña. Así lo entendió el mencionado guionista, y así lo entendí yo, como lector, en su momento, y es por ello por lo que su trabajo en la serie se me antoja como definitivo, como punto y aparte o, quizá, como punto y final.
Epílogo.
Cierto es que, con el transcurso de los años, y con la supervivencia de la strip, más su transformación paulatina en rentable franquicia económica, lo cual derivó en la multiplicación inmisericorde de series dedicadas al personaje o derivados, pudo verse, y todavía puede hacerse, no lo dudo, a autores de talento narrando alguna que otra correcta sucesión de historietas con Peter Parker como atribulado protagonista. Sucedió en la década de los ochenta con el equipo artístico formado por el guionista Roger Stern y el dibujante John Romita Jr, hijo, sí, del antiguo baluarte gráfico del tebeo. Sucedió, de nuevo, cuando el injustamente olvidado Jean Marc deMatteis nos contó "La Última Cacería de Kraven" y me dicen por ahí que un tal Joe Michael Straczynski, guionista televisivo en cuyo currículo destaca con letras de oro la creación y desarrollo de una de las mejores novelas catódicas de ciencia ficción jamás vistas, Babilón 5, ha conseguido últimamente levantar un poco la moral del lector, al menos durante sus primeras entregas al frente de la serie.
Pero, desde mi subjetiva apreciación, la historia de Spiderman se cerró con la marcha de Gerry Conway en el capítulo 149, y con fecha de portada de octubre de 1975: el personaje no tiene más que contarnos y su discurso ya ha sido pronunciado. A partir de ahí sólo caben la repetición y/o la degradación, la adulteración del producto, del mensaje original. Incluso los buenos momentos mencionados en el párrafo anterior no dejan de ser más que retornos ocasionales al personaje, revisitaciones puntuales que sólo se entienden en clave de nostalgia, y que palidecen inevitablemente ante los logros artísticos y las cumbres narrativas alcanzadas durante los primeros ciento cincuenta números de la serie The Amazing Spider-Man.
El término comic book se usa, entre los aficionados al tebeo, para definir una publicación de entre dieciocho y veinticuatro páginas encuadernadas en grapa. Suele ser el formato escogido para contener la serialización de títulos de larga trayectoria y de lectura rápida e intranscendente siendo el género estrella el de las aventuras de superhéroes. Mezcla de ciencia-ficción, serie negra, comedia adolescente o fantasía, dependiendo del título al que nos acerquemos, las historietas de héroes con habilidades más allá del común de la humanidad llevan publicándose en los EE. UU., su país de origen, desde el año 1938, fecha en la cual Clark Kent saltaba desde las páginas del primer número de la revista Action Comics, vestido de rojo y azul, y portando la égida dorada de Superman en el pecho.
Dentro de este género, o subgénero, de aventuras secuenciadas en viñetas, destacan, por su impacto, importancia y popularidad, las publicaciones de la DC Comics, siglas correspondientes al tebeo en el cual vió la luz el mito de Batman -Detective Comics- y las ediciones de la todopoderosa Marvel Comics, responsable de editar las andanzas de Spiderman, Hulk o la Patrulla-X, entre otros. Este último sello, tras dar la campanada con la creación de series como Fantastic Four (1961) o Amazing Spider-Man (1963) tuvo su época de esplendor y gloria entre los años 1965 y 1975, viviendo una añorada edad de oro, en la que vino a confirmar, ampliar y apuntalar la popularidad creciente de sus personajes bidimensionales y viñetas en cuatricromía gracias al trabajo de una serie de artistas de inmensa calidad y profesionalidad que vivían, por aquel entonces, un simultáneo período de bonanza creativa.
I.
Si hay una serie representativa del proceso evolutivo a que se han visto sometidos los tebeos publicados por la Marvel desde el inicio de su época dorada, ésta es la ya mencionada The Amazing Spider-Man. Su protagonista fue creado por el guionista Stan Lee y el dibujante Steve Ditko en el número 15 de la fenecida revista Amazing Fantasy, editado durante el verano de 1962. En contraposición a los brillantes y varoniles héroes de mandíbula cuadrada que abundaban por aquella época, Peter Parker no es más que un adolescente insignificante e introvertido que, mediante la picadura de una araña envenenada por radiación, pasa a adquirir asombrosas y bizarras habilidades sobrehumanas. Embriagado de la lógica sensación de poder y autosuficiencia que este extraño giro del destino le otorga, el joven superhéroe aprende por las malas a cargar con las responsabilidades que trae aparejadas la inusual circunstancia. Ante el singular éxito de la sugerente propuesta, la editora decidió concederle serie propia a partir del mes de marzo del año 1963 manteniendo como responsable artístico al equipo creativo original. Fueron 38 números brillantes, o 40 si contamos los especiales de periodicidad anual, con un Ditko en constante evolución que pasó de sentar las bases de la tira, en un primer momento, a componer relatos inolvidables como la trilogía del Planeador Maestro que, todavía hoy, sigue siendo aclamada como la mejor historia del superhéroe arácnido jamás contada y como posible o probable cima artística y temática de la serie y de la metáfora adolescente en que devino el encadenamiento sucesivo, artesano y expresivo de la viñeta ditkiana. A destacar, y dentro del mencionado tríptico, las páginas iniciales de la historia titulada, con preclaridad certera, "¡Capítulo Final!", publicada en el número 33 de la revista, las cuales constituyen un auténtico prodigio de sencillez y eficacia narrativa y una lección inolvidable de como usar el tebeo, la viñeta, la página, como medio de expresión artística para trasladar tensión, sentimiento y emoción al hipnotizado lector. II.
El mes de julio de 1966, y por desavenencias creativas con el guionista Stan Lee, el insigne artista y creador Steve Ditko decide abandonar la serie dando por cerrado uno de los capítulos más recordados de la historia del comic book norteamericano siendo sustituido, a partir del número 39, por el dibujante John Romita. Este último, con una dilatada experiencia en el terreno de la comedia romántica a sus espaldas, da comienzo a una nueva etapa siguiendo primero los pasos marcados por su predecesor para pasar a mostrar, de forma paulatina pero firme, una enorme capacidad artística que dotaría al protagonista de la strip de sus rasgos gráficos más característicos y reconocibles. Bajo su lápiz claro, clásico y atractivo, The Amazing Spider-Man vivió un particular proceso de evolución, pasando a integrar temáticas de corte más o menos adulto -como, por ejemplo, las revueltas estudiantiles de finales de los sesenta- en una narración que iba derivando de forma más o menos tambaleante hacia la comedia de situación o melodrama adolescente.
Mención aparte merece la brillante labor del dibujante Gil Kane, el cual, y a pesar de que no suele ser mencionado como autor titular de la serie, vino a suplir las cada vez más frecuentes ausencias del maestro Romita con un lápiz moderno, detallista y cuidado, con una composición de página rompedora e impactante, al menos en comparación con lo que se venía haciendo por lo común en la strip o en la propia editorial, y con una narrativa dinámica y refrescante que, a día de hoy, semeja haber sobrevivido y envejecido mucho mejor que la del resto de sus compañeros de línea. Es este un artista por el que tengo una debilidad especial, y no debo de ser el único, ya que durante el transcurso de los años felices y clásicos de The Amazing Spider-Man fue él, y no John Romita, el encargado de dar vida con sus impagables ilustraciones a las aventuras más recordadas de la saga de Peter Parker. Momentos de tragedia que, siguiendo la tónica habitual de la serie, no se limitaban a amargar las intervenciones públicas del enmascarado, si no que además tenían consecuencias, y graves, sobre el ámbito personal o privado de la vida del ya, con el transcurrir de los años, universitario héroe.
III.
Tras mantenerse durante la nada despreciable suma de 110 capítulos y 10 años firmando los argumentos de la tira, con una única y breve interrupción de cuatro notables entregas a cargo del por aquel entonces excelente guionista Roy Thomas, el legendario Stan Lee, co-creador de la práctica totalidad de las series que integraron el nacimiento y eclosión de lo que se ha dado a conocer como "Universo Marvel", acuciado y asfixiado como estaba por el incremento en progresión geométrica de sus responsabilidades como editor y mascarón de proa de la empresa, decide dejar el destino de Peter Parker en manos del recién llegado y novel escritor Gerry Conway. El relevo se produce a la altura del capítulo 111, todavía con lápices del anteriormente mencionado John Romita, y adquiere caracteres de proceso paulatino pues no es hasta pasados unos meses que la serie comienza a tomar nuevos rumbos y mostrar diferente personalidad completándose el cambio con la llegada del nuevo dibujante Ross Andru.
Es el trabajo realizado por el dúo formado por Conway y Andru, construido sobre la base de los hallazgos llevados a cabo por sus predecesores, recordado por muchos como el momento cúlmen de la serie o como representante de lo que se ha venido a denominar como el Spiderman “definitivo”. El guionista, seguidor pretérito de la strip, y que cuenta en aquellas fechas con la edad media del lector universitario al que se dirige, urde una trama compleja e inteligente que desarrolla a partir de diversos recursos narrativos tratados con indudable eficacia -como, por ejemplo, la adopción del punto de vista subjetivo con respecto al desarrollo temporal de la acción en el número 125- que se ven plasmados por los sorprendentemente efectivos lápices de un dibujante en forma que se amolda al género superheroico como el guante proverbial. A destacar, también, la introducción de personajes cómo el Castigador, un mercenario veterano de la guerra del Viet Nam, o la Tarántula, ex miembro de un grupo revolucionario sudamericano que pasa a convertirse en “soldado de fortuna” tras traicionar a la guerrilla como superhéroe al servicio del estado fascista contra el que en un principio se había rebelado. Son sin duda personajes estos de un tono decididamente más adulto de lo que se había visto hasta el momento, y que muy bien podrían venir a metaforizar realidades político-sociales de la época en contraposición a los más imaginativos y fantásticos caracteres presentados durante los primeros años de la serie. Es esta etapa de Amazing Spider-Man ejemplo perfecto de hasta donde puede llegar el subgénero superheroico en su recorrido hacia la edad adulta antes de sobrepasar el punto de no retorno y acabar perdiendo sus puntos de apoyo, sus características básicas.
La colaboración entre Gerry Conway y Ross Andru se cierra con un magnífico, impresionante e inolvidable broche de oro en forma de última página que, retrotrayéndonos en su esquema y simetría al epílogo realizado veintisiete capítulos antes, en el punto de partida de la saga, viene a dejarnos bien a las claras que es lo que nos han estado contado realmente los autores, y de que nos han estado hablando, por si algún lector despistado, que haberlos haylos, todavía no se había enterado: de la metáfora adolescente, de la persona que se es y de la persona que se querría ser, de la evolución, la madurez y del dolor del crecimiento, del cambio y de la final aceptación de uno mismo. Porque de eso trata, y no de otra cosa, el tebeo protagonizado por el Hombre Araña. Así lo entendió el mencionado guionista, y así lo entendí yo, como lector, en su momento, y es por ello por lo que su trabajo en la serie se me antoja como definitivo, como punto y aparte o, quizá, como punto y final.
Epílogo.
Cierto es que, con el transcurso de los años, y con la supervivencia de la strip, más su transformación paulatina en rentable franquicia económica, lo cual derivó en la multiplicación inmisericorde de series dedicadas al personaje o derivados, pudo verse, y todavía puede hacerse, no lo dudo, a autores de talento narrando alguna que otra correcta sucesión de historietas con Peter Parker como atribulado protagonista. Sucedió en la década de los ochenta con el equipo artístico formado por el guionista Roger Stern y el dibujante John Romita Jr, hijo, sí, del antiguo baluarte gráfico del tebeo. Sucedió, de nuevo, cuando el injustamente olvidado Jean Marc deMatteis nos contó "La Última Cacería de Kraven" y me dicen por ahí que un tal Joe Michael Straczynski, guionista televisivo en cuyo currículo destaca con letras de oro la creación y desarrollo de una de las mejores novelas catódicas de ciencia ficción jamás vistas, Babilón 5, ha conseguido últimamente levantar un poco la moral del lector, al menos durante sus primeras entregas al frente de la serie.
Pero, desde mi subjetiva apreciación, la historia de Spiderman se cerró con la marcha de Gerry Conway en el capítulo 149, y con fecha de portada de octubre de 1975: el personaje no tiene más que contarnos y su discurso ya ha sido pronunciado. A partir de ahí sólo caben la repetición y/o la degradación, la adulteración del producto, del mensaje original. Incluso los buenos momentos mencionados en el párrafo anterior no dejan de ser más que retornos ocasionales al personaje, revisitaciones puntuales que sólo se entienden en clave de nostalgia, y que palidecen inevitablemente ante los logros artísticos y las cumbres narrativas alcanzadas durante los primeros ciento cincuenta números de la serie The Amazing Spider-Man.
Comentario:
Comentario:
Good design!
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Comentario:
Pues lo cierto es que estoy en esencia de acuerdo con lo que comentas, Ignacio.
Añadir, además, que a medida que pasa el tiempo más tengo la sensación de que sólo los tebeos de aquella época -los de Lee, Kirby, Ditko- eran los válidos y que a partir de principios o mediados de los setenta no se hizo más que repetir lo dicho antes y con menos convicción. Con alguna que otra excepción, matizo, como el trabajo con que nos obsequió Frank Miller en Daredevil, pero excepción al fin y la cabo.
Añadir, además, que a medida que pasa el tiempo más tengo la sensación de que sólo los tebeos de aquella época -los de Lee, Kirby, Ditko- eran los válidos y que a partir de principios o mediados de los setenta no se hizo más que repetir lo dicho antes y con menos convicción. Con alguna que otra excepción, matizo, como el trabajo con que nos obsequió Frank Miller en Daredevil, pero excepción al fin y la cabo.
Comentario:
Son sin duda Fantastic Four, Mighty Thor y Amazing Spider-Man las colecciones que gozan de mayor continuidad en la Marvel de la época, las dos primeras tanto en lo argumental como en lo gráfico.
Si bien es cierto que el torpe entintado de Colleta hace que la serie del dios nórdico pierda comba frente al excelso nivel gráfico que la sabia tinta de Sinnot complementa a Kirby en los 4 Fantasticos, ello no puede evitar que la serie maneja conceptos y tramas tan innovadoras como épicas y lo hace, curiosamente, contradiciendo los axiomas sobre los que Lee levantó el Universo Marvel: hacer reales y cercanos a los protagonistas.
Una vez superados los absurdos primeros números, con esperpénticos enfrentamientos contra Cobra, Zancudo, etc... es cuando Lee y Kirby se llevan a Thor casi de forma permanente a Asgard cuando la serie alcanza su mayoría de edad.
Saludos.
Si bien es cierto que el torpe entintado de Colleta hace que la serie del dios nórdico pierda comba frente al excelso nivel gráfico que la sabia tinta de Sinnot complementa a Kirby en los 4 Fantasticos, ello no puede evitar que la serie maneja conceptos y tramas tan innovadoras como épicas y lo hace, curiosamente, contradiciendo los axiomas sobre los que Lee levantó el Universo Marvel: hacer reales y cercanos a los protagonistas.
Una vez superados los absurdos primeros números, con esperpénticos enfrentamientos contra Cobra, Zancudo, etc... es cuando Lee y Kirby se llevan a Thor casi de forma permanente a Asgard cuando la serie alcanza su mayoría de edad.
Saludos.
Comentario:
Gracias, Ignacio. Me llama la atención el hecho de que cites la serie protagonizada por el dios mitológico Thor como parte de lo más destacado de entre el global de las ediciones Marvel en la década de los sesenta.
Y no te falta parte de razón, ya que, vencido el rechazo inicial que suele producir en algunos al acabado de Vince Colletta sobre los lápices de Jack Kirby, lo cierto es que nos encontramos ante una de las expresiones más puras de la épica kirbyana.
Recuerdo, en concreto, la saga protagonizada por Mangog: cientos de miles de millones de seres de una raza encerrados, o reprimidos, por Odín dentro del cuerpo de un único ser al que un encantamiento mantiene sepultado bajo tierra... Que venga Sigmund Freud y lo vea...
Y no te falta parte de razón, ya que, vencido el rechazo inicial que suele producir en algunos al acabado de Vince Colletta sobre los lápices de Jack Kirby, lo cierto es que nos encontramos ante una de las expresiones más puras de la épica kirbyana.
Recuerdo, en concreto, la saga protagonizada por Mangog: cientos de miles de millones de seres de una raza encerrados, o reprimidos, por Odín dentro del cuerpo de un único ser al que un encantamiento mantiene sepultado bajo tierra... Que venga Sigmund Freud y lo vea...
Comentario:
Muy bueno el artículo, Pablo:
Bueno, para no repetirme, te pegaré aquí lo que comenté en el blog de Rafa sobre Amazing Spider-Man
"Qué magia tenían aquellos tebeos de Marvel de los 60, vive dios. Sí, es cierto que no han envejecido de la mejor manera posible, pero mantienen una mística difícil de igualar, la mística que imprimía Stan "exagerado" Lee, ayudado por el innegable talento de algunos de sus dibujantes de la época, entre ellos Ditko.
Yo hacía tiempo que lo tenía, claro, pero por si hacía falta, la edición de las BM me ha confirmado que las joyas de la corona de la Marvel de aquella época eran Fantastic Four, Thor y... Amazing Spider-Man. Sin duda me parecen las más redondas, las que menos altibajos tienen, las más interesantes.
En Amazing, mi etapa "globalmente favorita" es la de John Romita. Me resulta imposible entender que alguien pudiera no engancharse a esos ambientes, a esas mujeres, a esos secundarios, a ese trazo elegante de Jazzy tan afortunadamente entintado por Mooney, a esas tramas de varios números. La tableta, la amnesia, el intrigante...
A nivel gráfico, para mí Spidey tocó el cielo con los lápices de Kane y la tinta de Romita. La combinación me parece sencillamente insuperable. Kane es un dibujante majestuoso y nadie ha movido a Spider-Man como él, pero en sus imposibles escorzos, las facciones faciales siempre le quedaron algo duras, sobre todo en las féminas. Romita solucionó eso dulcificando el fiero trazo de Kane para conseguir un nivel de excelencia gráfica que por entonces sólo sólo era comparable al de los equipos Adams-Palmer y Colan-Palmer.
Muchos y buenos tebeos se hicieron de Spider-Man tras su número 122, sobre todo de la mano de Gerry Conway y Roger Stern, pero qué duda cabe que si la serie hubiera acabado en ese estremecedor número tras la muerte de Gwen y Norman Osborn el colfón hubiera sido insuperable. Un tebeo tan estupendamente narrado, con tal colección de talento (Lee, Conway, Kane, Romita), con una historia tan bien llevada, con un final tan redondo... Para mí, el mejor tebeo Marvel de todos los tiempos.
Como decía Rafa Fonteriz: “Peter Parker eras tú y Spider-Man era lo que querías ser.” "
Saludos.
Bueno, para no repetirme, te pegaré aquí lo que comenté en el blog de Rafa sobre Amazing Spider-Man
"Qué magia tenían aquellos tebeos de Marvel de los 60, vive dios. Sí, es cierto que no han envejecido de la mejor manera posible, pero mantienen una mística difícil de igualar, la mística que imprimía Stan "exagerado" Lee, ayudado por el innegable talento de algunos de sus dibujantes de la época, entre ellos Ditko.
Yo hacía tiempo que lo tenía, claro, pero por si hacía falta, la edición de las BM me ha confirmado que las joyas de la corona de la Marvel de aquella época eran Fantastic Four, Thor y... Amazing Spider-Man. Sin duda me parecen las más redondas, las que menos altibajos tienen, las más interesantes.
En Amazing, mi etapa "globalmente favorita" es la de John Romita. Me resulta imposible entender que alguien pudiera no engancharse a esos ambientes, a esas mujeres, a esos secundarios, a ese trazo elegante de Jazzy tan afortunadamente entintado por Mooney, a esas tramas de varios números. La tableta, la amnesia, el intrigante...
A nivel gráfico, para mí Spidey tocó el cielo con los lápices de Kane y la tinta de Romita. La combinación me parece sencillamente insuperable. Kane es un dibujante majestuoso y nadie ha movido a Spider-Man como él, pero en sus imposibles escorzos, las facciones faciales siempre le quedaron algo duras, sobre todo en las féminas. Romita solucionó eso dulcificando el fiero trazo de Kane para conseguir un nivel de excelencia gráfica que por entonces sólo sólo era comparable al de los equipos Adams-Palmer y Colan-Palmer.
Muchos y buenos tebeos se hicieron de Spider-Man tras su número 122, sobre todo de la mano de Gerry Conway y Roger Stern, pero qué duda cabe que si la serie hubiera acabado en ese estremecedor número tras la muerte de Gwen y Norman Osborn el colfón hubiera sido insuperable. Un tebeo tan estupendamente narrado, con tal colección de talento (Lee, Conway, Kane, Romita), con una historia tan bien llevada, con un final tan redondo... Para mí, el mejor tebeo Marvel de todos los tiempos.
Como decía Rafa Fonteriz: “Peter Parker eras tú y Spider-Man era lo que querías ser.” "
Saludos.
Comentario:
Gracias, Gregory. Lo cierto es que me apetecía bastante escribir un artículo reflexivo repasando la trayectoria de la revista Amazing Spider-Man ya que, para mí, refleja como ninguna otra la historia y evolución del subgénero del tebeo de superhéroes durante los últimos cuarenta años.
Además, debo reconocer que cuando miro a las estanterías donde guardo los tebeos de mi adolescencia y juventud resulta que la obra de Steve Ditko y compañía cada vez brilla con más fuerza... Como si de verdad este tebeo fuese a pasar la prueba del tiempo y a envejecer mucho mejor que la mayoría de sus compañeros de generación.
Además, debo reconocer que cuando miro a las estanterías donde guardo los tebeos de mi adolescencia y juventud resulta que la obra de Steve Ditko y compañía cada vez brilla con más fuerza... Como si de verdad este tebeo fuese a pasar la prueba del tiempo y a envejecer mucho mejor que la mayoría de sus compañeros de generación.
Comentario:
Excelente artículo, Pablo. Trabajadísimo, y con un final muy "tuyo", es decir, radical y provocador desde el respeto y el conocimiento.
Yo no me atrevo a opinar demasiado, porque anunque en tiempos (demasiado) pasados devoré superhéroes, Spideman nunca estuvo entre mis favoritos. Claro que eso no impidió que leyese mucho Spiderman. Y ahora que lo pienso, tal vez el motivo precisamente fuese ese: cuando yo conocí a Spidey, de niño (sí, esa gloriosa etapa que mencionas), los dibujos me parecían sosos comparados con la grandiosidad de Kirby, la fuerza de John Buscema, la elegancia de Neal Adams, y sobre todo, las historias describian demasiado bien la vida de un adolescente y yo aquello, me da que no lo acababa de captar muy bien. Me hacían soñar las aventuras espaciales de los 4F, los espectaculares poderes de los mutantes, el todopoderoso martillo de Thor... no sé, cosas más... míticas. Spiderman era demasiado humano para un niño interesado en la mitología giega, en las películas de terror, en la ciencia ficción.
Ahora ya se me ha pasado el arroz y estoy interesado en otro tipo de tebeos, auque claro, como todos, de vez en cuando pico de aquí y de allá. Pero el tiempo de Spiderman pasó para mí. Lo conocí demasiado joven para identificarme con él y ahora soy demasiado viejo para soportarlo.
Lo siento Peter, pudo haber sido muy bonito...
Yo no me atrevo a opinar demasiado, porque anunque en tiempos (demasiado) pasados devoré superhéroes, Spideman nunca estuvo entre mis favoritos. Claro que eso no impidió que leyese mucho Spiderman. Y ahora que lo pienso, tal vez el motivo precisamente fuese ese: cuando yo conocí a Spidey, de niño (sí, esa gloriosa etapa que mencionas), los dibujos me parecían sosos comparados con la grandiosidad de Kirby, la fuerza de John Buscema, la elegancia de Neal Adams, y sobre todo, las historias describian demasiado bien la vida de un adolescente y yo aquello, me da que no lo acababa de captar muy bien. Me hacían soñar las aventuras espaciales de los 4F, los espectaculares poderes de los mutantes, el todopoderoso martillo de Thor... no sé, cosas más... míticas. Spiderman era demasiado humano para un niño interesado en la mitología giega, en las películas de terror, en la ciencia ficción.
Ahora ya se me ha pasado el arroz y estoy interesado en otro tipo de tebeos, auque claro, como todos, de vez en cuando pico de aquí y de allá. Pero el tiempo de Spiderman pasó para mí. Lo conocí demasiado joven para identificarme con él y ahora soy demasiado viejo para soportarlo.
Lo siento Peter, pudo haber sido muy bonito...





