EL FOLIO EN BLANCO, POR LA MAÑANA
Rinaldo Alessandrini arranca de nuevo una interpretación extraordinaria, espiritual, casi mística, de Concerto Italiano sobre la base del Quinto Libro de Madrigales de Claudio Monteverdi. Las disonancias vocales, intensas, expresivas, sorprendentes, llenan la atmósfera blanca de la habitación mientras surge, como un chorro, de una taza de té verde, olor a menta fresca, embriagador. El tanino recubre el interior de la superficie del recipiente, tiñendo con una fina capa la cerámica, con un tono vegetal, oscuro y sabio, antiguo y ancestral.
Comienza a amanecer, a mi izquierda, y la luz amarillo eléctrica de las farolas continúa, todavía, señalando el camino a jóvenes faunos, adolescentes, que andarán ya de vuelta al hogar, tras el exceso triste de una noche, de ansiosa y perdida búsqueda vital, de mal entendida, descafeinada y adulterada orgía báquica, festín de plástico... Es un momento hermoso: todavía puede verse la luna pálida, espectral, sobre la playa, reflejada en el oscuro, insondable mar. La civilización comienza a despertar y una sensación irreal de duermevela se apodera de la consciencia. El aire de la madrugada es frío y cortante aquí, en el norte, pero el cuerpo parece no haberse dado cuenta, todavía. Parece como si continuase aún a bordo de las sábanas mullidas de la cama, viajando lentamente, lentamente, por un mundo de ensueño, misterio, fantasía, asfalto, hormigón, hierro y cables, ...
Comienza a amanecer, a mi izquierda, y la luz amarillo eléctrica de las farolas continúa, todavía, señalando el camino a jóvenes faunos, adolescentes, que andarán ya de vuelta al hogar, tras el exceso triste de una noche, de ansiosa y perdida búsqueda vital, de mal entendida, descafeinada y adulterada orgía báquica, festín de plástico... Es un momento hermoso: todavía puede verse la luna pálida, espectral, sobre la playa, reflejada en el oscuro, insondable mar. La civilización comienza a despertar y una sensación irreal de duermevela se apodera de la consciencia. El aire de la madrugada es frío y cortante aquí, en el norte, pero el cuerpo parece no haberse dado cuenta, todavía. Parece como si continuase aún a bordo de las sábanas mullidas de la cama, viajando lentamente, lentamente, por un mundo de ensueño, misterio, fantasía, asfalto, hormigón, hierro y cables, ...
De qué color es el horizonte infinito, de madrugada, apoyado en la barandilla--
--que da al Océano Atlántico, bajo la protección de la ciudad, al filo del mes de octubre...