TODAY YOUR LOVE, TOMORROW THE WORLD
Contaba yo con unos felices 15 años la primera vez que experimenté el misil de energía pop de la banda de rock norteamericana Los Ramones. Tener la edad exacta que se supone que uno ha de tener a la hora de experimentar, degustar, vivir, ayuda luego a comprender, reflexionar y volver atrás con naturalidad. A valorar y entender que las cosas tienen un lugar y un momento, que hay que exprimir al máximo el instante, los sesenta segundos que dura cada minuto, porque son irrepetibles y su valor, su precio, es incalculable.Al ritmo de un bajo demoledor, de unas letras monosilábicas escupidas con sabiduría radiofónica e instantánea bajo el golpeo veloz, rítmico de las baquetas al cruzar el aire, y siguiendo la línea sónica, aguda, cruda, rauda y feroz de una guitarra que parecía surgir de un oscuro club nocturno situado justo detrás de la esquina, allá en el cruce, en los sucios bajos fondos de la ciudad cerebelo, cuatro jóvenes neoyorquinos surgieron de la mugre para gritarle rock’n’roll al mundo. Un mundo, un planeta, un cosmos, que ya nunca volvería a ser el mismo tras esa noche de agosto, en el mítico CBGB, en el mítico 1974.
Los Ramones rompieron la escena musical que reinaba en el momento de su aparición, la partieron y la hicieron trizas, y todo sobre la base de pastillas ultra-veloces, ultra-rápidas, crudas, cortísimas, altísimas, pero extrañamente melódicas, sugestivas, fascinantes. Sus LP’s tenían la duración exacta como para ser pinchados con rabia, y bajo los efectos de cualquier sustancia nociva, en la decrepitud de un sótano clandestino, y poder huir con margen antes de cumplirse el tiempo justo que tardaría en llegar la policía. Siguiendo la estela de los vaqueros rotos impuesta ni más ni menos que por la figura mitológica, enorme, gigantesca de Richard Hell, estas sabandijas barriobajeras ataviadas con chupa de cuero negro habían llegado para darle una bofetada al sistema y para proponer, de paso, uno de los movimientos artísticos más sonados, cacareados, recordados e influyentes de la segunda mitad del siglo XX: el punk.

Hoy vuelvo a pinchar el viejo vinilo fechado en 1976 y vuelvo a escuchar con una mezcla de expectación y fervor adolescente, como la aguja recorre chirriante los surcos del disco titulado, simplemente, Ramones. De nuevo vibro con la música, con los recuerdos, con ese guitarrazo impresionante, electrizante, que se marca Johnny, rasgando el mismísmo aire, justo al comenzar la versión del Let´s Dance de Jim Lee. Otra vez sueño con las playas de Cuba, con las desventuras de un James Bond de pacotilla que recoge plátanos para dar verosimilitud a su ambientado disfraz de espía, mientras escucha con el ceño fruncido los primeros acordes de Havana Affair. Pero en esta ocasión, en particular, la banda consigue volver a emocionarme con la épica historia de la tropa de asalto nazi que grita furioso de amor la frase inmortal "¡Hoy tu Amor, Mañana el Mundo!"





