SOY UN CERDO MACHISTA, FASCISTA Y ESPAÑOL
(o guía turística de España para el visitante extranjero)
Vengo observando, en estos tiempos de corrección política, y de forma generalizada en conversaciones, debates, discusiones, una tendencia preocupante que apunta hacia la crispación. Ante la absoluta carencia de criterio propio y argumentos que contraponer, una gran parte de la ciudadanía recurre a las descalificaciones personales, siguiendo así el maldito canon impuesto por la estúpida televisión. Cuando alguien expresa una duda o rebate nuestras palabras con inteligencia y no somos capaces de explicarnos racionalmente, recurrimos a lo más sencillo: el insulto. Así nos evitamos la molestia de tener que pensar, emulando la cómoda unilateralidad y simpleza plana de la caja tonta.
Algunas de las palabras favoritas en los primeros puestos del ránking de los contertulios simplones son las siguientes: machista, fascista, español. Palabras que se aplican indiscriminadamente con ánimo de ofender, cortar la conversación, y salir airosos de una confrontación que se nos había puesto complicada. Palabras que, ampliando de forma sorprendente su campo de acción concreto y real, han pasado a significar “cualquier cosa o persona que no esté de acuerdo conmigo o que no me guste porque me ha llevado la contraria”. Curioso. Y más curioso aún es el hecho de que quien usa y abusa de estas armas –que las carga el diablo, recuerden– suele ser aquel que a priori se muestra más comprometido y concienciado con posturas supuesta y ciegamente liberales. El destinatario o víctima de tales improperios, calumnias, insultos puede ser cualquiera. Así que mucho ojo: sepan ustedes que están en el punto de mira.
Para paliar un poco la gravedad de esta situación, en el caso de que se vean implicados en ella como acusados, sin comerlo ni beberlo, voy a proponer una serie de reflexiones. Vayamos por partes:
Ya para concluir, le recuerdo a usted que vivimos en un país libre. Siéntase libre de decir y hacer lo que le venga en gana y reírse en la cara de quien le censure. Que nadie, ni siquiera la nauseabunda fauna televisiva, le diga lo que tiene que pensar. Y compartamos un secreto: cuando todo el mundo opine o parezca opinar lo mismo, SOSPECHE.
Vengo observando, en estos tiempos de corrección política, y de forma generalizada en conversaciones, debates, discusiones, una tendencia preocupante que apunta hacia la crispación. Ante la absoluta carencia de criterio propio y argumentos que contraponer, una gran parte de la ciudadanía recurre a las descalificaciones personales, siguiendo así el maldito canon impuesto por la estúpida televisión. Cuando alguien expresa una duda o rebate nuestras palabras con inteligencia y no somos capaces de explicarnos racionalmente, recurrimos a lo más sencillo: el insulto. Así nos evitamos la molestia de tener que pensar, emulando la cómoda unilateralidad y simpleza plana de la caja tonta.Algunas de las palabras favoritas en los primeros puestos del ránking de los contertulios simplones son las siguientes: machista, fascista, español. Palabras que se aplican indiscriminadamente con ánimo de ofender, cortar la conversación, y salir airosos de una confrontación que se nos había puesto complicada. Palabras que, ampliando de forma sorprendente su campo de acción concreto y real, han pasado a significar “cualquier cosa o persona que no esté de acuerdo conmigo o que no me guste porque me ha llevado la contraria”. Curioso. Y más curioso aún es el hecho de que quien usa y abusa de estas armas –que las carga el diablo, recuerden– suele ser aquel que a priori se muestra más comprometido y concienciado con posturas supuesta y ciegamente liberales. El destinatario o víctima de tales improperios, calumnias, insultos puede ser cualquiera. Así que mucho ojo: sepan ustedes que están en el punto de mira.
Para paliar un poco la gravedad de esta situación, en el caso de que se vean implicados en ella como acusados, sin comerlo ni beberlo, voy a proponer una serie de reflexiones. Vayamos por partes:
- Según el Diccionario de la Lengua Española de la R.A.E., machismo es “actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres”. Y, según el mismo texto mencionado, prepotente es “más poderoso que otros, o muy poderoso” o “que abusa de su poder o hace alarde de él”. En otras palabras, machismo es discriminar a una persona de forma negativa por su condición de mujer. Por ejemplo, no contratándola para un puesto de ingeniería industrial aún siendo más apta que muchos hombres.
Pero machismo también es, a mi entender, la discriminación positiva. Esto es, contratar a una persona por su condición de mujer aún siendo menos apta para el hipotético puesto de trabajo. O preferir que en los servicios telefónicos nos atienda una mujer por las razones (oscuras razones, debo añadir) que a bien tuviéramos en consideración. O el hecho de tratar con especial educación y cortesía al bello sexo. Esto, señoras y señores, también es machismo. Y muy feo, por otra parte. Tanto más feo cuanto más aceptado por todas aquellas personas que luchan (y con mi apoyo) contra las discriminaciones de las que hablo en el párrafo anterior. No juguemos con las cartas marcadas, por favor.
No es machismo el que a usted no le guste que su mujer haga top-less. No es machismo el que a usted le parezca que su novia viste de forma atrevida (estos dos ejemplos son otra cosa, quizá peor, pero no machismo) No es machismo el describir hechos evidentes aunque delaten defectos achacables por norma general al sexo femenino. No es machismo el llevarle la contraria a una mujer si se hace de forma razonada. Y por supuesto que no es, de ninguna manera, machismo el defender que todos somos iguales ante la Ley (Artº 14 de la Constitución Española, para feministas desmemoriadas) por mucho que algunos se empeñen en decir lo contrario. - Siguiendo con las definiciones proporcionadas por el Diccionario, y dejando a Benito Mussolini aparte, un fascista puede ser una persona “excesivamente autoritaria”. Es evidente que dicha definición tiene mucho, muchísimo que matizar. Es decir: ¿cuándo es una persona excesivamente autoritaria? Si queremos hacer caso al susodicho Diccionario podremos encontrar una pista en alguno de los significados atribuidos a la palabra autoritario siendo “que ejerce el poder sin limitaciones”.
Por limitaciones entiendo yo que se refiere a las debidas a la ética, moral, educación, política, ley. O sea, que si una persona le espeta que “esto se hace así porque yo lo digo” sepa usted que se encuentra ante un fascista. Si, para más INRI, esta persona recurre a tácticas no racionales para conseguir sus metas, tales como descalificaciones personales, violencia de cualquier tipo (incluyendo la popular y aceptada agresión pasiva), amenazas, coacciones, chantajes, etc... lo mejor es que vaya pensando en reservarle un gran póster del Duce para entregarle en su fiesta onomástica.
Un ejemplo de fascismo sutil lo adelanto ya en el párrafo precedente y es el de la agresión pasiva. Esto es, atacar a otra persona por medio de la omisión, del lassez faire. Cuando alguien se molesta con usted y, en lugar de decírselo bien a las claras, juega a hacerle complot de cualquier tipo podemos decir que se encuentra ante un tipo de fascismo especialmente repugnante por lo bajo y por lo ruín. Yo aconsejo HUIR de este tipo de personas ya que suelen estar aceptadas por la sociedad actual, que premia al pasivo y castiga al activo, así que poco podemos hacer para enfrentarlas sin quedar como un energúmeno ante nuestros familiares, amigos, compañeros, conocidos.
Por último, aclarar que si usted está defendiendo racional y educadamente un punto de vista, sea cual sea, no es un fascista. A no ser, claro, que estemos hablando del ya mencionado régimen político de Benito Mussolini. En cualquier otro caso, fascista es, ni más ni menos, que quien le llama a usted fascista. Paradójico ¿no? - Grave insulto que pesa hoy sobre nuestras conciencias es el de “español”. Nadie quiere ser natural de España. Somos gallegos, vascos, catalanes, andaluces, etc... y al ritmo de “español el que no bote” saltamos todos juntos en los estadios de fútbol. Les confieso que me siento ya sin fuerzas para abordar el tema, pero hay algo que está clarísimo: si alguien se atreve a llamarle “español”, sepa usted que se encuentra ante un nacionalista. Mi consejo es que no intente razonar con él, ni escucharle, ni mirarle siquiera. Salga corriendo del lugar en que se encuentre y escuche algo de música clásica para relajarse. También vale morder cojines o rachar guías telefónicas. Lo que sea con tal de olvidarnos del tema.
Ya para concluir, le recuerdo a usted que vivimos en un país libre. Siéntase libre de decir y hacer lo que le venga en gana y reírse en la cara de quien le censure. Que nadie, ni siquiera la nauseabunda fauna televisiva, le diga lo que tiene que pensar. Y compartamos un secreto: cuando todo el mundo opine o parezca opinar lo mismo, SOSPECHE.
Comentario:
Más grave que el insulto es la etiqueta. El juzgar y clasificar a otra persona de forma irracional. Palabras como las mencionadas en este documento nacen de las entrañas, de la rabia ciega y de las mentes cerradas.
"Dicen que soy violento, pero me lo dicen a gritos"
"Dicen que soy violento, pero me lo dicen a gritos"
Comentario:
Simplemente ua cita del padre de la Antropología moderna, Levi-Strauss: "salvaje es quien llama a otro salvaje". Sustitúyase salvaje por lo que se quiera (fascista, por ejemplo) que para eso rendimos culto a la extrapolación.
Otra cosa, a modo de pequeña apostilla: el insulto, como cualquier modo de expresión humana, suele ir por modas. Por ello, para ir a la última, no olvidemos que aquel que pretenda fundamentar su discurso (siempre que sea contrario a nuestro gusto) ha de ser acallado de inmediato por... "fundamentalista".
Otra cosa, a modo de pequeña apostilla: el insulto, como cualquier modo de expresión humana, suele ir por modas. Por ello, para ir a la última, no olvidemos que aquel que pretenda fundamentar su discurso (siempre que sea contrario a nuestro gusto) ha de ser acallado de inmediato por... "fundamentalista".
Comentario:
Así se habla, con tres pares: lo del anarcofascismo suena a música celestial...
Comentario:
Comparto totalmente tu opinión y tu desgracia, yo también soy un cerdo machista, fascista y español y lo que es peor, te animo a que te unas a las tesis del anarcofascismo y corees a voz en grito nuestro lema: "Hago lo que me sale de los cojones porque tengo toda la puta razón". Y como la sabiduría popular gallega y su lógica lingüística nos llevaría a deducir: "Se lle chaman democracia algo terá que ver co demo".Mi voto no puede valer lo mismo que el de .....(Póngase en la línea de puntos el nombre de cualquier tertuliano subnormal de los que pueblan el vasto paisaje televisivo).





