Blogs.ya.com Quitar publicidad
cajón de retales
Sindicación
 
LA RUMBOSA VIEJA
La rumbosa vieja, no se llama así por capricho...
En los pueblos como el mio, el apodo es la única herencia asegurada e intransferible.
No me pidan que explique el porqué de dicho apelativo, porque yo pertenezco a la cuarta generación de la estirpe, y eso sería remontarme demasiado en la historia. Tan solo decir, que si este sobrenombre, les hace evocar la imagen de mi abuela como una octogenaria bailonga, están muy equivocados. Nada más lejos de la realidad.
La rumbosa, en efecto, tiene sus años... Ochenta y cinco, para ser más exactos, con sus consecuentes achaques. Pero cuando sus piernas aun eran móviles, creo que tan solo la ví bailar una vez, y porque mi abuelo la arrastró hasta el centro de la plaza en la verbena del barrio.

Ella pertenece a la España caduca. A ese pueblo oscuro, marcado a fuego en la frente y corvado de espalda por el peso del sudor.
Sobrevivío con lo mínimo en la época de posguerra, haciendo del reciclaje su mejor arma. A pesar de todo, nunca se afilío a la "Congregación de la Vírgen del Puño Cerrao". Detesta el derroche, pero eso no le impide ser generosa con los demás. Siempre y cuando no se despilfarre...
Su temperamento le ha hecho salir hacia delante, quizá porque siempre le ha gustado ir por delante de todo el mundo.
La mayor de cinco hermanos, ha criado también a dos hijos y completado su cariño capicúa con otros cinco nietos. A su marido le hizo feliz la mayor parte de su vida.

A la rumbosa, los cambios le pillan desprevenida y por eso hay muchas cosas que no entiende. Tiene una frase comodín,cuando esto le ocurre: "Yo esta vida no la quiero..."

Pasadas las penurias de antaño, aún llegó a tiempo de conocer algo del capitalismo del bienestar. Ha visto Benidorm en temporada baja y ha probado las aguas termales en balnearios descatalogados.
Pero ella no entiende como su compañero de viajes, la abandonó tan pronto, y se lamenta por no haber disfrutado más de esa etapa que creía merecida. Se acuerda de esto y suelta: "Yo esta vida no la quiero...", y yo la consuelo.

Tampoco entiende las relaciones prematrimoniales, ni las segundas nupcias. Se santigüa, cuando se entera de que fulanica o menganica no va a llegar pura al altar, y ni te cuento si tan siquiera pasa por el altar. Entonces, me dice: "Yo esta vida no la quiero...", y yo me rio.

Su mayor temor, aparte de que alguna de nosotras pierda su virginidad antes de encontrar un marido limpio y honesto con el que formar una familia, es que nos hagamos "pinkis" o "drogadistos"...
No le entra en la cabeza como alguien en su sano juicio, puede ponerse el pelo azul, perforarse un pezón o pintarse la piel con algo que no se borra nunca, y estos primeros sintomas de declive moral, van seguidos por otros peores como robar a tu madre para pincharte cosas malas....
Una vez, mi hermano, apareció por su casa con la hebilla metálica que sujeta la etiqueta de los fuets, a modo de pendiente en la nariz.
-"Mire abuela, me he hecho un pinki de esos..."
La rumbosa, lo echó de casa mientras gritaba: "Yo esta vida no la quiero...",y luego, todos nos reímos.

Machista, como le enseñaron a ser desde su más tierna infancia, tampoco concibe que una mujer no sepa coser un botón.
-"Abuela, me puede coser esto?..."
Y me coge el botón mirando al cielo con resignación, entonando: "Yo
esta vida no la quiero..." y yo me encojo de hombros.

Se la llevan los demonios, cuando oye que le van a subir la pensión. Según ella, ni el de la chaqueta de pana, ni el del bigote, le van a dar nunca lo que se merece. Resopla indignada: "Yo esta vida no la quiero...", y yo la ignoro.

Pero no siempre diferimos tanto en nuestros pensamientos y hay cambios que nos sorprenden a las dos por igual. No hace mucho, encendimos el televisor y nos quedamos estupefactas, al ver como unos cuerpos se retorcían entre las alambradas que marcan las fronteras de los países dignos. Las dos lo pronunciamos al unísono: "Yo esta vida no la quiero..." y yo me sorprendí.

Ya os dije que a mi abuela siempre le gustaba ir por delante de todos, y hoy no iba a ser menos. Ahora, todos vamos detrás.
Voy recordando mil detalles en esta apacible mañana donde suenan las campanas.
De todas las ceremonias y cortejos la rumbosa siempre quiso las pompas. El único despilfarro que se ha permitido.
Yo preferiría que fueran de jabón, pero cualquiera le lleva la contraria...
Seguro que ella no hubiera entendido porqué amontonan las flores así, de esa manera.
Esta vez soy yo la que susurra en su nombre: "Yo esta vida no la quiero...", y todos los que se habían precintado en silencio, lloran.
 
AUSENTE
Hoy me siento desbordada. Me tomo unas vacaciones de mí misma y me ausento brevemente con la fiel promesa de volver con más energía. Os seguiré espiando por encima de vuestros hombros en silencio. Tan solo quiero ser oso por unos días e invernar...
 
S.O.S.
Se necesita ayuda urgente para recuperar una sonrisa...

Rectifico mi post, visto que no ha tenido el éxito esperado.
La que necesita recuperar la sonrisa no soy yo, sino una niña enferma para la que se está buscando ayuda.
Blogeango, blogeando he dado con una página donde una personita está realizando un trabajo muy especial que me tocó la fibra sensible y desde aquí y desde mi humildad quiero sumarme a ese llamamiento.
Dado mi parco conocimiento de los medios informaticos, aun no sé como se pone un enlace intercalado en el texto, para que solo tengaís que pinchar y remitiros a dicho blog, asi que os lo escribo tal cual y también podeis ir a comentarios y pinchar directamente en el que dejé ayer con mi nombre.
Gracias por anticipado, y perdonar por este parentesis, pero creo que merece la pena....

http://www.blogs.ya.com/eraseunavezunangel/
 
LUNA ROJA
Salí a la calle a tirar mis despojos y a pasear estos interrogantes que me sirven de compañía últimamente.
Mientras los dejo un rato sueltos por el parque, me siento en un banco y pienso en esas fatídicas frases de despedida que me dejaste en la pantalla del ordenador.
(...)
No sé cuanto tiempo ha transcurrido, pero tengo la sensación de que ha pasado un regimiento de ángeles. Es hora de irse.

Por el camino procuro mantener la amnesia, centrandome en el aullido de los grillos, pero la nostalgia, ese poderoso afrodisíaco, me asalta por la espalda y me toca en el hombro al torcer cada esquina.
Llámalo casualidad o pronóstico desfavorable, pero lo cierto es que es la misma trampa con distinto antifaz.
En la primera, la ventanilla desnuda de un coche escupe nuestra canción. En la segunda aparece tu nombre en neón, y en la tercera...
No te creí cuando me hablabas de esas lunas rojas enormes, y ahora tengo a una delante de mí guiñandome un ojo. Sobrecogedora. Cómplice. La prueba menos sutíl.
Tengo que llamarte.
Me tiembla la voz y me explotan las venas.
Pero tú ya no eres tú, y yo ya no soy yo.
Las palabras se han vuelto inertes, y nosotros nos hemos convertido en dos extraños que se extrañan.
Vuelvo a casa escuchando el sonido de mis pasos en el hueco que has dejado en estas noches. Silvo y aparece corriendo el único interrogante que me sigue siendo fiel...
Regresamos juntos a nuestra guarida, y le voy recitando versos sueltos que me vienen a la mente.
 
CARTA DESDE LA TRINCHERA
Mi vida era áspera y correosa hasta que se puso en contacto con tu piel. Tus brazos son el lugar de encuentro con mi lucidez y lejos de ellos pierdo la cordura.
Combato la tardanza de tus besos recomponiendo uno a uno todos los momentos vividos.
Escribo lo que no te dije mientras espero recibir noticias desde la esquina de tu mundo.
Seguiré dando vueltas, a ver cuanto aguanto de pie sin marearme.
De esta forma, por lo menos,me mantengo ocupada y no pienso.
Pero hasta que tu voz vuelva, la nicotina va desgarrando mi garganta, ya dolida de suspirar tu indiferencia.
No sé cuanto más podré mantener encendidas estas ascuas antes de que se conviertan en cenizas y se las lleve el viento. Tampoco sé si tendré víveres suficientes para alimentar a esta duda que se despierta cada dia con más apetito.
No tardes mucho en pagar el rescate y sácame de aquí, porque yo sola no puedo detener estos diques que se agrietan.
 
BILLETE DE VUELTA
Deshago los nudos de mi equipaje y comienzo a echarte de menos.
Cada vez que suelto uno me trae un recuerdo.
Voy separando cuidadosamente las algas de tu mar y las hojas de mi tierra. Coloco en los estantes todo lo que encuentro de ti, entre la ropa sucia y algunos frascos vacíos. Aparecen historias que hablan de redes de pescadores y niños buceando en el espigón. Relatos con olor a sal y arena en los zapatos. La foto en la pupila de un acordeonista asomado a una ventana. Música de gaviotas. Unas banderas en mi muñeca. Unas palabras en mi cuaderno. Unas semillas cónicas en mi bolsillo...
Algunas de estas cosas me las has dado y otras las he cogido prestadas. Para recuperarlas, atrévete a ser pirata, que yo te marco el camino:...

Allá donde acaban los mapas que trazan mis lunares, existen pequeños tesoros escondidos que llevan tu nombre.
 
RUIDO
Me preguntaste, y mi habitual torpeza contestó con un sí.
Fue entonces cuando se levantaron los muros y se rompieron los lazos. Se empañaron los buenos momentos con miradas a quemarropa sin final feliz. Intentaba decirte algo mientras cerraba mi maleta, pero los sordos tambores de guerra sellaron mis labios.
La habitación estaba cargada del ruido de nuestras palabras, y no nos dejaba escucharnos.
Abrázame. Sólo te pido eso. Una vez. Solamente una vez más...
Sujétame, antes de que me caiga al suelo y me rompa.
¿No ves la necesidad que tengo de ti?...
¿No atisbas a comprender los perturbadores orígenes de este malestar?...
Es miedo, solo eso.
¿No lo entiendes?...
Ya te dije que a veces no te merecería.
¿No te acuerdas?...
Hace tiempo, alguien cogío un trozo de mi inocencia sin pedir permiso, y aun estoy llenando el hueco a dedales.
¿No me lo lees en los ojos?...
Asumo mi imprudencia. Tú no eres él. Ahora lo sé.
Concédeme un último deseo si esto es el final.
Dejáme acabar en tus brazos.
 
TODO LO QUE ERES
Me preguntas qué somos, con tu mirada clavada en la mía,esperando contestación. Y yo no sé que decirte...
¿amigos? ¿confidentes? ¿amantes?
Nada de eso te hace justicia, permiteme que te susurre algo:.....



....por tu forma de ser conmigo, eres:

Eres la frase robada de mis labios.
Eres el faro que esperaba, antes de saber cómo funcionaban los faros en la niebla de algunas noches.
Eres mi babor y mi estribor.
Eres la rosa de mis vientos.
Eres la excepción que pone el punto a la rutina de mis dias.
Eres mi paz y mi consuelo.
Eres el interruptor que enciende mi luz.
Eres el puente que cruza mis charcos.
Eres un beso en mis párpados.
Eres el bálsamo que cura mis heridas.
Eres el columpio donde volver a ser niña.
Eres el bolsillo donde guardar mi mano.
Eres la escalera por la que subo a un mundo mejor.


P.D. Hoy abro dos cajones a la vez, que mañana es fiesta. Espero que lo disfruteis.
 
ANTES DE AMANECER


Para que el sueño no me alcance antes de haber soñado contigo, amanezco con la luna, y te espío mientras duermes.
Es la primera vez que tus anhelos se acuestan en la misma cama que yo, y la primera vez que mi soledad lo hace a tu lado.
Me abandono al placer de viajar con mi mirada por todos tus rincones, a aprenderme la minuciosidad de tus movimientos, a deleitarme en el almizcle de olores; de eucaliptos, de mar, de niebla, de sexo...
Te conviertes en animal mitológico, mitad hombre de porcelana nocturna, mitad garabato de ente líquido que se desvanece en los pliegues. El ecuador de tu cintura, lo marco con mi brazo mientras me acerco cautelosa a tu pecho, para regocijarme en el suave amargor de querer recorrer aquellos caminos por los que nunca anduve.
El sonido tribal de tu organo más noble, bombea telegramas que no consigo descifrar, pero es demasiado embriagador y estimulante como para apartar de él el sentido del oído.
Y así, de esta forma, pasan las horas y los mundos. Tú intentas escurrirte entre mis manos, pero yo quiero ser tu gárgola cuando despiertes. El alba te empieza a rozar y le devuelve la canela a tu piel, esa con la que yo me he hecho un vestido. Centelleantes esmeraldas aparecen en tus pupilas entreabiertas, y tu saliva vespertina le da los buenos días a la mia, como un piropo.
 
TODO LO DEMAS
En mi billete, tu ciudad. En mi reloj, las agujas merodean por los alrededores de la hora señalada. En mi mente, se repite incesantemente tu nombre. Y en la carretera, veinte kilómetros de distancia para que todo se conjugue.
Estoy tan emocionada, que siento como las mariposas de mi estómago se vuelven esquizofrénicas. Tienen ganas de gritar, de romper en caso de emergencia, este cristal que me separa de todo el oxígeno que se intuye detrás de los circulos que dibujo con mi dedo.
Saludo a esa nueva "yo"que me sonríe, y le pinto los labios.
Me pellizco para saber que estoy aquí, cruzando la tierra y los cielos, dejando atrás, por fin, este complejo de Penélope que siempre esperaba en andenes vacíos.
No creo que esta vez pueda buscar en el diccionario lo que estoy sintiendo.


De repente, nos engulle el tráfico y los edificios.
Ya entramos en la estación. Ya te presiento. Indago entre el vals de gente que tropieza con sus encuentros.

Una falda. Blanca. Nervios. Corazón. Buscar.

La relación entre los acontecimientos ha llegado a su cumbre, justo cuando mi mirada se ha cruzado con tu puntual cara de niño expectante.
Ahora creo en el equilibrio, estando tan cerca sin rozarnos,comunicandonos sin hablar, sintiendo este cosquilleo exclusivo que sube desde los pies...
Seguimos acotando los mapas, esperando que la gravedad se encargue del resto. Tan solo cinco baldosas, dos suspiros y me cobro el abrazo que nos debíamos.
Desde tu hombro se empieza a ver todo diferente.
¿Donde estabas, cuando aun no existias?...
Coges mi maleta y me rodeas con tu brazo, mientras yo empiezo a acostumbrarme a tus huellas dactilares.

Un coche. Rojo. Manos. Besos. Sol.

Sobrevuela la mediatarde, mientras prolongamos el infinito y lo elevamos al cuadrado. Con prisas. Despacio. A nuestro antojo.
La noche ha proclamado los echos al día y le ha pedido en confianza, que nos cuide, que somos clientes habituales.
Atardece, y aun nos espera la brisa y el olor a sal.
Cualquier semáforo es una excusa diferente. Mi mano izquierda cambia de marcha con la tuya, y la derecha aparta el flequillo para dedicarte miradas complacientes acompañadas de sonrisas en todas sus anchuras.

Ahora se divisa el mar. Llegamos al castillo donde se formularán nuestros deseos. Tú abres la puerta, y yo te sigo sin tocar el suelo.

Una cama. Amarillo. Caricias. Piel. Sudor.

Esto es una nueva historia. Los primeros acordes de una canción de amor. Todo lo demás, ya es lo de menos.