PELLIZCOS
Toca la bocina y mis minúsculas manos intentan abrir el portón.
Subo y trepo, pero no alcanzo...
Otro pitido y yo me pongo más y más nerviosa.
Tengo ganas de volver a oler a pan caliente.
Subo al coche y me hundo en el asiento. Él me apreta la mejilla, dedicandome una sonrisa. Y yo con las pestañas en exclamación, me chupo el dedo.
Bajamos la rampa. Entramos en lo oscuro. Hace calor. Todo se mueve rápido. Hay un humo templado y envolvente.
Huele a harina, a levadura, a tortas, a magdalenas...
Él regresa con una canasta llena de barras tibias.
Yo no puedo evitar pellizcar una pícaramente, y llevarme el trofeo a la boca.
Primero cruje, luego se deshace...
Es el mejor momento de la semana.
Subo y trepo, pero no alcanzo...
Otro pitido y yo me pongo más y más nerviosa.
Tengo ganas de volver a oler a pan caliente.
Subo al coche y me hundo en el asiento. Él me apreta la mejilla, dedicandome una sonrisa. Y yo con las pestañas en exclamación, me chupo el dedo.
Bajamos la rampa. Entramos en lo oscuro. Hace calor. Todo se mueve rápido. Hay un humo templado y envolvente.
Huele a harina, a levadura, a tortas, a magdalenas...
Él regresa con una canasta llena de barras tibias.
Yo no puedo evitar pellizcar una pícaramente, y llevarme el trofeo a la boca.
Primero cruje, luego se deshace...
Es el mejor momento de la semana.
ESPASMOS Y OTROS CANTARES
El la mira casi vergonzosamente, sin percatarse de la inminente turbulencia labial que le aguarda.
Yo vaticino, que por la forma "casual" de buscarla, serán algo más que dos almas prendidas de hilos diferentes.
Ella le propone sutílmente ejercitar el arte de la caricia.
La Luna, vío por la rendija de la ventana como él aceptó la invitación, condensando todo el aire en un suspiro.
Ahora, le desabrocha con cuidado la melena y busca la entonación adecuada para el escalofrío.
Ella responde con una vaga actitud de complicidad acaparando la atención de sus pupilas.
Se despierta un apetito inmoderado de piel.
Los dos conjugan el verbo desear con todas las inclinaciones de complacer.
Ella se desliza por su cadera, hasta dar con el que será su infortunio.
El agita su mar de venusianas olas.
A ella se le vacía la boca, de pronunciar palabras mágicas.
El aspira su vocal prolongada.
Yo me estremezco.
La Luna enmudece.
Ella finge seguir viva.
El se ovilla para fallecer a su lado.
En la colina de los sacrificios, esta vez el forense dictaminó muerte natural.
Yo vaticino, que por la forma "casual" de buscarla, serán algo más que dos almas prendidas de hilos diferentes.
Ella le propone sutílmente ejercitar el arte de la caricia.
La Luna, vío por la rendija de la ventana como él aceptó la invitación, condensando todo el aire en un suspiro.
Ahora, le desabrocha con cuidado la melena y busca la entonación adecuada para el escalofrío.
Ella responde con una vaga actitud de complicidad acaparando la atención de sus pupilas.
Se despierta un apetito inmoderado de piel.
Los dos conjugan el verbo desear con todas las inclinaciones de complacer.
Ella se desliza por su cadera, hasta dar con el que será su infortunio.
El agita su mar de venusianas olas.
A ella se le vacía la boca, de pronunciar palabras mágicas.
El aspira su vocal prolongada.
Yo me estremezco.
La Luna enmudece.
Ella finge seguir viva.
El se ovilla para fallecer a su lado.
En la colina de los sacrificios, esta vez el forense dictaminó muerte natural.
INVENTARIO
La diversidad de los dias, se soslaya ante una época de cíclicas rutinas.
Se abre el grifo bullicioso de canticos intangibles.
Crece el chapurreo vehemente en esquinas codiciosas.
Hay prisas por capturar algunas de esas horas que quedaron sueltas.
Las tradiciones imperturbables, conviven con la soberbia de algunas extravagancias. Porque en el mundo de los pianos de cola, el truco está en saber a quien se parodia...
Y mientras todo esto sucede tras los cristales, aprovecho para emborracharme con toda clase de emociones y elixires.
Me siento en el borde de una página a calibrar balanzas.
Sopeso mi colección de lágrimas con mi archivo de palabras alegres.
Verano enredado en salivas saladas, y Otoño entregado a muecas amargas.
El inventario me vuelve a cerrar en positivo, pero en el reglón olvidado del capítulo doce hay una posdata: Este enano volverá a convertirse en gigante.
Yo lo espero tranquila, preparada para mutilarlo hasta que me devuelva mis almendros.
Se abre el grifo bullicioso de canticos intangibles.
Crece el chapurreo vehemente en esquinas codiciosas.
Hay prisas por capturar algunas de esas horas que quedaron sueltas.
Las tradiciones imperturbables, conviven con la soberbia de algunas extravagancias. Porque en el mundo de los pianos de cola, el truco está en saber a quien se parodia...
Y mientras todo esto sucede tras los cristales, aprovecho para emborracharme con toda clase de emociones y elixires.
Me siento en el borde de una página a calibrar balanzas.
Sopeso mi colección de lágrimas con mi archivo de palabras alegres.
Verano enredado en salivas saladas, y Otoño entregado a muecas amargas.
El inventario me vuelve a cerrar en positivo, pero en el reglón olvidado del capítulo doce hay una posdata: Este enano volverá a convertirse en gigante.
Yo lo espero tranquila, preparada para mutilarlo hasta que me devuelva mis almendros.