CAJA DE SOMBRAS
Conozco todos los rincones de esta ciudad. Quizá por eso me guste tanto, porque tiene innumerables huecos donde acurrucarte y desaparecer, dejando que las hormigas te coman entera sin oponer resistencia, o simplemente fundirte con la roca hasta volverte invisible.
Hace tiempo tiré la caja de mis sombras al fondo del mar con un candado bajo siete llaves. Me fui de allí, intentando escalar siempre hacia arriba, aunque a veces también lo he hecho cuesta abajo. Pero los ecos de sus voces siempre me siguen las huellas. Da igual como intente escabullirme o trate de despistarlos, al final siempre me encuentran.
Hoy he sentido sus pasos cerca y he corrido a refugiarme en una de esas hornacinas a envasarme al vacío.
He recorrido toda mi lista de escondites y en ninguno me he sentido a salvo. Sin el manto de la noche como aliado, y a plena luz del día esa tarea resulta más complicada.
Busqué en los resquicios de mi memoria, intentando acordarme del lugar más recóndito, ese reservado para casos de emergencia, para no desgastarlo con el uso.
Llegué allí y me senté sobre las hojas secas para quebrarme con ellas. Pero tampoco encontré sosiego. Había agotado todo mi talonario de tikects de soledad.
Un insecto salido de debajo de mis pies, arrastra la colilla de mi último cigarro apagado en el suelo, veinte veces mayor que él. Ojala yo tuviera esa fuerza para llevar así mi vida.
Quizá deba a acostumbrarme a alberguar monstruos debajo de la cama y no pelusillas como todo el mundo.
Hace tiempo tiré la caja de mis sombras al fondo del mar con un candado bajo siete llaves. Me fui de allí, intentando escalar siempre hacia arriba, aunque a veces también lo he hecho cuesta abajo. Pero los ecos de sus voces siempre me siguen las huellas. Da igual como intente escabullirme o trate de despistarlos, al final siempre me encuentran.
Hoy he sentido sus pasos cerca y he corrido a refugiarme en una de esas hornacinas a envasarme al vacío.
He recorrido toda mi lista de escondites y en ninguno me he sentido a salvo. Sin el manto de la noche como aliado, y a plena luz del día esa tarea resulta más complicada.
Busqué en los resquicios de mi memoria, intentando acordarme del lugar más recóndito, ese reservado para casos de emergencia, para no desgastarlo con el uso.
Llegué allí y me senté sobre las hojas secas para quebrarme con ellas. Pero tampoco encontré sosiego. Había agotado todo mi talonario de tikects de soledad.
Un insecto salido de debajo de mis pies, arrastra la colilla de mi último cigarro apagado en el suelo, veinte veces mayor que él. Ojala yo tuviera esa fuerza para llevar así mi vida.
Quizá deba a acostumbrarme a alberguar monstruos debajo de la cama y no pelusillas como todo el mundo.
Comentario:
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Sabelilla:
Tranquila, ha habido una redada y se han llevado a todos los monstruos a testificar a comisaría. Yo para celebrarlo me he comprado una aspiradora. Y encima de mi cama solo duermo yo con mis sueños...
Un beso.
Tranquila, ha habido una redada y se han llevado a todos los monstruos a testificar a comisaría. Yo para celebrarlo me he comprado una aspiradora. Y encima de mi cama solo duermo yo con mis sueños...
Un beso.
Comentario:
No no, lo de los monstruos descártalo, son mucho más llevaderas las pelusillas, dónde va a parar...
Si a pesar de todo te decides por los monstruos, mejor debajo de la cama que encima...
Un beso libre
Si a pesar de todo te decides por los monstruos, mejor debajo de la cama que encima...
Un beso libre





