Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Historia de mi corta vida
Sí, os voy a contar mi vida. Mi nacimiento fue muy accidentado y ocurrió una tarde de otoño fría y gris. Estaba flotando tranquilamente en el interior de mi esponjosa mamá, cuando me vi, repentinamente, cayendo a toda velocidad desde una altura muy considerable. Cerré los ojos, pensando -tonta de mí- que amortiguaría la caída. Ya me veía espachurrada en el suelo, cuando noté que chocaba contra una espesura de hebras enredadas que me salvó la vida. Me agarré como pude a una de ellas que desprendía un suave aroma y sonreí. Al momento, esa gran maraña empezó a bambolearse, como si un fuerte huracán intentase desenredarla, y pensé que era el momento de abandonar mi escondite y buscar un sitio más seguro. Bien agarrada para no caer, me asomé al abismo que se abría ante mí. Mis ojos se abrieron como platos: allí un poco más abajo, se extendía una gran planicie con algún pequeño surco que, calculé no tenía la hondura suficiente para poder sujetarme; un poco más abajo, un par de montículos con algunas hebras parecidas a las que me cobijaban, pero mucho más pequeñas, daban paso a dos grandes pozos, que desde allí, no lograba ver bien. Decidí aventurarme y de un salto me deslicé, como en un tobogán hasta llegar a uno de los pequeños montes poblados.
Desde allí me asomé al pozo. Tuve que tener mucho cuidado porque había un saliente móvil que, cuando menos lo esperaba intentaba atraparme. Por entre unas pequeñas cortinas que tenía esta especie de balconcillo, atisbé. Lo que me había parecido un pozo, era un precioso lago, de hermosos colores: su contorno era blanco, después una mezcla de marrón, verde y amarillo, coronado por un agujero negro y profundo. ¡Uf! no quise mirar mucho, temiendo ser atraida a sus profundidades.
Los dos lagos estaban separados por un monte alargado y resbaladizo que terminaba en un pequeño precipicio. Y allí me aventuré. Me dejé resbalar suavemente y cuando llegué al borde del avismo, respiré hondo y salté. Caí en otro pequeño monte, pero éste era suave y de un bonito color rosado. ¡Hummmmmmm! aqui me sentía bien, pero si no me agarraba fuerte, acabaría cayendo a saber dónde.
De pronto, el movimiento que me zarandeaba de acá para allá, cesó y la loma donde yo estaba sentada ¿se estiraba?. Entonces, otro, de forma muy parecida, se estaba acercando peligrosamente hacía mí, dispuesto a aplastarme.
Pero no lo hizo, me absorbió suavemente y me encontré entre aquellos dos montes tiernos y cálidamente húmedos que emitían dulces sonidos. Sí, un beso acabó con mi vida, mientras oía a mis hermanas estrellarse contra el suelo, formando grandes charcos que, a saber donde irían a parar.
Esta era yo. Era bonita ¿verdad?

 
84 CHARING CROSS ROAD


Hoy he ido al teatro, a ver esta obra "85 Charing Cross Road" basada en la novela del mismo título, escrita por Helene Hanff. La obra está dirigida por Isabel Coixet, e interpretada por Carme Elias, en el papel de Helene y Josep Minguell, interpretando a Frank Doel.
Tengo que decir que me ha encantado. Voy a transcribir una nota de la directora con la que, si no habeis leido el libro, entendereis el argumento:

Siempre he contemplado el teatro con el mismo respeto reverencial con el que he considerado a la literatura. Resulta pues paradójico que la primera obra teatral en la que trabajo sea una obra que habla, entre otras cosas, del amor, de la fascinación que ejercen sobre nosotros los libros. Pero desde el momento en que leí (en su formato original) la obra de Helene Hanff, sentí (como han sentido miles de lectores de todo el mundo) que el mundo del que habla "84 Chering Cross Road" estaba asonbrosamente cerca de mis obsesiones: el paisaje de los sentimientos ocultos, del amor como proyección, de las cosas que no se dicen porque no necesitan decirse, de la soledad como vocación. Helene Hanff y Frank Doel se escribieron cartas durante veinte años y nunca se conocieron. El espectador de esta obra sólo dispone de una hora y media para conocer a esta pareja insólita y fascinante y para vivir con ellos las dos décadas de un romance en el que nunca se pronunciaron las palabras "te quiero". Mi único deseo es, que a la salida de la representación, el espectador, parafraseando a la propia Helene, se diga: "Yo viví aquello. Yo estuve allí. Yo me emocioné". ISABEL COIXET



Durante toda la obra, los dos protagonistas van leyendo simultaneamente algunas de las cartas que se escriben. Y, lo que en un principio era una mera relación comercial: ella, escritora americana, solicitaba libros antiguos a una librería inglesa, donde él era el encargado de enviarselos; se va transformando, lentamente, en una relación mucho más personal. Esto le va llegando al espectador por los cambios que se va produciendo en la correspondencia. Al cabo de 20 años Helene puede viajar a Inglaterra, pero Frank ya murió. Esta historia me ha recordado a algunas relaciones que, hoy en día, se mantienen en este medio, a pesar de la distancia física. No he leido el libro, pero, creo que lo haré.
 
SOMBRAS (Final)


Y siguieron amándose, durante horas, que se convirtieron en días, con sus noches. El tiempo se detuvo en aquella habitación, en aquella cama. Era un amor y un deseo hambrientos, voraces, que no se sentían, jamás, satisfechos. Se olvidaron del alimento y el agua. Ellos eran su propio alimento, en un ritual casi caníbal. Deseaban fundirse en un solo cuerpo. Se exploraron hasta aprender de memoria cada lunar, cada huella. Se observaban minuciosamente, poniendo a prueba todos los sentidos.
Y ella empezó a tener miedo. Un miedo absurdo a perderlo algún día.
¿Se cansará de mí? ¿Dejará de amarme? ¿Dejará de desearme? Y... tendremos que volver a la vida, al trabajo, a la rutina. ¿Se enamorará de otra?.
Al principio, las preguntas eran susurros que una voz interna deslizada, de tarde en tarde, hasta su oído. Luego, se fueron haciendo más constantes y el tono, más alto. Ella, no quería escuchar, se tapaba con la almohada. Él, no sabía qué estaba pasando y seguía amándola.
Las ojeras se fueron agrandando alrededor de sus ojos. Cuando no hacían el amor, no podía dormir, porque el miedo se iba apoderando de ella. Miedo a ese amor que le venía grande, a esa ansiedad que no entendía. La felicidad se estaba transformando en sufrimiento. Se abraza a él, se apretaba contra su pecho.
Una mañana en que por fin había conseguido quedarse dormida, él salió de la casa. Debía acudir a su trabajo, aunque tenía unos días de vacaciones, había surgido un asunto inesperado. Le dejó una nota. Ella la leyó y en ese momento se quedó tranquila. Pero, las horas iban pasando y él no volvía. Y las voces de su interior comenzaron su ataque: metódico, cruel, in crescendo. Paseaba arriba y abajo por la habitación, con las manos en los oídos. Le llamó al móvil, pero él lo tenía apagado. En un acceso de rabia, tiró el suyo al suelo. Vio las llaves de su coche encima de la mesa. No lo pensó.
Estuvo vagando por la ciudad, en el coche, intentando encontrarlo. No sabía nada de él: solo su nombre. No podía encontrarlo. Y el miedo, seguía allí: lacerando la garganta, produciéndole nauseas, haciéndole sudar y temblar. Se estaba volviendo loca.
Rendida y sin esperanzas, llegó a aquel motel. Y ahora, permanecía inmóvil en esa sucia cama, mirando las sombras de la pared. Había conseguido acallar las voces... ya no tenían ningún sentido. Sus dudas, sus miedos y su vida, habían terminado.

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Sucesos:

En la madrugada del día de hoy, en la ciudad de “X” ha tenido lugar un extraño suceso. En un motel, a las afueras de la citada ciudad, ha aparecido muerta una mujer. Aparentemente, no presenta signos de violencia y hasta el momento se desconoce la causa de la muerte. La policía está haciendo las averiguaciones pertinentes para conocer la identidad de la victima y esperará hasta realizar la correspondiente autopsia. Al parecer, llegó allí conduciendo un vehículo perteneciente a Y.Z.Z., pero, hasta el momento no se conoce la relación que les unía. M.D.F. dueña y regente del citado motel, ha declarado que: “la mujer no llevaba dinero, me dio pena su aspecto y la dejé pasar la noche. Y ahora, todo este lío con la policía, por ser una buena samaritana”.


Por otro lado, en un apartamento de la calle..... ha aparecido otro cadáver. Esta vez se trata de un hombre Y.Z.Z. propietario del mismo. Las causas de este fallecimiento también se desconocen, por el momento. Aunque la habitación donde fue hallado presentaba un cierto desorden, se descarta el robo como móvil, ya que tampoco se aprecia, a primera vista, ningún signo violento. Los vecinos dicen que hace unos días vieron entrar a una mujer en compañía del fallecido. La policía supone que se trata de la mujer del motel y están haciendo las pesquisas sobre este extraño caso.

26 de febrero de 2005


 
De sol, guapos, tatoos, ya sabeis... tonterias.


Hoy ha salido el sol, y no él sabe cuánto lo echaba de menos, si lo supiera no me abandonaría de esta forma. A punto de morir, he estado. He puesto esta imagen porque es una sensación indescriptible, sobre todo cuando se va acercando la primavera, la calidez del sol que entra por la ventana o por la puerta de la galería, y nos envuelve. Claro que, antes de ponerse así, hay que ver que el vecino no esté asomado a la ventana. Pensándolo bien... si está, mejor para él. Bueno, el caso es que hoy no he disfrutado mucho de mi "querido ausente", pero mañana, que espero vuelva a lucir espléndido, prometo desquitarme. Iré a dar un paseo (a la playa, si puede ser), y aprovecharé para hacerme algunas fotos, a ver si con un poquito de ayuda de las cámaras digitales, salgo un poco guapa. Necesito una... urgente, y es que soy tan poco fotogénica. En fin, los milagos no existen, pero haremos lo que podamos.



Y os preguntareis ¿y este cachas? Pues este cachas me encanta, pero no, no es por sus musculitos. Os lo juro que no, que estoy viendo las sonrisitas de "no me creo nada", es el conjunto. Ya sé que no es guapo, pero yo soy algo rarita para los hombres. Y además, mi hijo es un fan incondicional de su "fast undefurius" o algo por el estilo, esa peli de carreras, y me la he tragado unas 20 veces, más o menos. Que no, que no exagero, creo que se sabe los diálogos de memoria. Y claro, de tanto mirarlo, es casi como un amigo íntimo.
Y me gustan sus tatuajes. Lo que pasa que ahora quizá se ha hecho demasiados, a mí me gusta alguno, no demasiado grande, no esos que llevan todo el cuerpo que ya no sabes lo que es piel, porque está todo dibujado.
Yo llevo uno, y me costó sudores conseguirlo. A mi contrario no le gustan nada. Lo de siempre, lo que a mi me gusta a él, no. Pero, las mujeres cuando queremos algo, no paramos hasta conseguirlo. Y hace 3 ó 4 años lo conseguí. Y es tan buena persona, el pobre, que me lo pagó él, fue su regalo para mi cumpleaños. Ahora, le gusta. Lo llevo en la muñeca derecha, como una especie de pulsera, pero solo la parte anterior del brazo. No, no es la clásica pulsera, tipo greca o algo así. Me costó mucho elegirlo, porque quería algo que no me cansase de verlo, y más en el sitio que está, porque si llevas un tatuaje en la espalda, como no lo ves, incluso te olvidas de él, pero yo lo quería en un sitio no demasiado común. Es como una guirnalda de rosas, con una rosa al centro, y saliendo de ella, los tallos con espinas, hojas, y algún capullo cerrado. A mí, me encanta.
Me gustaría hacerme otro, porque dicen que esto engancha un poco, y cuando te decides a tatuarte por primera vez, quieres seguir. Quisiera hacermelo en un pie. Pero no en el tobillo, si no en el empeine. No sé si conseguiré convencer otra vez a este hombre.
¡Joder! he estado ojeando una revista de mi hija y lleva un diccionario de términos sexológicos que es una pasada. Leyéndolo me he dado cuenta de lo ignorante que soy en esa materia. Como practicarlo, yo creo que lo practico todo, pero oye, eso de saber como se llama lo que haces, como que está muy bien. Pero, no se por qué, todas las palabras, o la mayoría, vienen del inglés. No lo entiendo, porque yo creía que son los que menos sexo práctican. O, a lo mejor, es que son los que menos lo cuentan. Ya sabemos que a los latinos, nos pierde la boca (y ahora no me refiero a nada sexual... mal pensaos), que hablamos mucho y practicamos poco. Así que, ala, manos a la obra, que hoy es sábado "día internacional del polvo", y hay que hacer los deberes.
Y ¿qué haces tú aqui? (ésta es, como siempre, la puñetera que siempre está replicando).- A mí, guapa, me gusta de madrugada, así que aun me quedan unas cuantas horas.


 
Cosas de hoy


Hoy, me he dado cuenta que, cuando dejo que la vida discurra a su aire, sin darle tantas vueltas a las cosas, a los acontecimientos, a lo que yo siento... todo va mejor. Pero es que, tengo esta inquieta cabecita que nunca puede parar de analizarlo todo. Debe estar contratada por los del CSI, y siempre está tomando muestras y desmenuzandolas, despanzurrándolas y sacándoles las tripas en el laboratorio. Y es que, tengo que acostumbrarme a no poner etiquetas ni nombre a nada, a disfrutar de lo que cada momento bueno (que, por cierto, no hay demasiados), me quiere conceder. Os doy permiso para que cuando veais que empiezo a "ordenarme" me tireis una piedra a la ventana, con cuidado, no vayais a romperla.
Tengo un compañero de trabajo que es un solete: todos los días sobre las 5 y media de la tarde me sube un café. ¡Uf! yo no sé cuántos cafés le debo ya. Hoy, ha tenido que salir a visitar a unos clientes, y a la hora del café, me ha llamado por teléfono para decirme que se retrasaría un poco y que no podría subírmelo a tiempo. ¿No es un tesoro? Y yo, a veces... maltratándolo. No, no le pego, que no llego a tanto, pero es que, en ocasiones, tanta devoción me puede, sobre todo cuando no estoy de humor. Otra cosa más que tengo que proponerme: tratarlo bien y aguantarme la mala leche.
Mi pequeñajo estaba hoy radiante, y eso también tengo que agradecérselo a alguien que le ha hecho un regalo muy especial, de esos que no se pueden pagar con todo el dinero del mundo. Sí, es un objeto material, pero no uno cualquiera, es un trocito de una vida. Pienso que es uno de los mejores regalos que nunca le han hecho.
Y además, está enamorado (el peque). Eso no es nuevo, todas las semanas se enamora de una niña distinta. Hoy, se ha puesto en el ordenador para escribir a su amada una carta de amor. Si es que, ha heredado de su madre la pasión por las cartas. Cuando todos ahora mandan mensajitos por el móvil, él escribe, y llena el sobre de corazones, labios, estrellas, soles y lo que caiga. Como aun hace faltas de ortografía, tiene 9 años, en el word le salía la "rayita roja" subrayando la palabra y el pobre no sabía lo que era. Le he minimizado la pantalla, para no leer lo que estaba escribiendo, porque le da vergüenza y además es algo muy personal, y le he explicado como podía saber como se escribía la palabra correctamente. Se ha puesto más contento que unas castañuelas.¡¡¡Qué bonita es la inocencia!!! Como siga así, con tanta carta de amor y cambiando de destinataria a cada dos por tres, va a acabar inundando el cole de declaraciones de amor.
Por cierto, nunca he explicado por qué me puse "la desordenada". Pues bien, el nombre se lo debo a un poema que le gusta mucho a una de las personas que más quiero, una mujer maravillosa que me ha hecho el gran honor de ser mi amiga... si es que tengo suerte, no sé de que me quejo.
El poema, que es de CARILDA OLIVER LABRA, dice:

ME DESORDENO, AMOR, ME DESORDENO

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin querer, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.




 
No hay marcha atrás
Se cansó de luchar con la voz que, desde dentro, siempre estaba incordiándola, haciéndole preguntas, llevándola a la duda.
Se cansó de los sentidos que, cada día, le hablaban de sabores ausentes, aromas nunca conocidos y tactos imposibles.
Se cansó de los sueños que venían a alegrar sus noches, porque al despertarse, le parecía que se habían burlado de ella.
Se cansó de la ansiedad, de la risa tonta, de la sensación de alegría inmensa, de la tristeza que, otras veces, le oprimía el pecho.
Se cansó del deseo, ese que empezaba en algún punto ignorado de su cerebro y como un río desbordado, inúndaba palmo a palmo, su cuerpo. Y la hacía cerrar los ojos, imaginar imposibles, acariciarse, y lanzarse en picado hacía el orgasmo...sin demora.
Se cansó de la espera, y de la duda que andaba siempre escarbando en su esperanza.
Pero ya, ya estaba harta, ella sabría acabar con el culpable de todo aquello. Sí. Esta vez tomaría una decisión, sin escuchar a nadie, ni escucharse. Extirparía de raíz el problema. Y después, se quedaría tranquila.
Ya está hecho.

Y ¿ahora?, ahora se da cuenta que sin él en la mente... está perdida. Se arrepiente, quiere volver atrás, se desespera. Ya no hay voces que hablan, ni lágrimas que acudan en su auxilio, ni imaginarias caricias encendidas.
Ya no, mujer, esto es la nada. Es... lo que tú querías.


 
Y me vestí


Tengo un baúl repleto de tesoros robados. Una noche que estaba asomada en la ventana, levanté la mirada y allí, redonda y plateada, me observaba la luna. Tenía una sonrisa algo condescendiente, yo creo que pensaba que era la más hermosa. ¡Si será vanidosa! rechiné yo, entre dientes, y sin pensarlo un segundo, le robé de un tirón su vestido de plata. Le dió tanta vergüenza encontrarse desnuda que se escondió corriendo detrás de la primera nube que pasó por allí. Fue mi primer tesoro.
Y me entró el gusanillo, así que otra noche, plagadita de estrellas, me llevé seis o siete y también las guardé.
El problema fue el sol, tenía la sabiduría de un diablo viejo, y me resultaba dificil poderlo engañar. Pero le pudo la vanidad, él sabe que lo adoro y tanto le supliqué, que acabó regalándome uno de sus dorados rayos. Y fue a parar a mi baúl.
Después pensé en el mar, en la cantidad de tesoros que guarda celosamente. Él es generoso y me los regaló: un puñadito de algas, tres trozos de coral, espuma de las olas, dos pedruscos de sal. También pude llevarme una vieja botella con un mensaje dentro, cansada de viajar; una gran caracola y una preciosa perla que Neptuno tenía reservada para regalarsela a una hermosa sirena. El mar, que es un celoso, armó un tremendo oleaje y la llevó hasta la playa.
Y yo, seguí mi colección: algún hielo del polo que casi me congela, una pequeña duna perdida en el desierto, piedrecillas de un río, lianas de la selva. Un poquito de viento, unas gotas de lluvia que tenía en un joyero. Un hermoso poema que alguien me escribió, las notas musicales de una canción de amor, un cuento de mágicas palabras y con final feliz. Una carta ya ajada de tanto que leí.
Y no quise olvidarme de una página en blanco, un lápiz de colores, una bolsa con letras y la imaginación.
Aun no tenía bastante, faltaban tantas cosas hermosas que añoraba. Y guardé una sonrisa, dos lágrimas saladas, un suspiro, un sollozo, un grito de placer. Un poquito de miedo y algo de tristeza, una pizca de rabia y un montón de deseo.
Por fin, metí un abrazo muy largo y apretado, un beso que quedó esperando en mis labios y una hermosa palabra que no pude decir.
Hoy saqué los tesoros, uno a uno, despacio. Y mi cuerpo desnudo, con ellos lo vestí. Sin prisas, fuí arreglándolos en minucioso orden. Y ahora, espero paciente, que me desnudes tú.



 
Erase una vez... un día gris


Amaneció lloviendo, y con frío. Tenemos este año un invierno crudo y era lo último que me faltaba. Sí, ya sé que por ahí nieva y están a bajo cero, pero ésto es el Mediterráneo y el sol es mi alimento. Estos días grises van minando, poco a poco, mi estado de ánimo. Como esa diminuta gota de agua, que, cuando te das cuenta, ha conseguido horadar un agujero. Y, además, no he dormido. De eso no tiene la culpa el tiempo, la tiene lo de siempre, las eternas broncas entre padre e hija... el cuento de nunca acabar.
Y digo yo ¿a éstos no los enseñaron a hablar sin discutir? Los observo y estoy segura de que no se escuchan, es como un diálogo entre sordos, están tan ensimismados oyéndose a sí mismos, que, si en ese momento los haces parar y les preguntas que acaba de decir el otro... no saben qué contestar.
Una, porque es joven, y ya sabemos que la juventud es visceral y, muchas veces, creen que conocen la verdad absoluta (lo sé, porque fuí joven) y además no soportan que nadie les ordene. Tampoco saben que van a tener que aguantar muchas órdenes aun en la vida.
Otro, porque cree que el título de padre otorga derecho de propiedad, no sé da cuenta que lo más que otorga son obligaciones y sacrificios. Esa es una de las cosas que creo que los hombres tienen muy arraigada. Y, perdonadme los hombres que leéis esto. Me encanta el sexo masculino y creo que en algunas cosas actúan mejor que las mujeres, pero el sentido de la propiedad en vosotros se hace muy patente. ¡Ojo! no digo que nosotras no lo sintamos, sobre todo con respecto a los hijos, pero creo que lo controlamos mejor, entendemos que deben vivir su vida y que no podemos seguir manejándolos como cuando eran niños.
MI coche, MI mando de televisión, MIS hijos, MI mujer y, realmente, una mayoría se lo cree. Los objetos inánimados no pueden protestar y callan, pero los otros.... se rebelan.
Lo que más me jode, es que luego, ambos dos, se van a dormir tranquilamente, mientras la gilipolla de turno (léase yo), no pega ojo en toda la noche.
Es entonces, cuando quisiera desaparecer, largarme y empezar de nuevo en algún lugar desconocido. ¡¡Ilusa!! no me había dado cuenta de todo lo que me ata: personas, sentimientos, recuerdos, proyectos. Son ataduras que parecen de seda, no aprietan. Hasta que notas: una rozadura en tu muñeca, un tobillo inmovilizado, una ligera opresión en el pecho. Y entonces, te das cuenta que la seda se ha convertido en cuerdas de acero que penetran en la carne y hacen daño si intentas escapar. Sí, puedes dar un fuerte tirón, y aún herida, tener la valentía de largarte y empezar de nuevo. Pero, si me pongo a pensar, pues no sé si la valentía está en romper con todo, o en seguir atada.
¿Os acordáis de aquel famoso programa QUIEN SABE DONDE? Una verdadera putada para el que había elegido desaparecer. Siempre entendí a esa gente, y debía ser un verdadero suplicio para ellos, cuando ya se sentían tranquilos y libres, darse cuenta que el pasado les pisaba los talones. Sí, ya sé que para la familia (según ellos) había supuesto un sufrimiento y una conmoción enormes, pero me hacía gracia que nunca encontraban motivos para su desaparición, según ellos todo iba bien, sin problemas. Y, seguramente, el que puso pies en polvorosa ya lo había avisado en bastantes ocasiones. Pero, claro, lo tomaron a broma o no lo escucharon que es lo que suele pasar.
Total, que en esta vida, hay días que son una mierda y otros... una caca (que no es lo mismo, suena como más llevaderos). Y hoy, me visitaron pájaros negros como los del Capitán, pero seguramente mañana o pasado, lucirá el sol y volverá el ruiseñor a darme una serenata de las que él sabe que me gustan.
Esta mañana, después de la ducha (que esa sí me supo a gloria), se me olvidó peinarme (a saber donde tendría la cabeza). Saqué algo positivo, me dí cuenta que... estoy más guapa despeinada. Si es que el desorden es mi estado natural.
 
Erase una vez... un ruiseñor


Hay un ruiseñor que, a veces, viene a posarse en mi ventana. Quiere parecer altivo y me mira de soslayo, entonces yo me hago la despistada... como si no estuviese. Desaparece durante días y luego, vuelve. Y me canta. Su voz es armoniosa, tierna, plagada de caricias. Yo permanezco inmóvil, casi sin respirar, temiendo que un movimiento mínimo lo asuste y alce el vuelo. No puedo dejar que sepa cuánto me alegran sus visitas, y sus cantos. No puedo dejar que sepa que es como una ración extra de vitaminas, un licor que me embriaga. No puedo dejar que sepa que un calorcillo suave se apodera de mí cuando lo escucho, que mi corazón se vuelve grande y esponjoso y quiere dejar su jaula. No puedo dejar que sepa...
Y yo sé, sé que a él le gusta visitarme, que abre su pecho y lanza al aire su trino más armonioso, que se siente dichoso porque estoy escuchándolo. No puedo dejar que sepa que lo sé.
-¿Por qué estás tan callada?
- Porque escucho tu canto.
- Dime ¿me esperarás siempre en tu ventana?
- Siempre, siempre te esperaré.
- Y... ¿si no vuelvo?.
- Siempre, siempre te esperaré, aunque no vuelvas.
- ¿Por qué? ¿Por qué me esperarás?
- No puedo hoy contestarte.
- ¿Me lo dirás mañana?
- Quizá... si vuelves.
- Tendré que volver para saberlo.
- Tendrás que volver, y aqui te esperaré, tras mi ventana.
Se ha dejado engañar, es una excusa. Él sabe que mañana tampoco diré nada y seguirá preguntando y seguirá volviendo. Y yo, yo sé que él lo sabe, y seguiré fingiendo que creo que lo engaño.
Me mira, y lanza un último canto de despedida. Yo, despacio, acercó a él mi mano y lo acaricio. Y siento la calidez que transmite su cuerpo. Por un momento, veo como se cierran sus ojos por el placer de mi contacto.
-Anda, vete, que es tarde y el aire hoy es muy frío.
- Y tú, a dormir. Y cierra la ventana. Pero, ábrela mañana para mí, que a lo mejor, me apetece venir a visitarte.
- La encontrarás abierta, y ... si no estoy, me llamas.
Y veo como alza el vuelo. Y cierro mi ventana. Y me digo que ese pequeño ruiseñor es mi esperanza. Y volverá, mañana.



 
Interioridades
Hum........ me parece que este título puede dar lugar a equivocaciones. No, en este momento no voy a contar mis interioridades, es de otros interiores de los que quiero haceros partícipes. Dándome un paseito por estos mundos infinitos e insondables, me he topado con un estudio o teoría, digno de mi admirado Javier y me ha apetecido traerlo aqui. Es un poco largo, pero vale la pena. Yo, me he divertido mucho.

PAPEL ACTUAL DE LAS BRAGAS EN LA INDUMENTARIA FEMENINA. UN ESTUDIO EPIDEMIOLÓGICO.


Discusión. Teorías Explicativas.

Filogenéticamente hablando, la braga es un invento de aparición reciente , al menos en Europa, si la definimos como prenda ceñida al cuerpo en zona genital y alrededores ya que la ropa íntima usada antiguamente no se ceñía al cuerpo sino que era más bien holgada. Aceptando en cualquier caso a los pololos y refajos como antepasados de las bragas lo que está claro es que en tiempos pretéritos estas prendas cubrían una superficie de la anatomía femenina claramente superior a la actual. La pregunta es ¿porqué se ha producido esta reducción progresiva a lo largo de decenios?
Ante este sorprendente hallazgo en nuestro grupo investigador se han propuesto diferentes teorías:
Nuestros colaboradores freudianos aseguran que este comportamiento de las mujeres es un ejemplo típico de un mecanismo de negación. Parece que las mujeres estén diciendo:" no tenemos el culo tan grande...no véis qué braguitas más pequeñas usamos... ". Un dato en favor de esta teoría es el hecho, que nosotros hemos comprobado, de que las mujeres anoréxicas utilizan las tallas de bragas más pequeñas disponibles y ya es conocida la negación de las formas femeninas que se produce en este trastorno.
Otros miembros de nuestro equipo que no creen que las mujeres sean tan inmaduras y acomplejadas proponen que se trata de un comportamiento de provocación sexual y que las bragas diminutas cumplen la finalidad de aumentar la excitación sexual en los varones. Esta teoría nos parece también muy débil y varios datos observados la contradicen como por ejemplo el hecho de que el tamaño de las bragas es similar en las mujeres que tienen una vida sexual activa y en las que no la tienen ( por ejemplo solteronas birrochas). Además, y esto es más concluyente, O'Riley llevaron a cabo un estudio en el que un grupo de varones desnudaba a varias mujeres portadoras de lencería último modelo frente a un grupo control en el que los varones desnudaban a mujeres vestidas con corsé y pololos a la antigua usanza. La excitación sexual, medida por pletismografía peneana, fue claramente superior en el grupo control.
Otra teoría sugiere que el asunto se reduce a una manipulación de la industria textil y de la moda para vender unos trapitos enanos a precio de oro. Uno de nosotros ha calculado a ojo de buen cubero que el centímetro cuadrado de lencería fina sale más o menos por lo mismo que el metro cuadrado de piso de nueva construcción en el centro de cualquier ciudad importante, lo que no está nada mal. Parafraseando a Churchill se puede decir que nunca tantas pagaron tanto por tan poco.
Otra teoría es la teoría funcional. Según esta teoría, los grandes pololos no eran funcionales y en el mundo moderno se ha simplificado el vestido de las mujeres a medida que se ha incorporado a todas las actividades de la vida moderna: mundo laboral, conducción de vehículos, calefacción en los hogares, mejor alimentación, etc. Esto parece que es cierto en buena medida y la misma evolución que la braga podemos decir que ha seguido el calzoncillo que en otros tiempos llego a cubrir desde la cintura hasta los tobillos. Sin embargo hay que decir que el CCC de los varones (cociente calzoncillo-culo) es siempre superior al CBC (cociente braga culo) aproximándose a 100 para los calzoncillos tipo boxer y no ba­jando generalmente de 50 para los slips ( por contra un CBC entre 10 y 25 es el más fre­cuente en las mujeres) Además hay que decir que si el CBC es muy pequeño ( por debajo de 50 según los testimonios de las usuarias) las bragas tienden a introducirse por la raja del culo o hendidura interglútea lo que más que funcional resulta molesto. Hemos de de­cir que en algunos casos en los que el CBC era inferior a 10, sobre todo en mujeres obe­sas, hemos tenido problemas para encontrar las bragas de la señora y poder medirlas ya que no eran observables macroscópicamente por hallarse perdidas entre tanta grasa, celulitis y pliegue cutáneo.
Ya que estamos hablando de la teoría funcional habría que dilucidar primero cuál es la función de las bragas (si es que la tienen), cosa en la que los diferentes autores no se ponen de acuerdo. Para unos es estética, para otros térmica, mientras que para otros es principalmente de sujeción. Según Evans , la reducción de tamaño de las bragas se ha producido porque su principal función actualmente es sujetar los elementos de la higiene íntima femenina como salvaeslips, compresas, etc lo cual puede conseguirse con un CBC bajo. Sin embargo los datos son contradictorios. Por una parte los calzoncillos, que tienen más que sujetar, es verdad que no se han reducido tanto pero los calzoncillos más grandes (boxer) no es que sujeten más, precisamente. Por otro lado, las usuarias de los años 90 que han aumentado algo el tamaño de las bragas nos decían que así sujetan mejor la parte baja de la barriguita lo cual las hacía más esbeltas. Creemos que son necesarias más investigaciones al respecto.



Conclusiones.

Creemos que el papel de las bragas en la vestimenta femenina moderna no está nada claro y necesita ser redefinido. Las mujeres deben preguntarse si las bragas que es­tán utilizando actualmente responden a sus necesidades y en base a ello decidir si el rumbo que lleva la ropa interior en su conjunto es el adecuado. Nosotros pensamos que una mayor concordancia entre el tamaño del culo y el de la braga que lo cubre sería más natural, funcional, ecológico y saludable.
Postdata: Las mujeres actuales tienen tanto culo como sus abuelas, mal que les pese, y no por menos braga usar adelgazas más temprano.

¡¡¡Lo que se aprende!!!

 
La noche de los sentidos


El anuncio de neón del garito “El sabor de la noche” parpadea. La mía, desde esta esquina sin nombre donde el frío congela mi sangre, sabe a vómitos, alcohol y fetidez de aliento. “Todo tacto quema” en esta piel manoseada y ajada, de olores rancios y enmohecidos. Se perdió en el tiempo: su tersura de brillante seda, su sabor a frutas y su olor a primitiva hembra. Al fin, alguien desliza en mi oído “una súplica muy dulce”: Morenita ¿cuánto pides?.
 
¡¡¡¡Atchisssssssssssssssssss!!!!


Estoy hecha polvo. Pensaba que este año no me tocaba a mí ¡ilusa!, pues sí, también me pilló el bichito ese asqueroso. Tengo la cabeza que, yo juraría, que me ha crecido; en serio, la siento tan pesada. Deben ser los pensamientos que están enmarañados, enredados entre sí, y no hay manera de encontrar el cabo para tirar de ellos. ¿Y el cuerpo? Parece que haya salido de un combate de boxeo, y perdí, claro.Me duelen las piernas, los brazos, la espalda, el cuello... hasta las pestañas.
Y ¿creéis que esta gentuza de mi casa se preocupa? Nada, ellos a la suya. Claro, como no me quejo y nunca me pongo enferma. Soy la "supermegawoman". Ya me lo decía mi madre: "Niña, hay que aprender a quejarse un poquito más, para que te hagan caso; o cuando estés enferma, no se lo van a creer" ¿Por qué no haremos caso a nuestras madres? Son un pozo de sabiduría, de verdad. Siempre hacemos caso a los consejos, demasiado tarde.
Ahora que yo, también tengo un truco. Más que un truco, diría que se trata de sacar "el sargento" que hay en mí. Aguanto, aguanto un poco más... hasta que los ojos se me ponen rojos, inyectado en sangre (exagero un poco, pero es que queda mejor) y los pongo a todos firmes, sin darles la oportunidad de rechistar. No me dura mucho, pero durante algunas horas son como corderitos obedientes.
Hablando de animales, mientras cenaba, estaba puesta la televisión (¡qué rara es mi casa! ¿verdad?), y en ese momento se veía un programa sobre animales en la televisión autonómica: "pata, pico... y no sé que más". El programa no está mal, pero hoy ha salido un reportaje (se ve que les ha parecido gracioso), del que ganó uno de los primeros concursos del GH, sí, ese que se dio una piña con la moto y casi la palma... ¡joder! no me acuerdo de como se llama. Bueno, es igual, el caso es que le había preparado una fiesta de cumpleaños a su perra y había invitado a ¡¡¡¡¡¡TODAS LAS MASCOTAS AMIGAS!!!!!! La homenajeada iba vestida de sevillana (aghhhhhhhhhh), y como buena anfitriona, esperaba en la puerta a sus "amigüitos" (no me equivoqué con la diéresis, la puse a propósito): más perritos, un gatito y hasta una iguana. Me pusé el termometro, tenía que tener fiebre y eran alucinaciones. No, no puede ser que haya gente tan gilipolla. Lo más increible es que hubo tarta, con velita y todo. Si, realmente, los animales piensan (que no lo sé) ¿Os imagináis el concepto que tendrán de los humanos? Aysssssssssssss.............
La imagen tiene una explicación: ¿no os parece fantástico recuperarse así cuando una está malita? Claro, que yo cambiaría a la viejecita, por un atractivo especimen masculino, de mirada penetrante y voz envolvente que leyera para mí.
Ayssssssssssssssss..... soñar es gratis (de momento, claro)
 
Sombras (III)


Las manchas de la pared se han convertido en un teatro de sombras chinescas, donde ella es actriz y espectadora. Acaricia el tatuaje que hace años grabó en su muñeca, y recuerda como volvió él a dibujarlo con la punta de la lengua. Le parece sentirla como un estilete húmedo, recorriendo cada una de sus formas.
Se ha colocado delante de ella, y recorre lentamente su cuerpo, siempre siguiendo el mismo orden: empieza con la mirada, dejándola resbalar como agua tibia por su piel, luego vienen las manos, con leves roces de largos dedos que erizan su vello, y por fin, la boca, en un juego interminable de labios y lengua que la abrasan. De vez en cuando, los dientes dejan pequeñas marcas en su cuerpo, en el punto exacto entre el placer y el dolor.
Su cuerpo se ha tornado puro deseo y su mente se ha cerrado a cualquier pensamiento que no sea el placer que siente. Los pezones duelen, de tan henchidos y duros como los siente y su sexo está empapado por el flujo que mana sin descanso.
Él la acuesta en la cama y se divierte jugueteando con la lengua en el hueco de su ombligo. Desciende hasta el pubis y vuelve a subir, una y otra vez. Esa ansiedad porque ponga la boca donde ella desea, la está volviendo loca. Mientras sigue con su juego, las manos aprietan y pellizcan sus pechos. Ella, clava las uñas en su espalda, dejando grabados cuatro surcos rojizos como un arado.
Por fin, la boca se hace dueña de su sexo. La lengua se retuerce como serpiente ardiente que explora todos los rincones, entrando, saliendo, lamiendo. Los labios se apoderan de su clítoris, rodeándolo, apretándolo. Grita. Un grito brutal y salvaje, mientras coge su cabeza con las manos y se aprieta contra ella, restregando. Desea que toda su cabeza penetre en su interior. Abre más las piernas, sin parar de gritar. Hasta que por fin, un orgasmo la sacude de arriba abajo como una descarga eléctrica capaz de paralizarle el corazón. Luego, atrae su cabeza hacia ella, y, como una perra con su cachorro, lame milímetro a milímetro su cara, saboreándolo y saboreándose.

(En el próximo el desenlace)

 
Imagen


He encontrado una página de fotomontajes que me encanta. Y es que la fotografía es otra de mis pasiones. Es una de esas cosas, que descubrí por casualidad (la página y mi pasión, ambas dos). Antes del descubrimiento, yo era la típica que llevaba la cámara al cuello, a poder ser automática de esas que no tienes que hacer nada, sólo darle al botoncito y listo. Ella medía la luz, la sensibilidad, la distancia, el enfoque... todo. Luego llevaba el carrete a revelar y se acabó. Pero, una temporada de esas que me inquietan de vez en cuando, en las que siento una especie de ansiedad por cambiar mi mundo, cayó en mis manos un folleto de la casa de cultura de mi pueblo. En él se informaba que el exceslo ayuntamiento iba a crear diferentes escuelas municipales, una de ellas la de fotografía.
Y, ni corta ni perezosa (mi contrario dice que cuando quiero algo no hay quien me pare), me apunté. Tuve la suerte que el profesor era un enamorado de su profesión, un chico joven que no le importaba perder fines de semana (sábados y domingos) para irnos por ahí a fotografiar todo aquello que se nos ponía a tiro, con el fin de hacer prácticas de la lección técnica que habíamos aprendido durante la semana.
Esto no es muy normal en un profesor, ya que esas horas no las cobraba, pero también es verdad que disfrutaba un montón con nosotras, porque creo recordar que una mayoría eramos mujeres, en una proporción de 7 contra 2 (más o menos). Esto nos sirvió, además de para hacer el trabajo ameno, para crear una corriente de amistad entre todo el grupo que aún dura después de 9 años desde que finalizamos el curso.
A lo que iba, que siempre me enrollo. El caso es que el trabajo de laboratorio, porque revelábamos y ampliábamos nuestros carretes, fue una experiencia incomparable. A raiz de esto, tuve que comprarme una cámara manual, aprender a medir todo lo medible, y sobre todo a mirar con otros ojos una buena foto. Fotografié todo lo fotografiable, utilicé a toda la familia como modelos (gratis, claro), hasta convencí a alguno para recrear desnudos. Aprendí todas las ténicas que se utilizaban hace años y pasé horas coloreando fotos en blanco y negro. Aunque me gustan más, fue para aprender como hacían antes cuando aún no existía la fotografía a color. Es un trabajo muy detallista, ya que tienes que conseguir que los colores parezcan naturales.
En fin, que mi curiosidad no tiene límites, por eso dicen (las malas lenguas) que soy la eterna insatisfecha, pero es que yo me pregunto ¿que sería de mi vida sin sueños?.
 
Otro vicio más


Por si no tenía bastantes vicios, ya puedo ir sumando otro más a la larga lista: pasearme cada día por los blogs que me gustan e intentar descubrir alguno nuevo. Está bien lo de los enlaces, porque vas a leer a alguno de tus habituales y allí descubres otros, y en éstos, otros. Es como una rueda sin fin. Me sorprende constatar la cantidad de gente a la que le gusta escribir, e incluso es como una necesidad (me incluyo en éstos últimos), y además lo hacen muy bien.
Algunos son temáticos, otros comentan la actualidad, otros cuentan cosas de su vivir diario, historias inventadas. Pero, en todos ellos, van dejando rastros de su personalidad. Los que más me gustan son los personales, porque, en ocasiones, me siento indentificada con lo que estoy leyendo. También dejan entrever, los gustos, las manías, el estado de ánimo de su autor.
Y, llega un momento, en que es como si tuvieras empezadas unas cuantas novelas a la vez. Y sientes la necesidad de continuar, de ver que le está pasando hoy a menganito/a, o que se ha inventado fulanito/a.
No sé como llegué hasta aqui. Bueno, sí que lo sé, gracias a alguien especial, que me habló de esta forma de comunicación y que me anima a seguir. Y nunca podrá imaginar cuánto se lo agradezco y lo bien que me sienta soltar aqui mis pensamientos.
Escribir (lo hago desde hace algún tiempo) me ha cambiado la vida. Sí, es verdad, a nivel personal y emocional. Además de la oportunidad que me ha brindado de conocer a otras personas que comparten mis inquietudes, es una vía de escape, un análisis continuo sobre mi misma y mis emociones. Es un mirar hacia dentro y entenderme mejor, cosa que no siempre resulta fácil, sino todo lo contrario.
No son tan malos los vicios ¿no? (Lo que me recuerda que tengo que dejar de fumar)

 
Un poco de todo


Hoy ha sido un día, de esos que cunden. Me explico: he sido una máquina eficiente. Puse todo el trabajo al día, hasta algunos papeles que habían criado ya telarañas, y además, con el mínimo esfuerzo, oyes, hasta tuve tiempo de tomar un café a media tarde. Y claro, eso de irse una a casa con el "deber cumplido" como que llena mucho. Es que odio esos días, que no paras ni un minuto, y cuando toca "plegar" te preguntas ¿qué coño he hecho hoy? No, no es que tengas los mismos asuntos pendientes que cuando llegaste, es que han tenido descendencia (claro, estuvieron tanto encima de la mesa que tuvieron tiempo de procrear y todo). Joder, que mala leche se me pone. Claro que también ha tenido mucho que ver, que no le he visto el pelo al jefe en todo el día. Y es que da tanto por el saco: si tienes trabajo, mal, porque no me deja parar; y si no tiene, peor, porque se sienta tranquilamente de charla y luego, una servidora, a correr si no quiere que se le amontone la faena.
Tuve una conversación interesante con una amiga sobre feminismo. Y es que, no me siento muy identificada con la imagen que me venden algunas feministas. Vamos a ver, algunas critican las actitudes de los hombres, y luego me doy cuenta, que en vez de luchar contra eso, lo que hacen es imitarlos y hacer lo mismo sobre lo que han estado despotricando. Ese no es el asunto, creo yo. Por ejemplo, algunas se quejan de que los hombres las miren como mero objeto sexual, y me pregunto ¿y como miramos nosotras a los hombres? Y me contesto: yo cuando veo a un tío bueno por la calle, no le miro el intelecto, vamos, lo que menos le miro es el intelecto, y lo que más.... no os digo lo que miro más.
Desde luego tanto unos como otras, tenemos que desprendernos de prejuicios y tabues que se han ido depositando en nuestra sesera desde tiempos inmemoriales, pero eso también es un problema para ellos. Los hombres, al igual que las mujeres, hemos tenido una educación y hemos vivido con unos modelos que cuesta cambiar.
A mí me encantan los hombres, aunque, a veces, no los entienda. Y supongo que a ellos les pasa lo mismo. Tampoco debe ser nada fácil asimiliar los cambios que se van suscitando en la sociedad. También ellos, como nosotras, tienen problemas para dejar de lado el "rol" que se les ha impuesto por el mero hecho de nacer hombres. Pienso que para conseguir la igualdad en derechos, obligaciones, comportamientos y oportunidades, debemos empezar por nuestra vida familiar, porque también conozco a muchas que por ahí mucho reivindicar y luego, en casa les traen las zapatillas al marido. Y luego, están los hijos, desde pequeñitos hay que inculcarlos el respeto hacia el otro sexo. Y enseñarles a que sean autosuficientes, porque también es un problema para el hombre al que su mamá se lo ha hecho todo, tener que apañarselas solito.
En fin, que pienso que en vez de gastar energías enfretándonos, lo mejor es procurar entendernos. Intentar ser iguales, respetando nuestras diferencias.
¡Jo! parece un mitin político. Prometo que mañana me pondré las pilas y acabaré algo que tengo por ahí a medias.
 
Mis hombres


En algún lugar, no sé muy bien donde, tengo bien guardados los hombres importantes de mi vida.

Está el que llegó primero y que un día se marchó, sin avisar, casi en silencio. Él me dejó la rabia y la impotencia de lo que no tiene remedio. Y me dejó el recuerdo. Fue compañero de juegos, mi Rey Mago, a veces mi maestro. Me enseñó a no mentir, a respetar, a pelear con la palabra, a no temer a nada, a ser tenaz y a luchar por alcanzar mis sueños. Él me arropó en las noches frías y veló mis sueños. Vigiló que creciera sana y fuerte. A veces, dejó que tropezase y que cayese, para darme a continuación su mano y animarme a seguir pisando fuerte. Todavía hablo con él y aunque no puedo verlo, se que me escucha desde algún lugar y que está cerca. Y sé que a veces, aún me arropa por las noches y me desea muy felices sueños.

También está el más pequeño, el más travieso, el que es parte de mí, el que es mi vida. Él me saca de quicio, muchas veces, y otras, me hace llorar con su cariño. En sus ojos de cielo despejado, es donde mejor se refleja mi sonrisa. Es mi preocupación y mi descanso. El torbellino que todo lo vuelve del revés, y el que me da la calma con su abrazo. Yo no quiero que crezca, tengo miedo. Quisiera tenerlo siempre, aqui, conmigo. Yo quiero que sea fuerte, que sea libre para elegir destino. Y que nunca me olvide.

Después está el que me aguanta, el que duerme conmigo. El que me enamoró siendo muy joven y prometió quererme mientras viva. El que me hace enfadar y también soporta mis manías. El que calienta mi cuerpo en las noches frías y me deja mensajes de amor en la nevera. El que cultiva rosas para mí en su huerto. El que, a veces, asesinaría. El que no me deja dormir con sus ronquidos. El que puede pasarse horas haciéndome caricias. El que, sin querer, dejó retrasado en mi camino y tiene que trotar para alcanzarme. El que tiene celos. El que está seguro de que yo le quiero. El que, seguramente, se hará viejo a mi lado.

Hay un rincón pequeño para el amor platónico, aquel primer amor que no se olvida. El que jamás besó mi boca ni tocó mi cuerpo. El que aun hoy, me hace temblar si me lo encuentro. El que me mandaba corazones pintados en el cuaderno del colegio. El que, en una foto de pandilla, tenía nuestras cabezas unidas por un circulo. El que, alguna vez, me ha hecho pensar ¿qué hubiese sucedido?.

Y luego está el extraño, el que la casualidad puso en mi camino. El que vive lejos, pero está al lado mío. El que conoce cosas de mí, que ni yo misma sabía. Es el dueño del tiempo, él convierte las horas en minutos, si me hace compañía. Y si lo espero se transforman en días. Es el desconocido, el regalo que me hizo la vida. El que se espera sin que sepas el motivo. El que ocupó un sillón que lo aguardaba. Es el que temo que desaparezca algún día. Y que deje en mi alma un vacio que no pueda llenar. Y que me duela.

Y luego dicen que no se puede amar a dos hombres a la vez y no estar loca.

 
A veces.............
Buscaba una bonita imagen para poner aqui, pero ando un poco liada y no encontraba nada que reflejase lo que quería decir, que son dos tontería, pero muy importantes para mí.
Y es que, a veces, tenemos la suerte de cruzarnos en la vida con personas que te instalan en el alma una sonrisa. Yo, tengo esa suerte.
Y es que, es algo que llevan dentro. Una palabra, una sonrisa, a veces, su sola presencia es sufiente para hacerme abrir las alas, alzar el vuelo y remontar las sombras.
A veces, ni ellas mismas se percatan de su fuerza. Y me cuentan que no son nada especial y que es mi imaginación las que las idealiza. Pero yo no les creo, porque las necesito... me hacen falta.
A veces, una es feliz con casi nada.

(Gracias Wolfo)


 
Pensamiento


Hoy, pido disculpas por errar en pensamientos herméticos en mi última carta. Se bien lo que me dices, por eso, ven conmigo. Te lo pido.
 
A lo mejor...


No sé por donde empezar. A ratos, mi mente es un caos total (no, no pienso escribirlo con K, si es eso lo que esperais). No me entiendo, no sé que estoy buscando o si busco algo en realidad. No sé por qué no me dedico a vivir mi tranquila vida, tranquilamente. Quería seguir con las "Sombras" pero hoy no tengo ganas, ni inspiración, ni erotismo, ni nada. ¿Por qué mi estado de ánimo es tan cambiante? ... sin motivo. Ha hecho un día espléndido, el sol calentaba y a mi su calor siempre me pone de buen humor, me ha salido una comida riquísima, mis hijos se han ido toda la tarde y nos han dejado solos, al contrario y a mí (que también nos hace falta, de vez en cuando). Me ha dado un masaje, me ha mimado y hasta me he domido un rato. Entonces ¿qué coño me pasa?.
A lo mejor, es que necesito un estímulo constante para mí intranquilidad.
A lo mejor, mi estado óptimo es el de la impaciencia, la incertidumbre, la espera.
A lo mejor, nunca encuentro la felicidad completa, porque si llega la certidumbre... yo me muero.
A lo mejor, nací con la neurona de la sensatez, insensata.
¿Por qué estoy escribiendo ahora todo esto? ¿Por qué somos cada vez más los que volcamos aqui (o en cualquier otro sitio) lo que no nos atrevemos a decir? ¿Esperamos que alguien se identifique con nuestros sentimientos? ¿Esperamos que aparezca nuestra alma gemela? Esa que, según dicen, es nuestro complemento perfecto.
Pero, a lo mejor, no existe.
Y nos pasamos toda la vida buscándola, y no pensamos que nos han engañado, no, somos tan gilipollas que pensamos que no hemos tenido suerte. Que cualquier día, aparece. Mañana, o dentro de un mes, o un año. Incluso a veces, creemos encontrarla, y nos ilusionamos... para nada. Porque al tiempo, nos damos cuenta que no era eso lo que buscamos.
O, a lo mejor, la encontramos, pero ya es tarde. Sí, no me vengais con eso de: "nunca es tarde...", porque, a veces, sí que es tarde. Pasó el tren y nosotros no estábamos en la parada, nos habíamos quedado dormidos y tomamos el siguiente, que a su vez, podía estar reservado para otro que se durmió.
Y me encuentro dando vueltas a lo que no se puede cambiar, a lo irremediable.
A lo mejor, nuestra alma gemela somos nosotros mismos y como no miramos hacia dentro, no la encontramos.
A lo mejor, es que precisamente lo que me gusta es vivir así: soñando, esperando, impacientándome, maldiciendo...
A lo mejor, es que la vida apacible, tranquila, feliz, monótona, no me parece vida.
A lo mejor, es que no debí escapar de la paz de la habitación soleada, de los pasillos silenciosos, de las enfermeras complacientes y las pastillas de colores.
A lo mejor, no debí saltar la verja.
A lo mejor....
 
Sombras (II)


Escucha murmullos al otro lado de la pared y se tapa los oídos... son tan finas las paredes. No importa, sólo necesita lo que queda de noche para descansar. La casera, una vieja “madame” se apiadó de su aspecto y le prestó la cama. “Solo esta noche”-le dijo. Y ella sabe que no necesita más. Pasea su mirada por el techo desconchado, con manchas de humedades. Mira sin ver. Su mente está muy lejos de allí, en el tiempo y la distancia.

Piensa en el día que se encontraron por primera vez. Hacía tiempo que hablaban y se escribían, intercambiaban ideas y pensamientos. Ella tomó la decisión de ir a verlo. No quiso pensarlo más: necesitaba hacerlo, con urgencia. Subió al tren que la llevaría a su encuentro, muerta de miedo y plena de ilusiones. Él le había ofrecido su casa, pero ella rehusó: pagaría un hotel. Quedaron en encontrarse en un café cercano.

Ella llegó primero. Y esperó. Con la boca reseca, corazón en un puño, estómago revuelto y un temblor en las piernas. Y llegó él. Las manos temblorosas, el corazón latiendo, la garganta acerada y hormigas por los dedos. Se encontraron los ojos, se abrazaron los cuerpos, se besaron los rostros, se mezclaron aromas, y los labios se abrieron en sonrisas nerviosas. Y al instante, torrentes de palabras brotaron sin descanso, durante horas enteras, sin dejar de mirarse.

Ella miró su boca que se acercó, temblando, y recibió anhelante el sabor de sus besos. Besos húmedos, de palabras mojadas, que latían en su sexo. Abrazados y ansiosos, se fueron a su casa. Se olvidó del hotel y de sus pertenencias. Se olvidó del pasado, de amigos y trabajo. Se olvidó de su vida.

La colocó, de pie, al lado de la cama y empezó a mirarla. Ella pensó que con los ojos la estaba desnudando. Se colocó a su espalda. Ella sentía sus labios, tan cercanos, sin tocarla, mientras que los dedos iban desabrochando los botones de su vestido. Sintió fuego en la nuca, cuando pasó la lengua camino de los hombros. El roce de los dientes en la piel le doblaba las rodillas. Y él seguía desnudándola...

(Mañana más, que es muy tarde)
 
Sombras


Sombras


La habitación está en penumbra. Es una fea y sucia habitación de motel. El primer motel que encontró en su camino de huida. Huida hacía ninguna parte. Se fue sin nada: sin maletas, ropa, dinero. Se fue sin vida.
Está tumbada sobre una cama destartalada, con colcha de flores, que se entremezclan con manchas de todos los colores y texturas. No le importa, ella también está sucia. El olor agrio y rancio de la habitación se entremezcla con el que ella desprende: sudor, lágrimas, sexo... olores salados. Duelen, sí, los olores también duelen. Se meten por la nariz y golpean las vísceras. Siente sus golpes como si estuviera en el ring. En el último asalto le dieron fuerte y aún sangran las heridas.
No siente los latidos de su corazón, no tiene pulso. Ese músculo inconstante y ruin, la abandonó. Como todo, como todos......

(Continuará mañana... toi rendía)
 
Desintegración

Está decidido, amor. No me harás cambiar de parecer, aunque te empeñes. No estoy pidiéndote opinión, no, sólo te aviso, para que no te pille de sorpresa. No hay marcha atrás, no me arrepiento: voy a mudar mi aspecto. Sí, seré materia cambiante, moldeable, me acomplaré gustosa a tus deseos y pensamientos. ¿Te ries? ¿No me crees? Me alegra que lo tomes así. He experimentado ¿sabes? Y sé que puedo hacerlo.
Puedo ser tu alimento, el agua que refresca tu boca reseca, el aire que respiras y... hasta tus pensamientos. Sí, ese mismo que ahora se está asomando a tu cabeza, o ese otro que a veces te da miedo, el que te alegra o el que te entristece, el lascivo que enciende tu deseo.
Puedo ser la gatita mimosa, que ronronea confiada y segura en tu regazo, sintiendo tus largos dedos jugando con mi pelo; la perrita fiel y juguetona que sigue tus pasos por la casa, esperando ansiosa tus caricias.
Puedo ser música que inunda tus sentidos, que te llena de paz o de zozobra; y aroma: de espliego, rosas, jazmines o violetas. O cuadro, imagen que enamore tus pupilas. También dulzor de azúcar en tu boca, acidez del limón, chocolate que se deshace en un baño de saliva, o menta; y el sabor de las gotas de lluvia, o de las olas. Incluso puedo convertirme en la fría seda que acaricias, en cálida lana de bufanda, en mullida toalla o en felpa suave que viste tu cuerpo.
Puedo ser cualquier cosa que desee: tu cepillo de dientes, el peine que acaricia tus cabellos, el colgante que llevas en el cuello, el lápiz con que escribes, tu juguete, la cama donde duermes, el libro que olvidaste en el estante, tu sillón preferido, la almohada donde apoyas la cabeza, tu sombrero, el polvo de los muebles y esa mancha del suelo que no desaparece aunque te empeñes.
Y sé que puedo hacerlo, porque ayer fuí el agua de tu ducha. Agua tibia que exploró tu cuerpo. ¿No oiste mis gemidos de placer? ¿No viste como demoraba mi caída al suelo? ¿Y mis lamentos? ¡Qué gritos de dolor cuando me escurrí por el desagüe, sin remedio! Quería pegarme a tu piel, eternamente. Pero no pudo ser, no como agua, al fin y al cabo todos tenemos un destino. Y me hice aire. Y me colé puro y limpio en tus pulmones. ¡Qué placer estar dentro de tí! Me adormecí con el ritmo pausado de tu respiración, era... como bailar contigo, recostada en tu pecho. Esta mañana, salí con un bostezo, aproveché un descuido tuyo y te besé en la boca... casi me muero.
Y ahora, ahora mismo, soy el nudo en la garganta, la opresión en el pecho, la lágrima que brota de tus ojos y la sangre que corre por tus venas.
Todo esto soy, y quiero seguir siendo, lo juro, hasta después de muerta.


 
Mil Padres Nuestros (Lola Bertrand)
Este texto me lo ha prestado amablemente una muy buena escritora de la que tengo el honor de ser compañera de grupo. Lo leí y me gustó muchísimo, lo sentí muy cercano a mi interior. Gracias, Lola.



MIL PADRES NUESTROS


-Ave María purísima.
-Sin pecado concebida, ¿ de qué te acusas hija?
-Me acuso padre, de ser una perra salvaje en celo…
-Por el amor de Dios bendito ¿Qué forma es esa de expresarte?,
matiza hija mía.
-Padre , me acuso de caer en el pecado de la carne.
-Real o virtual, alma bendita.
-Virtual-real, padre.
-Explícate, hija de díos, me cuesta entenderte.

-Mire padre: yo le toco y el me toca.
-¿Os tocáis los dos, donde…?
- En los ojos, padre, en la punta de la lengua, en las palabras. Nos
tocamos la garganta hasta hacernos daño.
-¿Y la piel?, me confunden tus palabras de oveja descarriada de las
praderas del señor…
- La piel también, padre, esa piel que nos surge en el ocaso antes de
que la noche se haga virgen perpetua en nuestro cuerpo: yo me
convierto en agua y él en arena de infinitos poros.
-Me confundes, hija, ¿estás confesándote o componiendo un poema?
–Estoy componiendo un poema, padre, ¿cuál es la penitencia?
- Tu penitencia es él, y tres padres nuestros; pero dime : ¿cuando
gritas su nombre?
-Siempre, padre, siempre, hasta en los momentos más íntimos de mi
vida.
-Entonces mil padres nuestros, y serán pocos, no te olvides…
-Gracias padre , poca sentencia para tan larga condena…

( Esa noche desnudé mi alma ante ti Dios, ese dios, era una excusa
para hablarte, para sentir en mi vientre la punzada azul de tu
respuesta…)

Lola Bertrand
 
Que no, que no voy a dejar de aburriros


No, no voy a hablar de Joaquin Cortés, es que... no he podido resistir la tentación, me he encontrado con esta foto, navegando por los mares cibernéticos, y me he dicho: vamos a alegrarles la vista. ¡Qué cuerpazo tiene el chaval! Claro, que mucho mérito también hay que dárselo al fotografo. Seguro que alguno de vosotros, hombres, estáis pensando: "Todo el mérito es del fotógrafo, si a mí me hacen una foto así, salgo igualito" Jejejeje, pensarlo otra vez, va, abrid los ojos a la dura realidad.
No quiero ser muy cruel, pero es que hoy me ha dado por ahí, me toca hacer un poco de mala, si no lo hago cada cierto tiempo... como que me falta algo.
Me encanta desayunar sola, sin prisas. Suelo colocarme los cascos y algo de música, y cojo un libro, mientras me tomo mi cortadito y picoteo algo dulce. Me importa una mierda la linea (en ese momento), pero que nadie mi toque mi momento de autocomplacencia. Pues hoy, mi contrario no trabajaba y ha desayunado conmigo. Eso no me molesta, pero es que siempre tenemos otro invitado (para mí indeseable): la tele.
¡Joder! y de buena mañana, menudas noticias. Ahora está de moda liarse a tiros por "quítame allí esas pajas". Que el vecino no me ha dado los buenos días... pum. Que mi novia se ha ido con otro.... pum. Que me han cateado las matemáticas... pum. Que el ciber ligue es un estrecho y no quiere sexo... pum. Primero se cargan al que se les antoja, y luego, si acaso, se suicidan. Pero, éstos son los menos. Los más, a veces, lo intentan, pero no sé qué coño pasa que casi siempre les sale mal. Y digo yo, que si tanto sufren ¿por qué no se matan ellos directamente? Y de paso, no estorban.
Así que, con todo esto, no entiendo yo a las mújeres (que son mayoría, no digo yo que no haya hombres en el mismo caso), que se pasan media vida aguantando el acoso de sus ex y muertas de miedo sin salir de casa. Si la solución es bien sencilla: escopeta de cañones recortados y... se acabó el problemilla. Unos cuantos años comiendo del estado y a la calle, tan ricamente. No quiero yo dar ideas, pero el ejemplo que vemos a diario, está clarísimo.
De las eternas guerras entre eternos enemigos, ya, ni hablamos, porque ese es el cuento de nunca acabar.
Y luego, luego se pasan como dos horas hablando de fútbol, de los fichajes, de los entrenadores, de los que vienen, de los que van. Me recuerda a un mercadillo, con rebajas incluidas.
En este punto, mi paciencia ya se había agotado y me fuí a lavar los platos. Es una tarea que siempre hace mi contrario, pero no podía soportar más la tortura de la caja tonta.
Ahora estoy pensando si el sinvergüenza no lo haría a propósito para escaquearse.
En fin, que voy a deleitarme con el cuerpo escultural del de aqui arriba que es todo un regalo para los ojos.
 
Demasiado tarde para María


Demasiado tarde para María


El estampido del trueno rompió el silencio de la noche. Desperté sobresaltada y bajé, de un salto, de la cama, para asomarme a la ventana. No, no llovía y no había ni rastro de tormenta. Agucé el oído y llegó hasta mí un gemido suave, casi imperceptible, como de un gatito perdido.
¡María! - me gritó algo en mi adormilado cerebro. Abrí la puerta de su habitación y la escena me golpeó las pupilas. Papá, arrodillado junto a la cama, con la cabeza apoyada en ella, como si se hubiese quedado dormido. Podría haber estado rezando, si no fuera por sus pantalones bajados hasta las rodillas y las gotas de sangre que caían de su pecho, formando un gran charco en el suelo. María, sentada en la cama, desnuda y acurrucada, se balanceaba adelante y atrás, mientras en su mano derecha, sostenía la pistola reglamentaría de papá.
Me miró, y en sus ojos, interrogantes, vi el reproche.
¿Por qué? ¿Por qué no le hablé de lo que podía ocurrir? ¿Por qué no le dije que ella no era culpable? ¿Por qué no le supliqué que si algo pasaba confiase en mí? ¿Por qué no le conté lo que sucedía por las noches desde que murió mamá? ¿Por qué? Lo supe, lo supe, desde el momento en que vi como la miraba papá, igual que me había mirado a mí muchos años atrás. Y me engañé, tranquilicé mi conciencia: diciéndome que no podía pasar, que él nunca le haría algo así a su niñita.
¡Dios! mi pequeña hermana. Ella, se levanta despacio, deja la pistola encima de la cama y viene hacía mí. Me rodea con sus pequeños brazos y nos acunamos, mientras me susurra dulcemente al oído: “Ya pasó, Merche, ya pasó”.
Le pongo el camisón y cogidas de la mano vamos hacía el salón. Descuelgo el teléfono y marco el número de la policía.

 
Gotas de lluvia que al caer..........

Pues sí, sigue lloviendo. Es lo que tiene el Mediterráneo: igual se pasan tres meses o cuatro, o cinco, sin que caiga una gota, como, de repente, se pasa una semanita "dale que te pego". En fin, no todo iba a ser vivir en el Edén, que para eso Melendi dice que "el jardin de Adán y Eva estaba en territorio astur" y no aqui.
Ayer, ayer fue un día especial. Sí fuí a tragarme el rollo de clase y, oyes, casi me duermo, que se me cerraban los ojos, y la lista de mi hija dice que es que me hago mayor... mayor ya estoy, no te jode. Si se pasará ella ocho horas trabajando fuera de casa, unas cuentas más (tengo que confesar que cada día menos) en casa y encima un montón de extras, veríamos si no se dormía también ¡lo que hay que oir!. Pues eso, que me entraba un muermo tremendo, eso sí, automáticamente asentía a todos los "¿de acuerdo?" que soltaba el profe. Porque no, no me puse minifalda, no tengo ganas de coger una pulmonía... ya vendrán tiempos mejores.
Después del rollito estudiantil, hablé, vía telefónica, con alguien muy especial, una larga conversación que ¿pa qué voy a mentir? se me hizo corta. Y eso que me ocupó todo el viaje de regreso a casa en tren y ... algo más. Hay que ver cuando estás agusto, lo rápido que se pasa el tiempo. Y luego dicen que todas las horas tienen sesenta minutos, pues... no estoy yo muy segura.
LLego a casa y mi contrario y su vástaga habian reñido ¡¡¡qué raro!!!, son jodidamente iguales. Cada uno en un extremo del sofá. No sabía si echarme a reir o a llorar. Que se apañen ¡coño! que cualquier día de estos me van a dar el novel de la paz, siempre de mediadora de buena fé. Me pillaron de buen humor, porque si llego a estar de malas, a saber lo que hubieran tenido que escuchar por esta boquita. En fin, que pasé de ellos olímpicamente, dí cuatro bocados (que estaba desmayá) y me encerré en la habitación con el ordenador, que de momento, es el que menos disgustos me da, no sé que haría yo sin él. Es lo bueno que tiene, que lo puedes apagar cuando te plazca. El día que inventen el mando a distancia para apagar a la "family" soy la primera en hacerme con uno. Iban a pasarse la mitad del día en "off".
Aqui, con mi querido compañero de fatigas, tuve dos sorpresas, una buena y otra mala. Y ahora toca preguntar ¿cuál cuento antes, la buena o la mala?. Y como no hay nadie que me conteste, la buena me la guardo pa mí sola, que al final vais a saber más que yo. Y la mala, pues que la lluvia me hizo una faena y se me cortó la luz. Así que, cuando mejor estaba.... me quedé a oscuras. Si es que la vida es así de jodida y mala leche. Otro día será, no pierdo la esperanza.
Tengo a mi enano, que pa mí que va a dar un estirón. Anda alicaido, cansado y me cuesta "Dios y ayuda" levantarlo por las mañanas. Y eso, en él que, nunca, nunca, nunca se le acaba la energía, que parece que utilice pilas Duracell las que duran, duran y duran, es muy extraño. Esta mañana me decía: "Mami, esto no es normal, con lo que a mí me gusta el cole (y es verdad, lo juro) y no tengo ganas de ir, estoy cansado". Como me ha visto con cara de preocupación, me ha dado un abrazo y, en ese momento, no me hubiese importado que se volviese eterno. ¡Dios! no quisiera que creciese. Es como abrazar a un oso fuerte, con un corazoncito tierno y frágil, que da miedo apretar por si se quiebra. A veces, en broma, le digo que dentro de nada le dará vergüenza que lo bese y lo abrace. Y, se pone muy serio: "Núnca, mami, núnca, dejaré de darte muchos, muchos besos" Sé que no será así, pero mientras llega ese momento, los atesoro en mi hucha mágica, en la que guardo las emociones, las caricias y los recuerdos.
 
Del vil metal

No soporto a la gente avariciosa, por eso núnca tendré un puto duro, o un puto euro, que es lo que toca decir ahora. ¡Qué vida más miserable! Núnca, nunca, tienen bastante. Yo, quiero ser rica, claro que sí, no soy gilipolla, pero para disfrutar de la vida, para costearme los caprichos que ahora no puedo ni oler, siquiera. Pero, vivir solo para atesorar. Conozco gente que trabaja doce horas al día, y no les hace falta, lo juro. Y yo pienso: si cualquier día les va a dar un "jamacuco" y lo va a disfrutar la viuda (no te extrañe que con otro), o va a servir para que los hijos se peleen por la herencia. Yo, lo siento mucho, los míos ya lo saben, les ayudaré en lo que pueda, cuando pueda, pero si puedo no me privo de nada.
Hay gente mayor, ancianos, medio abandonados, viviendo en casas ruinosas y llenas de mugre, porque ni los hijos se ocupan de ellos. Y resulta que cuando la palman les dejan un montón de tierras, dinero en el banco, joyas .... ¡Joder! ¿no tienen dos dedos de frente? ¿por qué no venden todo eso mientras pueden y viven dignamente? Deben pensar que son inmortales, o algo por el estilo.
Mi jefe, es así. No, él vive bien, pero a mí me hierve la sangre cuando lo veo arañando miserías a los trabajadores, siempre regateando como si la vida fuese un mercadillo.
No, yo no quiero vivir así, y morir así, tampoco.
 
Lunes lluvioso
Hoy amaneció lloviendo y el cielo está gris. Ayer, por la noche, se formó una buena tormenta. Eso me gusta, los días grises, no. Cuando hay esa cantidad de relámpagos, me gusta mirar tras la ventana y ver como se ilumina la noche, me imagino a los dioses del Olimpo peleándose a "rayazo limpio". ¡¡Qué imaginación tiene esta mujer!! estareis pensando. Pues sí, ¿qué le vamos a hacer? Añoro el verano, el calor del sol. El invierno, es un coñazo. ¿Y la cantidad de ropa que llevamos? Si hay días que no voy a mear por no quitarme la ropa. Claro, los hombres lo teneis facilito, pero nosotras..... Si llevo pantalones (que es lo habitual con estos fríos) me tengo casi que desnudar; si llevo pantys, idem de lo mismo; y medias con liga, cualquiera se las pone, el trozo de muslo que va destapado se queda congeladito. ¿Y el tanga? llevo todo el día el culo como un cubito. Mi contrario: ¡Joder! niña, no hay quien te toque el culo, me entran escalofríos ¿cómo lo tienes tan helado? ¡Coño! si es que sólo lo tapa la tela del pantalón. Pero, hoy no, hoy me puse pantalones de cuero que no dejan pasar el aire.
Esta tarde tengo clase de la Constitución, bueno no, mejor dicho del Estatuto de autonomía valenciano, que viene a ser lo mismo, más o menos. ¡Qué rollazo! Si es que escriben pa listos. ¿Quien se puede aprender toda esa cantidad de artículos? El profesor hace lo que puede, la verdad, me da pena: ¡qué trabajo tan aburrido! pasarse todo el día repitiendo lo mismo. Es un chico de treinta y tantos, creo yo, muy, muy delgado, con el pelo engominado, y se pasa todo el rato diciendo ¿de acuerdo? ¿de acuerdo?. Me pasa una cosa, cada vez que voy a clases, o en el gimnasio, siempre me encuentro con la mirada del profesor que me da la impresión que sólo se dirige a mí. Me parece que debe ser por la mala costumbre que tengo de mirar siempre a los ojos del que habla, siempre, no lo puedo evitar. El caso es que cuando pregunta ¿de acuerdo? y lo encuentro mirándome, no tengo más remedio que asentir. A veces, me hago la despistada, como leyendo en el libro. Dice su primer ¿de acuerdo? y yo como si no lo oyera... silencio, y vuelve a repetir ¿de acuerdo?. Entonces, levanto la vista y... sorpresa, está esperando que asienta. ¿Será que cree que soy tonta y no le he entendido? Está empezando a preocuparme. Si no hiciera tanto frío me pondría minifalda o alguna falda con "raja" a ver si lo entretengo mirándome las piernas, porque me paso la tarde como una tonta, diciendo que sí, que sí, que lo he entendido.
Esto mío de mirar a los ojos, o mirar sin ver... que también suelo hacerlo, me ha metido en algún que otro compromiso. Este verano, una tarde, me fui a Valencia, por el mero gusto de pasearme cuando la ciudad está casi vacía y entretenerme mirando "trapitos". Fuí en tren, a veces le cojo verdadera tirria a conducir. A la vuelta, me senté en un banco en la estación, esperando que llegase el tren. Estaba hablando por el móvil, cuando terminé la conversación (que fue bastante larga), se acerca a mí un chico que parecía un armario ropero y con muy mala leche me dice: "¿Se puede saber qué miras?". Mi cara debió ser todo un poema, juro que ni me había dado cuenta que estaba delante de mí. "¿Te estaba mirando? Pues hijo, lo siento, no te veía, estaba enfrascada en la conversación y seguramente en ese momento eras invisible para mí" "Pues sí, me estabas mirando" me dijo, más cabreado si cabe. Ya empezaba a resultarme algo fantasma, el tío. "Pues mira, oye, de todos modos, puedo mirar a quien me de la gana ¿no te parece?. Yo también empezaba a cabrearme. "Oye, que no me impresionas con esos aires de chula"... aquí, ya me entró la risa... ¡joder! si era una canción. Y yo, muy chula, sigo: "Que siempre doy con tus huesos, aunque esté a oscuras ¿qué? ¿formamos un dúo?" El tío, de momento, no cayó en la cuenta. Cuando lo hizo, nuestras carcajadas resonaron por toda la estación. Menos mal que conocía le letra de la canción.
 
Para que tengais felices sueños
Y ahora, antes de irme a dormir, os dejo un relato de alguien muy cercano a mí. Alguien que me ha proporcionado muchas satisfacciones y alguna que otra sorpresa. Felices sueños.................


DESDE MI ALCOBA

Espero. Madrugada cálida. La oscuridad y el silencio pueblan la habitación. Desnuda, tendida boca abajo sobre la cama, siento las pequeñas perlas de sudor resbalando por mi cuerpo. No puedo dormir y permanezco quieta, con los ojos cerrados.
Unos dedos húmedos rozan mi espalda, haciendo que un escalofrío me recorra. Sigo inmóvil. Se acercan otra vez, decididos. Ahora recorren mi espina dorsal de arriba abajo, se aventuran por los hombros, los brazos y vuelven a desandar el camino recorrido, una y otra vez.
Llegan un poco más abajo en cada ocasión, acariciando las nalgas, los muslos, las piernas. Es un gran esfuerzo permanecer quieta y callada. Los gemidos se ahogan en mi garganta. El propietario de esos dedos está en completo silencio. Le imito.
No siento nada, se ha detenido. Pienso en decirle que continúe y me adivina el pensamiento.
Ahora es su lengua la que recorre el camino que antes exploraron sus dedos. Se pasea por la nuca, baja hasta los hombros. Esa lengua, serpentina en fiesta, recorre e inquieta mi espalda. Siento humedad entre mis piernas, un fluido caliente empieza a emanar de mi sexo, deseoso de caricias.
La lengua no ceja en su cometido, sigue lamiendo y lamiendo. Está al final de mi espalda, tanteando entre las nalgas. No puedo evitar separarlas y alzarlas ligeramente. Ansiosa, como si tuviese vida propia, ese trozo de carne ensalivado y glotón, se adentra entre ellas, buscando un lugar donde penetrar con su excitante y redondeada punta.
He empezado a gemir y a moverme buscando el contacto con ella, pero ha parado y se ha alejado de mí, dejándome rebosante de deseo.
Entonces unas manos fuertes elevan mis caderas, haciendo que me apoye con las manos y las rodillas sobre la cama. Se desplazan hasta mi sexo y comienzan a explorar todos sus rincones. Unos dedos me penetran profundamente, mientras otros masajean el clítoris hasta hacerme estallar en un intenso orgasmo que se extiende por todo mi cuerpo.
Al momento, siento su pene ardiente que busca desahogar su urgente deseo. Separo las nalgas y le ofrezco el pequeño orificio lubricado, anteriormente, por su lengua. Agarra con fuerza mis caderas y embiste. Una, dos, tres veces, hasta que penetra por completo.
Una vez dentro, me imprime el ritmo deseado. Lento y pausado, al principio, para ir ganando intensidad, poco a poco, hasta sentir los espasmos de su orgasmo, siempre silencioso. Mientras, un chorro de caliente semen se derrama en mi interior.
Permanezco ya relajada y en silencio. En un momento, vuelvo a estar sola. Sobre la mesilla de noche, un pequeño sobre blanco.
Me levanto de la cama y voy hacia la ducha. Doy un vistazo al reloj. Tengo el tiempo justo para transformarme en adolescente y esperar a mi segundo cliente de la noche.
 
Capítulo primero: JULIA Y SUS CIRCUNSTANCIAS (continuación)


A Julia le gusta Dalí, a veces sus sueños son como los cuadros del pintor, surrealistas y extraños, pero con un rico contenido al que hay que buscar el significado. Y le gusta la música, y cantar... mal, pero cantar, al fín y al cabo. Recuerda, perfectamente todo tipo de canciones y le apasionan las letras, donde en muchas ocasiones se encuentra reflejada. Canta mientras límpia, en la ducha (en esto no es muy original), conduciendo, escribiendo, planchando, y hasta pensando. Porque aunque no se escuche su voz, suele llevar una cancioncilla danzando en su mente.
Ahora mismo, Julia no sabe bien como empezar a contar sus experiencias en la red. Y me pregunta si empieza por el orden de aparición de los protagonistas, como en las películas, o por orden de importancia. No sé para qué me pide opinión si, en definitiva, hará lo que le dé la gana.
Sí, empezará por las mujeres, porque son pocas pero muy importantes, tanto, que se han convertido en sus mejores amigas. Ella pensaba que debía estar un poco loca, por los pensamientos y las cosas absurdas que se le ocurrían. Pues no, se vió reflejada en otras hembras que, como ella, se encontraban aisladas en el mundo tridimensional. Entendedme bien, no quiero decir que tanto Julia como sus amigas, no hiciesen vida social o tuviesen amistades fuera de la red. No. Pero con toda esa gente, no conversa como lo hace con ellas, no abre su interior por completo y lo muestra tranquilamente: "Pasen, pasen y vean... como soy por dentro". No. Se lo impide el pudor, y el qué dirán, y los prejuicios y muchas cosas más.
Y luego, seguirá con los hombres, que han sido muchos y variados. Pero, la verdad, a excepción de unos pocos, los demás, no han significado mucho en su vida. Pero eso sí, ha aprendido mucho (o eso cree ella) sobre la naturaleza masculina. Algunos de esos hombres, sólo los conoció en la red, con otros tuvo relaciones personales, íntimas o no, eso lo desvelará más adelante (no seáis morbosos y tened un poco de paciencia).
Los más significativos, los que le traspasaron la piel, los que llegaron a conocer los entresijos de sus sentimientos, los que dejaron huella o aún siguen presentes en su vida, ESOS, llegarán al final de la historía.
 
Del mar, sol, nubes, domingos y palabras


¡Vaya titulo más largo y complicado! Pero... es de todo eso de lo que quiero escribir, de lo que necesito escribir hoy. El domingo no es, precisamente, el día de la semana que más me gusta. En serio, casi siempre estoy abúlica, algo deprimida, perezosa... que no me gusta ¡vaya! Pues hoy, amaneció distinto. Anoche dormí muy bien. Y no es que durmiese de un tirón, más bien diría que estuve toda la noche pensando ¿se puede dormir y pensar a la vez? o quizá, es que soñé que pensaba. Sea como fuere, el caso es que, al despertarme mi cabeza bullía de pensamientos, literalmente. Oía hasta el ruido que hacían en mi mente, dándose de empujones para salir los primeros.
Calma -les dije- calmaos, dejadme desayunar tranquila y poneos en fila, vamos, como si estuvierais esperando en la ventanilla de Hacienda, que seguro que no quisierais llegar los primeros. Me hicieron caso, menos mal (si es que, a veces, mando mucho). A mi contrario, lo tengo contento. Si es que, en realidad, no sé de que me quejo, es tan elemental. Con unos pocos mimos y satisfecho sexualmente, es el hombre más feliz del mundo. A veces, me recuerda a Homer Simpson, y ésto no es peyorativo, me encanta Homer. Y, me hace unos masajes, el cabrón, que me deja nueva. Yo, suelo tener los músculos agarrotados, sobre todo el trapecio que debe ser donde se me acumulan todas las tensiones. Pues bien, me tumbo encima de la cama y empieza a amasar toda la zona de los hombros, no sé como lo hace, pero los deja relajados y blandos que parece casi un milagro. Claro que, luego se aprovecha, y como conoce mis puntos críticos y altamente excitables, se me acaba la relajación y empieza el erotismo. Pero no lo voy a contar, lo dejo a vuestra imaginación, otro día será.
El caso es que relajada de nuevo, cogí el coche y me fuí a la playa. Allí, siempre logro poner algo de orden en mis pensamientos, que estaban empezando a revolucionarse de nuevo. ¡Cómo me gusta el mar! se me haría casi insoportable, no vivir cerca de él. Me senté muy cerca de la orilla, dejando que me mandara gotas de besos salados, y escuchando su murmullo. A veces, me tapo los oídos porque temo hacer caso a su llamada. No, no tengo ideas suicidas (de momento), pero es tan atractivo, que es dificil no dejarse llevar. Por eso, cuando me muera quiero descansar en sus aguas. Me imagino mis cenizas viajando por todas las costas, besando pieles, y oliendo a algas. Tengo una pena: hay un lugar al que quisiera ir a parar, pero, no tiene mar. Quizá algunas de mis cenizas salga volando y llegué allí por los aires.
Pero no, no os vayais a creer que me he puesto dramático, no. Hoy no, son mis pensamientos que van de acá para allá, sin control ni medida.
Ahora quisiera hablaros de las palabras ¿no se hará muy largo esto? es igual, es lo que quiero escribir ahora. ¿Veis? si tienen vida propia, los "jodios".
Bien, a lo que iba, las palabras para mí, independientemente del color en el que escribas, tienen color y sabor propios. Las hay blancas, que son las de los amigos, las de esos que conocen casi todo de mí; que sin hablar, saben si estoy bien o mal; que aunque pase tiempo sin que nos comuniquemos, siempre están ahí: atentos, esperándome y me saben a pan, a leche caliente que calma y alimenta. Las hay rojas, que son las de la pasión encendida, las que me excitan y despiertan mis más oscuros deseos. Y me saben a vino oloroso, a sudor y a sexo. Las hay verdes, no, no son las de la esperanza; para mí, son las de la timidez, las que quieren decir y no dicen; las de esos amigos que desean ser algo más y no se atreven; y dejan caer indirectas que yo hago como si no entendiese. Éstas tienen sabor a fruta: a cerezas, melocotón o mango. Luego están las amarillas, veneno puro, letras llenas de envidia y mala leche. Suelo darme cuenta de su color, pero a veces, me engañan, porque tienen un sentido especial para confundirme, son como los camaleones. Y cuando eso ocurre, hacen daño, duelen. Son como clavos en la madera, que cuesta sacar. Saben amargas, aunque disfracen con azúcar su sabor.
Y por último están las que más me gustan: las azules. Y éstas, no sé como definirlas, porque se reparten por todos mis sentidos como las olas del mar cuando te sumerges en él. Luego, cuando te secas, sigues teniendo su olor y su sabor impregnado en la piel y el salitre brilla en puntitos blancos bajo el sol.
Seguramente por eso las necesito porque son azules, como el mar.
 
Os presento a .... mi perro


Así es mi perro, se llama Spook. Y no sé por qué digo mi perro, porque aqui todos son sus dueños, pero, eso sí, por la noche ninguno tiene ganas de sacar a pasear al pobre animal. Hace un momento que llegué con él, me gusta salir por la noche.
Hoy, hace una noche preciosa, templada, no se nota el frío polar de estos días, pero se avecina tormenta: he visto algunos relámpagos y al momento, retumbaban los truenos.
Me encanta la serenidad y la paz de la noche. Por la zona donde vivo, cuando sales a estas horas, no hay un alma. Y, sin querer, mis pensamientos empiezan a volar solos, como si de repente, salieran de la prisión donde los encierro durante el día. Paseo entre campos de naranjos, y en primavera el olor de azahar es tan intenso que casi marea. ¿Veis?... lo que decía, ya está lloviendo. Pues, me he librado por poco.
A mi perro le gusta mojarse, claro que, tiene tanto pelo que la lluvia le resbala y no hay manera de que le cale.
¡Pobrecito mío! hoy ha tenido visita al veterinario. Y no sé cómo coño se da cuenta, pero en cuanto mi hija le ha puesto la correa para llevárselo ya ha empezado a llorar. Yo digo que nos ha entendido cuando hemos hablado de que había que ponerle la vacuna. Teníais que verlo, cuando hablamos de él, lo sabe. Se coloca de espaldas a nosotros, o de lado, y nos mira de reojo con las "antenas puestas". El caso es que además de la vacuna, le han mirado una pequeña herida que tiene en el rabo, y que ha resultado ser una infección de piel. Le han pelado esa parte del rabo y lo peor es que le han puesto una especie de campana de plástico (no sé como se llama), que le rodea la cabeza, con el fin de que no pueda lamerse la parte afectada.
Da pena, pero al mismo tiempo, es una juerga. Cuando llegó su mirada hablaba por sí sola: resignación, pena, súplica, todo en uno. Pero es que, el pobre, solo ve de frente, y claro se va chocando con todo. Hoy, cuando ha oido el ruido de la correa porque nos íbamos a pasear, ha querido correr tanto que se le ha enganchando la dichosa campana con el marco de la puerta y se ha caido de culo, del impacto.
Hay que ayudarlo a subir y bajar las escaleras, porque quiere mirar los escalones y se va dando con ellos. Total, que está triste y apesadumbrado. Le enseñaré la foto suya que he puesto y seguro que se alegra. Le encanta la fama.
 
Orgullo de madre

¿Estaba atractivo e interesante este hombre en "El guardaespaldas"? Pues hoy, mi hijo de nueve años, disfrazado de eso mismo, era el tío más guapo del mundo y parte del extranjero. Y no, no es amor de madre, es que es guapo ¡coño!, si a veces lo miro y pienso que no puede ser mío.
Él tiene un estilo muy personal, desde pequeñito. Habitualmente, viste en plan "rapero yankee" o algo así: pantalones, casi siempre de chandal, o algún vaquero, grande, muy grande. Caidos en la cadera, enseñando los "gayumbos", camisetas o sudaderas, también grandes y zapatillas de deportes. Suele llevar el pelo, o bien rapado al uno, o como lo lleva ahora: rapado por los lados y con una cresta al centro... increible, que él mismo se hace. Si llamará la atención su cresta, que no hace mucho ibamos los dos juntos y un coche ocupado por cuatro o cinco adolescentes, pararon a nuestro lado y bajando la ventanilla me dicen:
"Señora (esto me jodió un montón), la cresta del enano dabuten".
También se pone gorras, por supuesto, al revés. Se adorna con collares de cuero con toda clase de colgantes. Es rubio, no, rubísimo y con unos ojos azules que quitan el sentido. Y lo que más llama la atención es que tiene las pestañas negras, lo que da relieve al color de sus ojos. Y a pesar de ser tan rubio, en verano, se broncea rápidamente, lo que hace que las niñas se vuelvan a mirarlo.
Pues bien, hoy se disfrazó de guardaespaldas: pantalón negro (es raro, pero tiene uno que no es de chandal), camisa negra (mía), americana de cuero color arena (mía), como dentro de nada es más grande que yo, le quedaban bastante bien, corbata (también mía, me gustan las corbatas como complemento para la mujer, la encuentro morbosa), gafas de sol oscuras, sobaquera con pistola de juguete, pinganillo en la oreja para estar comunicado con la central, y el pelo engominado y repeinado (por un día, sacrificó su amada cresta). Vamos, que cuando lo ví no lo reconocía. Cuando lo dejé en la puerta del cole, los silbidos de admiración de sus amigas (las niñas de ahora, no se cortan por nada) me dejaron atónita. Y encima una de sus muchas "novias" iba disfrazada de princesa, así que todo el día fue pegado a sus espaldas, espantándole los moscones.
Y sólo tiene nueve años, miedo me da imaginarlo con dieciocho.
 
De olvidos
Se levantó dispuesta a olvidarlo. Se obligó a no pensarlo. Enmudeció sus labios y su mente. No pronunció su nombre. Ese nombre que se revuelve en su garganta y que deja una punzada de dolor. Ese nombre que otras veces, aletea como mariposas por su vientre. Ella atesora palabras y silencios, miradas sin ojos y sonrisas mudas. Palabras nunca dichas, sólo imaginadas por su mente cansada, inventadas entre líneas, deseadas.
Por eso, se dispuso a echarlo, a patadas, con los puños apretados. Quería ganar ese combate, derrotarlo por K.O., y dejarlo sin sentido, en el suelo.
Se vistió para enamorar a otro, a otro que no es él, pero ¿qué importa? Acudió a la cita como a un sacrificio necesario. El otro la esperaba impaciente, después de tanto tiempo suplicando, por fín ella se rendía a su amor, a sus constantes muestras de adoración. Se engañaba y lo sabía. Sabía que ella no lo amaba. Quizá con el tiempo... pensaba.
Y desnudó su cuerpo, para el otro. Y sintió sus caricias, excitándola. Y se entregó, sumisa, jurándole que sólo sería suya, que la tendría a sus pies como su puta. Y lo poseyó, salvaje, sintiéndose la dueña cruel de su cuerpo y de su alma. Y gritó de placer en el orgasmo, pidiéndole mil veces que no dejase de follarla. Y se durmió, agotada, entre sus brazos, apretándose, frágil, a ese cuerpo que la consolaba.
Y dormida, soñó con él, con el ausente. Y de nuevo, la angustia en la garganta. Y el odio, y el deseo, inundándola. Pero no, esta vez no, esta vez no le diría que seguía viva, extrañándolo. Esta vez, no. Aunque su corazón llorase sangre y dejase de latir por la añoranza. Esta vez, no sería ella quien alzase los hombros pensando ¿qué más da?... y claudicando. Se sentía pequeña, desgraciada, como un gusano que se arrastra, que no sabe ponerse en pie, porque no tiene en que apoyarse.
Y supo que moriría, por dentro, sin remedio. Y su cuerpo seguiría respondiendo a las caricias ajenas, a las no deseadas pero necesarias. A las que la mantenían en la esperanza de no convertirse en un roca helada y dura.
Y miró al otro, al que yace abrazado y satisfecho y se sabe engañado. Y, esa mujer, que él ama y que núnca será suya, acaricia su rostro y deposita un beso suave en sus labios, con los labios que desean otra boca. Y susurra un "gracias", porque no puede pronunciar un "te quiero" que se queda atrapado y quemando su garganta.
 
O los mato, o me mato.............


Lo juro... ¡¡¡ESTOY HARTA!!! hasta los mismísimos ovarios. ¿Cómo se pueden llevar tan mal el padre y la hija? ¿Cómo pueden ser tan sumamente gilipollas, orgullosos, cabezotas? Estoy negra... me han amargado el día, entre los dos. El padre, peor que la hija. ¡Coño! que los años también son un grado, pero un grado para razonar, intentar comunicarse. Pues no, no hay manera.
Unos cuantos días llevan los dos pasando olímpicamente uno del otro, y yo, en el medio de la mierda. Y claro, a la mínima, salta la chispa. Y yo, quemándome. ¿No se dan cuenta que además de hacerse daños a ellos mismos, me lo hacen a mí también?.
Tengo un nudo en la garganta que no me deja respirar. Juro que, o se aclaran, o cojo al pequeñajo y me largo. Y que se maten, si quieren, que ya son mayorcitos los dos. O les abro la cabeza, también puede ser una solución.
Joder, si no veo la pantalla ¿no te digo que me están haciendo perder los estribos?
Y es que no sé que hacer, no sé como solucionarlo, porque no soy ya quien tiene que hacerlo, sino ellos. Si fueran niños, seguramente razonarían mejor, pero así. Les hablo y no escuchan. Si grito, encima que siguen sin escucharme, la única que coge el cabreo, sigo siendo yo. ¿Los castigo? A uno sin follar, por gilipolla. Y a la otra ¿qué? ¿los dejo sin comer? ¿no les lavo la ropa? ¿los echo a los dos de casa? Estoy desesperada y angustiada. De verdad que no veo solución.
Encima, hay cosas que solo me pasan a mí. Salgo de mi casa, echando humo por las orejas del cabreo que llevaba encima, voy a abrir el coche, y un cochazo que se para a mi lado y bajan la ventanilla. Alguien que se ha perdido, pienso. Se asoma un tío, que no estaba mal, todo hay que decirlo, con acento sudamericano y me dice: Si tienes un momento, te invito a un café. Por un momento, me he quedado "a cuadros". Luego, creo que mis ojos escupían fuego.
´"Si estas caliente, te la meneas. Mi tarifa es demasiado alta y no creo que puedas permitirtelo, gilipolla", me he metido en el coche y lo he dejado con cara de bobo.
El caso es que este tío me parece que ya me lo cruce un día en el coche y también bajo la ventanilla y me dijo una tontería de ese estilo. ¡Pues era justo lo que me faltaba hoy! ¡Pa ligues estaba yo!.
Voy a trabajar a ver si, por lo menos, me distraigo. Si no, igual esta noche me emborracho.
 
Capitulo primero- JULIA Y SUS CIRCUNSTANCIAS


Julia es una mujer madura, aunque a ella no le gusta esta definición, se imagina como una fruta en el punto idóneo para ser devorada, pero es lo que es. Ya pasó los cuarenta y anda camino del medio siglo. Dicho así, parece media vida, y lo es, en realidad. Pero ella no siente que el tiempo se va agotando y si lo piensa alguna vez, enseguida desecha esa idea de su mente. Está casada, con hijos. En esta historia no desea mezclar a su familia, pero, lógicamente, en algunos momentos tiene que salir a colación, porque forma parte de sus circunstancias. Quiere a su marido, lo que no quita para que pueda sentirse atraida por otros hombres, como casi todo el mundo, por otra parte, y para que no le haga ascos a tener algun encuentro sexual extramatrimonial. El amor que siente hacia su pareja, es la clase de sentimiento que se forja con el tiempo de convivencia, con todo lo que han pasado juntos, con los hijos que los unen (y a veces los separan), con muchas cosas que no se pueden borrar de un plumazo. Son dos personas completamente distintas en aficiones, carácter, modo de ver la vida; y como la mayoría de las parejas tienen sus discrepancias y sus broncas. En cuanto a su vida sexual conyugal es mucho mejor que buena, siempre se han entendido muy bien en ese aspecto (debe ser en lo único que suelen estar de acuerdo), los dos son apasionados y necesitan el contacto físico en su vida. Julia ama a su familia, y en ocasiones también la odia: cuando siente que su papel como esposa y madre la anula como mujer, entonces, lucha con uñas y dientes para volver a ser dueña de sí misma. Y los odia. Pero por poco tiempo, el suficiente para sentirse luego egoista y culpable.
Fisicamente, Julia es una mujer normalita, con cierto atractivo para los hombres. Lo sabe, por la cantidad de pretendientes que ha tenido a lo largo de su vida. Sabe como potenciar su atractivo y como conquistar al sexo contrario, si se lo propone. Julia es, toda ella, una contradicción: es fuerte y débil, atrevida y tímida, paciente e impaciente, dulce y cruel, sincera y mentirosa, práctica y soñadora, valiente y cobarde. Rie con facilidad y llora mucho....
(Continuará)
 
¡Cómo quisiera!
¡¡¡Joderrrrrrrrrrrrrr!!! andaba yo con esto a medias, cuando el plasta de mi jefe ha venido a darme el coñazo...Brrrrrrrrrrrrrrrrr ¡lo bien que se está, cuando no está!.
Que estaba yo diciendo que esta noche, si las musas me acompañan, empezaré con el primer capítulo de Julia (dejaremos que hable y se desfogue... que falta le hace).
Pero ahora, viniendo a trabajar, sonaba en la radio una canción:

VIVIR SIN AIRE


¡Cómo quisiera poder vivir sin aire!
¡cómo quisiera poder vivir sin agua!
Me encantaría quererte un poco menos.
¡cómo quisiera poder vivir sin tí!

Pero no puedo,
siento que muero,
me estoy ahogando sin tu amor.


¡Cómo quisiera poder vivir sin aire!
¡Cómo quisiera calmar mi aflicción!
¡cómo quisiera poder vivir sin agua!
Me encantaría robar tu corazón.


¡Cómo pudiera un pez nadar sin agua!
¡cómo pudiera un ave volar sin alas!
¡cómo pudiera la flor crecer sin tierra!
¡Cómo quisiera poder vivir sin ti!


Pero no puedo,
siento que muero,
me estoy ahogando sin tu amor.


¡Cómo quisiera poder vivir sin aire!
¡Cómo quisiera calmar mi aflicción!
¡cómo quisiera poder vivir sin agua!
Me encantaría robar tu corazón.


¡Cómo quisiera lanzarte al olvido!
¡cómo quisiera guardarte en un cajón!
¡cómo quisiera borrarte de un soplido!
Me encantaría matar esta canción...

Y algunas canciones, muchas veces, me hacen reflexionar. Yo, también quisiera hacer todas esas cosas que escucho en la preciosa voz del cantante de Maná, pero no puedo... como él. No sé como me las apaño, pero siempre me gustan o me siento atraida por los hombres complicados o dificiles, en cambio, los que tengo a mis pies, los trato a patadas (serán porque están por los suelos). Tengo un compañero de trabajo ¡pobrecito! que siempre anda a mi alrededor y yo me aprovecho de su adoración. Y pago con él mis malos humores. Total, sé que con una sonrisa o una bonita palabra, lo vuelvo a conquistar. No está bien, ya lo sé, debo tener alguna tendencia sado-masoca, lo que no estaría mal, quizá, como opción sexual, pero ¡coño! no me apetece estar toda la vida ejerciendo. Mira que somos complicados los humanos, cuanto más dificil de alcanzar está el objeto de nuestros deseos... más lo deseamos. Por lo menos, eso me pasa a mí.
Así que, corazón, no importa que te escondas, que huyas de mí o que tomes un camino distinto al mío. No importa que me digas una y otra vez que no me quieres, que no me echas de menos... como yo a tí. No me importa humillarme y suplicarte. No me importa que no escuches mis palabras, ni me hables. No me importa dónde te halles. Porque nunca escaparás de la cárcel de mi mente, aqui permanecerás por siempre... atrapado. Tu liberación será mi muerte.
Lo siento, amor, es tu amargo destino.
"... me encantaría matar esta canción"
Y a mí, me encantaría matarte a tí.


 
Ella, Julia, y su mundo virtual


Bien, creo que ya es hora de empezar con este intento de novela, "novelilla", diría yo. No pretendo llegar a ningún sitio, sólo divertirme y pasar el rato. Y para comenzar no hay mejor forma que hacerlo por el principio.

PRÓLOGO (O presentación del narrador)

Queridos lectores (si hay alguien que lee esto, yo voy a imaginar que sí, sino ¿qué sentido tendría?, yo soy el narrador de esta historia. Soy el "negro" que Julia ha elegido para poner en palabras sus pensamientos y sentimientos. Intentaré no tomar parte en el asunto y ser lo más imparcial posible. Las personas mencionadas aqui, son reales, aunque no puedo decir lo mismo de las situaciones, que pueden ser vividas en propia carne por la protagonista, Julia; conocidas por ella a través de confidencias de amigas o, simplemente fruto de su imaginación desbordante. No hay posibilidad de saber cuales son reales y cuales no. Ni siquiera yo voy a saberlo, me limitaré a contar lo que quiera que cuente. Así es ella, y no digo más, porque me dirige una mirada muda, pero que yo traduzco perfectamente por: "Cierra el pico, tú a lo tuyo, que es teclear". "De acuerdo, dueña y señora, no te enfades". Me hace un mohín de coquetería y sé que hará conmigo lo que quiera. No se le puede negar nada a esta mujer.
Y ahora, os dejo con Julia, la verdadera protagonista de esta historia.
 
Amigas


Andrea está nerviosa: su amiga, Susana, la ha invitado a casa a dormir. Sus padres han salido con amigos y estarán solas. Ha insistido tanto, que no ha podido negarse.
Han acabado de cenar y a Susana se le ha ocurrido probarse la ropa de su madre. La coge de la mano y la arrastra, escaleras arriba. “Ya verás que lencería más sexy” le ha dicho y se ha puesto delante del espejo, quitándose y poniéndose el montón de prendas que ha sacado del armario. Ella, sentada en la cama, no puede dejar de mirarla.
Tiene un cuerpo perfecto, y está preciosa, con la larga mata de pelo rojizo que le llega casi hasta la cintura. Se voltea a un lado y a otro, haciendo poses de modelo. Andrea mira sus nalgas redondas y blancas, de piel suave. Ahora, se ha plantado delante, con los pechos desnudos, a pocos centímetros de su cara. Y ella, hace esfuerzos para controlar su deseo. Quisiera posar sus labios en los sonrosados pezones, descaradamente erguidos, que la provocan. Nota la humedad entre sus piernas y agradece ser mujer, porque no se hace tan notoria su excitación. Susana parlotea, pero ella no la escucha, no puede concentrarse con su proximidad, con su olor que la envuelve.
Tiene miedo, miedo de que ella se de cuenta de lo que siente y no quiera volver a verla. Y sabe que tendrá que seguir callando, fingiendo, inventándose amores e historias con chicos de su edad, para que no sospeche. No sabe por cuánto tiempo tendrá que seguir con esta mentira, con la mentira en la que se ha convertido su vida desde hace unos años. Quizá, algún día, reúna el valor suficiente para confesar su condición. Pero ahora no, todavía no. Esperará a crecer un poco más, a hacerse más fuerte. Y entonces, cuando sienta que ya no le pueden hacer daño, romperá su mentira en mil pedazos... para siempre.