Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Locura de amor
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Amiga mía ¿quién eres tú para decir que nadie se vuelve loco de amor? Qué pena me das si nunca te sentiste morir por una boca, por un abrazo... que pena, amiga. Siempre entendí a la loca de Juana y no sé, no sé si envidiaba ese amor obsesivo y enfermizo o le temía, porque cuando te atrapa ya no puedes escapar de su hechizo. Te posee. Sí, no me mires así, ya sé que piensas que eso no es nada bueno, que eso de que tu felicidad dependa por entero de otra persona, te aboca irremediablemente a perder la voluntad, a no ser dueña de tu destino, ni de tus actos. Y en realidad ¿importa eso? No, te lo aseguro, no importa nada, porque a decir verdad, no somos dueños ni de nuestra propia vida, y cuando nos llegue el momento de abandonar este mundo nadie se preguntará si fuimos felices, si amamos. Con un poco de suerte igual hasta nos recuerdan un poco.

Lo de Juana es fácil ¿sabes? Quiero decir que todo es más fácil si creen que una está loca, o si lo estás en realidad. Puedes hacer y decir lo que te plazca, todos dirán: “pobrecilla, se ha vuelto loca” y aquí paz, y después gloria. Como mucho... te encierran. Lo doloroso, lo insufrible, lo insoportable es estar cuerda, demasiado cuerda diría yo. Entonces tienes que callar, guardar el secreto, hasta que las palabras y los sentimientos se te salen por los poros de la piel como regueros de sudor y lágrimas... se me metió algo en el ojo, te disculpas. Y va, y se lo creen. Si serán idiotas.

Te quedaste callada, y seguro estás pensando que en verdad me he vuelto loca, que he cambiado. No, querida amiga, no he cambiado. Sólo es que renací en sus manos, que ya no soy la misma, soy otra, ni mejor ni peor que la que era, sólo distinta. Aquella tarde que me encontré de pronto en el hueco de sus brazos, no me reconocí. Hasta que abrí mi pecho y un sentimiento nuevo empezó a brotar como una fuente que acaba de nacer, silencioso, calmado, dulce, fresco. En su intenso fluir inundó los espacios que no podían contenerlo y como una cascada salió por la ventana. Y comenzó a llover.

No, yo no tengo celos como Juana, de otras mujeres, no. Yo solo tengo celos de la brisa que acaricia su pelo, del tendero, de la chica que cruza con él una mirada, del café que se toma en la mañana, de su cama, del agua de la ducha, del bocado de donuts que le endulza la boca, del trago de agua, del espejo que atrapa su imagen un instante, del cepillo de dientes, del colgante que roza el vello de su pecho, de sus botas. No sé de qué te ríes, si es lo que he dicho siempre... no soy celosa.

Es que no te das cuenta, no me entiendes ¿no ves que sólo tengo su recuerdo? ¿qué puedo hacer? Dime, tú que todo lo sabes. Su olor se desvanece, y el sabor de su boca, el tacto suave de su piel. Y hasta su voz se pierde. Ya, ya sé que para eso está la memoria y el recuerdo, pero no me fastidies, no es lo mismo. Todo es tan intangible, no encuentro un cofre mágico donde pueda guardarlo, y cuando le eche de menos, abrir la tapa y que se materialice como un genio. No, no hay genios, ni hadas, ni duendes. Sólo ausencia.

No te pongas pesada, no me riñas. Siempre fuiste aguafiestas, no lo niegues. Y esta vez no te voy a hacer ni puto caso. Déjame con mis sueños. Quiero pensar que él me echa de menos, que ahora mismo, ha cerrado los ojos y sueña con mi boca, y que siente en la suya el sabor de mi piel, que no me olvida. Quiero pensar que también siente celos, como yo, de esas pequeñas cosas que llenan nuestros días, que se alargan nostálgicos y eternos queriendo alcanzar una esperanza. Igual que en esos sueños en que corres y corres y nunca alcanzas lo que buscas. Ves algo allí, a lo lejos, sabes que es eso lo que quieres. Y cuando piensas que ya está, ya casi lo tienes, te das cuenta que otra vez te separa una distancia enorme. Lo malo es que te despiertas y no sabes qué era aquello que buscabas, y que era tan importante, casi vital para seguir viviendo.

Sí, amiga mía, sí, el amor es o no es, no hay medias tintas. Y si las hay, es que es algo quizá muy parecido, pero le falta un pequeño detalle, una chispa, una pizca de locura.

O a lo mejor es que estoy algo loca... como Juana.


 
¿Veis como tenía razón?
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No puedo escribir mucho esta noche, haciendo la cena, me he quemado los dedos de la mano izquierda. Me eché el aceite por encima... ¿en qué estarías pensando, Des?, pues eso digo yo también. No es nada, pero escuece que es un gusto, menos mal que me he puesto enseguida aloe vera y no me han salido ampollas. Si es que el aceite y yo somos incompatibles, siempre voy llena de señales. Que hago un huevo frito... pues seguro que salta el aceite y me quema, que sofrío la carne de la paella, pues seguro que la pata de conejo me suelta un "escupitajo" y me quema. Y mi hijo: "mami, siempre te estás quemando"... claro, pa eso soy yo la que cocino, si cocinasen ellos no me quemaba yo, no te jode.

Un poco patosa sí que soy, debí heredarlo de mi padre, que era tan "acelerao" que siempre lo rompía todo. No he roto platos y vasos, yo, no puedo decir eso de que "nunca he roto un plato". Ahora, para patosa, patosa: mi sobri. Si lee esto se va a mosquear, pero es la pura verdad. Los años que estuvo viviendo en mi casa, un poco más y acaba con toda la vajilla, la cristalería, las fotos, los portafotos, las figuritas... todo. ¿Será por eso que la echo tanto de menos? No, es porque la quiero mucho y encima la muy... se ha ido a vivir a Madrid ¿qué tendrán los madrileños? porque la niña, ya pensaba yo que no había manera de que encontrase a su media naranja, y resulta que por el "internes" encuentra pareja. De Madrid, claro. Y allá que se ha ido ella, a la villa y corte.

Pero yo no venía a hablar de esto. No. No me lo tengáis en cuenta, ya sabéis lo desordenada que soy. Que tenía razón cuando decía que somos unos cotillas. Vamos a ver, queridos y queridas mías, me caliento yo los sesos (con s) inventándome historias, que acabo echando humo y... ni caso. Y luego llega un post confesional de polvos y folles y to eso, y ¿qué pasa? que acudimos todos como moscas. Si es que el sexo nos pierde, a todos ¿eh? que conste, aqui no hay distinciones, hombres y mujeres.

Y menudo cachondeo que os lleváis, creo que es la vez que más me he reido con los comentarios, aunque me parece que alguno de los que pasé el relevo se ha escaqueado, ya pasaré por vuestras casas a ver si habéis hecho los deberes.

Iván que tiene alergía dice, que cachondo es este chico. Pues haz como yo, guapísimo: liquidos y gaseosos ¿no los has probado? pues hazme caso y ya me contarás.

Buch que se ha empeñao en que está vacío, no sé, estoy pensando yo en como llenar a este chico, porque me da una pena.

A Lola que le salen los colores, ahora voy a leerte, hija mía. Muchas gracias por el esfuerzo, eres un sol.

Y Coco... que me está tentando. Vamos a ver, Coco, "cométela" con acento en la "e" del verbo yo cometo, tu cometes, el comete.... Menos mal que no eres argentino, que dirían: "Vos ¿te la querés comer?, pues cométela". No, no era eso. Aqui te espero, dice. Si tiene el blog lleno de MUJERES. Lo juro. No sábeis lo que es aquello: un haren. Yo no sé que nos da este hombre. Y claro, ante tanta competencia, pues como que me encuentro yo en franca desventaja.

Hay que ver como me enrollo. Corto y cuelgo... hasta mañana. Felices sueños queridos míos, y como dice un buen amigo: BUEN SEXO (nunca mejor dicho).
 
EL RELEVO
¡¡¡Cotillas!!! que sois unos cotillas, sí, sí, no disimuleis que todo esto no es más que para ver si nos enteramos de los entresijos sexuales de esos bichos raros que somos los internautas y además "blogeros".
ATENCION: HIJA, SOBRINA, HERMANA, FAMILIA, AMIGOS Y CONOCIDOS, LO QUE VAIS A LEER A CONTINUACIÓN ES TODO MENTIRA, CUALQUIER PARECIDO CON LA REALIDAD ES PURA COINCIDENCIA, ASÍ QUE OLVIDADLO TODO, O MEJOR... PASAR DE LARGO ESTE POST Y ... ¡¡¡¡NO LO LEAIS!!!!

1) ¿Cuál fue el mejor polvo de tu vida?

¡Ah! no, de polvos nada, a mí me gustan líquidos y de vez en cuando, gaseosos. Los polvos ensucian mucho y yo soy muy limpia.

2) ¿Cuál es el sitio más original donde has follado?

En el pasadizo del terror, justo en el momento que cerré los ojos porque una calavera venía dispuesta a cortarme la cabeza, una cosa calentita se me coló en cierto sitio. Igual era un perrito caliente, pero me dió un gustito...

3) ¿Qué es lo que más te gusta en el momento del folle?

Que el otro esté calladito y no me incordie con preguntitas tontas que me desconcentran.

4) ¿Qué es lo que más odias en el momento del folle?

Que me incordien con preguntitas tontas..... bla, bla, bla.

5) ¿Qué fantasía sexual te queda por cumplir?

Déjate de fantasías y dame realidades.

6) ¿Con qué personaje masculino o femenino de la globosfera te darías un revolvón sin dudar?

¡Ufffff! qué pregunta más dificil, hay unos cuantos que deben tener un buen revolcón, pero por hacer que me confiese publicamente, voy a meter en un aprieto a.... COCO.

Paso el relevo a: Pau, Wolffo, Dock, Scape, Lola y Pablo.
 
Las zapatillas de María
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María no daba crédito a lo que veía. Se acababa de probar unas preciosas zapatillas y salió a enseñárselas a su abuela, que sentada en su mecedora preferida estaba enfrascada en la lectura de un libro. Cuando la mujer miró los pies de su nieta, sus ojos se tornaron brillantes e inundados de lágrimas, mientras que su rostro se iluminaba con una radiante sonrisa. ¿Qué pasa, abuela?- preguntó María extrañada ante la reacción de Alejandra. Nada, hija, no pasa nada. Esas zapatillas me han traído a la mente recuerdos maravillosos. Cuéntamelos, anda, abuela, por favor, ya sabes que me gustan mucho tus historias – le rogó María, preparándose para sentarse en el suelo a los pies de la mujer. No, ahora no puedo hacerlo, María – le contestó ella con un hilo de voz, visiblemente emocionada.

La joven había ido esa mañana al mercadillo del pequeño pueblo en el que vivía su abuela y al que ella acudía con frecuencia a pasar unos días de vacaciones, se acercó a un tenderete donde vendían calzado, las vio y se enamoró de ellas. Eran blancas, con doble plataforma de esparto. La punta redondeada, y unas tiras que salían del empeine y se ataban alrededor de la pierna. Eran cómodas y atractivas. Volvió a pensar en su abuela. Tenía una historia peculiar de la que ella no sabía gran cosa. Su madre le había contado que antes de que ella naciese, la abuela decidió un día dejarlo todo y empezar una nueva vida. Sus hijos ya habían crecido y no se sentía obligada a ellos. Así que dejó un trabajo que hacía años la aburría, y se marchó a un pequeño pueblo a orillas del mar Cantábrico. Allí, además de contar con su pensión por el trabajo de toda una vida, empezó a dar en casa algunas clases de repaso a los niños del pueblo, sobre todo de gramática, ortografía, literatura... Le gustaba que los niños ejerciesen la imaginación, inventasen historias, y los ayudaba a hacer una buena redacción, a intentar expresar sus sentimientos y sus emociones mediante la palabra escrita.

No necesitaba demasiado para vivir, había logrado escapar de una vida abocada al consumismo exagerado, a la posesión de cosas inútiles de las que se podía prescindir fácilmente. Su casa era sencilla y cómoda. Tenía una gran biblioteca porque los libros eran su distracción favorita, junto con un excelente aparato de música, y un moderno ordenador. Ella decía que lo que era bueno de lo que dábamos en llamar progreso, había que aprovecharlo. Hacía muchos años que utilizaba internet, y además proclamaba que le debía mucho a esa nueva forma de comunicación. Pero nunca daba demasiadas explicaciones de lo que había sido su vida antes de recalar en aquel pueblo, y el motivo por el que tomó esa decisión. Según su madre, la abuela hacía años que escribía y había empezado una novela contando su vida, pero no permitiría que nadie la leyese hasta que ella no hubiese muerto. Luego, alguien tendría que escribir el capítulo final.

Alejandra se levantó de la vieja mecedora con una sonrisa bailándole en los labios y salió de la casa. María la vio marcharse y supo hacia dónde iba. La miraba muchas veces, desde la casa, sentada a la sombra del viejo árbol, frente al mar. No siempre estaba sola. En ocasiones, pasaba horas allí con Manuel, su compañero, abrazados, recostados sobre el grueso tronco. A ella le gustaba mirarlos y escuchar el susurro de sus voces traídas por el viento. Y observarlos, cuando se quedaban mirándose en silencio y el atardecer iba haciendo menos visibles sus cuerpos, hasta que sólo eran dos sombras unidas frente al mar. Manuel y Alejandra hacían algún pequeño viaje de vez en cuando, les gustaba visitar a algunos amigos que tenían esparcidos por el país. Y a menudo esos mismos amigos venían a visitarlos, por lo que cuando ibas a su casa nunca sabías a ciencia cierta con quien ibas a encontrarte.

¿Qué estará pensando ahora la abuela? ¿Qué misteriosos recuerdos le traerán estas zapatillas? Ojalá y me lo cuente pronto, me muero de curiosidad. Y María, entró en la casa dejando a Alejandra a solas con sus pensamientos...
 
En busca del hombre perdido (Tercera parte)
Estoy de vuelta, espero que hayáis pasado un buen fin de semana. El mío ha sido inmejorable, y no me dejó tiempo para nada. Tiempo, tiempo es lo que me hizo falta, pero los malditos relojes van, como siempre, a su bola. Sí, a mi no me engañan, ni hablar. No todas las horas son iguales, ni todos los minutos, de eso nada. Debe haber un hombre del tiempo, y no es el que da el parte metereológico, que los acorta y los alarga a su antojo, que habitualmente, no es el nuestro. El caso es joder al personal.

Bueno, no sirve de nada quejarse y protestar, porque además de hacer su capricho, este hombre del tiempo es ciego y sordo, así que decirle algo es perder el tiempo, y para eso estamos... para perderlo. Os dejo otra parte del la historia del hombre perdido, espero que la disfruteis y me voy a sacar al perro que me está enseñando los dientes: socorrooooooooooo!!!!! vale, vale, que ya voyyyyyyyyyyyy, no me enseñes los dientes... qué genio tiene este chucho.

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Un hombre “normal”, Pepita, de los de antes – eso me dijo Barbie, lo que no me dijo es que posiblemente era de los de antes de la guerra. No, eso lo descubrí yo solita cuando acudí a mi tercera cita. En aquella ocasión yo no había querido ninguna foto, iría a ciegas, porque una vez que había pedido ir algo informada el candidato me había salido hermano siamés de un Nokia 6690. La secretaría de la, hasta ahora, poco efectiva agencia casamentera, le enseñó una foto mía al caballero y al parecer, el hombre se quedó prendado. Bueno, me dije, probaremos suerte, aunque fuese algo mayor ¿qué importaba? Clint Eastwood es mayor y está como un tren. Me conformaba con algo menos.

Esta vez me vestí en plan elegante que suponía era como a él más le gustaría. Y me presenté en la cafetería que habíamos elegido como lugar de encuentro. Llegue allí puntual, como es mi costumbre, y al momento vi que un caballero se levantaba de su asiento y se dirigía hacia mi, con un sonrisa en los labios. Era más mayor de lo que yo había imaginado o de lo que la Barbie me había querido confesar, y no, no se parecía al Eastwood, más bien se daba un cierto aire a Paco Martínez Soria, muy respetable el hombre, pero con menos atractivo que un palo de fregona. Cuando vuelva a la agencia, me cargo a esa mujer –pensé para mis adentros, mientras intentaba dibujar una sonrisa. Al fin y al cabo el Paco, como había empezado a llamarle en mi imaginación no tenía ninguna culpa, así que no me costaba nada ser amable. Bueno, sí, me costaba un poco, porque el cabreo y la mala leche que se me había puesto eran descomunales, pero haría un esfuerzo.

Nos dimos dos besos, uno en cada mejilla, y nos sentamos a la mesa. Era educado, eso sí, de los de antes, me apartó la silla para que tomase asiento y luego lo hizo él. Y no es que los hombre modernos no sean educados, es que esas cosas ya están pasadas de moda, y además es que los pobres a veces al hacerlo han salido trasquilados: hay mujeres a las que no les gustan esas cosas. A mí, la verdad, es que me da un poco lo mismo, quiero decir que no me paro a pensarlo, pero si un hombre me cede el paso o me abre la puerta, se lo agradezco con una sonrisa y no creo que por eso me esté haciendo de menos o se crea superior.

Bueno, a lo que iba, que muchas veces, se me va el santo al cielo. Pedimos una bebida y nos dispusimos a conversar agradablemente, empezando por hablar del tiempo como en casi todas las charlas que se precien. Después, el hombre empezó a hablarme de su vida. Se había jubilado hacía unos años, imaginaos cuántos me llevaba. A la Barbie, la mato, la mato – pensé por enésima vez en esa tarde. Estaba viudo por tercera vez y pretendía encontrar a su cuarta esposa. Me dio un poco de yuyo, caray, cualquiera diría que este hombre se las cargaba. Otra cosa no tendría, pero conversación... hablaba por los codos. Yo le escuchaba asintiendo o negando de vez en cuando con algún monosílabo que conseguía intercalar en su cháchara.

Pero no sólo hablaba, no. Resulta que cuando nos sentamos a la mesa, yo me coloqué frente a él, pero no sé cómo, ni de qué forma tan imperceptible, al rato de estar allí, lo tenía casi pegadito a mi lado. Estaba yo escuchándole atenta, cuando advertí una mano que acariciaba mi muslo suavemente. Este hombre se ve que podía hacer dos cosas a la vez, y las dos con absoluta tranquilidad y maestría. Durante un rato, yo me hice como que no había notado su mano, o que si lo había hecho no me importaba demasiado. Fue cuando él se hizo fuerte y se atrevió a seguir su camino ascendente. De repente, se quedó callado, pues su mano había llegado al final de mi media, rematado por una liga de encaje que ceñía el muslo.

Empezó a atascarse con las palabras. Parece mentira –pensé- con la conversación tan fluida que había ostentado hasta entonces. Decidí ser un poco “mala y atrevida” y abrí despacio mis piernas, dejando que su mano se deslizase entre ellas. Un poco más, y la tenía rozando mi sexo, por encima de las bragas. Al mismo tiempo, decidí desabrochar un botón más de mi blusa y al momento lo tenía babeando ante mis tetas. Y yo me estaba mojando toda, el viejecito movía sus dedos con maestría bajo mi falda. Y me dije: Pepita, aprovecha la ocasión, déjate hacer, que conforme están las cosas no hay que desperdiciar un buena corrida. Y así lo hice. Abrí las piernas para facilitarle la tarea a aquella mano atrevida y disimulé como pude la cara de tonta que se le queda a una después de un buen orgasmo.

Me porté mal, lo sé, muy mal. Sobre todo porque después de eso me levanté, le di un beso de despedida al Paco y salí de allí a toda prisa dejándole con su pequeño problema entre las piernas.

Y luego me fui a por la Barbie, dispuesta a asesinarla con premeditación y alevosía.....
 
Pongamos que hoy os dejo un poema
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COMO DECIR DE PRONTO.... (JULIA PRILUTZKY)

Cómo decir de pronto:
tómame entre las manos,
No me dejes caer. Te necesito:
acepta este milagro,
tenemos que aprender a no asombrarnos
de habernos encontrado,
de que la vida pueda estar de pronto
en el silencio o la mirada.
Tenemos que aprender a ser felices,
a no extrañarnos
de tener algo nuestro.
Tenemos que aprender a no temernos
y a no asustarnos
y a estar seguros.
y a no causarnos daño.

 
En busca del hombre perdido (Segunda parte)
Y sigo poniendo la foto del mismo hombre...

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A los dos o tres días me llaman otra vez: “Pepita, éste sí, este te va a gustar, es informático”. Bueno, pensé yo, seguro que no me recita poesía y los informáticos suelen ser muy interesantes e inteligentes, o eso es lo que dicen.

Y allá que voy yo a la segunda cita, pero esta vez nada de libros y rosas, ya estaba bien de tonterías. Les dije a los de la agencia que me enseñasen una foto y que él viese también la mía, así si a primera vista el físico no nos agradaba, no teníamos que perder el tiempo. El tipo no estaba mal, era delgado y de buena estatura. En la foto vestía unos jeans y una camiseta de manga corta. Su rostro también era agradable, no es que fuera guapísimo, pero a simple vista, no destacaba ningún rasgo extraño. Era algo miope, por lo que llevaba gafas graduadas, también elegidas con buen gusto acorde con sus facciones. Sus ojos se veían de un color castaño, así como el pelo, que lo llevaba corto y bien arreglado. No era la idea que yo tenía de un informático, y no sé por qué, la verdad, pero la mayoría de los que he conocido eran un poco bohemios. Decidí vestirme yo también en plan informal, nada de vestido, ni medias, ni tacones altos. Me puse también unos jeans con camiseta de tirantes y una cazadora de entretiempo.

Cuando llegué a la cafetería donde nos habíamos citado y después de dar una mirada a dos o tres hombres solos que había por allí, me di cuenta de que no había llegado. ¡Vaya! ya empezamos, con lo que odio esperar ¿por qué la gente no podrá ser puntual?. Armada de paciencia, me senté a esperar mientras saboreaba una copa de vino blanco. Había pasado como media hora cuando un golpe en la silla donde estaba sentada, me hizo saltar asustada. Me di la vuelta dispuesta a “merendarme” al bruto que casi me tira al suelo, que no era otro que el sujeto al que esperaba. Iba hablando con el móvil y gesticulando sin parar. Me hizo una especie de saludo y se sentó enfrente de mí, sin dejar ni un momento su conversación. Bueno, Pepita, será alguna cosa de trabajo, ten paciencia- me dije. Pero pasaban los minutos y el tío no parecía que tuviese intención de colgar. Yo, mientras, no sabía qué hacer. Resulta muy embarazoso estar escuchando la conversación de alguien que no conoces de nada, y me estaban entrando unas ganas terribles de largarme.

Después de un buen rato, oí que por fin se despedía. ¡Menos mal! Porque entre el retraso y el dichoso teléfono, me parece que poco tiempo tendremos para hablar- pensaba yo entre tanto. Depositó el teléfono sobre la mesa y nos presentamos. Yo esperaba alguna disculpa, pero no, que va, aquel tipo debía pensar que lo que hacía era algo normal. Y a continuación empezó a hacerme preguntas dándome la impresión que estaba respondiendo a un test o algo así.

Y volvió a sonar el teléfono.

En ese momento el camarero se acercaba a nuestra mesa con intención de servirnos. Él pidió una cerveza sin dejar de hablar por el dichoso móvil que ya pensaba yo que debía ser una parte inseparable de su persona. Entonces hice una pequeña maldad, me acerqué al oído del camarero y le pedí la botella de vino más cara que tuviese en el bar. El chaval, muy simpático él, me guiñó un ojo. Aquel cretino seguía charlando, y por lo que yo podía entender era con un amigo, pues planeaban la salida para el fin de semana. Llegó el camarero con las bebidas, abrió la botella de vino y me sirvió una copa, al tiempo que dejaba el ticket de caja debajo de la cerveza de mi acompañante. Bebí unos sorbos de aquel caldo delicioso y cuando me di cuenta que él estaba terminando la conversación, me levanté, y me colgué el bolso al hombro dispuesta a marcharme.

En ese momento él miró la cuenta y los ojos casi se le salen de las órbitas. En el preciso instante en que su mirada se dirigía hacia mí, le lancé un beso con la mano y me largué.

“No, vosotros no me habéis citado con un hombre, eso era un móvil con algún raro especimen pegado, además de impuntual y maleducado”- yo estaba furiosa. Y la Barbie me miraba con cara de boba: “Pepita, es que tu eres muy exigente, el chico además estaba de muy buen ver”. “Sí, claro, si eso no lo niego, pero para pegar un polvo no vengo yo a una agencia matrimonial, monina, que hay por ahí muchos garitos para el ligoteo. Pero, vamos a ver, ¿es que aquí no hay hombres normalitos?, de esos a los que le gusta charlar, que empiezan hablando del tiempo mientras poco a poco la conversación va pasando a otros terrenos. Me imagino yo a éste si en la primera cita no me hace ni puto caso, ¿qué será después?”.

Después de desahogarme, me convencieron para que tuviese un poco de paciencia, que no siempre se acierta a la primera, me decía la Barbie, que al final siempre aparece la pareja que estamos buscando. Vale, accedí, aguantaré un poco más.

Y llegó el tercer candidato...

(continúa)


 
No me crees....
Me muero por un cigarro, así que para no pensar en fumar... escribo. Los otros propósitos los llevo más o menos bien. El de hacer ejercicio va fenomenal, no es un sacrificio, más bien una gozada. Sí, estoy algo dolorida, pero pasa pronto y luego me siento mucho mejor. Lo de cuidar un poco la dieta, también, porque nunca me ha costado mucho privarme de algunas cosas.
Pero el tabaco... ¡ay! el tabaco. Prometo mantenerme firme, lo prometo, pero hay que ver lo dificil que resulta.
Hoy ha sido un día extraño, de esos nublados pero sin demasiado frío. No he tenido mucho trabajo porque con la huelga de transporte, justo cuando empieza la campaña citrícola (naranjas) por estas tierras, se ha hecho notar. Tampoco he tenido al jefe mareando la perdiz. He estado tranquila y a mi ritmo, pero no sé, no sé lo que me pasa... no acabo de encontrarme bien y a gusto. Bueno, ya pasará, seguro.
Mañana prometo colgar la continuación de alguna de las historias que llevo a medias. No estoy vaga, no, lo que no sé es cómo me aclaro para ir escribéndolas a un tiempo. Cualquier día acabaré cogiendo moscas.
Esta mañana he escuchado en la radio una canción que me gusta de "Efecto Mariposa" y estoy canturreándola todo el día, os dejo la letra, porque sí, porque me apetece.

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No sé pensar si no te veo,
no puedo oír si no es tu voz,
en mi soledad
yo te escribo y te entrego
en cada beso el corazón.
Ohh

Se apaga el sol en mi ventana
y hace tiempo que ya no sé de ti,
dime cómo te ha ido,
si también estás sola
y si piensas en mí,
sigo aquí.

En todas las palabras, mil caricias y miradas,
tú me dabas lo que nadie me dio en mi vida.

Tu recuerdo me consuela, me desvela ,
me envenena tanto cada día.
¿Qué harías si te pierde este pobre corazón?

Y no me crees cuando te digo que la distancia es el olvido,
no me crees,
cuando te digo que en el olvido estoy contigo aunque no estés,
y cada día, cada hora, cada instante pienso en ti y no lo ves,
no me crees.

No sé soñar si no es contigo,
yo sólo quiero volverte a ver
y decirte al oído todo lo que te he escrito en este papel,
entiéndeme.

En todas las palabras, mil caricias y miradas
tú me dabas lo que nadie me dio en mi vida.

Tu recuerdo me consuela, me desvela ,
me envenena tanto cada día.
¿Qué harías si te pierde este pobre corazón?

Y no me crees cuando te digo que la distancia es el olvido,
no me crees,
cuando te digo que en el olvido estoy contigo aunque no estés,
y cada día, cada hora, cada instante pienso en ti y no lo ves.

Y no me crees cuando te digo que no habrá nadie
que te quiera como yo,
cuando te pido que en el olvido no me dejes sin razón,
entretenerme en el recuerdo es el remedio que me queda de tu amor.

Y si me entrego a ti sincero
y te hablo al corazón
espero que no me devuelvas un adiós.

Y no me crees cuando te digo que la distancia es el olvido,
no me crees,
cuando te digo que en el olvido estoy contigo aunque no estés,
y cada día, cada hora, cada instante pienso en ti y no lo ves.

Y no me crees cuando te digo que no habrá nadie
que te quiera como yo,
cuando te pido que en el olvido no me dejes sin razón,
entretenerme en el recuerdo es el remedio que me queda de tu amor.
No me crees.

EFECTO MARIPOSA.

 
Me debes un masaje
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Me debes un masaje en la espalda y hoy lo necesito.

Me desnudo y me acuesto boca abajo, en la cama. Tu, desnudo también, te sientas sobre mi, al final de mis nalgas con las piernas abiertas, cabalgando. Tu pene, fláccido, roza mi carne.
Empiezas pasando suavemente las yemas de los dedos por mi espalda. Despacio, muy despacio vas trazando senderos desde el cuello, bajan por la columna, se desvían hacia los costados, acarician los hombros... mientras, yo me voy relajando.

Y noto que tu sexo se endurece.

Los dedos presionan ahora cada uno de mis músculos. Duele. Sobre todo en la zona del trapecio. Los siento tensos, siempre se me cargan ahí, por la postura. Amasas mi carne entre tus manos grandes hasta dejarlos blandos, moldeables.

Coges mis caderas y me elevas, poco, sólo un poco. Lo suficiente para introducir tu mano en busca de mi sexo. Al mismo tiempo, el tuyo, busca entre mis nalgas el camino. Como un muñeco ciego, guiado por su olfato.

Me hago de rogar y junto las piernas, dejando allí tu mano aprisionada, con los dedos en el lugar exacto, y cerrándole la entrada al “intruso” que quiere penetrarme.

Me muerdes en el cuello.

Y a mí me da la risa.

Me soplas en la oreja.

Y la piel se me eriza.

Y pienso: “seré buena, no le hago esperar más”.

Ya separo las piernas, y te dejo pasar hacia ese rincón húmedo que se abre entre gemidos, pues tus dedos no paran de acariciar el punto que me lleva al instante a deshacerme toda en caliente fluido, mientras muerdo la almohada para ahogar el grito, que luego los vecinos andan cotilleando.

A ti te pasa igual, pues siento en mi interior como tiembla tu sexo mientras inunda el mío con un cálido río oloroso y espeso.

Y es que para quitarme todas esas tensiones que me agotan y acaban por hacerme sentir malhumorada, cansada y agobiada, no conozco un remedio mejor que uno de estos masajes... qué relajada estoy.
 
La bruja y yo
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Ayer fue un día magnífico: recibí la visita de mi amiga Inés, la Bruja. No, ella no vino en escoba, llegó montada en su taxi cargada de energía y de regalos, como siempre.

A "mi contrario" le trajo una excelente botella de orujo con miel que estaba delicioso; al pequeño de la casa, un cochecito teledirigido que parecía más bien un saltimbanqui por las piruetas que hacía; a mi hija, una pulsera preciosa. Y para mí, lo mejor, una brujita "con solera", de esas que tiene ella bien guardadas. Porque creo que no he dicho que tiene la casa llena de brujas de todos los tamaños y formas. La puse al ladito del ordenador para verla cada vez que escribo.

Después de los consabidos achuchones, besos, y demás muestras de cariño mutuo y tomarnos una cervecita fresca, dimos cuenta de una sabrosa paella. Que sí, que me salió buenísima. Con deciros que la Bruji rascó hasta el "socarraet" (el arroz pegadito a la paella). No dejó ni un grano. Mi pobre perro la miraba pensando "¿será posible que no me deje ni un poquito?", y es que está acostumbrado a comer el arroz sobrante. Pero no dijo ni "guau", no fuera a ser que le hiciese un conjuro y lo convirtiese en gato. Se tuvo que conformar con algunos trocitos de carne que sobraron.

Total, que entre que charla por los codos, que nos tomamos el café y una copita de orujo para hacer bien la digestión, se nos hicieron las cinco y media de la tarde. Mientras que yo me daba una ducha y me ponía guapa se entretuvo echándoles las cartas a todos, y nos largamos de allí, para poder estar solas un rato.

Nos fuimos a una cafetería, y allí se reunió con nosotras mi prima, que había cambiado su turno en el hospital donde trabaja de enfermera, para poder acompañarnos. Y entre café y café, le dimos a la lengua a base de bien y nos reímos como locas. Naturalmente no faltó la sesión de tarot en la que es bastante experta. No salieron mal las tiradas, y más o menos me dijo lo que yo esperaba escuchar. Alguna incógnita, alguna sorpresa... esas cositas que te alegran la vida.

Ya de noche, se subió de nuevo al taxi y nos despedimos prometiendo que no tardaremos mucho en volvernos a encontrar. La próxima me toca a mí ir a visitarla. Aunque mantenemos contacto diario a través del correo y teléfono, es una gozada tenerla cerca y dejarte envolver por su buen humor, su energía y su cariño. No faltó el recuerdo para Tania, que en estos momentos se encuentra a bastante distancia física de nosotras, pero cerquita de nuestros corazones.

Te quiero, Inés, conocerte es de las mejores cosas que me han pasado.

PD: Hoy recibí la cuarta flor virtual del "jardinero" anónimo.

 
En busca del hombre perdido (Primera parte)
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(Me vuelve loca este hombre, pero no era eso lo que venía decir, no, venía contaros una historia y aqui está)

En busca del hombre perdido

Hoy tengo una cita. Ya me he perdido, y no sé si es la quinta o la sexta en este mes. Asustadita estoy, esta gente de la Agencia matrimonial no da una, oye. Si ya me lo decía mi madre “¿Para qué quieres tú ahora encontrar novio?, con lo bien que estás así” Y no me extraña que me diga eso, porque está de mi padre hasta los mismísimos. “Divórciate” le digo yo. Una tontería, se lo digo por decir algo, porque a su edad ¿para qué? Y eso me contesta ella. Dice, la muy golfa, que si ella tuviese mis años y soltera, se comía el mundo.

Pero es que cuando una pasa la cuarentena y todas sus amigas y conocidas están casadas, o divorciadas, estar soltera es como si fueras un bicho raro. No, no es lo mismo estar soltera que divorciada, porque ni siquiera puedo poner verde a mi ex, que es lo que suelen hacer mis amigas. Que yo me pregunto si no están más ligadas ahora a sus exmaridos que cuando estaban casadas, porque siempre lo tienen en mente.

Y es que siempre deseamos lo que no tenemos, joder. Y una necesita tener un apoyo, alguien con quien compartir tus cosas, tus gustos. Si es que hablo con el gato, con las plantas –las pocas que quedan vivas, porque debo aburrirlas con mi cháchara- con la televisión, con el ordenador.

No, por sexo no es. O sí, un poco. Porque dicen que hoy en día se liga como nada, pero no lo encuentro yo tan fácil. Y eso de Internet, no me fío mucho, que a saber con quien chateas, la mitad se lo inventan todo. No, yo para eso prefiero lo de siempre. Alguna que otra aventurilla he tenido, no voy a decir que no, porque a mis cuarenta y cinco años aun estoy de muy buen ver. Y eso lo hace el estar soltera, ya lo sé, que tengo tiempo para mí, para ir a la peluquería, a la esteticien... y el cuerpo, sin haber parido, se mantiene muy bien.

Tampoco tengo que quitarme los caprichos para comprarles zapatos a los churumbeles. Sí, si casi todo son ventajas, pero no sé, tengo una espinita, necesito sufrir en mis carnes eso de emparejarse. O es que no puedo dejar de pensar que igual anda por ahí el “hombre de mi vida” solico el pobre, triste y desesperado esperando encontrarme. Y si mucho me encanto será la historia de amor de dos ancianitos con ciática o artrosis y con pocas ganas de fiestas erótico-sexuales.

El caso es que no lo pensé más y decidí probar suerte. Me dije, oye, ¿por qué no intentarlo? Quién sabe, a lo mejor encuentro a mi media naranja, o un cuarto por lo menos... que sé yo.

Pero, anda que hasta ahora sí que me lo han acertado estos “profesionales” según ellos mismos se autodenominan. Menos mal que cobran según los resultados, porque este mes ya me veía a base de patatas fritas y huevos para poder pagarles.

El primer candidato era poeta, eso decía él, pero jamás escuché poemas tan nefastos... jamás. Ni recitar los clásicos, sabía. Mira... peinado con raya al medio, el pelo grasiento que parecía que acababa de salir de una freidora, y aquella perillita que él pensaba que lo hacía parecer romántico, ja, un chivo es lo que parecía.

Quedamos en una cafetería del centro, él llevaría un libro y yo una rosa... agh... muy cutre todo, pero yo era una pardilla en esto y no le iba a poner pegas a la primera. Se pasó toda la tarde hablándome en verso, que yo ya no sabía si había acudido a una cita o estábamos representado una zarzuela. Y nada de hablar de nosotros, qué va, nuestro único tema de conversación fue la poesía y la literatura. Mira que a mí me gusta leer, pero digo yo que en una primera cita que se supone vamos a intentar conocernos, qué mejor que hablar de nuestras vidas respectivas, nuestros gustos.

Encima era de esos que jamás te miran a los ojos, más de una vez pensé que hablaba con los de la mesa contigua, o con la pared... yo que sé. Nunca me han dado buena espina las personas que evitan la mirada, será una manía mía, pero seguro que algo esconden. Y mientras él recitaba y recitaba, yo me perdía en divagaciones sobre el terrible secreto que aquel personajillo guardaba. Aguanté dos horas que a mí se me antojaron el triple, y me inventé una excusa como pude, antes de que las cabezadas y los bostezos me delatasen.

No, ni pensarlo, les dije a los de la agencia, ni se les ocurra citarme con otro poeta. Pepita, es que dijiste que te gustaba la literatura- me contesta la secretaria, que es talmente una barbie metidita en carnes. Casi les doy con la guía telefónica en la cabeza que tiene más de literatura que los poemas de ese pollino....


 
Propósitos
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Sí, sí, he dicho propósitos, no despropositos... ¡hay que ver como sois!.

La mayoría de la gente cuando termina el año suele hacer balance de los objetivos conseguidos y se plantean otros, o a veces los mismos, para el nuevo año.

Bueno, pues yo no.

Como para mí el año termina al mismo tiempo que el verano llega a su fin, y no me preguntéis por qué, pero así es como yo lo siento, y no tengo la necesidad de hacer lo que hacen todos.Es en estas fechas cuando suelo proponerme algunos "retos". No hago balance de nada ¿para qué? pienso yo. Si las cosas han ido bien, mejor que mejor. Y si han ido mal ya no tiene solución: a lo hecho... teta, que no sé quien lo dice pero queda muy bien.

Normalmente estos "retos" los grabo en mi mente, no los escribo en papelitos ni nada (para que no haya testigos que luego vengan a echarme en cara que no hice lo que dije que iba a hacer, que siempre hay de "pejigueros" y "cizañeros").

Pero mira por donde que este año estoy yo valiente, y como tengo este rinconcito donde queda constancia de todo, me dije: ¿a que no te atreves a que se entere todo el mundo de esos "cacareados" objetivos". Y yo, que soy muy chula, y nadie me reta de esa forma, me contesté: "¿qué no? verás si soy capaz".

Alla voy:

1) Empezar a hacer ejercicio y dejarme de vaguear (gimnasio). El primero ya lo he conseguido, llevo una semanita, y eso sí, cuando empiezo algo, soy constante. Uno p'al bote.

2) Ponerme a dieta. Sí es que hacía años que yo no seguía una dieta y me mantenía en mi peso (kilo arriba, kilo abajo), pero ultimamente, yo no sé si por esto de la menopausia (y no quiero ver sonrisitas por ahí, que una ya es mayor y muy sensible), pues que estoy engordando. Y eso sí que no puede ser. Así que mañana tengo cita con la dietista y pongo en práctica el segundo propósito. Y sí tengo la inmensa suerte de perder los kilos de más facilmente. Otro que ya está "encarrilao".

3) Dejar de fumar. ¡Ay! éste es muy complicado, pero ya está la decisión tomada. También tiene mucho que ver que "mi contrario" por fin se decidió a dejarlo. Y eso que fuma (fumaba) como un carretero. Pero esta vez se constipó y yo no sé que le diría el médico, pero pa mí que le entró el "canguelo" porque desde entonces no lo prueba.
Para empezar este propósito me doy un plazo de una semana a diez días, los justos para estar contenta con el resultado de la dieta.

4) Dejar que las cosas sigan su curso. No comerme el coco con preguntas sin respuestas. No pensar tanto. Es que es un vicio éste el de pensar que acaba por volverte majareta. Y digo yo ¿para qué dar tantas vueltas a las cosas? al final sucede lo que tiene que suceder, y lo que no, es porque no tenía que ser. Y ya está. Y os doy permiso para que si me "desmando" me llaméis al orden.

Para empezar yo creo que ya está bien... menudo otoño me espera.
 
Cien gramos de pensamientos
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Todo el día llevo hoy sin tener la mente fría, y ahora que está un poco tibia, sólo un poco, no te creas, pienso que quizá llegó el momento de hacerme algunas preguntas e intentarlas responder. De esto no tengo esperanzas, pero es un buen ejercicio para mi materia gris, que domingo y a estas horas siempre anda remoloneando y se niega a concentrarse.

Cuando el teléfono suena y yo me echo a temblar, sin saber cómo y por qué, algo en mi interior me dice que es tu voz la que oiré al responder la llamada. Y así es, no me equivoco. Del otro lado del hilo me llega esa voz tranquila, mientras que tiembla la mía. Y el pensar se paraliza, se remueven emociones. Y las palabras se quedan en la garganta atascadas.

Y ahora vienen las preguntas. No, no son preguntas. Son más bien ideas o sensaciones que pasan por mi cabeza como pequeños relámpagos que sólo duran segundos. Es difícil atraparlas.

Y es que no sé si me llamas como un consuelo a tu ausencia, por lástima o compasión, como se da una limosna a un pobre de esos que piden a la puerta de la iglesia. No es que me moleste, no, al contrario, es de agradecer que pienses en mí, aunque sea de esa forma. El orgullo hace tiempo lo perdí. Tampoco me importó mucho, creo que es algo que no sirve para nada, o por lo menos a mí, tan sólo me dio disgustos.

No te enfades, que son sólo pensamientos, tonterías que se me ocurren, ya sabes que soy así. También pienso que, a tu manera, me quieres, que te preocupas por mí, que te importa como estoy. De esto sí que estoy segura. Te lo puedo prometer.

O quizá, y es una hipótesis, me llamas porque te duele estar ausente de mí, porque a veces necesitas escuchar también mi voz. Ya, ya lo sé, no me lo digas, seguro es una ilusión de mi mente enfebrecida, pero comprende, es difícil intentar ser objetiva cuando hasta el alma te pide aunque sea una aspirina para calmar el dolor.

Tu esperas que yo adivine lo que sientes, lo que piensas, lo que no quieres decir. Y yo no aprendí todavía, ni jamás tuve poderes. Soy una simple mujer que sólo sabe vivir, que no piensa lo que dice, no sea que se arrepienta, pero dice lo que piensa, y además “desordenada” por si algo me faltaba.

Pero no puedo evitar pensar en ti cada día, y esperar hora tras hora que rompas con tu silencio. No me importan los motivos, aunque pueda parecer justamente lo contrario por todo lo que escribí. Me conoces, y ya sabes que ésta es la forma que yo elijo para deshacer angustias, para llorar y reír.

Y esto también es algo que sólo te debo a ti.

 
Palabras guardadas (LUZ CASAL)
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Aún vuela en pedazos el papel
de la carta que no te envié,
palabras guardadas en la voz
que yo misma quise siempre enmudecer.

Eran las más bellas que dije jamás
lo sé porque en ellas
llegué a desnudar una hermosa verdad,
una hermosa verdad.

No fue tan difícil
nada más, vencí aquel miedo a decir
un simple te quiero
que sin ti no hubiera llegado siquiera a sentir.

Pero sin embargo fui incapaz
de ser tan valiente hasta el final
hubiera tenido que escribir
el triste y temido nombre del adiós.

Eran las más bellas que dije jamás
lo sé porque en ellas
llegué a desnudar una hermosa vedad,
una hermosa verdad.

Cómo no iba a serlo
si al final, de aquel frío invierno, nada más,
yo solo recuerdo el calor
de estar abrazada a tu cuerpo
 
Des-atinos
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Hoy ha llovido en mi pueblo, mejor digo que aun sigue lloviendo. Esto por si sólo ya sería una buenísima noticia, en vista de lo poco frecuente que resulta la lluvia en estos tiempos. A mí, en invierno, no me gustan demasiado los días lluviosos. Esos días grises en que no para de lloviznar de forma constante y monotona, como el "orbayu" de Asturias. Es un coñazo. Aparte de llevar un montón de ropa, con la que ya me siento bastante incómoda, la bufanda, los guantes, el paraguas, el bolso... y encima va, y te suena el móvil. De manera insistente. Para contestar tienes que soltar el paraguas y quitarte los guantes porque de otra forma es imposible. Lo detesto.

Sin embargo, me gustan las tormentas esporádicas de verano, o como hoy, que empieza a ponerse negro el cielo y de pronto, antes de que te de tiempo a quitar la ropa tendida (siempre tengo ropa tendida cuando ocurre) empiezan a caer grandes gotas de agua. Como es época de llevar poca ropa y además de tejidos finos, las gotas penetran y te mojan la piel. Me encanta.

Hoy me pilló al salir de trabajar, de camino al gimnasio, y de buena gana me hubiese quedado allí empapándome. De todas formas en cuanto empezase la clase iba a empezar a sudar. ¡Ay! no tengo ni una parte del cuerpo que no me duela. Ni una. Creo que hasta los dedos de los pies me están matando. Y es que esto de volver a hacer algo de ejercicio después de un año vagueando es una tortura. Todo sea por un culo prieto, piernas de infarto, brazos torneados, tetas en su sitio, y tripa sin colgajos. Vale, vale, tampoco es que vaya a ser tanto, pero así una se anima y sufre con más alegría.

No, para ser sincera, me sienta de maravilla. Yo no sé si a todo el mundo le pasa igual, pero a mi el estar contenta con mi cuerpo me hace estar contenta con todo lo demás. No es que las penas se borren, pero duelen menos... será por que los músculos están más duros, vete tú a saber.

Y mañana me voy a la peluqueria, ya me están entrando ganas de un cambio de look. Es que hay que ver como me crece el pelo. No tengo ni idea de lo que voy a hacerme, lo dejaré en manos de mi peluquero que siempre me sorprende. Para bien, porque sino, él ya sabe de mis instintos asesinos.

Ultimamente me pasan algunas cosas, como poco, sorprendentes en este mundo de la red.

No hace mucho me mandaron un mensaje de esos que vienen desde el perfil. Al principio de estar en esto contestaba a casi todos, pero me cansé un poco, y ahora no contesto a nadie. Es más, borré casi todos mis datos del perfil, sólo dejé la ciudad y el sexo. Pero él me daba a entender que se trataba de un amigo, así que le respondí. Me agregó a su messenger y me mandó tres o cuatro correos, con frases cortas: "¿de donde eres?" "estás trabajando?" "no me respondes ¿por qué?"... Yo las he escrito bien, pero las suyas estaban tan mal que pensé que no podía ser verdad, tenía que hacerlo a propósito. Miré su perfil. Y me sorprendí al ver que lo había rellenado el mismo día que me mandó el primer mensaje. ¡Caray! me pareció mucha casualidad que estrene msn y la primera con la que se encuentre sea yo, que ni tengo foto, ni datos, ni nada, y encima no soy ni de su misma ciudad, más bien estamos bastante alejados. Pero hay más, después de tanto insistir para hablar conmigo por messenger, cuando me conecto, el tio (supongo que será un tío, eso dice al menos) se queda allí calladito y cuando se cansa se desconecta. Sin decir ni pio... un misterio.

Otro.

Hace unos 15 días recibí un correo sin ningún mensaje sólo me mandaban la foto de una flor. Yo no conocía la dirección desde donde me lo mandaban, así que pensé que se trataba de un error. Estuve a punto de no responder, pero el pobre igual estaba convencido que la flor había llegado a su destinataria y resulta que me la había mandado a mí. Le envié un amable correo diciéndole que habría sido un error, y dándole las gracias de todos modos. Y me olvidé del tema. A la semana... otra flor. Vaya -me digo- ¿dos errores?. Me pongo a pensar:
a) Le gustó mi respuesta y me manda otra flor.
b) No se había equivocado.
En caso de la opción b):
b1) Es un antiguo conocido que cambió de dirección de correo.
b2) Es un desconocido.
En caso de la opción b2):
b2a) ¿cómo ha averiguado mi dirección de correo? porque éste no envió nada desde el perfil.

Estaréis pensando que la tengo puesta en el blog, pero es que no es esa la dirección a la que me envía las flores, es otra de hotmail, que casi no utilizo. Sea como sea, le respondo, dándole las gracias nuevamente. Hoy... otra flor, sin escribir ni una sola palabra, sólo la imagen. Le he vuelto a responder con un pequeño cuento, ya que me regala flores, yo le regalo palabras:

"Cuenta la leyenda que existe un jardín en algún lugar que nadie puede situar con exactitud, donde crecen las más bellas flores del mundo. Allí se encuentran todas las especies, desde las más sencillas, hasta las más exóticas, desde las más olorosas, hasta las que sólo desprenden un ténue aroma, desde las de colores suaves o blancas, hasta las que poseen el colorido más espectacular.

Lo extraño de este jardín es que nadie ha visto jamás al artífice de tanta belleza, así que todos piensan que se trata de algún sitio extraordinario donde las flores no necesitan cuidado alguno, seguramente -dicen- se deberá a su tierra fértil, o a su especial clima. Y nadie sabe dar una explicación coherente.

Sólo una mujer conoce el secreto, ella sabe que hay alguien que cuida esas flores, porque ese extraño jardinero le regala los ejemplares más hermosos. Ella, con suma delicadeza, guarda cada flor entre su ropa para que impregnen cada prenda con su aroma. De tal modo que cuando se viste, se encuentra envuelta por suaves perfumes como si se encontrase en medio de tan bello jardín. Cuando las flores se secan, las deshoja cuidadosamente y las guarda entre las hojas de sus lecturas preferidas para que nunca se pierdan."

Como dice mi querida amiga Tania: "Sólo visto, contado nadie lo cree". Y así estoy, llena de incógnitas, que si más no, me distraen y me divierten.

Os mantendré informados.

PD. Vaya post más largo me ha salido, es que llevaba unos días callada, y me apetecía charlar.



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Ya está llegando
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Ya está llegando. Lo siento acercarse cauteloso, con sonrisa taimada y cruel. Sabe que me va a hacer sufrir. Y lo disfruta el muy cabrón. Es como una niebla pegajosa que empieza a rodearme. Apaga los sonidos, las voces que intentan ayudarme las escucho lejanas. Vela las siluetas de la gente que me rodea. Se torna más y más espesa. Ya me tapa el sol, como en un eclipse total de luz, de esperanza, de ilusiones...
Mi pecho intenta atrapar un poco de aire para seguir respirando. Pero el poco que entra por la nariz y por mi boca abierta está viciado, como un cadáver putrefacto. Envenenado. Me rasca por dentro y quema mis pulmones.
No me deja llorar. Me seca. Sabe que las lágrimas son una vía de escape contra la angustia. Si consigo que broten lo expulsaré junto con la sal de mi llanto.
Tengo que acabar esto antes de que mi dedos se agarroten, la mente se quede en blanco y sólo pueda pensar en él.
Sabe cómo administrar el sufrimiento. Me había regalado unos días de tregua, de ficticia calma. Me sentía serena y tranquila. Pero hoy ha vuelto. Quizá se deba a que soñé contigo, y él encontró el camino perfecto para lanzar un nuevo ataque despiadado. Me lacera con dientes afilados y me rasga la piel y las visceras con sus uñas negras, infectadas de miedos, de silencios, de ausencias...
Y ya no tendré paz hasta que este maldito dolor decida darme un respiro, para volver a martirizarme cuando le venga en gana. Es su forma de demostrarme que estoy a su merced.
Él es quien manda.
Y el muy cabrón me está matando.
 
La visita esperada
Esta noche, leyendo a mi querido Coco, que ahora le ha dado por decir que se ha muerto, me ha venido a la memoria un relato que tenía por ahí escrito de hace algún tiempo y lo he buscado para postearlo aqui. Y es que este chico, Coco, siempre me sorprende. Es un lujo tenerle aqui, al ladito, enlazado a mí.

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- Hola, ya estoy aquí ¿me esperabas?
- Pues sí, pero has llegado un poco antes de la hora. Una cosa es ser puntual y otra distinta, adelantada.
- Quería charlar un poco contigo antes de emprender nuestro viaje.
- Muy amable de tu parte……..no si al final resultará que eres buena gente y todo. Por cierto, estás muy guapa. No te imaginaba así, siempre me han dicho que eras vieja y fea.
- Cosas de la vida, cielo, ya sabes que es mi eterna enemiga. Me ha creado una fama que claro todos me temen y como no me ven hasta que vengo de visita. Tú ¿me temes?
- Ya sabes que no, nunca te he tenido miedo, eres mi compañera, estás conmigo desde que nací, y un día u otro teníamos que encontrarnos y conocernos. Solo tengo miedo de una cosa, el dolor físico. No me va a doler ¿verdad?.
- Seguro que la vida que tan buena amiga es, te ha causado más dolores que yo…….piénsalo.
- Pues si, la verdad es que tienes toda la razón. Dolores físicos y del corazón…….bueno de estos últimos también tú me has causado algunos, pero comprendo que así tenía que ser.
- Bueno, menos mal ¿no me guardarás rencor? ya sabes que cumplo órdenes. Yo no elijo a quien voy a visitar, ya me tienen la agenda programada.
- Oye, dime una cosa, ¿tú crees que me he portado bien en la vida? Como te enteras de todos los cotilleos, algo habrás oído.
- Sinceramente, creo que no lo has hecho mal. Algún pecadillo tienes ¿eh? no nos vamos a engañar, pero nada grave. Nunca has hecho daño a nadie intencionadamente, y si lo hiciste sin querer, siempre pediste perdón. Hay mucha gente que te quiere, eso es señal de que diste amor, en ocasiones más del que debías………tú ya me entiendes, de ahí viene algún pecadillo. En definitiva, te portaste bastante bien, no creo que tengas problemas cuando lleguemos a nuestro destino.
- Me dejas tranquila, estos días estuve haciendo un pequeño repaso a mi vida y me pareció que no estuvo mal, pero ya sabes, uno nunca es totalmente imparcial cuando se trata de juzgar nuestros actos………ni cuando se trata de juzgar los de los otros, no nos vamos a engañar. Para los nuestros siempre encontramos disculpas, aunque estén mal y para los de los demás somos demasiado rígidos. Si fuéramos todos jueces, la mitad del mundo estaría condenada por la otra mitad.
- Bueno, se nos va a hacer tarde, ¿necesitas alguna cosa más?
- Quería pedir un pequeño favor.
- A ver, dime, no sé por qué pero haces conmigo lo que quieres.
- Quisiera que me dieras cinco minutos para despedirme.
- Pero, ¿a estas horas? si están todos dormidos, ¿no pensarás despertarlos y decirles que te vas?
- No, quería que me dejaras meterme un momento en sus sueños. Tú puedes hacerlo, anda, por favor. Solo un minuto decirles que los quiero mucho y darles un beso. No te cuesta nada hacerme ese favor y luego me voy contigo sin rechistar.
- Es un poco difícil, son muchos de los que te quieres despedir.
- Me metes en el sueño de todos a la vez, tengo que decirles lo mismo, que les quiero mucho, que gracias por hacerme feliz en la vida y que no lloren por mí, solo que me recuerden……..un poquito ¿me dejas?
- Vale, ponte a ello. Ya estás en sus sueños. ¿Acabaste?
- Si, muchas gracias, te lo agradeceré mientras viva…..jajajajajajaja. Me parece que eso será poco agradecer.
- Mira, la niña está chistosa ¿Qué pasa? ¿no pierdes el humor? la verdad es que a mi también me ha hecho gracia.
- No te quejes, encima que me voy contigo contenta, ¿prefieres que me ponga a llorar?
- Ale, vámonos ya, que me has entretenido más de la cuenta, no sabes como tengo hoy la agenda, no me dejan parar.
- Pues ponte en huelga, mucha gente te lo iba a agradecer.
- Basta de cháchara, anda, que te veo remolona.
- Si vamos, aquí ya lo tengo todo hecho.
- Cierra los ojos y quédate tranquila. Dame la mano, no te asustes, nos vamos volando, el viaje es corto, llegaremos enseguida. Ya verás, te gustará el sitio donde vamos. Serás feliz, te lo prometo.
- Gracias amiga Muerte por dejarme disfrutar de la Vida.
 
Uno de.. Tania
Una se levanta por las mañanas, aunque sea un sábado, con las hormonas bostezando, desperezándose y en ralentí. Una piensa lo justo para ir a hacer pipí (es que hoy estoy muy fina y no me apetecía escribir mear), y eso porque es una necesidad fisiológica, y no hay que calentarse mucho los cascos, y para poner la cafetera, que tampoco es muy complicado, por lo menos la mía que sólo tengo que darle a un botoncito que dice "on". Después del café parece que una ya pueda coordinar alguna idea sencilla, pero poca cosa ¿eh? nada de pensamientos profundos ni complicados.

Después de la ducha, de secarse el pelo, de pintarse la raya de los ojos, y darse un toque de rouge (qué chic), una ya parece persona e incluso es capaz de mantener una conversación más o menos coherente, pasando de los sencillos "sí", "no", "bien", "vale", a la unión de distintas palabras que pueden llegar a convertirse en una frase (incluso a veces, una frase genial, o graciosa).

Para llegar a ese nivel profundo en el que parece que las neuronas ya han ido calentándose y despertando de su letargo, ha tenido que pasar un rato largo, bien largo.

Pues bien, he aqui que mi querida amiga Tania se levanta un sábado por la mañana, tempranito, y así como quien va a hacer pipí, escribe un poema como el que aqui abajo os expongo. Y no sólo eso, sino que con absoluto recochineo se planta delante del teclado y me lo manda en un correo.

Y yo, que este fin de semana anduve un poco disipada, entro hoy domingo, después de la siesta, medio dormida y me encuentro con esta maravilla.

No sé si odiarla con cochina envidia o quererla un poco más todavía. Si no existiera esta mujer, sería capaz de convertirme en dios y crearla.

Disfrutadlo.

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PECADOS (TANIA ALEGRÍA)

Este día se viste de inquietudes:
tú estás callado, yo en desasosiego.
Hay un silencio mal intencionado
de color amarillo-desespero
insistiendo en pegarse a las paredes
que araño con mis uñas obstinadas.

A causa de este sábado de otoño
ya puedes agregarme a tus pecados:
inclúyeme en los actos mal paridos,
en medio de maldades cotidianas,
entre las omisiones asesinas.
Arrepiéntete, amor, de no quererme.
 
Roces
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Y fueron tan sólo roces de miradas. De iris coloreados que parecían perderse los unos en los otros. Tus ojos deambulaban, como dando un rodeo, y acababan buscando encontrarse en los míos. Y en el instante mismo, mis ojos se escapaban directos a los tuyos. Chocaban las pupilas. Quedaban enganchadas un segundo, dos, tres... y luego se soltaban. Y así una vez, y otra. ¿Cuántas en una hora? Y en una tarde ¿cuántas? No puedo recordarlo, pero que fueron muchas, lo fueron, ya lo creo, me atrevería a jurarlo. Porque todavía hoy cuando ha pasado el tiempo, aun encuentro tus ojos.

Y fueron tan sólo roces de palabras. De labios parlanchines que no paraban quietos, hablando: a ratos, tonterías, a ratos, cosas serias. Las voces se turnaban para dejar su acento, su cadencia, su tono en el oído ajeno. Es la tuya pausada, serena, envolvente. Es una voz que arrulla, que calma y que enamora. La mía, quizá, es más apasionada, o eso dicen al menos los que la han escuchado. Y que es sensual y dulce. Y miles de palabras se quedaron flotando en la tarde, en la noche y al clarear el alba. Yo no pude contarlas, pero que fueron muchas, lo fueron, ya lo creo, me atrevería a jurarlo.
Porque todavía hoy cuando ha pasado el tiempo, aun oigo tus palabras.

Y fueron tan sólo roces de los cuerpos. De manos que casi sin querer se tocan un momento y luego se separan. Y cuando por las calles tranquilos paseábamos, sentía tu presencia, a mi lado, tan sólo separados por un escaso espacio. Y rozaba tu brazo, o tu hombro. O tú el mío. Sin intención ninguna, porque algún viandante nos hacía acercarnos, un poco más, un poco. Y de nuevo esa corta distancia volvía a separarnos. Y así una vez y otra. ¿Cuánto tiempo estuvimos así? ¿Cuántas veces las pieles se rozaron? Tampoco lo recuerdo, pero que fueron muchas, lo fueron, ya lo creo, me atrevería a jurarlo.
Porque todavía hoy cuando ha pasado el tiempo, aun te siento a mi lado.

Y fueron tan sólo roces de los labios. De sentirme abrigada al calor de tus brazos, apoyada en tu pecho. Y escuche los latidos de ese pequeño músculo que dicen que bombea la sangre a nuestro cuerpo. Pero yo siempre pienso que es mucho más que eso. Y tu cálido aliento me acarició la nuca. Las labios se tocaron, un poco, sólo un poco. Me temblaban las piernas, y el corazón, y el pecho y las manos. Y hasta un mechón de pelo. Y mi boca deseaba perderse con tu boca. Y perdida... dormirse. Nadar en tu saliva. Y cerrados los ojos, acallar las palabras. Que ahora no quiero oírlas. Que no quiero más nada que tu boca en la mía. ¡Qué corto fue ese beso! Eso sí lo recuerdo, fue tan sólo un instante, me atrevería a jurarlo.
Porque todavía hoy cuando ha pasado el tiempo, aun sigo deseando.

 
No soy poeta y a veces... los envidio
Algunas noche, como hoy, me da por leer poesía. Y me paso las horas "navegando" entre versos, descubriendo poetas que jamás había leído. Algunos con los que me identifico, o me hacen sentir especialmente, los guardo para leerlos cualquier otro día. Ocurre, sin embargo, que a veces ese cualquier otro día en que lo vuelvo a leer ya no siento lo mismo. No siempre.
Es extraño como cambiamos las personas, recuerdo que cuando estudiaba, así como ya he dicho que disfrutaba con las matemáticas, no me pasaba igual con la literatura. Me parecía un latazo la poesía, claro que, ya sabéis que no es lo mismo lo que tienes que estudiar por obligación que lo que haces por devoción.
Al pasar de los años empecé a tomarle gusto a esto de las letras, y ¿quién me iba a decir a mí que acabaría escribiendo en un blog? y siendo una verdadera adicta de la lectura.
Bueno, el caso es que hoy me tropecé con un poema que me ha gustado mucho y que quiero compartir. Espero que lo disfrutéis como yo. Feliz fin de semana.

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ELEGÍA II

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.
Yo me acostumbro a estar sin ti. ¿Lo entiendes?
Quiere decir, amor, que no amanece;
quiere decir que aprendo a abrir los ojos sin tu beso.
quiere decir que olvido, amor, que yo te olvido.

Como un morirse lento, implacable, a pedazos,
yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.
Y acostumbrarse es una cosa oscura,
es una cosa eterna, sin caminos,
como un caer caer en el vacío.

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.

Y un día y otro pasan.
Y un día triste no es día sino un cortejo inmenso.
Y dos días de tristeza ya no pueden decirse.
Y acostumbrarse es una palabra irremediable
que ojalá nunca sepas.

Una criatura tiene su tamaño,
tiene su borde estrecho, su medida.
Y ha de haber para todos la pequeña alegría,
esa mínima dicha que es un derecho humano.
ser feliz, amor mío, es como el aire, el agua,
algo para la vida.

Yo me acostumbro, amor, yo me acostumbro.

Lejos, tu mano corta el pan para otra boca.
Lejos, suenan tus pasos y como yo sé que suenan.
Lejos, amor, muy lejos.
Y allí, donde mi angustia está sin ecos,
tú sonríes, tú eres,
y no sabes, amor, con cuánta sangre,
con qué amarga paciencia,
con cuánta fuerza para ahogar, yo olvido,
yo deshago mi sueño
y me acostumbro, amor, y me acostumbro.

MIRTA AGUIRRE ( Cuba, 1912 - 1980 )