Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Desvaríos de amor y sexo
Image Hosted by ImageShack.us

“La quiero a morir” es el título de una canción de Toquinyo (creo), una canción de amor versioneada por artistas muy dispares: Manzanita, Marc Anthony, Francisc Cabrel, Junco, Sergio Vargas, Richard Cocciante, Dyango, Sergio Dalma, Camilo Sesto, Ráphael, Nicola Di Bari, Los Calaitos, Jenny Rivera… y seguro que muchos más. Particularmente, de las que he escuchado, prefiero la de Toquinyo, seguramente por ser la más conocida, la de Francis Cabrel por su ligero y encantador acento, y la de Manzanita por su pasión gitana en una voz desgarrada.

Pero no, no pensaba hablar de música, era de amor que yo quería hablar. No sé qué significa “quiero a morir” ¿que muere por ella? ¿que la querrá hasta la muerte?. Y… ¿cómo se puede medir el amor? No tiene volumen, ni peso, ni siquiera longitud. Es imposible saber en qué medida te quiero, por ejemplo. Supongo que algunos lo miden por lo que uno está dispuesto a hacer por el otro, o por lo que puede darle. Amor es entrega, dicen, pero pocos están dispuestos a amar sin recibir nada a cambio.

Otros se empeñan en diferenciar “amar y querer”, y aquí ya me pierdo. No sé si te quiero o te amo, o ninguna de las dos cosas, o ambas a un tiempo. Si lo analizo un poco más en profundidad (poco, porque sé que seguiré igual que estaba), quizá la palabra “querer” tiene alguna connotación de cariz posesivo, mientras que “amar” es el no va más del amor.

Ahora estoy pensando en que a alguien se le ocurriese la feliz idea de “asegurar el amor”, sí, igual que se asegura la vida. La gente se hace seguros de vida, y yo no he podido nunca entender cómo se puede asegurar una vida, cómo se le puede poner precio o valor a algo así. Y claro, de este modo, podemos suponer que es más valiosa la vida de alguien que tenga más posibilidades económicas que las de un pobrecito. Y pienso que si yo me muero, que se jodan un poco los demás también, que yo ya me jodí bastante, y no que se sequen las lágrimas (suponiendo que lloren) con unos cuantos billetes. Pues igual con el amor. Que a uno se le muere el amor, o se lo roban, pues no pasa nada, aquí tiene unos cuantos millones de euros y… se compra otro. Y si no está de humor, pues se va al Caribe y practica sexo en abundancia que seguro que le alegra el ánimo. Un día de estos algún espabilado lo hará… al tiempo, y los tontos a los que le sobre el dinero contratarán “un seguro de amor”.

Un día, hace algún tiempo, me preguntaste si estaba enamorada. No recuerdo a que vino esa pregunta, ni si contesté “sí” o “no” o alguna respuesta coherente. Seguramente no, lo más probable es que desviase la cuestión hacia otro asunto, porque tampoco tengo nada claro qué es eso de enamorarse. Podría decir que es algo así como ilusionarse. Aunque en todo caso, tengo la ligera impresión de que es un estado pasajero y poco perdurable.

Todo esto me ha llevado a pensar en lo que yo siento por ti.

Sé con seguridad que si algo te sucediese o desaparecieses de mi horizonte, me dolería, me dolería mucho. No me iba a morir porque nadie muere por eso, pero mi vida no sería la misma, perdería algo esencial y especial, como si me arrancasen un brazo o una pierna o alguna parte de mí más importante. Te echaría de menos durante largo tiempo y posiblemente no sería capaz de olvidarte para siempre porque ya formarías parte de mi memoria.

Sé también que te pienso cada día, sin que necesite de ningún aliciente que te traiga a mi memoria. Simplemente estás ahí, todo el tiempo, a veces de manera inconsciente, pero noto tu presencia firme y rotunda, capaz de oscurecer otros pensamientos.

Y si te pienso en la intimidad o evoco tus manos o tu boca, aparece el deseo y eso me excita, por lo que acabo irremediablemente masturbándome. Sí, no me avergüenzo por decírtelo así tan claramente, no te puedes imaginar cuántos orgasmos me has procurado sin tú saberlo. Así que de esto estoy segura: me gustas, me pones, me excitas, te deseo… Y eso ocurre pensándote tan solo. Claro que tú ya sabes lo que pasa cuando te tengo cerca, ni puñetera la falta que hace que te lo cuente yo ahora, pero como estoy aburrida y me apetece perder un poco el tiempo… te lo explico.

Cuando se acerca el momento de encontrarme contigo me convierto en un flan tembloroso y sonriente. Suena raro que un flan sonría, pero es así como yo me veo, no hay nadie capaz en ese momento de borrarme la sonrisa de la cara o de entristecer mis ojos que brillan como dos bichos de esos que lucen por la noche. Y me da por mear, sí, aunque suene así algo hortera, es como si me vaciase de líquido por dentro. En el momento en que siento en mí tu mirada me invade un ligero temblor que no puedo controlar y noto como mi sexo crece, se expande, se humedece, tiembla. Creo que tiene vida propia y me manda señales de lo que siente con tu cercanía. O es tu olor que aun no percibe mi nariz, pero por alguna extraña razón ya llegó hasta ahí abajo, entre mis piernas.

Luego hablas y yo te escucho ensimismada, mirándote la boca. Y la mía se hace agua esperando el momento de saborear tus labios, pero queriendo al mismo tiempo, alargar esa espera, esa creciente excitación que hace que se acelere el corazón y las manos se humedezcan. Cuando por fin te decides a tocarme, a perderte en caricias por mi cuerpo, a explorar los rincones más recónditos, a besar, a lamer… a hacer, en fin, todas esas cosas que me hacen tocar el cielo con los dedos (o el infierno) y que tú haces tan bien (o eso me parece a mí), entonces yo, ahora sí… moriría por ti, haría cualquier cosa para que ese tiempo no acabase jamás, para que fuese eterno.

Aquí, los entendidos podrán decir que no es amor lo que yo siento. Que es sexo, sólo sexo. Y quizá tengan razón. Me gusta el sexo. Me gusta y me es imprescindible. Podría vivir sin amor, sí, creo que sí, pero mi vida se tornaría vacía sin actividad sexual, ya fuese conmigo misma o en compañía.

Después de tanta perorata sigo igual que antes. No sé si te quiero, te amo, o estoy enamorada. Y para ser sincera… maldita la falta que me hace saber cómo puñetas llamar a lo que siento.


Powered by Castpost

 
Una de quatre formatges (Nit de teatre)
Image Hosted by ImageShack.us

Image Hosted by ImageShack.us

Compañía: La Dependent
Actores: Alex Cantó, Joan Gadea, Pepa Miralles y Pep Sellés
Dirigida por Gemma Miralles

Poner en una pizzería cuatro personajes: la Pili, el Pepperoni, el Giulio y el Ramón, los mejores quesos de cada casa y dejarlos macerar. Cuando hayan cogido el punto loco, canalla y estrafalario que todos llevamos en nuestro interior, quitarles las caretas y los prejuicios, mezclarlos bien mezcladitos y ponerlos durante una hora encima de un escenario a temperatura fuerte, hasta que sus manías y sus miserias afloren y acaban totalmente desnudos. Echar, entonces, un pellizco de ternura y otro poco de humor, y servirlo bien caliente.

La Pili es una mujer tierna y algo boba que vive una vida mediocre, una mujer que toda su vida se sintió invisible, a la que su marido pone los cuernos con su hermana. Pepperoni es un ser algo salvaje que vive de espaldas a lo que él llama "el sistema", y que en realidad es un niño que no quiere crecer, le gusta el sexo y todo se lo toma a broma. Los dos trabajan en el Rigoleto, una pizzería regentada por Giulio, un hombre alcoholizado que quería dedicarse al bell canto y renunció a ese sueño para hacerse cargo de la pizzería propiedad de su padre. A esta plantilla se incorpora Ramón, que estudió en la escuela de hostelería, se ha comprado un piso y tiene proyectos de futuro. Un futuro que pronto se verá truncado al descubrir que su novia le ha puesto los cuernos con el banquero que les concedió la hipoteca y en quien el pobre Ramón confiaba ciegamente, por tratarse de un amigo de la infancia.
La presión de las deudas de Giulio (hacienda, seguridad social), los cuernos de Ramón, la mezcla de sentimientos de la Pili con él y con Pepperoni y un trágico suceso desencaden el principio de una revolución... la revolución de los pizzeros.

Image Hosted by ImageShack.us

Una obra divertida y trágica a un tiempo que hace que te sientas identificado en algún momento con cualquiera de sus protagonistas, con sus miserias y sus alegrías. La historia de lo que la sociedad vería como unos perdedores.

Buen fin de semana.
 
¿Cómo pudiste...?
Image Hosted by ImageShack.us

La puta lluvia no deja de caer y me estoy quedando helada aquí en el coche. La humedad me va calando en los huesos y siento un frío que me congela por dentro. Creo que me he vuelto loca, lo que estoy haciendo carece de toda lógica, pero al mismo tiempo no puedo dejar de hacerlo. Tengo que saber qué está pasando, a qué viene tanto secreteo, cuchicheos al teléfono, llamadas sin contestar ¿qué estás haciendo Eva?
Le he mentido, por primera vez en los dos años que llevamos juntas, le he mentido. Ella cree que estoy en una reunión importante. Y estoy aquí, camuflada en un coche prestado… vigilando.
No conozco a ese tipo que se ha parado en nuestro portal ¿qué hace ahí con la que está cayendo? No pienses tonterías, Leonor, no puede esperarla ella, no es un ligue… es lesbiana ¿recuerdas? Le gustan las mujeres como a ti. Sí, eso me digo para convencerme, pero lo cierto es que tengo una opresión en el pecho y algo me dice que ese hombre ...
Al fin y al cabo, sé tan poco de su vida. Tampoco hace falta porque lo único que importa en realidad es que la amo con toda mi alma. Y a ella, a ella siempre le ha molestado hablar de su pasado, de su familia. De mí, de mí lo sabe todo. La lucha que libré con mis padres, su desprecio al conocer mi homosexualidad. La de noches que he llorado en sus brazos, porque yo, al contrario de lo que parece que le ocurre a ella, les añoro y les quiero. Y tengo la esperanza de que algún día me comprendan. Iba a decir: que algún día me perdonen, pero Eva diría que nada malo he hecho para esperar el perdón. Y tiene razón.
¡Dios mío!... es ella. Y ese hombre la está abrazando. No puedo verla bien desde aquí con toda esta agua chorreando en los cristales pero diría que sus ojos brillan de felicidad. Eva… Eva… ¿por qué me haces esto? Soy una imbécil, una cretina, creí que me amaba, me lo decía tantas veces, que yo era su vida… mierda. Se ha reído de mí, la muy zorra, se ha burlado de mi cariño. Y ahora, no sé si alguna vez ha sido sincera, quizá me ha estado engañando siempre y yo, desgraciada idiota, estaba tan ciega que no me daba cuenta. Hace días que está muy rara y cuando le preguntaba me decía que no dijese tonterías, que estaba como siempre. Y hace dos días noté un olor extraño cuando llegó a casa y vino a darme un beso… idiota, idiota, idiota… me he dejado engañar como una idiota. Odio que se burlen de mí, no lo soporto. Prefiero que me digan a la cara mil veces lo que piensan. Odio las mentiras. Toda mi vida, hasta ahora, he tenido que estar mintiendo, toda mi vida. Inventándome novios que no existían, polvos imaginados, hombres que me llamaban por teléfono. No toleraré este engaño, no, éste no pienso tolerarlo.
Tengo que saber dónde van, seguramente ella no habrá querido subirle a casa por si yo detectaba algún detalle que desvelase su presencia. Lo tiene todo pensado y calculado. Ahí van, andando cogidos del brazo, compartiendo el paraguas. Estas calles están desiertas a esta hora, así que puedo ir despacio a cierta distancia con las luces apagadas. Se paran y vuelven a abrazarse… hija de puta. Se pone de puntillas para darle un beso, un beso húmedo como las lágrimas que mojan mi cara. No, no voy a llorar, ya he llorado bastante, no voy a llorar.
Te juro que me las vas a pagar, te lo juro… me las vais a pagar… cabrones…
No te reirás más de mí, Eva, no te volverás a reír de nadie más…
--------------------------------------------------------------------------------------------

Sucesos

Ayer, alrededor de las 10 de la noche, un terrible accidente ha acabado con la vida de Eva M.G y Leonor B.H., y ha dejado en estado grave a Javier M.G., hermano de Eva. Un vehículo conducido por Leonor B.H. invadió la acera y arremetió contra los dos hermanos que caminaban por la Calle Guadalaviar bajo la intensa lluvia. Se está llevando a cabo una investigación pues según fuentes policiales puede tratarse de un hecho premeditado, aunque no se descarta la hipótesis de que se trate de un accidente debido a la intensa lluvia. Según el testimonio de una amiga de las víctimas, hoy era el cumpleaños de Leonor B.H., y estaban preparándole una fiesta sorpresa para celebrarlo, Eva M.G., pensaba presentarle a su hermano que había venido a visitarla procedente de Bruselas donde reside desde hace varios años.


Powered by Castpost
 
De pesca
Image Hosted by ImageShack.us

Ya están otra vez igual. Gimiendo, gritando… y esos golpes en la cama. Nunca tienen bastante, claro que como él está toda la semana fuera, cuando viene aprovechan el tiempo. Esa golfa lo hace bien, la muy puta, lo tiene bien enganchado. Pero él es mío, es mío. Hace tantos años que sueño con él, desde mucho antes que vinieran a vivir aquí, justo a mi lado. He revivido miles de veces aquella mañana de un día que yo creía sería como todos: aburrido, lento, sin sentido. Un día más tras el mostrador de la sección de perfumes, atendiendo a clientas pesadas y exigentes. Un día largo que terminaría volviendo a casa, sola, para sentarme en el sofá frente al televisor comiendo cualquier cosa. Pero todo cambió cuando subí al autobús que me llevaba al trabajo. Allí estaba él leyendo el periódico, del que levantó la vista un momento para mirarme. Yo ya no pude dejar de hacerlo. Era el hombre con el que siempre había soñado. Y a él también le gusté, lo sé, esas cosas se notan. Bajé en mi parada y mis pies no tocaban el suelo. He inventado tantas historias, tantas formas de encontrarnos de nuevo. Soñaba que él venía a buscarme, o que entraba a comprar un perfume que me regalaba, o que volvía cada día a coger el mismo autobús a esa misma hora. No ocurrió nada de eso, pero yo sé que me buscaba, lo sé, él me buscaba, porque me ama. Tenía que ser yo la mujer que está ahí follando con él. Y no aquí, acariciándome sola, imaginando su polla en mi boca, oliendo su cuerpo sudoroso ¡qué se callen de una vez!

Odio a esa mujer, la odio.

La primera vez que me crucé con él en la portería, el corazón parecía que se me iba a salir del pecho. Él me reconoció, lo sé, pero sabe disimular muy bien y sólo me dirigió un saludo serio y educado. Espero tras la puerta escuchando sus movimientos para coincidir con él cuando sale a la calle. Y en el ascensor me gusta rozarle. Le comería la boca allí mismo, y lo haré cualquier día. Hoy, domingo, ella va a casa de sus padres y él se queda solo, yo creo que no se lleva bien con ellos. Se sienta a ver la televisión y yo le veo desde mi ventana. Él sólo tiene que girar un poco la cabeza para verme.

Es la hora. Ahí está. Me tumbo en el sofá y pongo la música un poco alta para que mire hacia aquí. Llevo sólo una fina bata entreabierta. Se ha levantado de la butaca y se acerca a la ventana. Se queda allí quieto, mirándome. He empezado a acariciarme las tetas que se asoman por el escote de la bata. Hago girar los pezones entre mis dedos hasta que se yerguen duros. Ahora le estoy mirando fijamente mientras mi mano se desliza por el vientre hasta mi coño húmedo. Separo las piernas para mostrárselo abierto. Mis dedos se deslizan fácilmente hacía su interior. Le miro: ¿vienes? Y sin esperar respuesta, me levanto del sofá y me dirijo hacia la puerta.

Cuando la abro, allí está él con una erección más que visible. Me aparto para que entre y cierro la puerta. Le muerdo la boca, y le meto la lengua buscando la suya, mientras mi mano oprime el paquete que palpita entre sus piernas. ¡Hijo de puta! Llevo años esperándote ¡cabrón! Voy a follarte, a hacerte gozar hasta que te olvides de tu preciosa mujercita. Le empujo sobre la cama y él se deja hacer. Me hago con su polla y empiezo a lamerla pasando la lengua por su carne suave y caliente. Mi boca la traga por completo. Él ha empezado a gemir, sigue, sigue, así, no pares, me dice con voz ronca. Me detengo. A horcajadas me siento sobre su cara con el coño abierto ante su boca. ¡Cómetelo, cómetelo todo! Me coge las nalgas y hunde su boca y su nariz en mi sexo empapado, que yo froto por su rostro. Me retuerzo de placer cogida a la cabecera de la cama. Deseo que se ahogue ahí abajo, aplastar mi coño contra su boca hasta que no pueda respirar. Con este pensamiento me corro entre gritos.

Lamo su cara mojada por mis fluidos y miro de soslayo su polla que parece a punto de estallar. Ahora, fóllame, le susurro al oído, fóllame fuerte, traspásame hasta hacerme gritar. Sus ojos brillan de deseo cuando la mete entre mis piernas. Más, más adentro… y él golpea y golpea mi pelvis. Apoyo mis talones en sus nalgas y le empujo hacia mí como a un caballo para hacer que trote, mientras mis uñas se clavan en su espalda. No puede aguantar más y siento como un chorro caliente de semen golpea las paredes de mi vagina, al tiempo que las contracciones de otro orgasmo me sacuden, y parece que quisieran succionarlo a mi interior.

Tengo que irme, me dice, recuperado ya el aliento. Sabes que volverás ¿verdad? No te vas a esfumar otra vez. ¿Otra vez? No sabe de qué estoy hablando, o sí, sí que lo sabe pero no quiere darse por enterado. Yo sé que no me olvidó desde aquel día en el autobús, igual que yo no me olvidé de él. Es imposible que el amor que yo siento por él no sea correspondido. Sería un pecado… y un error. No respondo a su pregunta. Mi mujer no puede enterarse, su voz tiembla imperceptiblemente. No te preocupes, amor, no se enterará, no te preocupes. Le beso dulcemente en la boca.

Me siento bien, tengo ganas de reír como una loca y danzo sola en la habitación. Esta noche no se oyen gemidos y la cama no se mueve rítmicamente. He guardado a buen recaudo la cinta que he grabado, después de visionarla y masturbarme mientras lo hacía.
Mañana… mañana me apetece hacer esa tarta que me sale tan buena, y seguramente tocaré el timbre de la vecina y le pediré un poco de azúcar que habré olvidado comprar. Está tan sola, la pobre, con su marido fuera toda la semana, que seguro necesita una amiga para conversar. Y yo, yo puedo llegar a ser tremendamente encantadora. Una amiga sincera, simpática, dispuesta a escucharla y a convertirse en prácticamente imprescindible.

El pez… ya mordió el anzuelo.


Powered by Castpost
 
Cuando el querer no importa
Image Hosted by ImageShack.us
(Imagen JJFEZ)

No espero que me quieras, no.
Es suficiente con que, cuando me mires, tu boca se muera por besar mi boca. Que tus ganas se iguales a las mías, incluso yo diría que no importa que se queden un poco más chiquitas.
No es necesario, amor, que tú me quieras.
Yo sólo ansío que tu piel desee rozarse con la mía. Que tus manos descubran placeres no inventados paseando incansables por mi cuerpo. Que tu ombligo quiera ser el centro de mis besos.
No importa que me quieras o no, mi amor, no importa.
Basta con que me sueñes desnuda en la ventana. O abrazada a tu espalda. O dejando sobre ti la huella de mis pasos. Me basta con ser un pensamiento, en un lugar pequeño, viviendo en tu memoria.
Y que quieras contarme historias infinitas.
Y que solo conmigo compartas tus silencios.
Y que me mires siempre con tus ojos de niño.
Y que cojas mi mano.
Y que me abraces fuerte como si deseases que me quede ahí, por siempre, apoyada en tu pecho.
Y que tu boca busque el calor de mi sexo.
Por eso insisto, amor, no es necesario, no. No es importante que me quieras o no. No es importante.
Pero si un día… si un día me quisieras…



Powered by Castpost
 
Caminando
Image Hosted by ImageShack.us

Camino y pienso.

En los cascos, la voz del maestro Sabina me aísla del resto del mundo. Algunas de sus letras me hacen sonreír, aun habiéndolas escuchado cientos de veces. Sólo el paisaje se cuela por mis ojos, y el calor calienta mi piel.

Veo pasar un tren y me invento historias. Historias de las gentes que lo llenan, sus destinos. Camino. Y me doy cuenta que mis pies lo hacen de forma automática, supongo que mi cerebro se lo está ordenando de alguna forma, pero no sé cómo porque al mismo tiempo escucha a Sabina y piensa. A veces, siguen el ritmo de la música, más despacio, más rápido. Un día tendré que aprender a no pensar en nada.

Un ejército de hormigas sigue mi camino, o soy yo quien las sigue a ellas. Van y vienen cargadas, como pequeños seres uniformados. Me pregunto si seremos así dentro de unos cuantos siglos. Todos iguales, uniformemente uniformados. Pienso que no quiero ser hormiga. Y seguramente lo soy, la mayor parte de mi vida, aunque a ratos me disfrace de cigarra.

A lo lejos, distingo dos siluetas. Son un hombre y una mujer algo mayores. Por un momento, él me recuerda a mi padre en su forma de caminar. Y no puedo evitar sonreír recordando cuánto le gustaba pasear. Seguramente lo heredé de él. Soy “andariega”… me gusta esta palabra, por eso siempre me llevaba a sus excursiones y se enorgullecía ufano de que yo nunca me cansaba y aguantaba la caminata sin rechistar.

Vienen hacia mí, y cuando están más cerca me doy cuenta que es un primo de mi madre y su mujer, a los que hace mucho que no veo. Los saludo. Y respondo a sus preguntas sobre toda la familia. En un momento, les pongo al día de todas las novedades: mis sobrinas desperdigadas por medio país, mi hijo que se hace mayor, la niña que ya es una mujer… nos despedimos. Cuando me alejo de ellos recuerdo que siendo jovencita odiaba encontrarme con familiares o conocidos. No sabía qué responder a sus preguntas y decía continuamente: “bien, está muy bien”. ¿Será que los años me han hecho más habladora?

Hago un alto en mi camino y me siento en un banco de piedra, rodeada de mimosas. Bebo agua y me fumo un cigarro. No tengo fuerza de voluntad para dejar de fumar. Mil veces me lo propongo, lo intento y vuelvo a caer. Soy una mujer sana, como de forma sana, hago deporte, pero… fumo. Nadie es perfecto.

Camino. Por mi izquierda adelanta un corredor enfundado en mallas negras. Mi mirada se queda enganchada en su bien formado trasero, en sus gemelos tensos por el esfuerzo. Pienso en la belleza del cuerpo, en los músculos bien dibujados, mientras él se va haciendo chiquitito y borroso.“Vístete de putita, corazón, vuélveme loco…” “ponte aquellas braguitas de nailón, y luego, quítatelas poco a poco…” canta Sabina en mi oído… “ya, ya, ya eyaculé…¿ya?...” No debería escuchar esto. Es Semana Santa, dicen. Hoy es un día de luto: murió Cristo, dicen. Miro al cielo y pienso. Pienso que hoy es un día demasiado hermoso para morir.

Estoy llegando al pueblo. En un descampado un grupo de niños con sus padres están intentando hacer volar la “milotxa”. Algunas se dejan llevar por el viento y suben cada vez más alto. Otras, se rebelan, se retuercen, y acaban cayendo en picado. Son las “milotxas” suicidas. Las que salen indemnes de su conato de rebelión vuelven de nuevo a intentar elevarse. Aprenderán, aprenderán que no pueden luchar contra el viento, que deben seguir su dirección si quieren volar alguna vez.

En cuanto llegue a casa voy a tomar un té. Un té rojo. Hoy me apetece rojo. Escucho a Manu Chao, y me entristece su canción.

Por enésima vez pienso que tengo que aprender a no pensar.
No pensar en nada.


Powered by Castpost


 
¿Suerte?
Image Hosted by ImageShack.us

Abril siempre ha sido, con diferencia, mi mes preferido. No sé si porque la primavera se abre paso a empujones relegando al frío invierno al mas absoluto olvido, o porque es el mes en que nací. Lo cierto es que haciendo caso de los astros, es un tiempo en el que la suerte suele sonreirme.
Y esto de la suerte siempre me hace pensar.
Es algo que no sé como expresar, pero está ahí desde el momento en que somos concebidos. Supongo que puede tener otros muchos nombres, pero a mí me gusta éste. Y digo que la llevamos con nosotros desde nuestro nacimiento, porque naturalmente, no es lo mismo nacer en Francia que en el Senegal, ser blanco o negro, ser hombre o mujer... nada es lo mismo. También la familia es la que te toca "en suerte" y, te guste o no, es lo que hay.
Claro que podemos intentar cambiar nuestra suerte, pero vemos cada día personas que con el mínimo esfuerzo consiguen vivir una buena vida, como poco, tranquila y sin grandes tragedias. Mientras que otras parece que nacieron bajo el estigma de la mala suerte y por más que se esfuercen todo les sale mal.
Afortunadamente, en algún rincón, por ahí escondida, suele morar la esperanza y eso hace que no tiremos la toalla y nos levantemos cada día pensando en que hoy sí, hoy nos sonreirá la suerte.
Decía que la familia nos viene dada y no podemos elegir, pero sí a los amigos o al amor de nuestra vida. Y yo, tampoco estoy muy segura de eso ¿qué es lo que hace que hagamos de otras personas nuestros amigos o no? ¿qué tiene ese hombre o esa mujer que nos hace sentir ese sentimiento extraño y complicado que llamamos amor?
En otros tiempos, tampoco teníamos mucho donde elegir. Los amigos eran nuestros vecinos del barrio, compañeros de colegio, del trabajo, los amigos de la mili... y casi que se reducía al ámbito de nuestra localidad o como mucho, de los pueblos vecinos.
Ahora, viajamos, nos relacionamos con gentes de otros países. Y con la llegada de internet, las posibilidades se han multiplicado por miles, por lo que podemos tener amigos de la otra parte del mundo o enamorarnos de alguien a quien no conocemos. Y cada vez me admira más de lo que "esos desconocidos" del otro lado de la pantalla nos pueden hacer sentir. Hacemos amigos a los que acaban uniéndonos unos lazos tanto o más estrechos que los que podemos tener con ese de la infancia que nos acompaña a lo largo de nuestra vida. Nos alegramos cuando son felices y sus penas nos hacen llorar.
También en esto, yo he tenido suerte, lo he dicho en más de una ocasión.
Bien, ya he divagado un poco. Posiblemente la mayoría de vosotros estará con las maletas a punto para disfrutar de unos días de vacaciones. Yo andaré medio ausente, no del todo, porque no me gustan las aglomeraciones y prefiero quedarme aqui en mi playa tranquila. Aprovecharé para relajarme y escribir un poco.
Os quiero a todos, aqui, de vuelta. Pasaré lista.
Sed felices.


Powered by Castpost
 
Si usted supiera...
Image Hosted by ImageShack.us

Si supiera, señor, cuánto le extraño.
De esta angustia que me está matando.
De mis miedos.
De mi andar triste y pensativo,
con los hombros hundidos por el peso de amarle.
Arrastrando los pies que parecen pegarse al cemento.
No me alegran las calles pues las hallo vacías.

Si supiera, señor, cómo le sueño.
Abrazada a la almohada,
como el naúfrago aquel perdido en el océano,
agarrado a una tabla esperando un milagro.
De mi vacío despertar, del cielo gris...
del silencio.

Si supiera, señor, de mi deseo.
De cómo me consume y hace arder mi cuerpo.
De mi piel ajada por la ausencia del tacto suave de sus manos,
como la tierra cuarteada del desierto cuando le falta el agua.
De mis labios resecos.
De mis manos vacías.

Si supiera, señor, si usted supiera.

Pero usted no lo sabe... y yo no se lo digo.



Powered by Castpost
 
Desordenada
Image Hosted by ImageShack.us

Dedicado... a mí, mismamente, por aquello de variar un poco.
Y es que, no a todo el mundo le compone Ariel Rot una canción... ¿que no?... aqui está la prueba del delito...


Powered by Castpost
 
Cambio de planes
Image Hosted by ImageShack.us

Imagen de Lola Abaunza Tarduchy

Esta tarde no he querido quedarme medio "frita" en el sofá despues de comer. Todos los domingos me pasa igual, como no me levante nada más tomar el café, se apoderá de mí la pereza y acabo durmiéndome. Luego me levanto fatal, con dolor de cabeza, malhumorada, y sin ganas de nada. Sin contar con que acaba sentándome mal la dichosa paella.
Hoy, nada más comer, me he calado la gorra y las gafas de sol, y me fui a andar un rato.
Mi pueblo (que es muy moderno y ecologista para algunas cosas) posee una "via verde" para ciclistas y paseantes. Se hizo aprovechando el antiguo trazado de la "Via Xurra" de Renfe que hace años que se quedó inservible. Creo que tiene unos 15 quilómetros y une distintos pueblos hasta llegar a la capital. Está asfaltada en rojo y transcurre entre naranjos y algún que otro barranco.
Yo no la había utilizado hasta ahora, y la verdad es que me gustó el paseo. Hacía sol, pero como está relativamente cerca de la costa porque desde ella se divisa el mar, corría una brisa fresca que hacía agradable la temperatura. A mitad de camino entre mi pueblo y el siguiente hay una especie de "vía de descanso" como en las autopistas, con unos cuantos bancos de piedra, una fuente (que desgraciadamente no funciona) y algunos árboles de mimosas.
Cuando llegué a casa me dí una buena ducha y me siento estupendamente... creo que repetiré a menudo.
Otro paseo provechoso (éste en la red), me ha llevado a descubrir un grupo de música que me ha encantado. Seguramente son muy conocidos, pero yo no soy ninguna entendida, así que para el que no haya oído hablar de ellos (como yo) y le apetezca puede entrar a su página a dar un vistazo, donde además se pueden escuchar sus interpretaciones www.quadronuevo.de/es/start.php.
Una pequeña muestra:


Powered by Castpost

Feliz semana.

 
El paso del tiempo
Image Hosted by ImageShack.us


Imagen de Pedro Pacheco

Pasa rápido el tiempo... demasiado rápido. En días como hoy me doy cuenta de que nuestra vida es una parte insignificante, casi inexistente en el conjunto del universo. No puedo evitarlo... temo hacerme mayor. No es que me pueda el miedo a la vejez física, que algo de eso hay también porque a nadie le apetece imaginarse con artrosis, colesterol alto y un sinfín de achaques que van minando nuestro organismo. Es, sobre todo, miedo a dejar de existir como persona útil. No, no exagero. En esta sociedad, no nos engañemos, los viejos sólo significan algo cuando se acercan elecciones y sus miles de votos pueden hacer que la balanza se incline hacia el lado de uno u otro partido político. El resto del tiempo son más bien una molestia. Y lo digo con pena, mucha pena, pero es la realidad que aparece ante mis ojos. Amamos a nuestros ancianos particulares, íntimos. Y a veces, ni eso, que para muestra... un botón, pero el resto, no nos gustan nada.
Temo pasar de ser una ayuda casi imprescindible, a una pesada carga. Porque, seamos realistas, la vida moderna no es como la de antaño. Y hoy en día, los viejos estorban. LLevamos un ritmo tan frenético que no nos queda tiempo para gozar con su conversación pausada, de la que tendríamos mucho que aprender. O pasear de su brazo con pasitos cortos.
Aun me quedan muchos años para llegar a eso, creo. Pero camino inexorablemente hacia ese destino y la distancia es cada año más corta. La prueba está en que ya pienso en ello. Hace algún tiempo lo veía tan lejano. Y es que cuando eres joven el futuro en el que piensas es casi inmediato. Y ni se te pasa por la cabeza que enfermerás, envejecerás o morirás.
En fin, que no creáis que estoy triste, es sólo una pequeña reflexión, un hacerme a la idea de que el tiempo sigue impasible su camino. Y que el año pasado cuando celebré mi cumpleaños con vosotros, no pensé que ésto iba a durar.
Ya no deben existir diablos a los que vender mi alma a cambio de la eterna juventud ¿O sí?... si alguno me lee, haga el favor de dejarme su móvil... y hablaremos de negocios.
Buen fin de semana y gracias por seguir aqui.



Powered by Castpost