El último del 2005
Cuando escribí el post anterior esta mañana pensé que era el último que colgaba hasta el año que viene, pero la mayoría de las veces las cosas no suceden como las pensamos, así que estoy aqui de nuevo.
Algunos de vosotros, los que me leéis desde hace tiempo, me habréis "oido hablar" en ocasiones del que he dado en llamar "mi contrario", ese que me acompaña desde que era casi una niña, el que duerme conmigo o contra mí, que ronca por las noches, que en infinidad de ocasiones me saca de mis casillas, porque es un cabezota, porque no nos entendemos, porque pone freno a mis alas. El que, otras veces, me masajea la espalda, me provoca, me consiente, me mima, me perdona... Pues bien, esta noche merece que le dedique algunas líneas.
Hoy, al salir del trabajo, tenía algunos recados que hacer y las últimas compras (esas que siempre se olvidan) para la cena de mañana. Cuando estaba terminando me llamó una amiga para invitarme a tomar un café. Acepté. No acababa de entrar en la cafeteria cuando vuelve a sonar el móvil. Esta vez era mi contrario:
Él: ¿dónde estás?
Yo: voy a tomar un café con X.
Él: no tardes mucho.
Yo: acabo de llegar.
Él: es que me he quedado sin tabaco.
Yo: ¿no habías dejado de fumar?
Él: es que me apetece mucho un cigarro.
Yo: Valeeeeeeeeee, está bien, voy en un ratito.
Colgué de mal humor y protestando: es que siempre estamos igual, no la dejan a una tomarse un café tranquila, que pesadilla de hombre....
Cuando llego a casa estaba él solo, los niños habían salido a hacer unas compras y no volverían hasta la hora de la cena. Cual sería mi sorpresa cuando al entrar en nuestro dormitorio me encuentro el suelo cubierto de ROSAS que él mismo había ido a coger al huerto. Unos capullos pequeños y olorosos que me dejaron sin palabras y ¡tengo que decirlo! con un poso de remordimiento por todo lo que había pensado cuando me llamó por teléfono, cuando lo único que él pretendía es que estuviésemos sólos un rato. Por eso necesitaba escribir esto ahora, porque él suele hacer estas cosas, un día cualquiera, no hace falta que sea ninguna fiesta, ni aniversario, ni cumpleaños. Lo hace porque sí, porque me quiere, a pesar de nuestras diferencias y discusiones, o precisamente por ellas. Y yo, quizá porque estoy acostumbrada, no le doy la importancia que merece.
Ahora sí... Feliz Año.

Algunos de vosotros, los que me leéis desde hace tiempo, me habréis "oido hablar" en ocasiones del que he dado en llamar "mi contrario", ese que me acompaña desde que era casi una niña, el que duerme conmigo o contra mí, que ronca por las noches, que en infinidad de ocasiones me saca de mis casillas, porque es un cabezota, porque no nos entendemos, porque pone freno a mis alas. El que, otras veces, me masajea la espalda, me provoca, me consiente, me mima, me perdona... Pues bien, esta noche merece que le dedique algunas líneas.
Hoy, al salir del trabajo, tenía algunos recados que hacer y las últimas compras (esas que siempre se olvidan) para la cena de mañana. Cuando estaba terminando me llamó una amiga para invitarme a tomar un café. Acepté. No acababa de entrar en la cafeteria cuando vuelve a sonar el móvil. Esta vez era mi contrario:
Él: ¿dónde estás?
Yo: voy a tomar un café con X.
Él: no tardes mucho.
Yo: acabo de llegar.
Él: es que me he quedado sin tabaco.
Yo: ¿no habías dejado de fumar?
Él: es que me apetece mucho un cigarro.
Yo: Valeeeeeeeeee, está bien, voy en un ratito.
Colgué de mal humor y protestando: es que siempre estamos igual, no la dejan a una tomarse un café tranquila, que pesadilla de hombre....
Cuando llego a casa estaba él solo, los niños habían salido a hacer unas compras y no volverían hasta la hora de la cena. Cual sería mi sorpresa cuando al entrar en nuestro dormitorio me encuentro el suelo cubierto de ROSAS que él mismo había ido a coger al huerto. Unos capullos pequeños y olorosos que me dejaron sin palabras y ¡tengo que decirlo! con un poso de remordimiento por todo lo que había pensado cuando me llamó por teléfono, cuando lo único que él pretendía es que estuviésemos sólos un rato. Por eso necesitaba escribir esto ahora, porque él suele hacer estas cosas, un día cualquiera, no hace falta que sea ninguna fiesta, ni aniversario, ni cumpleaños. Lo hace porque sí, porque me quiere, a pesar de nuestras diferencias y discusiones, o precisamente por ellas. Y yo, quizá porque estoy acostumbrada, no le doy la importancia que merece.
Ahora sí... Feliz Año.

Razones
Una vez más llega el momento de despedir un año y comenzar otro. No tengo por costumbre hacer balance de lo acontecido en el pasado, de los errores cometidos o de la buena o mala suerte que padecí, porque al fin y al cabo, ya es pasado e irremediablemente forma parte de nuestra vida. Pero este 2005 que termina ha sido especial para mí, sobre todo a nivel personal y afectivo. Una de las cosas importantes es que di comienzo esta locura de escribir un blog, lo que me ha llevado a "conocer" a algunas personas que ya forman parte de mi historia y sobre todo, a disfrutar muchísimo del talento, la ternura, el sentido del humor... y muchas más cosas que se esconden tras vuestras letras.
He sido muy feliz en este 2005. Y sólo espero que el próximo, por lo menos, me deje como estoy.
Para vosotros, todos, desearos que se cumplan vuestras ilusiones y anhelos, que tengáis entereza para cuando las cosas salgan del revés, y sobre todo, agradeceros una vez más, todo lo que sin apenas daros cuenta, me habéis regalado.
Un abrazo, y nos vemos en el nuevo año.
------------------------------------------------------------------------------------------------
Escuchando a Bebe, encontré una canción preciosa, os la pego:

RAZONES (BEBE)
Te echo de menos, le digo al aire
te busco, te pienso, te siento y siento
que como tu no habrá nadie
y aqui te espero, con mi cajita de la vida
cansada, a oscuras, con miedo
y este frio, nadie me lo quita.
Tengo razones, para buscarte
tengo necesidad de verte, de oirte, de hablarte
tengo razones, para esperarte
porque no creo que haya en el mundo nadie mas a quien ame
tengo razones, razones de sobra
para pedirle al viento que vuelvas
aunque sea como una sombra
tengo razones, para no quererte olvidar
porque el trocito de felicidad fuiste tu quien me lo dio a probar
El aire huele a ti, mi casa se cae porque no estas aqui
mis sabanas, mi pelo, mi ropa te buscan a ti
mis pies son como de cartón
que voy arrastrando por cada rincón
mi cama se hace fria y gigante
y en ella me pierdo yo
mi casa se vuelve a caer
mis flores se mueren de pena
mis lagrimas son charquitos
que caen a mis pies
te mando besos de agua
que hagan un hueco en tu calma
te mando besos de agua
pa que bañen tu cuerpo y tu alma
te mando besos de agua
para que curen tus heridas
te mando besos de agua
de esos con los que tanto te reias
He sido muy feliz en este 2005. Y sólo espero que el próximo, por lo menos, me deje como estoy.
Para vosotros, todos, desearos que se cumplan vuestras ilusiones y anhelos, que tengáis entereza para cuando las cosas salgan del revés, y sobre todo, agradeceros una vez más, todo lo que sin apenas daros cuenta, me habéis regalado.
Un abrazo, y nos vemos en el nuevo año.
------------------------------------------------------------------------------------------------
Escuchando a Bebe, encontré una canción preciosa, os la pego:

RAZONES (BEBE)
Te echo de menos, le digo al aire
te busco, te pienso, te siento y siento
que como tu no habrá nadie
y aqui te espero, con mi cajita de la vida
cansada, a oscuras, con miedo
y este frio, nadie me lo quita.
Tengo razones, para buscarte
tengo necesidad de verte, de oirte, de hablarte
tengo razones, para esperarte
porque no creo que haya en el mundo nadie mas a quien ame
tengo razones, razones de sobra
para pedirle al viento que vuelvas
aunque sea como una sombra
tengo razones, para no quererte olvidar
porque el trocito de felicidad fuiste tu quien me lo dio a probar
El aire huele a ti, mi casa se cae porque no estas aqui
mis sabanas, mi pelo, mi ropa te buscan a ti
mis pies son como de cartón
que voy arrastrando por cada rincón
mi cama se hace fria y gigante
y en ella me pierdo yo
mi casa se vuelve a caer
mis flores se mueren de pena
mis lagrimas son charquitos
que caen a mis pies
te mando besos de agua
que hagan un hueco en tu calma
te mando besos de agua
pa que bañen tu cuerpo y tu alma
te mando besos de agua
para que curen tus heridas
te mando besos de agua
de esos con los que tanto te reias
Una mañana de un día cualquiera

Sentada a la mesa de la cocina apura su café de la mañana, de otra mañana más. Los platos sucios se amontonan en el fregadero, mientras por la ventana un día gris y lluvioso comenzó hace unas horas. Los chicos que aun le quedan solteros y el marido han salido hace un rato a unos trabajos miserables y mal pagados. Hace unos años, él, el hombre de la casa tenía un trabajo medio decente, hasta que llegó la temida reducción de personal y lo largaron a la calle. Desde entonces, anda de acá para allá, siempre malcarado con la frustración pintada en la cara y el cigarro colgando de la boca. Y ella sin un puto duro, siempre contando cada peseta. No es que antes le sobrase porque él le daba lo justo para pasar casa, pero ella se apañaba limpiando alguna escalera y contaba, al menos, con algo fijo todos los meses. Menos mal que tenían aquel piso, que parecía una caja de cerillas, ya pagado porque si no estarían en la calle.
Llena la taza, ya vacía de café, con coñac y se toma un trago. Le calienta por dentro. Hace tanto frío. La estufa sólo la enciende un rato por la noche cuando cenan en el destartalado comedor, en silencio, absortos en la televisión. Ahora, para ella sola, es un gasto inútil que no puede permitirse. La vieja gata se restriega por sus piernas, curvando su cuerpo para pasar entre ellas, como queriendo decirle que está allí a su lado buscando una caricia. Le habla, a veces, es la única que parece escucharla desde que, hace ya años, la encontró sucia y abandonada en la calle... la vieja gata.
Si toma dos o tres vasitos más conseguirá quitarse esta congoja y esta pena, como cada día, y una niebla blanda y espesa le hará ver las cosas más suaves y tenues, sin esas aristas afiladas que se le clavan en el alma. Y en un momento, empezará a oir esa vocecita que le habla bajito, desde dentro, y que no puede dejar de escuchar aunque se tape los oídos o encienda la radio. Tendrá que pensar en comprar otra botella en el super o acabarán notando que es ella quien la termina. No sabe cómo podrá pagarla con el poco dinero que le queda. Antes, hace unos años, iba a la pequeña tienda del tío Miguel y le fiaba hasta que ella podía pagarle, pero ahora, con esos grandes supermercados... imposible. Bueno, ya pensará en eso más tarde, ahora necesita otro trago.
- Sigue, sigue, dándole a la botella, como si eso solucionase tus problemas. Lo que tienes que hacer es marcharte, marcharte antes de que sea tarde. Déjalos a ver si así se dan cuenta que estás aquí, preocupándote por ellos.
- ¿Tú crees que se darían cuenta?. Tal vez cuando no hubiese nada que comer en la nevera, que sería mañana, porque está medio vacía. ¡Ay! ¿dónde voy a ir yo?, dime ¿dónde?.
- Pues a cualquier parte, a empezar de nuevo, trabajando en cualquier cosa... yo que sé.
- Siempre igual de soñadora ¿te has mirado en el espejo? ¿eh? ¿te has mirado? Porque yo sí lo he hecho. Y soy vieja, gorda, fea. Mira ¿has visto la ropa que tengo en el armario? Y aun puedo dar gracias a que Doña Encarna, la del tercero, me regala alguna cosita de vez en cuando. Y el pelo... ¿sabes cuando fue la última vez que me vio la peluquera? Mira, parece un estropajo y las canas se han hecho dueñas de la cabeza.
- Eso no importa, lo importante es lo que uno lleva dentro. Y tu eres valiente, has sacado adelante a tus hijos, a pesar del marido que elegiste, hija mía, que hasta para eso eres tonta. Con Evaristo te tenías que haber casado. Míralo, vino del pueblo, montó su pequeña ferretería y ahora es dueño de unas cuantas más.
- ¡Ay! Evaristo... era tan bueno y tan tímido. Pero llegó Tomás, con ese porte y esa labia, escribiéndome aquellos poemas... claro que yo no sabía, entonces, que los copiaba de un libro. Y a padre también le gustó, recuérdalo, que tenía carácter decía.
- Sí, ya lo creo que tenía carácter... para soltarte alguna hostia de vez en cuando y follarte como un bestia cuando viene borracho del bar, acuérdate del otro día cuando, sin más ni más, te la metió por el culo, el muy cerdo. Anda que se paró porque gritases de dolor y sangrases sin parar. No, al muy cabrón le gustaba. Y luego media vuelta y a roncar como un marrano. Cuando te casaste con él más te hubiera valido meterte a puta, como la Concha, al menos cobrarías.
- Calla, anda, calla. Me han dolido más otras cosas. Dos hijos tuve que deshacer, dos, porque nunca tuvo cuidado por no dejarme preñada. Si por él hubiera sido tendría una docena. Y eso duele ¿sabes?. Me daba terror que me faltase el periodo y tener que ir a aquella vieja maloliente a remediarlo. A veces tengo pesadillas y oigo niños que lloran y gritan. Déjame, déjame que tome otro trago.
- Por eso tienes que marcharte antes de que sea demasiado tarde. ¿Por qué no vas a ver a Evaristo? Puedes hablar con él, a lo mejor te echa una mano, por los viejos tiempos, porque estuvo enamorado de ti.
- Eres como una cría, siempre soñando. Como aquella vez que la tía de Francia te regaló aquellas zapatillas de ballet ¿recuerdas? Te pasabas las horas dando vueltas y vueltas por la habitación imaginando que bailabas en un gran escenario, y luego saludabas a los espectadores que se ponían en pie para aplaudirte. Hasta que se te ocurrió decir aquella tontería de que querías ser bailarina de ballet. ¿Qué cojones dice esta idiota? – soltó padre con la cara congestionada – aprende a fregar y a cocinar. Eso es lo único que te hace falta saber.
- Y guardé las zapatillas en una caja para no sacarlas nunca más... no sé qué sería de ellas.
- Luego soñaste con ser maestra, y peluquera, y enfermera, y... ¿dónde quedaron esos sueños? En la misma caja que aquellas zapatillas, olvidados para siempre. No, no me metas tus cuentos en la cabeza. Déjame en paz, tengo suficiente con dos o tres tragos de coñac por las mañanas. Me adormecen y ya nada me duele ¿sabes lo único que de verdad me apetece?... morirme, morirme un rato...
Se levanta despacio de la silla, se ha quedado helada allí sentada. Y ahora tendrá que meter las manos en el agua congelada para lavar todos aquellos platos. Ya ha tenido su pequeña charla con la otra, esa que anda siempre incordiándola un poco y hasta, de vez en cuando, la hace reír con sus ocurrencias.
Que me largue, dice... y ¿a dónde iba a ir yo?. Ven aquí, gatita, anda, sube un poco aquí, a mi regazo. ¿Dónde iríamos tu y yo? Pa recibir patadas de otros pies, más vale que sean de los que conocemos, así igual tenemos suerte y podemos esquivarlas. Tú por lo menos tienes tus tejados para asomarte a mirar la luna. Tengo miedo que un día te pierdas y no vuelvas más. O que decidas correr mundo. Pero no, estás vieja y cansada, como yo. Y como yo, perdiste la ilusión, las ganas de vivir y la esperanza.
Cabalgando tu cuerpo
A vuela pluma. Inspirado en la visión de esa NUCA que se asoma a mi ventana.

La habitación permanece en penumbra, iluminada apenas por alguna pequeña luz que se filtra entre las rendijas de la persiana. Estás dormido, boca abajo, tapado por una blanca sábana. Entro de puntillas y te observo. Me acerco y con sumo cuidado aparto la tela que cubre tu cuerpo desnudo. Mi mirada se pierde por tu espalda, mientras me alejo un poco para apreciar mejor el conjunto.
Me imagino sobre ti, mis pechos rozándote la espalda, mientras beso tu nuca despejada. La muerdo. Me desnudo en silencio. Ya me acerco. Me acuesto encima tuyo acoplando mi cuerpo con tu cuerpo, copiando tu postura. Y una cálida humedad me inunda el sexo. Permanezco así un rato, dejando que el calor que desprende tu piel se funda con el mío, aspirando tu aroma, con la nariz pegada al nacimiento de tu pelo.
Te remueves un poco buscando que no quede ningún hueco entre nosotros. Y ese ligero movimiento tuyo me provoca. Mi lengua se pasea juguetona dibujando tus músculos perfectos. Se acelera mi respiración y mis pezones se endurecen... y cosquillean tu espalda. No puedo aguantar más y aprieto mi sexo contra tí, y dejo mis dientes marcados en tu cuello.
Te volteas despacio mientras yo espero ansiosa ensartarme en tu sexo, erguido y palpipante. Ya estás dentro de mi y te cabalgo cual amazona intrépida . Tus manos atrapan mis dos pechos que bailan al ritmo que marca mi cuerpo. Los aprietas y pellizcas los pezones. Me arde la piel y siento que me estoy derritiendo por dentro y desapareceré convertida en agua sobre tí, empapándote. No quiero que termine este goce y suplicio al mismo tiempo. Tu tampoco resistes mucho más. Te siento palpitar en mis entrañas y tu semen me llena, inundando mi sexo que lo acoge como una lluvia cálida en un día de invierno.
Colmado ya nuestro mutuo deseo, me duermo sobre tí mientras un pensamiento se asoma un instante por mi mente: "Esa maldita nuca es la culpable, es ella quien me excita y me provoca, esa maldita nuca..."
...............................
Feliz Navidad y un fuerte abrazo de ésta Desordenada a la que habéis regalado muchas cosas. A los que pasastéis y dejastéis constancia de ello, a los silenciosos que espero disfrutasen de lo que aqui encontraron, y a los que ya tenéis un sitio privilegiado en mis sentires. No, no es una despedida, en unos días... vuelvo.
Besos, de todo corazón.
Des.

La habitación permanece en penumbra, iluminada apenas por alguna pequeña luz que se filtra entre las rendijas de la persiana. Estás dormido, boca abajo, tapado por una blanca sábana. Entro de puntillas y te observo. Me acerco y con sumo cuidado aparto la tela que cubre tu cuerpo desnudo. Mi mirada se pierde por tu espalda, mientras me alejo un poco para apreciar mejor el conjunto.
Me imagino sobre ti, mis pechos rozándote la espalda, mientras beso tu nuca despejada. La muerdo. Me desnudo en silencio. Ya me acerco. Me acuesto encima tuyo acoplando mi cuerpo con tu cuerpo, copiando tu postura. Y una cálida humedad me inunda el sexo. Permanezco así un rato, dejando que el calor que desprende tu piel se funda con el mío, aspirando tu aroma, con la nariz pegada al nacimiento de tu pelo.
Te remueves un poco buscando que no quede ningún hueco entre nosotros. Y ese ligero movimiento tuyo me provoca. Mi lengua se pasea juguetona dibujando tus músculos perfectos. Se acelera mi respiración y mis pezones se endurecen... y cosquillean tu espalda. No puedo aguantar más y aprieto mi sexo contra tí, y dejo mis dientes marcados en tu cuello.
Te volteas despacio mientras yo espero ansiosa ensartarme en tu sexo, erguido y palpipante. Ya estás dentro de mi y te cabalgo cual amazona intrépida . Tus manos atrapan mis dos pechos que bailan al ritmo que marca mi cuerpo. Los aprietas y pellizcas los pezones. Me arde la piel y siento que me estoy derritiendo por dentro y desapareceré convertida en agua sobre tí, empapándote. No quiero que termine este goce y suplicio al mismo tiempo. Tu tampoco resistes mucho más. Te siento palpitar en mis entrañas y tu semen me llena, inundando mi sexo que lo acoge como una lluvia cálida en un día de invierno.
Colmado ya nuestro mutuo deseo, me duermo sobre tí mientras un pensamiento se asoma un instante por mi mente: "Esa maldita nuca es la culpable, es ella quien me excita y me provoca, esa maldita nuca..."
...............................
Feliz Navidad y un fuerte abrazo de ésta Desordenada a la que habéis regalado muchas cosas. A los que pasastéis y dejastéis constancia de ello, a los silenciosos que espero disfrutasen de lo que aqui encontraron, y a los que ya tenéis un sitio privilegiado en mis sentires. No, no es una despedida, en unos días... vuelvo.
Besos, de todo corazón.
Des.
No admito reclamaciones

El problema radica en que me caes bien. No, no me mires así. Ahí precisamente está el problema. Eres un buen tipo ¿no estamos bien así? Tenemos una relación perfecta. Somos amigos, tomamos una copa de vez en cuando. Bueno, vale... nos emborrachamos, nos divertimos, lo pasamos bien. Y no quiero enrollarme contigo. Mira que vengo tiempo avisándote y tú, erre que erre. Si es por follar... follamos, y si nos va bien, hasta podríamos repetir un par de veces. No muchas más, porque me aburro, me gusta la diversidad. Que sí, que estás buenísimo, ya lo sé. Que me encanta esa boca de labios carnosos y esos ojos negros de gitano. Pero, te lo repito por enésima vez, al cabo de un tiempo, seguro que me gusta ese otro tan rubio de ojos azules, o aquel pecoso y desgarbado, o el del pelo rizado. Que como dice la canción, yo colecciono tipos como tú debajo de mi cama. Y si te quedas luego colgado por mi cuerpo, a mi no me reclames. Que es una pesadilla tener a un hombre suplicando y arrastrándose como un perrito fiel. No lo soporto. Que eso saca a la luz mi lado oscuro y me vuelvo cruel y despiadada.
¡Y dale! Que no, que no conseguirás que yo te quiera. Una vez, sólo una vez me enamoré en la vida y así me fue. Juré una y mil veces, que jamás volvería a caer en semejante tontería. Y oye, me ha ido muy bien. Si rompí el corazón de algunos hombres no fue mi culpa, yo los avisé. Igual que estoy haciendo ahora contigo, que no quiero que luego me vengas con monsergas: que si te quiero, que sin ti no vivo, que yo podría hacerte muy feliz... Yo soy feliz así, no sabes cuánto. Y maldita la falta que me hace a mi el amor que todo lo complica. Tampoco me importa lo que puedas pensar, ni tú, ni nadie. No creas que voy a permitirte, porque seas mi amigo, que intentes cambiar mi vida a tu acomodo. Ni hablar, ya puedes ir borrándolo de tu imaginación.
¿Por qué no buscas una mujer que te merezca? Que te quiera y te haga feliz. Seguro que tienes un montón de candidatas... no sé por qué tuviste que fijarte en mí. Y esa perra que te ha entrado ahora con que me quieres y no puedes evitarlo, que es algo superior a ti. Si es que te tengo aprecio, y me duele de veras verte así. Mira, lo más que puedo prometerte es gozar de alguna noche de pasión, o dos, o tres. Y lo que dure... dure. Tan sólo impongo una condición: que el día que te diga que no quiero verte, te alejes de mi vida sin decir adiós. Y que nunca jamás me digas que me quieres ni pronuncies la palabra “amor”.
¿Hecho? ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? Mira que no dispongo de libro de reclamaciones. Vale, vale, no insisto, si es eso lo que quieres, si lo has pensado bien y tanto empeño tienes, tomemos una copa y brindemos por eso.
Y no me digas luego que no te avisé.
Con-viviendo

Las siete de la mañana y menudo bochorno está haciendo ya. Bueno, Ximet, ya sabes: tienes por delante ocho horas, como poco, de aguantar los calores del “lorenzo”. ¡Maldita sea mi suerte! Ni un puto año puedo tener vacaciones. Habrá que conformarse, no soy yo el único “pringao”, el metro va hasta la bandera, como las playas de Benidorm. Ya me contentaba yo, ya, con estar allí tirado en la playa, aunque haya aglomeraciones ¡no te fot!. A ver si encuentras un sitio libre Ximo, y por lo menos iré sentado. La mitad de la gente que vamos aquí son extranjeros, o más. No se dónde vamos a llegar. Si ya lo decía mi madre: “de fuera vendrán que de casa nos echarán”. No, si no es que me molesten, pero esto ya se está pasando de castaño oscuro. Los políticos dicen que hace falta mano de obra, que ellos hacen los trabajos que los españoles no queremos ¡cabrons! ¿por qué no los ponen a hacer política y ellos que se vayan al paro? No, no nos quitan el curro, que se lo pregunten a la parienta. Cinco casas tenía para ir a limpiar, y dos ya cogieron a unas colombianas, o cubanas, o la madre que las parió. Claro, les quitan la mierda a las señoronas a mitad de precio, y las otras, como tontas, da igual que mi mujer sea limpia como los chorros del oro y trabajadora, y que lleve limpiándoles la porquería un porrón de años, eso da igual, el caso es ahorrarse unos cuantos euros. Y luego están las subvenciones, vienen aquí y tienen de todo: que si comedor gratuito, que si autobús para ir a la escuela, que si libros por el morro. Y mientras Ximo a romperse el lomo en la puta obra para pagar los estudios de los chiquillos, y da igual pedir beca que no pedirla, hay que presentar más papeles que un notario y total “pa na”. Pero a ellos, sí, es que son emigrantes y hay que ayudarlos y hacer que se integren. ¡Me cague en déu! Y luego todos los derechos que tienen o que exigen, que si mezquitas pa rezar ¡qué recen en su casa, coño! Digo yo que si todo lo que saben pedir aquí y luchar por sus derechos lo hicieran en su país, no tendrían que emigrar. Allí parecen corderitos, no dicen ni pio, y luego vienen aquí y parecen “diputaos”. Mira los moros que trabajan en la obra, su tiempo pa rezar cara a le meca, o como se diga. Y luego cuando llega el ramadán, no dan un palo al agua, ¡collons! si están en ayunas, sin comer, ¿cómo van a trabajar?, y nos toca a los demás hacer el trabajo que ellos no pueden. Y luego a los locos esos que les da por explotarse y llevar por delante a los desgraciados que les tocó la china. El moro ese que va ahí sentado, míralo, se le cae la baba, con el culo de la morena esa enfrente los morros. Sus mujeres sí que van tapadas, sí, pero a ellos se les van los ojos detrás de las nuestras. La verdad es que la “titi” está pa mojar pan. Se me remueve la cosa y todo de ver ese culo tan prieto. Con gusto le daría un buen mordisco o un restregón. Se me está poniendo dura y se me notará el bulto por el pantalón. Deja a la morena, Ximo, que luego no te puedes levantar del asiento. ¡Hostia! pensando, pensando, casi me paso la parada. Voy a ver si me pego un poco a la chavala, con esa falda tan corta, casi la follaba sin quitarle la ropa ¡me cago en mis muertos! Voy a tener que cascármela en el water del bar. No aguanto.
Menos mal que encontré un asiento libre. Me miran pensando: “este moro bien podría ir de pie”, pero da igual, yo pago el billete como todo el mundo y tengo el mismo derecho a sentarme que ellos. Cinco años llevo ya aquí y no me acostumbro a sus miradas recelosas. No, no son todos iguales, pero me doy cuenta que de un tiempo a esta parte la desconfianza se acentúa. Tampoco es que me extrañe después de los últimos sucesos, sobre todo con todos los que les parecemos árabes, ellos no distinguen de naciones, ni de religión, ven a un moro y ya somos todos iguales. ¡Cuánto echo de menos mi país! Y que haya venido aquí a ganarme la vida no quiere decir que tenga que olvidar mis costumbres o mi religión. Soy lo que soy, viva dónde viva. Piensan que les quitamos el trabajo, pero es que tenemos que comer, y a veces, nos dejamos explotar por empresarios ambiciosos, sin conciencia ni escrúpulos. No podemos hacer otra cosa, tenemos familia, la que traemos y la que dejamos allá, que espera ansiosa por lo poco que podemos mandar. Y a veces, tenemos que tragarnos el orgullo, agachar la cabeza, porque estamos en su tierra, no en la nuestra. Esta mujer acabará metiéndome el culo en la cara. Nunca entenderé como las dejan ir así por la calle. Van provocando y luego se quejan de que las mires. Lleva una falda tan corta que si se agacha deja el culo al aire, y seguro que debajo lleva esos tangas diminutos, si es que lleva algo debajo. Ese tío de ahí enfrente está a punto de echársele encima. Me está mirando, estará pensando que vaya suerte la mía. Si hasta me está llegando su olor de hembra. Levántate, Ahmed, será mejor. Total, la siguiente parada ya me toca bajar. Veremos hoy cómo se da el día... con este calor. Ocho horas de aguantar las malas miradas de los compañeros, las mofas a escondidas cuando practico mis oraciones. No estás en tu país, Ahmed, no estás en tu país, recuérdalo.
¡Qué calor! Menos mal que en la tienda tengo aire acondicionado, pero sólo de pensar que tengo que aguantar todo el día allí para vender una mierda. Porque ahora en verano, la mitad de la “peña” va a pasearse por el centro comercial y estar fresquita, pero de comprar “nanay”. Sólo vienen a dar por el culo, mirar y remirar, desdoblar prendas, que luego “la menda” tiene que volver a doblar y colocar en su sitio. Esto te pasa por no haber querido seguir estudiando, Silvia, me diría ahora mi madre si me oyese. Y en el fondo tiene razón, pero es que eso de los estudios era un coñazo que no aguantaba. Claro, ahora me tengo que conformar, y no me quejo demasiado, que otras están peor. Por lo menos yo puedo ir bien vestida, arreglada, y estoy fresca en verano y calentita en invierno, que la mitad de mis amigas están trabajando en almacenes con unos encargados que parece que tengan esclavos en vez de trabajadores. ¡Cuánta gente! Aquí huele que apesta de buena mañana ¿no se duchará esta gente?. El morito no me quita ojo al trasero. Estará pensando que soy una puta o algo por el estilo, porque son tan raros. Ahora mismo aguantaba yo a un tío así como marido. Como le pasó a la Merche, la del barrio, se casa con un moro, que sí estaba buenísimo, y mientras que vivieron aquí se comportaba bastante bien, pero fue ir a su tierra a conocer a su familia y vino asustadita la pobre. Yo diría que hasta se llevó alguna zurra y todo porque fue llegar y mandarlo a la mierda. ¿Será verdad eso que dicen que la tienen tan grande? ¿o son los negros? Vaya pensamientos, Silvia, tan temprano. Pues anda, que el paleta que tiene cara de mala leche. Porque seguro que es un paleta, con el clásico bronceado de la obra. Se le está cayendo la baba y no para de removerse en el asiento. Pero a éste al menos se le ve venir, en la cara se le nota que está pensando cuánto le gustaría echarme un buen polvo. No está del todo mal, estos que trabajan en las obras se mantienen fuertes, con buenos músculos, y no es mayor. Ya se levanta, voy a apartarme un poco porque si no el refregón no hay quien me lo quite. ¡Ostras! Si aquí me bajo yo también. No sé si esperar que pase, no sea que me la clave por la retaguardia. O lo dejo que se me arrime un poco y que se haga luego una paja a mi salud. Si es que me mira con esos ojos de cordero...
Ninguna Parte (Estopa)
Ésta es una de las canciones del último album de Estopa que me ha gustado especialmente, por su música y sobre todo por su letra.

Ahora estoy algo cansado, y es que no me pasa nada,
ningún vaso roto, ninguna mano por mi espalda.
Esta noche es de esas noches en que andas por andar,
en que bailas solo, en que ríes por no llorar.
Y me cojo un taxi, sólo son las dos y diez,
en la radio suena, solamente, música en inglés.
No resulta fácil decir no quiero volver,
arranque y no pregunte, usted sólo: lléveme a ninguna parte.
Ahora estoy perdiendo el juicio, ahora sangro por los ojos,
apesto a cerveza, y me estoy volviendo loco.
Sólo quiero marcharme, tengo que decidirme
y aun no sé, si "ninguna parte" existe.
Y me cojo un taxi, sólo son las dos y diez,
en la radio suena, solamente, música en inglés.
No resulta fácil decir no quiero volver,
arranque y no pregunte, usted sólo: lléveme a ninguna parte.
Tengo poco dinero, no llevo equipaje,
la luz de una farola ya empieza a marearme,
la carretera quema, no quiero enfriarme,
que me hierven las venas, que el corazón me arde.
Esta vez es la buena, no voy a rajarme,
como un barco fantasma con el rumbo a ninguna parte,
a ninguna parte.
Y me cojo un taxi........................

Ahora estoy algo cansado, y es que no me pasa nada,
ningún vaso roto, ninguna mano por mi espalda.
Esta noche es de esas noches en que andas por andar,
en que bailas solo, en que ríes por no llorar.
Y me cojo un taxi, sólo son las dos y diez,
en la radio suena, solamente, música en inglés.
No resulta fácil decir no quiero volver,
arranque y no pregunte, usted sólo: lléveme a ninguna parte.
Ahora estoy perdiendo el juicio, ahora sangro por los ojos,
apesto a cerveza, y me estoy volviendo loco.
Sólo quiero marcharme, tengo que decidirme
y aun no sé, si "ninguna parte" existe.
Y me cojo un taxi, sólo son las dos y diez,
en la radio suena, solamente, música en inglés.
No resulta fácil decir no quiero volver,
arranque y no pregunte, usted sólo: lléveme a ninguna parte.
Tengo poco dinero, no llevo equipaje,
la luz de una farola ya empieza a marearme,
la carretera quema, no quiero enfriarme,
que me hierven las venas, que el corazón me arde.
Esta vez es la buena, no voy a rajarme,
como un barco fantasma con el rumbo a ninguna parte,
a ninguna parte.
Y me cojo un taxi........................
Dedicado...
... a mi primer amor, y al que quizá sea el último.

CADA VEZ QUE NOS VEMOS
Esta mañana temprano, cuando salía del Banco, adiviné tu silueta subiendo calle arriba, tu especial manera de andar que siempre reconozco. Mi corazón empezó a latir un poco más rápido, tú ya me habías visto porque en la distancia notaba tus ojos clavados en mí. Remoloneé un rato mientras me encaminaba hacia el coche, haciendo tiempo para que pasases por mi lado. Cuando te sentí cerca, te miré y como siempre, tú, bajaste los ojos. Lo hago a propósito, lo de mirarte e inevitablemente no logro interceptar tu mirada ¿por qué? ¿qué temes?. Hace más de treinta años que nos conocemos, tú fuiste mi primer amor y nunca te olvidé ¿por qué no podemos saludarnos? saber uno del otro, ser amigos. Siempre fuiste cobarde, lo fuiste entonces y sigues siéndolo ahora ¿recuerdas?.
Yo tenía catorce años y tu dieciséis y ya desde hacía un tiempo me gustabas mucho, lo sabían mis amigas y claro, te llegó el rumor. Los domingos coincidíamos en los futbolines, yo con mi pandilla y tú con la tuya, siempre intentando estar cerca uno del otro. Otras veces íbamos al paseo del pueblo, si yo me sentaba en un banco, tú lo hacías en el de enfrente, sólo para poder mirarnos. Y por la tarde a veces íbamos al cine, siempre en filas muy cercanas, en ocasiones sentía tu aliento en mi nuca, pues te tenía detrás de mí.
¡Qué fuertes son las emociones en esa edad! Si tú me sonreías, yo era feliz toda una semana, recordaba una y otra vez tu sonrisa. Otras veces podía llorar días enteros si no me mirabas.
Aquella mañana de Navidad ¿recuerdas? había venido una pequeña feria y una de las atracciones eran los “coches de choque”. Nos pasábamos allí el día entero, era una novedad. Subíamos mientras teníamos algo de dinero, luego nos sentábamos en aquellas barandillas que hacían las veces de bancos y mirábamos a los demás, mientras escuchábamos la música que sonaba en los altavoces.
Yo subía con mi mejor amiga y tú con alguno de tu pandilla, y cada vez que, jugando, venías a chocar con mi coche era como si tus labios tocasen los míos. Luego nos habíamos sentado en aquellas largas barras, y estábamos cada uno a un extremo de ellas. Primero fue mi amiga la que se levantó a saludar a sus padres que pasaban por allí y cuando volvió hizo que le dejase sitio al final del asiento, por lo que me acerqué un poco más a ti. Después fueron tus amigos los que, con cualquier disculpa se fueron levantando y haciendo que te movieras de sitio, hasta que inevitablemente, acabamos sentados uno al lado del otro. No nos tocábamos, pero yo notaba el calor que irradiaba tu cuerpo a sólo un centímetro del mío. Había como una corriente eléctrica entre los dos. Se acercaba la hora de la comida, teníamos que irnos, y nos resistíamos a acabar con aquel momento mágico pero tuvimos que hacerlo. Nunca lo olvidaré.
Luego llegó aquel cura joven, cargado siempre con su guitarra, le gustaba tanto la música que acabó dejando los hábitos por ella, todavía guardo alguno de sus discos en vinilo. Venía cargado de nuevas ideas y pronto formó aquella especie de club de juventud donde hacíamos charlas y hablábamos de cosas como el sexo, impensable en aquella época. Cuando mis amigas y yo decidimos asistir a la primera reunión de presentación que hicimos en aquella sala del Hogar Parroquial no pensaba encontrarte. Pero sí, allí estabais toda la pandilla. Desde entonces teníamos otro lugar para encontrarnos.
Un domingo hicimos una excursión, nos fuimos a pasar el día ¿recuerdas? para mí fue inolvidable. Eramos veinticinco o treinta jóvenes y fuimos andando hasta el Monasterio, charlando unos con otros, cantando. Como recuerdo nos hicimos una foto todos juntos. En ella estabas muy cerca de mí, en la fila de atrás. Al poco tiempo tu hermana me dijo que yo te gustaba, porque en esa foto habías unido nuestras cabezas por un corazón.
Saber con certeza que tu sentías lo mismo que yo fue maravilloso y mi imaginación volaba y volaba ... ilusiones. En aquella época todavía existían muchos prejuicios en nuestro pequeño pueblo. Tu descendías de una de las familias más antiguas, teníais un negocio propio, tierras, tus padres eran de misa diaria, conservadores. Por el contrario mi familia había llegado de otras tierras, sin nada propio. Mi padre un honrado obrero metalúrgico, de talante liberal, creyente pero no practicante. Existía mucha distancia entre nosotros, pero no me importaba.
Llegaba Pascua, y todos estábamos excitados. Era la única época del año en que las pandillas de chicos y chicas se juntaban para pasar el día, se hacían excursiones a la montaña para comer allí. Ahora nuestros hijos alquilan apartamentos en la costa. Y llegó tu primo. Nunca le había visto pues él estudiaba fuera, pero enseguida me di cuenta que tenía madera de líder y pronto se haría con el control de la pandilla. Y no me equivoqué. Al principio parecía que nos caíamos bien, incluso llegó a nuestros oídos que queríais que nos juntásemos para pasar las Pascuas. Pero, de improviso, su actitud hacía mí empezó a cambiar. Si estabais en cualquier sitio y llegaba yo, él hacía que os marchaseis de allí.
Yo no entendía lo que estaba ocurriendo. Luego vino aquella discusión que tuvimos él y yo en el Paseo. Cada vez que nos cruzábamos con vosotros, él decía algo despectivo hacia nosotras, hasta que yo no pude más – ya sabes que hay cosas que no soporto – y le increpé pidiéndole una explicación. Así que nos enzarzamos en una discusión. Fíjate como es la vida, al cabo de los años coincidimos en la misma empresa, fuimos compañeros de trabajo y se convirtió en uno de mis mejores amigos.
Tu callabas y yo no podía entender porque no luchabas por mí, por qué no hablabas claro con él. Así que esas Pascuas fueron las peores de mi vida, os juntasteis con otra pandilla de chicas, la que eligió tu primo y yo sufría cada vez que os veía con ellas.
Acabaron las fiestas y volvimos a nuestros estudios. Los lunes y los viernes coincidíamos en el autobús que tomábamos para ir a la capital a estudiar. Tú estabas interno toda la semana en un colegio religioso. Yo cursaba mis estudios en un instituto y me quedaba toda la semana en casa de mi tía. Entonces ya empezaste a esquivar mi mirada. Yo notaba tus ojos clavados en mí pero cuando volvía los míos hacía ti, se apartaban ¿qué sentías? ¿por qué no me mirabas? ya nada podía ser como antes.
Luego nos fuimos distanciando y yo conocí a otro chico, al principio empecé a salir con él por ver si tú reaccionabas, pero sólo notaba que cada día estabas más triste, así que, poco a poco, él consiguió enamorarme y nuestros caminos se separaron definitivamente. Tú te casaste y yo también. Vivimos en el mismo pueblo, pero casi no nos vemos y cuando por casualidad nos cruzamos agachas la cabeza. Y si alguna vez tengo que hablar contigo por asuntos laborales, como la última vez, sé que estás nervioso, no sabes como actuar. Sólo me miras cuando estamos a cierta distancia o rodeados de gente.
Me ocurre que, cuando estamos tres o cuatro meses sin vernos y pienso que te he borrado por completo de mi vida y no te recuerdo ya, como si alguien quisiera hacerme saber que estoy equivocada, apareces en el sitio más imprevisible e irremediablemente vuelven a mi memoria aquellos años.
Quizá todo esto sólo sean ilusiones mías, y yo la única que sentí todo esto. Quizá es mi imaginación la que hace que piense que esquivas mi mirada. Quizá tú nunca sentiste nada por mí. Quiza...
Quisiera sentarme contigo, en una tarde tranquila saboreando un café y hablar, sacar todos esos sentimientos escondidos en el rincón más secreto de nuestras almas y quedarme por fin tranquila.
“ Y es que empiezo a pensar que el amor verdadero es tan sólo el primero, y es que empiezo a sospechar que los otros son sólo para olvidar”.

CADA VEZ QUE NOS VEMOS
Esta mañana temprano, cuando salía del Banco, adiviné tu silueta subiendo calle arriba, tu especial manera de andar que siempre reconozco. Mi corazón empezó a latir un poco más rápido, tú ya me habías visto porque en la distancia notaba tus ojos clavados en mí. Remoloneé un rato mientras me encaminaba hacia el coche, haciendo tiempo para que pasases por mi lado. Cuando te sentí cerca, te miré y como siempre, tú, bajaste los ojos. Lo hago a propósito, lo de mirarte e inevitablemente no logro interceptar tu mirada ¿por qué? ¿qué temes?. Hace más de treinta años que nos conocemos, tú fuiste mi primer amor y nunca te olvidé ¿por qué no podemos saludarnos? saber uno del otro, ser amigos. Siempre fuiste cobarde, lo fuiste entonces y sigues siéndolo ahora ¿recuerdas?.
Yo tenía catorce años y tu dieciséis y ya desde hacía un tiempo me gustabas mucho, lo sabían mis amigas y claro, te llegó el rumor. Los domingos coincidíamos en los futbolines, yo con mi pandilla y tú con la tuya, siempre intentando estar cerca uno del otro. Otras veces íbamos al paseo del pueblo, si yo me sentaba en un banco, tú lo hacías en el de enfrente, sólo para poder mirarnos. Y por la tarde a veces íbamos al cine, siempre en filas muy cercanas, en ocasiones sentía tu aliento en mi nuca, pues te tenía detrás de mí.
¡Qué fuertes son las emociones en esa edad! Si tú me sonreías, yo era feliz toda una semana, recordaba una y otra vez tu sonrisa. Otras veces podía llorar días enteros si no me mirabas.
Aquella mañana de Navidad ¿recuerdas? había venido una pequeña feria y una de las atracciones eran los “coches de choque”. Nos pasábamos allí el día entero, era una novedad. Subíamos mientras teníamos algo de dinero, luego nos sentábamos en aquellas barandillas que hacían las veces de bancos y mirábamos a los demás, mientras escuchábamos la música que sonaba en los altavoces.
Yo subía con mi mejor amiga y tú con alguno de tu pandilla, y cada vez que, jugando, venías a chocar con mi coche era como si tus labios tocasen los míos. Luego nos habíamos sentado en aquellas largas barras, y estábamos cada uno a un extremo de ellas. Primero fue mi amiga la que se levantó a saludar a sus padres que pasaban por allí y cuando volvió hizo que le dejase sitio al final del asiento, por lo que me acerqué un poco más a ti. Después fueron tus amigos los que, con cualquier disculpa se fueron levantando y haciendo que te movieras de sitio, hasta que inevitablemente, acabamos sentados uno al lado del otro. No nos tocábamos, pero yo notaba el calor que irradiaba tu cuerpo a sólo un centímetro del mío. Había como una corriente eléctrica entre los dos. Se acercaba la hora de la comida, teníamos que irnos, y nos resistíamos a acabar con aquel momento mágico pero tuvimos que hacerlo. Nunca lo olvidaré.
Luego llegó aquel cura joven, cargado siempre con su guitarra, le gustaba tanto la música que acabó dejando los hábitos por ella, todavía guardo alguno de sus discos en vinilo. Venía cargado de nuevas ideas y pronto formó aquella especie de club de juventud donde hacíamos charlas y hablábamos de cosas como el sexo, impensable en aquella época. Cuando mis amigas y yo decidimos asistir a la primera reunión de presentación que hicimos en aquella sala del Hogar Parroquial no pensaba encontrarte. Pero sí, allí estabais toda la pandilla. Desde entonces teníamos otro lugar para encontrarnos.
Un domingo hicimos una excursión, nos fuimos a pasar el día ¿recuerdas? para mí fue inolvidable. Eramos veinticinco o treinta jóvenes y fuimos andando hasta el Monasterio, charlando unos con otros, cantando. Como recuerdo nos hicimos una foto todos juntos. En ella estabas muy cerca de mí, en la fila de atrás. Al poco tiempo tu hermana me dijo que yo te gustaba, porque en esa foto habías unido nuestras cabezas por un corazón.
Saber con certeza que tu sentías lo mismo que yo fue maravilloso y mi imaginación volaba y volaba ... ilusiones. En aquella época todavía existían muchos prejuicios en nuestro pequeño pueblo. Tu descendías de una de las familias más antiguas, teníais un negocio propio, tierras, tus padres eran de misa diaria, conservadores. Por el contrario mi familia había llegado de otras tierras, sin nada propio. Mi padre un honrado obrero metalúrgico, de talante liberal, creyente pero no practicante. Existía mucha distancia entre nosotros, pero no me importaba.
Llegaba Pascua, y todos estábamos excitados. Era la única época del año en que las pandillas de chicos y chicas se juntaban para pasar el día, se hacían excursiones a la montaña para comer allí. Ahora nuestros hijos alquilan apartamentos en la costa. Y llegó tu primo. Nunca le había visto pues él estudiaba fuera, pero enseguida me di cuenta que tenía madera de líder y pronto se haría con el control de la pandilla. Y no me equivoqué. Al principio parecía que nos caíamos bien, incluso llegó a nuestros oídos que queríais que nos juntásemos para pasar las Pascuas. Pero, de improviso, su actitud hacía mí empezó a cambiar. Si estabais en cualquier sitio y llegaba yo, él hacía que os marchaseis de allí.
Yo no entendía lo que estaba ocurriendo. Luego vino aquella discusión que tuvimos él y yo en el Paseo. Cada vez que nos cruzábamos con vosotros, él decía algo despectivo hacia nosotras, hasta que yo no pude más – ya sabes que hay cosas que no soporto – y le increpé pidiéndole una explicación. Así que nos enzarzamos en una discusión. Fíjate como es la vida, al cabo de los años coincidimos en la misma empresa, fuimos compañeros de trabajo y se convirtió en uno de mis mejores amigos.
Tu callabas y yo no podía entender porque no luchabas por mí, por qué no hablabas claro con él. Así que esas Pascuas fueron las peores de mi vida, os juntasteis con otra pandilla de chicas, la que eligió tu primo y yo sufría cada vez que os veía con ellas.
Acabaron las fiestas y volvimos a nuestros estudios. Los lunes y los viernes coincidíamos en el autobús que tomábamos para ir a la capital a estudiar. Tú estabas interno toda la semana en un colegio religioso. Yo cursaba mis estudios en un instituto y me quedaba toda la semana en casa de mi tía. Entonces ya empezaste a esquivar mi mirada. Yo notaba tus ojos clavados en mí pero cuando volvía los míos hacía ti, se apartaban ¿qué sentías? ¿por qué no me mirabas? ya nada podía ser como antes.
Luego nos fuimos distanciando y yo conocí a otro chico, al principio empecé a salir con él por ver si tú reaccionabas, pero sólo notaba que cada día estabas más triste, así que, poco a poco, él consiguió enamorarme y nuestros caminos se separaron definitivamente. Tú te casaste y yo también. Vivimos en el mismo pueblo, pero casi no nos vemos y cuando por casualidad nos cruzamos agachas la cabeza. Y si alguna vez tengo que hablar contigo por asuntos laborales, como la última vez, sé que estás nervioso, no sabes como actuar. Sólo me miras cuando estamos a cierta distancia o rodeados de gente.
Me ocurre que, cuando estamos tres o cuatro meses sin vernos y pienso que te he borrado por completo de mi vida y no te recuerdo ya, como si alguien quisiera hacerme saber que estoy equivocada, apareces en el sitio más imprevisible e irremediablemente vuelven a mi memoria aquellos años.
Quizá todo esto sólo sean ilusiones mías, y yo la única que sentí todo esto. Quizá es mi imaginación la que hace que piense que esquivas mi mirada. Quizá tú nunca sentiste nada por mí. Quiza...
Quisiera sentarme contigo, en una tarde tranquila saboreando un café y hablar, sacar todos esos sentimientos escondidos en el rincón más secreto de nuestras almas y quedarme por fin tranquila.
“ Y es que empiezo a pensar que el amor verdadero es tan sólo el primero, y es que empiezo a sospechar que los otros son sólo para olvidar”.
Encadenada

Vivo encadenada a ti, a tu recuerdo.
Repaso mi vida pasada y te busco. No estabas. Pero yo me empeñó y te reinvento: quizá eras aquel niño que un día pasó por mi lado y una brisa extraña me hizo volver la cabeza siguiendo su sombra, o aquel otro joven con el rostro serio que por un momento me miró extrañado. Quizá fue la voz que un día escuché mientras conversaba con unas amigas, o un roce en la espalda mientras caminaba.
Quizá sin saberlo, te estaba esperando.
Ahora estás presente en cada momento, desde que descalza, siento el frío suelo todas las mañanas. Luego desayuno charlando contigo, inconscientemente. Yo lo digo todo: pregunto y contesto, imagino, pienso. Incluso discuto por hacer la cosa más interesante. Y así todo el día. A veces te aparto de mi pensamiento, que si no lo hago dirán que parezco un espectro andante, un zombi, un fantasma... que se yo, el caso es que debo dejarte algún rato. Muy poco, eso es cierto, porque sin llamarte vienes sigiloso y cuando me entero ya estás a mi lado, callado, sonriendo. Al llegar la noche, y antes que el cansancio gane la batalla, siempre me despido pensándote un tiempo. Y a veces... incluso te sueño.
Vivo encadenada a ti, a tu recuerdo.
Pero esas cadenas no son dolorosas, no pesan, no me inmovilizan, ni me tienen presa. Ellas me dan alas y hacen que mi vida sea más dichosa, más rica e intensa. No quiero soltarme. Si tienes la llave que abre el candado que me une a ellas, tírala muy lejos, que nadie la encuentre, que nadie pretenda venir a salvarme. O mejor la guardas en algún oculto rincón de tu pecho, porque al fin y al cabo, eres tú mi dueño.
Algún día (Tania Alegría)
Hoy quería compartir con vosotros un estupendo relato de mi querida amiga Tania. Ella, tan pronto escribe un bellos poema, un maravilloso soneto o un texto como éste. Me lo mandó en un correo para intercambiar opiniones y me enamoré de él. Se lo pedí prestado y ella, como siempre, fue tan amable de acceder a mi petición. Aqui os lo dejo. Espero que lo disfrutéis tanto como yo.

ALGÚN DÍA por TANIA ALEGRÍA
Y no te callas, Oscar, no te callas. Algún día dejaré de escucharte, no sé cómo, no sé cuándo, pero algún día no te escucharé más. Si no es a causa de la lavadora sería por cualquiera otro motivo. Dices que estropeo todo lo que toco. Pero a ti no te interesa saber que la lavadora lleva diez años trabajando tres veces por semana. No vas a perder la oportunidad de decirme torpe e imbécil. No te callas, Oscar, y yo estoy muy cansada después de todo el día trabajando, los niños tan revoltosos, tú tan furioso, y aún me toca hacer la cena. Y tú insistes en que no soportas mi dejadez.
Conozco tan bien tus furias, Oscar. Ya lo veía venir. Me acusas de que no conseguiste el ascenso por mi culpa, de que si tuvieras una casa presentable y una mujer capaz podrías invitar al jefe a venir a casa, y ofrecerle una cena, pero no, con una mujer como yo, ¿cómo podrías hacerlo? Lo peor es que te enfureces cada vez más a medida que me gritas. Si al menos me dejaras sola en la cocina, friendo las patatas, haciendo una tortilla, si al menos aquí yo pudiese tener un poco de paz o silencio. Pero no, Oscar, tienes que gritarme, humillarme, insultarme. No sé cómo ni cuándo dejaré de escucharte, Oscar, pero sé que algún día pasará. Ya pensé en tantos modos de como acabar con esto, de acabar con todo, pero después pienso en los niños, estoy convencida de que cuando no me tengas a mí para insultar y abofetear te volverás contra ellos, descargarás en ellos tus frustraciones, tus iras, tu violencia descontrolada. No puedo más Oscar, no podré aguantar mucho más tiempo. Algún día esto tiene que acabar. Ahora continuarás atormentándome a causa del coche que no puedes comprar, de lo que sería tu vida si no te hubieras casado conmigo. Me callo, Oscar, porque es peor cuando te respondo. Sólo deseas que te conteste para poder pegarme. Algún día dejarás de hacerlo, Oscar, no sé cómo, no sé cuándo, pero algún día será. Me da vergüenza cuando salgo al paseo y las vecinas me miran, todas las noches escuchan como me gritas, como me insultas, y saben que me pegas. Lo peor es que los niños tienen miedo, tapan sus cabecitas con la ropa de cama cuando en la noche están acostados y te oyen gritar. Y ahora qué, Oscar, también soy culpable de que la casa necesita pintura, de que tus pantalones están mal planchados, y ahora qué, Oscar, ¿cuándo vas a callarte? ¿Cuándo tendré fuerzas para acabar con esto, para dejar de escucharte para siempre? Algún día no estaré aquí, Oscar, ya no debería estar. Hay tantas maneras de huir, el gas, el veneno, los raíles del tren. Algún día, Oscar. Si no fuera por los niños… Ahora te acercas y gritas cada vez más fuerte. No descansas hasta que no me das un puñetazo. Ahora me dices ramera y ya no puedo callarme: ¡ramera es tu madre! Era lo que querías. Ya vienes hacía mí con aquella mirada que conozco tan bien, el aliento de bicho, la fuerza concentrándose en el brazo con que habrás de golpearme. ¡Ramera es tu madre! Y te acercas más. Mejor así, después de pegarme te callarás e irás al balcón fumar un cigarro y yo terminaré de freír las patatas y daré la comida a los niños y me iré a llorar encerrada en el baño. ¿Hasta cuándo, Oscar? Te miro con rabia, los brazos caídos, la garganta seca. Ahora me dices puta. ¡Puta es tu madre! Consigo gritar y giro la cara para esquivar el golpe, cierro los ojos y empiezo a levantar la mano para protegerme, pero el golpe no viene, te miro y veo que en una fracción de segundo tu mirada baja de mi cara a mi brazo, de mi brazo a mi mano, de mi mano al mango de la sartén, del mango de la sartén al aceite hirviendo. Nunca lo habría pensado, Oscar, pero ahora lo veo en tus ojos: hoy es el día.

ALGÚN DÍA por TANIA ALEGRÍA
Y no te callas, Oscar, no te callas. Algún día dejaré de escucharte, no sé cómo, no sé cuándo, pero algún día no te escucharé más. Si no es a causa de la lavadora sería por cualquiera otro motivo. Dices que estropeo todo lo que toco. Pero a ti no te interesa saber que la lavadora lleva diez años trabajando tres veces por semana. No vas a perder la oportunidad de decirme torpe e imbécil. No te callas, Oscar, y yo estoy muy cansada después de todo el día trabajando, los niños tan revoltosos, tú tan furioso, y aún me toca hacer la cena. Y tú insistes en que no soportas mi dejadez.
Conozco tan bien tus furias, Oscar. Ya lo veía venir. Me acusas de que no conseguiste el ascenso por mi culpa, de que si tuvieras una casa presentable y una mujer capaz podrías invitar al jefe a venir a casa, y ofrecerle una cena, pero no, con una mujer como yo, ¿cómo podrías hacerlo? Lo peor es que te enfureces cada vez más a medida que me gritas. Si al menos me dejaras sola en la cocina, friendo las patatas, haciendo una tortilla, si al menos aquí yo pudiese tener un poco de paz o silencio. Pero no, Oscar, tienes que gritarme, humillarme, insultarme. No sé cómo ni cuándo dejaré de escucharte, Oscar, pero sé que algún día pasará. Ya pensé en tantos modos de como acabar con esto, de acabar con todo, pero después pienso en los niños, estoy convencida de que cuando no me tengas a mí para insultar y abofetear te volverás contra ellos, descargarás en ellos tus frustraciones, tus iras, tu violencia descontrolada. No puedo más Oscar, no podré aguantar mucho más tiempo. Algún día esto tiene que acabar. Ahora continuarás atormentándome a causa del coche que no puedes comprar, de lo que sería tu vida si no te hubieras casado conmigo. Me callo, Oscar, porque es peor cuando te respondo. Sólo deseas que te conteste para poder pegarme. Algún día dejarás de hacerlo, Oscar, no sé cómo, no sé cuándo, pero algún día será. Me da vergüenza cuando salgo al paseo y las vecinas me miran, todas las noches escuchan como me gritas, como me insultas, y saben que me pegas. Lo peor es que los niños tienen miedo, tapan sus cabecitas con la ropa de cama cuando en la noche están acostados y te oyen gritar. Y ahora qué, Oscar, también soy culpable de que la casa necesita pintura, de que tus pantalones están mal planchados, y ahora qué, Oscar, ¿cuándo vas a callarte? ¿Cuándo tendré fuerzas para acabar con esto, para dejar de escucharte para siempre? Algún día no estaré aquí, Oscar, ya no debería estar. Hay tantas maneras de huir, el gas, el veneno, los raíles del tren. Algún día, Oscar. Si no fuera por los niños… Ahora te acercas y gritas cada vez más fuerte. No descansas hasta que no me das un puñetazo. Ahora me dices ramera y ya no puedo callarme: ¡ramera es tu madre! Era lo que querías. Ya vienes hacía mí con aquella mirada que conozco tan bien, el aliento de bicho, la fuerza concentrándose en el brazo con que habrás de golpearme. ¡Ramera es tu madre! Y te acercas más. Mejor así, después de pegarme te callarás e irás al balcón fumar un cigarro y yo terminaré de freír las patatas y daré la comida a los niños y me iré a llorar encerrada en el baño. ¿Hasta cuándo, Oscar? Te miro con rabia, los brazos caídos, la garganta seca. Ahora me dices puta. ¡Puta es tu madre! Consigo gritar y giro la cara para esquivar el golpe, cierro los ojos y empiezo a levantar la mano para protegerme, pero el golpe no viene, te miro y veo que en una fracción de segundo tu mirada baja de mi cara a mi brazo, de mi brazo a mi mano, de mi mano al mango de la sartén, del mango de la sartén al aceite hirviendo. Nunca lo habría pensado, Oscar, pero ahora lo veo en tus ojos: hoy es el día.
Una reunión aburrida

Mira que está bueno este hombre. Me lleva loca. No estoy enterándome de la dichosa reunión, ni de lo que dice el director gerente. Alguna tontería, seguro. Si en realidad estas cosas no sirven para nada, pasar unos días en un hotel de cuatro estrellas a gastos pagados, engordar dos o tres kilos, y darle alguna alegría al cuerpo. De esta vez no pasa, no se me escapa. A éste me lo tiro como que me llamo Blanca, ya lo creo que sí. La última vez ya estuvo a punto de caramelo, pero el imbécil de Sanchis nos fastidió la última noche. Menuda “mierda” nos agarró el chaval. No me extraña después de los tequilas que se tiró al coleto, y los viajes al servicio para “empolvarse la nariz”... cualquier día revienta el muy cabrón. Me mojo solo de pensar en follar con Ernesto Rodríguez, tengo ganas de estirar el brazo por debajo de la mesa y echarle mano al paquete, lo tengo aquí al ladito. Me mira de reojo. También podría cogerle la suya, abrir las piernas y... De esta noche no pasa, como si tengo que ir a su habitación en bolas. Pero no, no creo que haga falta, un poco de provocación y éste cae, seguro, todos caen. Bueno, vale, Blanca, algunos se resisten, pero pocos. Como en el programa ese que escucho por las mañanas en la radio, el “anda ya” de los 40 principales, la dichosa “prueba de novios”. Y es que las mujeres somos gilipollas, si no ¿de qué se nos va a ocurrir hacerle esa prueba a nuestra pareja?... claro que casi siempre son muy jóvenes y aún creen en la fidelidad y el amor eterno y todas esas zarandajas. Y es que, digo yo, cualquiera se resiste a una tía que te llama por teléfono, diciendo que anda loquita por ti, con una voz sensual a tope, y pidiéndote una cita. Lo dicho, no hay tío que se le resista. Ni tía, todo hay que decirlo, porque alguna prueba le ha hecho ya a lesbianas y también caen. Contaditos son los que dicen que no, que están comprometidos y enamorados. Supongo que no todos piensan en pegar un polvo, algunos es por pura curiosidad. Como ella, además les dice, que está buenísima. Pero también hay algunos que se ponen tan calientes que hasta en la voz se les nota, seguro que en cuanto cuelgan van a hacerse una paja. Bueno, si les quedan ganas después de las “palabritas de cariño” que les dedica su parejita. Porque lo más fuerte de esto es que la que propuso la prueba está escuchando toda la conversación y cuando ya el pobre desgraciado ha caído en la trampa, se pone ella al teléfono y de cabrón, hijo de puta, y otras cuantas lindezas más no se salva. Y es que es normal, digo yo ¿qué harían ellas en su lugar? Que la vida son cuatro días, coño...¡hay que joderse!. Me está arrimando la pierna ¡ay! cómo me está poniendo. Si no se termina pronto este coñazo de reunión, me levantó y me largo al servicio. También puedo dejarle una nota, algo así como “Sígueme”... ¡ufff! qué morbo, un polvo rápido allí, de pie, mientras aquí se mueren de aburrimiento. Sólo para abrir boca de lo que vendrá luego...
¡Qué ganas tengo de meterle mano a esta mujer! Y es que va pidiendo guerra la muy golfa. En la última convención ya la tenía en el bote, cuando le dio por ponerse malo al cabrón de Sanchis, menudo susto nos dio que tuvimos que llamar a urgencias, pensábamos que se nos moría. Y yo, empalmado, con unas ganas locas de follarme a Blanca, y ella mirándome con ganas, provocándome. Claro que se me bajó la excitación en un santiamén con el susto que nos dio el fulano. Si no dejo de pensar en ella se me va a notar. Pero es que tiene un culo que me vuelve loco. Y en la cama debe ser una fiera, seguro. Y la expresión de golfa que tiene cuando me mira. Me pone. Al fin y al cabo ¿para qué venimos a estas reuniones? A ver lo que podemos pillar y salir un poco de la rutina que esta vida es puro aburrimiento. Peláez también la mira que se le cae la baba, así que si no me espabilo es capaz de levantármela. Físicamente no tiene nada que hacer a mi lado, eso lo ve cualquiera, pero el tío está bien forrado y además tiene influencias, lo que dice mucho en su favor, y más con una mujer como Blanca, es ambiciosa y sabe lo que quiere. Sí, ahora mismo, sé que quiere follar conmigo... me llega hasta aquí su olor de hembra, pero ¿quién sabe? si el tipejo ese le promete cosas que yo no puedo darle, igual se lo piensa. Nada, que en cuanto se acabe el rollo éste ¡mira que habla el director! la saco de aquí como sea y se la meto como si es en el ascensor. Me dan ganas de estirar la mano y masturbarla aquí mismo, seguro que está mojada. O cogerle la suya y que me toque el paquete, que ya la tengo dura. Me conformaré con arrimarle la pierna, que sepa que estoy a su lado... dispuesto. También podría decirle al oído: “acompáñame un momento” y me la llevo ahí al lado, a un cuarto que hay vacío, lo sé porque antes de entrar aquí me confundí de puerta. ¡Qué morbo! Pensar que están éstos aquí y yo follándola de pie, o en el suelo... ufff, vale ya, Ernesto, si sigo así no voy a poder levantarme luego. Está escribiendo algo en ese folio, y me hace señas para que lo lea... a ver, a ver que pone...
Gorda (Fat pig)
Anoche fui al teatro, como ya sabéis algunos es una de mis pasiones. A veces, creo que podría hacer un maratón de veinticuatro horas sentada en la butaca mientras delante de mí, en el escenario, un actor, o dos, o tres, representa otras vidas.
La obra que se representaba ayer era Gorda de Neil Labute, con cuatro actores: Luis Merlo, Teté Delgado, Iñaki Miramón y Lidia Otón. Os dejo unos pequeños apuntes y una foto. Y mi recomendación para que si podéis vayáis a verla. Mención especial a la música entreactos, no puedo decíros de quien era, porque he buscado por ahí y no encontré la información, asi que si alguien ha visto la obra y me puede deicr algo, quedaré eternamente agradecida.

“¡GORDA!” (“FAT PIG”)
de Neil LaBute
Dirección: Tamzin Townsend Versión: Tamzin Townsend y Luis Colomina
Con: Luis Merlo, Teté Delgado, Iñaki Miramón y Lidia Otón.
Vivimos en un mundo obsesionado por el culto al cuerpo: la delgadez nos garantiza ser deseables. Estamos dispuestos a pasar por el sufrimiento más extremo en nuestra búsqueda del cuerpo perfecto.
Neil LaBute, con su habitual crueldad e ironía, nos plantea lo que ocurre cuando un chico guapo, sofisticado y lleno de buenas intenciones se sorprende a si mismo enamorándose de una mujer con un considerable sobrepeso. Pero no vive en una isla desierta y tiene que afrontar la triste realidad: no todo el mundo comprende ese amor atípico. Por muy buenos que queramos ser, hacer lo que debemos nos resulta demasiado difícil.
LaBute es uno de los escritores contemporáneos más interesantes y provocadores del momento. En “Gorda” nos presenta una obra que nos hace reír muchísimo, pero inmediatamente después nos provoca mala conciencia. Son unas cosquillas que duelen.
La obra nos recuerda que todos tenemos miedo de caer en desgracia, que podemos estar a un paso de lo que más tememos: engordar, enfermar, envejecer…dejar de formar parte de los triunfadores. TAMZIN TOWNSEND.
La obra que se representaba ayer era Gorda de Neil Labute, con cuatro actores: Luis Merlo, Teté Delgado, Iñaki Miramón y Lidia Otón. Os dejo unos pequeños apuntes y una foto. Y mi recomendación para que si podéis vayáis a verla. Mención especial a la música entreactos, no puedo decíros de quien era, porque he buscado por ahí y no encontré la información, asi que si alguien ha visto la obra y me puede deicr algo, quedaré eternamente agradecida.

“¡GORDA!” (“FAT PIG”)
de Neil LaBute
Dirección: Tamzin Townsend Versión: Tamzin Townsend y Luis Colomina
Con: Luis Merlo, Teté Delgado, Iñaki Miramón y Lidia Otón.
Vivimos en un mundo obsesionado por el culto al cuerpo: la delgadez nos garantiza ser deseables. Estamos dispuestos a pasar por el sufrimiento más extremo en nuestra búsqueda del cuerpo perfecto.
Neil LaBute, con su habitual crueldad e ironía, nos plantea lo que ocurre cuando un chico guapo, sofisticado y lleno de buenas intenciones se sorprende a si mismo enamorándose de una mujer con un considerable sobrepeso. Pero no vive en una isla desierta y tiene que afrontar la triste realidad: no todo el mundo comprende ese amor atípico. Por muy buenos que queramos ser, hacer lo que debemos nos resulta demasiado difícil.
LaBute es uno de los escritores contemporáneos más interesantes y provocadores del momento. En “Gorda” nos presenta una obra que nos hace reír muchísimo, pero inmediatamente después nos provoca mala conciencia. Son unas cosquillas que duelen.
La obra nos recuerda que todos tenemos miedo de caer en desgracia, que podemos estar a un paso de lo que más tememos: engordar, enfermar, envejecer…dejar de formar parte de los triunfadores. TAMZIN TOWNSEND.
Gracias a la lluvia (final)

Tiene un bonito cuerpo Miguel, con músculos bien dibujados sin estar excesivamente desarrollados. No es muy alto pero sí proporcionado. Allí, de pie, con el torso desnudo y el pequeño pantalón de deporte estaba muy atractivo.
Se colocó frente a mi, de espaldas al espejo, y cogiéndome de los hombros me echó hacia atrás, dejándome tumbada en el banco. Se arrodilló, metió las manos bajo mis nalgas y me quitó los pantalones, con lo que me quedé completamente desnuda
.
Yo esperaba impaciente lo que vendría después. Acercó la boca a mi sexo y empezó apretando sus labios sobre mi pubis, besándolo. Así estuvo un buen rato hasta que poco a poco, fue abriendo mis húmedos labios con la punta de la lengua para ir adentrándose lentamente entre sus pliegues y recovecos. Me cogí con las dos manos a los soportes donde se colocan las barras con las pesas mientras mi cuerpo se retorcía de placer. Los gemidos aumentaban de intensidad hasta que un orgasmo interminable me hizo temblar de pies a cabeza.
Él, al sentir mis contracciones dejó de lamer y fue subiendo su boca por el vientre y el pecho hasta llegar a la mía y allí permaneció un rato mientras jugábamos a enredar nuestras lenguas.
Era mi turno, ahora yo quería disfrutar de su cuerpo. Me levanté y quedamos los dos de pie frente a frente. Hice que se diera la vuelta y empecé acariciándole la espalda, dibujando con las manos cada músculo, al tiempo que depositaba suaves besos como en una lluvia sin orden ni concierto. Le quité los pantalones y admiré aquel precioso culo, durísimo. Le abracé por la espalda mientras mis manos buscaban su sexo que se erguía orgulloso y dispuesto. Entonces le di la vuelta y le hice acostarse en el banco mientras yo, de pie, pasé una pierna por cada lado como si fuese a sentarme sobre él. Cogí su pene con las manos dirigiéndolo directamente hacia la entrada de mi vagina abierta, y empecé a bajar lentamente, como si estuviese haciendo un ejercicio de “sentadillas”. Su sexo se introducía despacio y con facilidad por lo mojada que yo me encontraba, pero cuando estaba en mi interior casi por completo, yo volvía levantarme. Así una y otra vez, contemplando fascinada su rostro que se debatía entre el deseo, el sufrimiento y el gozo. Me temblaban los muslos, pero aún volví a repetir la operación hasta que en un momento me cogió fuertemente de las caderas y me dejó caer con fuerza sobre él. Ninguno de los dos pudimos aguantar más, y nuestros cuerpos empezaron a moverse al mismo ritmo durante unos minutos. Los suficientes para acabar los dos con un grito ronco, sintiendo cada uno el placer del otro.
Terminamos con el tiempo justo, nos fuimos a la ducha y al momento apareció el dueño del gimnasio que había terminado ya con sus cosas.
No hubo amor ni nada parecido, sólo un hombre y una mujer que se atraían y se deseaban. Ahora, cuando nos vemos, un brillo especial en nuestras miradas me confirma que él, como yo, recuerda a menudo esa mañana de sábado. Llovía.
------------------------------------------------------------------------------------------------
No quiero dejar hoy de recordar que las relaciones sexuales deben ser responsables y practicarlas con protección. Una cosa es la literatura, ya que en un relato erótico quedaría un poco "chungo" parar para ponerse el preservativo, y otra muy distinta es la realidad.
