¿Tienes plan para la mañana del sábado 10 de Junio?
¿Que no...? ¿No me digas que piensas hacer lo de todos los sábados?... la compra en el Carrefour, hacer la colada, lavar el coche, ordenar los armarios, ir al video club a por una de dibujos para los niños... Si quieres, puedes hacer algo diferente, divertido, refrescante y además reivindicativo. Eso puede convertirte en la envidia de amigos y conocidos.

CONVOCATORIA DE PRENSA
Madrid, 10 de junio de 2006
3ª Marcha Ciclonudista de Madrid
Seguimos Desnud@s ante el tráfico
SÁBADO 10 de Junio de 2006, a las 12h., en la Plaza de Cibeles (Correos).
La Bici Crítica de Madrid, atendiendo al llamamiento mundial de la Coordinadora de Colectivos Ciclonudistas de Aragón, convocamos la 3ª Marcha Ciclonudista de Madrid.
Este mismo día están convocadas marchas en Zaragoza, Barcelona, Pamplona y Huesca, así como en otras ciudades de Europa y el mundo (lista en http://www.ciclonudista.net).
Los Ciclistas Urbanos de toda edad y condición utilizamos la bici para ir a trabajar, pasear, hacer deporte, ir a comprar, ir a estudiar, ir a la piscina, ir al cine, ir a la biblioteca, a visitar a la familia... es el vehículo más ágil y racional para moverse en las ciudades. Pero nos sentimos DESNUDOS ANTE EL TRÁFICO: Mostramos nuestra frágil “carrocería” para exigir respeto al resto de los conductores.
Exigimos JUSTICIA EN LAS CALLES: Queremos una ciudad más habitable, equilibrada, en la que el coche no imponga su ley de peligro, ruido y ocupación del espacio humano. Consideramos esencial facilitar las alternativas al automóvil privado: TRANSPORTE PÚBLICO, CAMINAR y la BICICLETA. Con dos objetivos básicos:
• Reducción del excesivo uso del coche: por sus nocivos efectos sobre la ciudad, sus habitantes y el medioambiente.
• Consecución de una ciudad más humana y habitable, que desarrolle su actividad de forma lógica y sostenible, mejorando la calidad de vida de los ciudadanos.
Reclamamos al Ayuntamiento y a las Administraciones competentes (Consorcio de los Transportes de Madrid, Renfe) compromisos serios que muestren la voluntad de planificar la ciudad desde el criterio de la movilidad sostenible, como solución al colapsado tráfico madrileño.
Queremos una ciudad más humana y habitable.
Bici Crítica de Madrid – http://bicicritica.ourproject.org
Convocatoria Ciclonudista Internacional - http://www.ciclonudista.net

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Te ha gustado el plan... lo sabía, pero.... tienes un montón de dudas que te atormentan. Está todo pensado, aqui tienes unos valiosos (a la par que divertidos) consejos que dan respuesta a todos tus preguntas:
MANUEL PARA USO Y DISFRUTE DE CICLONUDISTAS, CICLONUDISTOS Y OTRAS MALAS HIERBAS.
A la de una, a la de dos y a la de tres... ¡Ropas fuera!
1-¿Desnudarme yo con éste cuerpo serrano? ¡Y un jamón!
Pues si, si no hay tiempo para comprar un cuerpo nuevo en las rebajas, no queda más remedio que usar el que tenemos, aunque no termine de gustarnos del todo. No todo el mundo puede ser top model o mister Universo, afortunadamente. Son una minoría cuyos cuerpos son herramientas de trabajo conseguidas en muchas ocasiones a costa de su salud y de buenos retoques en las fotografías de las revistas. El resto es lo que vemos en el espejo a diario, o en la playa y las piscinas en verano. Desnudos gloriosos, llenos de rasgos únicos y rotundamente personales que nos diferencian de una vulgar "top" o un "mister" corrientito. Ya es hora de presumir un poco ¿No? Si la arruga es bella, que lo es, el michelín es no menos sublime.
2-¿Pero cómo me quito la ropa en medio de la calle? No es tan fácil...
...Ni tan difícil. El secreto está en la masa, como las pizzas. Si hay una masa de individuos que se desnudan juntos, resulta asombrosamente fácil. Lo que para una persona es imposible por pudor y temor, se vuelve facilísimo y divertido cuando se hace en conjunto, en un ambiente de fiesta y simpatía. Y nadie se siente observado por nadie; cuando nos desnudamos en medio de un maremagnum de cuerpos desnudos, los tabúes desaparecen como por arte de magia y vemos la piel propia y ajena con la misma naturalidad con que contemplamos un cuerpo cubierto con prendas de vestir.
3-¿Y que dirá la gente si me ve con éstas pintas?
Decir, más bien poco. Lo normal es que te aplaudan y te dediquen entusiastas gritos de ánimo. Que te admiren. Tampoco nadie va a pararse mucho en intentar reconocerte: a cierta distancia es difícil distinguir dentro del conjunto de ciclonudistas la cara de una persona; y si el grupo es muy numeroso no es nada fácil saber si los que van en medio del pelotón son hombres o mujeres, la propia cantidad de ciclonudistas y la postura que llevamos en bicicleta homogeneiza bastante nuestra imagen. En el centro del pelotón es más fácil distinguirnos por la bicicleta que por el cuerpo (y para eso tanta dieta y tanto gimnasio... en fin...). Y si tienes verdadero celo por conservar el anonimato, una mascarilla de las que usan los pintores - de esas que parecen un bozal de papel- te hará irreconocible. Muchos ciclistas las utilizan habitualmente para no respirar el humo de los coches.
Cuando calienta el Sol.
1-Yo te doy cremita, tu me das cremita.
Y es que calienta de verdad. No hay más remedio; hacer la ciclonudista en enero no es lo mismo, así que resulta obligado utilizar un protector solar adecuado a nuestro color y tipo de piel. Mejor usar un poco más de protección de la cuenta porque la duración del paseo no se puede precisar, a veces dura más de lo esperado. Puedes ponerte el protector solar antes de salir de casa o bien al desnudarte; si no se moja el cuerpo aguanta sin problemas tres o más horas.
2-Sol aquí y sol allá, maquíllate, maquíllate.
Hay ciclonudistas que decoran sus cuerpos con vistosos dibujos y eslóganes reivindicativos... y se quedan con el adorno en negativo durante todo el verano porque el maquillaje actúa como pantalla solar. El resto de la piel queda expuesto a la acción de los rayos U.V. y se broncea (o quema) quedando reservada la impronta de los dibujitos ¿El remedio? Fácil: antes de pintarse hay que usar protector solar. No somos nada sin la cremita.
3-¿Y la cabeza también es ciclonudista?
Entendemos como ciclonudismo el ir sin ropa sobre la bicicleta, pero hay complementos que no son estrictamente ropa y que resultan altamente recomendables por salud y seguridad: básicamente un gorro para protegerse del sol (o incluso el casco, quien lo use) y calzado. Y si no se utilizan alforjas, una mochila para guardar la ropa, documentación, etc. La ropa más adecuada para "ciclonudear" es aquella que nos permite desnudarnos o vestirnos en pocos segundos: prendas anchas, que no se peguen al cuerpo ni se enganchen y que nos permitan desnudarnos sin necesidad de descalzarnos, que siempre resulta lento y engorroso en la calle.
¡Cualquiera se monta ahora en la bicicleta!
1-Pero ¿Qué es esa cosa negra de ahí?
Esa cosa negra es el sillín. Tu sillín de toda la vida. Ahora lo miras con otros ojos, parece que te fuera a morder precisamente donde estás pensando, pero no lo hará. Es tan confortable como siempre, sólo tienes que tener un poco más de cuidado al montarte. Trátalo con delicadeza y te mimará en lo más frágil. El pico parece más afilado de lo que lo recordabais, pero no pasa nada, que no es un violador ni os va a castrar, caramba. En cinco minutos ni te acordarás de él.
2-¿Es que no tenía otro momento para averiarse la maldita bici?
Quizá es que quería también tener su minuto de gloria y reclamar tu atención, que son muy suyas. Hay que llevar en las alforjas o la mochila un poco de herramienta y algo que nos permita reparar un pinchazo. No es necesario cargar con el taller; unas llaves por si se afloja algún tornillo inoportuno bastan (hay multi-herramientas muy pequeñas que nos sacan de casi cualquier apuro). Para los pinchazos lo mejor es llevar un spray reparador, es muy rápido y fácil de usar: se acopla a la válvula y actúa inyectando espuma de látex mientras va hinchando la rueda. Si vemos que no podemos resolver la avería y se escapa el pelotón, lo mejor es vestirse y ya con más tranquilidad, intentar arreglar la bici. Con suerte podremos alcanzar al pelotón, desnudarnos de nuevo y seguir disfrutando. Y además, entre tanta bicicleta sobrarán manos amigas que nos echen una mano con nuestra avería.
3-Pedaleando, que es participio, o pluscuamperfecto, o como se diga.
Aunque no vayamos a hacer precisamente la trans-pirenaica, no está de más tener unas mínimas directrices para la marcha. El ritmo de rodada es bastante lento, no vamos a hacer una carrera sino una reivindicación. Vamos a hacernos ver, que aunque parezca mentira, no somos invisibles. En la cabeza del pelotón irá el guía de la marcha marcando el itinerario y el ritmo, por lo que no tendremos que preocuparnos más que de seguir su cadencia y no dispersarnos demasiado en el grupo. Si vais a hacer fotos es aconsejable no perder contacto con el pelotón y por supuesto no adelantar al guía, eso podría fragmentar la marcha y organizar un pequeño o no tan pequeño caos. Es probable que encuentres algún participante que lleve ropa puesta (normalmente slips o braga). Invítale amablemente a ocupar la cola del pelotón: es una marcha ciclonudista, vamos a mostrarnos sin ropa, o como mínimo a respetar a quienes no la llevan y no romper el mensaje de nuestra frágil desnudez ante el tráfico.
Todo lo que siempre quiso saber sobre sexo y no se atrevió a preguntar
1-¿Es grave, Doctor?
No, en absoluto. Ser ciclonudista no sólo no causa impotencia ni esterilidad sino que embellece nuestros cuerpos con el ejercicio, el sol, el aire libre y los aplausos del respetable.
2-Por el hilo se saca el ovillo (Sólo para ellas)
Que no mujer, que no pasa nada. De verdad que en una marabunta de decenas de ciclistas en traje de Adán y Eva, sentado todo el mundo en sus sillines y circulando por el centro de la ciudad nadie, absolutamente nadie entre el público ni entre los ciclonudistas va a fijarse en esos poquitos centímetros del hilito del tampón.
3-Erecciones municipales (Sólo para ellos)
Lo has pensado: «como tenga una erección, menudo lío. No puedo disimularla, van a pensar que soy un sátiro, y encima el pitorreo -nunca mejor dicho- que se va a armar». Pues no. A pesar de que vas a estar rodeado de preciosos cuerpos desnudos, pensar en erecciones es casi como de ciencia-ficción. Esa cantidad de ciclonudistas, en un sitio tan insólito como la vía pública siendo jaleados por cientos de atónitos ciudadanos mientras vamos sentados en un sillín y pedaleando es casi una garantía de castidad. Es que ni queriendo, vamos.
Todo ésto está muy bien pero...
1-¿De verdad que no me van a detener?
La práctica del nudismo en lugares públicos es completamente legal en España siempre que no se haga de manera obscena -con intención de excitar a los demás o a nosotros mismos- y ante menores o deficientes mentales. En las calles hay peatones, entre ellos menores y deficientes mentales, pero como no estamos desnudos para provocar excitación sexual a nadie (chicos, nada de bromas con la cremita), tenemos todo el derecho de hacerlo. El ir sin ropa no nos exime de la obligación de llevar nuestra documentación, todo exactamente igual que si fuéramos vestidos.
2-¿Y esto es todo?
No. Ésto es lo de menos: lo mejor está por venir y será cuando estés pedaleando libremente, sin ropa, por las calles de tu ciudad ¡No querrás que llegue la hora de tener que vestirte!
Glú-2006 para la
BICI CRÍTICA MADRILEÑA
http://bicicritica.ourproject.com
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Y como hoy estoy así de generosa aqui pego una canción que, aunque al principio pudiera no parecerlo, tiene que ver con la bici... ya lo creo.
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CONVOCATORIA DE PRENSA
Madrid, 10 de junio de 2006
3ª Marcha Ciclonudista de Madrid
Seguimos Desnud@s ante el tráfico
SÁBADO 10 de Junio de 2006, a las 12h., en la Plaza de Cibeles (Correos).
La Bici Crítica de Madrid, atendiendo al llamamiento mundial de la Coordinadora de Colectivos Ciclonudistas de Aragón, convocamos la 3ª Marcha Ciclonudista de Madrid.
Este mismo día están convocadas marchas en Zaragoza, Barcelona, Pamplona y Huesca, así como en otras ciudades de Europa y el mundo (lista en http://www.ciclonudista.net).
Los Ciclistas Urbanos de toda edad y condición utilizamos la bici para ir a trabajar, pasear, hacer deporte, ir a comprar, ir a estudiar, ir a la piscina, ir al cine, ir a la biblioteca, a visitar a la familia... es el vehículo más ágil y racional para moverse en las ciudades. Pero nos sentimos DESNUDOS ANTE EL TRÁFICO: Mostramos nuestra frágil “carrocería” para exigir respeto al resto de los conductores.
Exigimos JUSTICIA EN LAS CALLES: Queremos una ciudad más habitable, equilibrada, en la que el coche no imponga su ley de peligro, ruido y ocupación del espacio humano. Consideramos esencial facilitar las alternativas al automóvil privado: TRANSPORTE PÚBLICO, CAMINAR y la BICICLETA. Con dos objetivos básicos:
• Reducción del excesivo uso del coche: por sus nocivos efectos sobre la ciudad, sus habitantes y el medioambiente.
• Consecución de una ciudad más humana y habitable, que desarrolle su actividad de forma lógica y sostenible, mejorando la calidad de vida de los ciudadanos.
Reclamamos al Ayuntamiento y a las Administraciones competentes (Consorcio de los Transportes de Madrid, Renfe) compromisos serios que muestren la voluntad de planificar la ciudad desde el criterio de la movilidad sostenible, como solución al colapsado tráfico madrileño.
Queremos una ciudad más humana y habitable.
Bici Crítica de Madrid – http://bicicritica.ourproject.org
Convocatoria Ciclonudista Internacional - http://www.ciclonudista.net

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Te ha gustado el plan... lo sabía, pero.... tienes un montón de dudas que te atormentan. Está todo pensado, aqui tienes unos valiosos (a la par que divertidos) consejos que dan respuesta a todos tus preguntas:
MANUEL PARA USO Y DISFRUTE DE CICLONUDISTAS, CICLONUDISTOS Y OTRAS MALAS HIERBAS.
A la de una, a la de dos y a la de tres... ¡Ropas fuera!
1-¿Desnudarme yo con éste cuerpo serrano? ¡Y un jamón!
Pues si, si no hay tiempo para comprar un cuerpo nuevo en las rebajas, no queda más remedio que usar el que tenemos, aunque no termine de gustarnos del todo. No todo el mundo puede ser top model o mister Universo, afortunadamente. Son una minoría cuyos cuerpos son herramientas de trabajo conseguidas en muchas ocasiones a costa de su salud y de buenos retoques en las fotografías de las revistas. El resto es lo que vemos en el espejo a diario, o en la playa y las piscinas en verano. Desnudos gloriosos, llenos de rasgos únicos y rotundamente personales que nos diferencian de una vulgar "top" o un "mister" corrientito. Ya es hora de presumir un poco ¿No? Si la arruga es bella, que lo es, el michelín es no menos sublime.
2-¿Pero cómo me quito la ropa en medio de la calle? No es tan fácil...
...Ni tan difícil. El secreto está en la masa, como las pizzas. Si hay una masa de individuos que se desnudan juntos, resulta asombrosamente fácil. Lo que para una persona es imposible por pudor y temor, se vuelve facilísimo y divertido cuando se hace en conjunto, en un ambiente de fiesta y simpatía. Y nadie se siente observado por nadie; cuando nos desnudamos en medio de un maremagnum de cuerpos desnudos, los tabúes desaparecen como por arte de magia y vemos la piel propia y ajena con la misma naturalidad con que contemplamos un cuerpo cubierto con prendas de vestir.
3-¿Y que dirá la gente si me ve con éstas pintas?
Decir, más bien poco. Lo normal es que te aplaudan y te dediquen entusiastas gritos de ánimo. Que te admiren. Tampoco nadie va a pararse mucho en intentar reconocerte: a cierta distancia es difícil distinguir dentro del conjunto de ciclonudistas la cara de una persona; y si el grupo es muy numeroso no es nada fácil saber si los que van en medio del pelotón son hombres o mujeres, la propia cantidad de ciclonudistas y la postura que llevamos en bicicleta homogeneiza bastante nuestra imagen. En el centro del pelotón es más fácil distinguirnos por la bicicleta que por el cuerpo (y para eso tanta dieta y tanto gimnasio... en fin...). Y si tienes verdadero celo por conservar el anonimato, una mascarilla de las que usan los pintores - de esas que parecen un bozal de papel- te hará irreconocible. Muchos ciclistas las utilizan habitualmente para no respirar el humo de los coches.
Cuando calienta el Sol.
1-Yo te doy cremita, tu me das cremita.
Y es que calienta de verdad. No hay más remedio; hacer la ciclonudista en enero no es lo mismo, así que resulta obligado utilizar un protector solar adecuado a nuestro color y tipo de piel. Mejor usar un poco más de protección de la cuenta porque la duración del paseo no se puede precisar, a veces dura más de lo esperado. Puedes ponerte el protector solar antes de salir de casa o bien al desnudarte; si no se moja el cuerpo aguanta sin problemas tres o más horas.
2-Sol aquí y sol allá, maquíllate, maquíllate.
Hay ciclonudistas que decoran sus cuerpos con vistosos dibujos y eslóganes reivindicativos... y se quedan con el adorno en negativo durante todo el verano porque el maquillaje actúa como pantalla solar. El resto de la piel queda expuesto a la acción de los rayos U.V. y se broncea (o quema) quedando reservada la impronta de los dibujitos ¿El remedio? Fácil: antes de pintarse hay que usar protector solar. No somos nada sin la cremita.
3-¿Y la cabeza también es ciclonudista?
Entendemos como ciclonudismo el ir sin ropa sobre la bicicleta, pero hay complementos que no son estrictamente ropa y que resultan altamente recomendables por salud y seguridad: básicamente un gorro para protegerse del sol (o incluso el casco, quien lo use) y calzado. Y si no se utilizan alforjas, una mochila para guardar la ropa, documentación, etc. La ropa más adecuada para "ciclonudear" es aquella que nos permite desnudarnos o vestirnos en pocos segundos: prendas anchas, que no se peguen al cuerpo ni se enganchen y que nos permitan desnudarnos sin necesidad de descalzarnos, que siempre resulta lento y engorroso en la calle.
¡Cualquiera se monta ahora en la bicicleta!
1-Pero ¿Qué es esa cosa negra de ahí?
Esa cosa negra es el sillín. Tu sillín de toda la vida. Ahora lo miras con otros ojos, parece que te fuera a morder precisamente donde estás pensando, pero no lo hará. Es tan confortable como siempre, sólo tienes que tener un poco más de cuidado al montarte. Trátalo con delicadeza y te mimará en lo más frágil. El pico parece más afilado de lo que lo recordabais, pero no pasa nada, que no es un violador ni os va a castrar, caramba. En cinco minutos ni te acordarás de él.
2-¿Es que no tenía otro momento para averiarse la maldita bici?
Quizá es que quería también tener su minuto de gloria y reclamar tu atención, que son muy suyas. Hay que llevar en las alforjas o la mochila un poco de herramienta y algo que nos permita reparar un pinchazo. No es necesario cargar con el taller; unas llaves por si se afloja algún tornillo inoportuno bastan (hay multi-herramientas muy pequeñas que nos sacan de casi cualquier apuro). Para los pinchazos lo mejor es llevar un spray reparador, es muy rápido y fácil de usar: se acopla a la válvula y actúa inyectando espuma de látex mientras va hinchando la rueda. Si vemos que no podemos resolver la avería y se escapa el pelotón, lo mejor es vestirse y ya con más tranquilidad, intentar arreglar la bici. Con suerte podremos alcanzar al pelotón, desnudarnos de nuevo y seguir disfrutando. Y además, entre tanta bicicleta sobrarán manos amigas que nos echen una mano con nuestra avería.
3-Pedaleando, que es participio, o pluscuamperfecto, o como se diga.
Aunque no vayamos a hacer precisamente la trans-pirenaica, no está de más tener unas mínimas directrices para la marcha. El ritmo de rodada es bastante lento, no vamos a hacer una carrera sino una reivindicación. Vamos a hacernos ver, que aunque parezca mentira, no somos invisibles. En la cabeza del pelotón irá el guía de la marcha marcando el itinerario y el ritmo, por lo que no tendremos que preocuparnos más que de seguir su cadencia y no dispersarnos demasiado en el grupo. Si vais a hacer fotos es aconsejable no perder contacto con el pelotón y por supuesto no adelantar al guía, eso podría fragmentar la marcha y organizar un pequeño o no tan pequeño caos. Es probable que encuentres algún participante que lleve ropa puesta (normalmente slips o braga). Invítale amablemente a ocupar la cola del pelotón: es una marcha ciclonudista, vamos a mostrarnos sin ropa, o como mínimo a respetar a quienes no la llevan y no romper el mensaje de nuestra frágil desnudez ante el tráfico.
Todo lo que siempre quiso saber sobre sexo y no se atrevió a preguntar
1-¿Es grave, Doctor?
No, en absoluto. Ser ciclonudista no sólo no causa impotencia ni esterilidad sino que embellece nuestros cuerpos con el ejercicio, el sol, el aire libre y los aplausos del respetable.
2-Por el hilo se saca el ovillo (Sólo para ellas)
Que no mujer, que no pasa nada. De verdad que en una marabunta de decenas de ciclistas en traje de Adán y Eva, sentado todo el mundo en sus sillines y circulando por el centro de la ciudad nadie, absolutamente nadie entre el público ni entre los ciclonudistas va a fijarse en esos poquitos centímetros del hilito del tampón.
3-Erecciones municipales (Sólo para ellos)
Lo has pensado: «como tenga una erección, menudo lío. No puedo disimularla, van a pensar que soy un sátiro, y encima el pitorreo -nunca mejor dicho- que se va a armar». Pues no. A pesar de que vas a estar rodeado de preciosos cuerpos desnudos, pensar en erecciones es casi como de ciencia-ficción. Esa cantidad de ciclonudistas, en un sitio tan insólito como la vía pública siendo jaleados por cientos de atónitos ciudadanos mientras vamos sentados en un sillín y pedaleando es casi una garantía de castidad. Es que ni queriendo, vamos.
Todo ésto está muy bien pero...
1-¿De verdad que no me van a detener?
La práctica del nudismo en lugares públicos es completamente legal en España siempre que no se haga de manera obscena -con intención de excitar a los demás o a nosotros mismos- y ante menores o deficientes mentales. En las calles hay peatones, entre ellos menores y deficientes mentales, pero como no estamos desnudos para provocar excitación sexual a nadie (chicos, nada de bromas con la cremita), tenemos todo el derecho de hacerlo. El ir sin ropa no nos exime de la obligación de llevar nuestra documentación, todo exactamente igual que si fuéramos vestidos.
2-¿Y esto es todo?
No. Ésto es lo de menos: lo mejor está por venir y será cuando estés pedaleando libremente, sin ropa, por las calles de tu ciudad ¡No querrás que llegue la hora de tener que vestirte!
Glú-2006 para la
BICI CRÍTICA MADRILEÑA
http://bicicritica.ourproject.com
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Y como hoy estoy así de generosa aqui pego una canción que, aunque al principio pudiera no parecerlo, tiene que ver con la bici... ya lo creo.
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Desesperada (Final)

Tengo un amigo, bueno más bien diría un conocido, uno de esos con quien charlas o tomas un café de vez en cuando, que hace tiempo que no paraba de insistir para que tuviéramos una cita, que quería follar, vamos, seamos realistas. Yo siempre le daba largas, porque la verdad no acababa de seducirme del todo. Pero últimamente empezó a propiciar conversaciones subidas de tono, a escribirme contándome sus fantasías… Y oye, tiene un lado morboso que no es moco de pavo. Al menos, me hizo pensar en darle una oportunidad. Tampoco podía ser tan malo. Y la verdad es que una se cansa a veces de tanto enamoramiento que te hace estar siempre en un ¡ay! sufriendo y sufriendo como una idiota. Un encuentro sexual, ni más ni menos, sin mariposas en el estómago, ni nervios, ni nada. Tan sólo una húmeda excitación. Podía resultar.
El tío daba saltos de alegría cuando acepté su proposición y se puso como loco a hacer planes. El día que mejor nos venía a los dos, el hotel que podía reservar… ya estaba saboreando el pastel antes de haberlo horneado. Le dejé hacer, no tenía ganas de molestarme y además a él le hacía tanta ilusión. Por fin, quedamos para un día de la semana pasada. Él vive en una ciudad a unos 100 kilómetros de la mía, pero por su trabajo viene a menudo pues tiene clientes en la zona. Ese día se lo había organizado de forma que podía disponer de la tarde libre para nuestro encuentro. Yo inventé una excusa cualquiera y dije en casa que estaría ocupada con unos asuntos durante toda la tarde.
Y el día empezó con mal pie. Me levanté tarde. Y eso es algo que me pone de mal humor para todo el día porque tengo que ir corriendo. Pero bueno, después del tercer café ya se me había pasado el cabreo. Me había puesto un precioso vestido en tonos azules que cuando me visto con él tengo la impresión de hacerlo con un trozo de mar. Es de un suave tejido que marca las formas que tiene que marcar. Tiene un corte tirando a japonés o algo así. Un pequeño cuello “mao” que no llega a cerrarse por delante, ya que tiene un escote casi en forma de corazón. Se cruza con dos lazos que se atan detrás, por lo que es muy fácil de quitar. Una mano experta solo tiene que tirar de la punta de uno de los lazos y “ale hop”… el vestido se abre.
Estaba en la oficina con un café encima de la mesa mientras intentaba descifrar una especie de cuadro sinóptico de no se qué normas, totalmente ensimismada, cuando mi compañero apareció casi al lado mío. Me dio tal susto que tiré el café de un manotazo, que (cómo no) fue a derramarse sobre mi precioso vestido. Casi me como al infortunado, mis ojos despedían chispas de rabia, y él se iba encogiendo y encogiendo hasta el punto que temí iba a largarse por debajo de la mesa como una cucaracha. Salí disparada, sin pronunciar palabra, pero taladrándole con una mirada asesina, hacia el cuarto de baño a ver si lograba arreglar el desaguisado.
Fue imposible, ya me podía despedir del vestido. Tendría que pasar por casa a cambiarme… hostia puta. Al rato llegó el jefe. Y yo estaba como para tonterías. Pues al hombre no se le ocurre otra cosa que proponer una reunión justo para esa tarde. ¡Ah, no! Ni pensarlo. En un momento vinieron a mi mente, mil y una excusas, a cual más ilógica y extravagante. Menos mal que conseguí serenarme un momento y convencerle, haciendo gala de mi profesionalidad, de que era muchísimo mejor dejar la reunión para el día siguiente. ¡Coño! Había dicho que sí a aquella cita casi por puro compromiso, pero ahora no me daba la gana que entre todos la fastidiasen.
Cuando el jefe se largó convencido, conecté un momento el mess a ver si por casualidad estaba Ismael, que así se llama mi “conocido”. No era probable, ya eran las doce del mediodía y debía estar con los clientes que tenía que visitar. Cuál sería mi sorpresa al ver su muñequito verde allí reluciendo.
-¿Qué haces ahí todavía? Le escribí en la ventanita, cargada de mala leche.
-¡Ay! Dulce – aquí toca una aclaración, no me llama Dulce porque sea cursi (que un poco sí lo es) es que mi querido padre tuvo la feliz idea de bautizarme con el nombre de Dulce María… jamás se lo perdonaré – tengo al jefe machacándome que quiere acompañarme a visitar a los clientes.
-Y… ¿qué quieres? ¿que hagamos un trío?... mira, a lo mejor me gusta más tu jefe que tú y resulta que te toca mirar.
-No te enfades, Dulce, está pesadísimo. Ya le he dicho que yo necesito estar libre a partir de las 4 de la tarde, que tengo asuntos particulares.
-No, mira, mejor lo dejamos para otro día.
-Que no, mujer, que estoy como una moto. Llevo soñando con esta tarde toda la puta semana, no me hagas eso.
-Bueno, vale, pero no me está gustando nada esto. Parece que se pusieron todos de acuerdo para jodernos la cita.
-Te mando un sms cuando salga para el hotel ¿vale?
-Vale, anda, ves con cuidado, un beso.
-Un beso… me muero por besarte de verdad.
-Anda, corta ya y no seas pesado. Ciao.
-Ciao.
Llegó la hora y me fui a casa corriendo a cambiarme de vestido. Bueno, me puse otro blanco con grandes botones de arriba abajo, también fácil de quitar. Nada de camisetas que hay que sacar por la cabeza, siempre sales despeinada, o se te queda un brazo atascado. Y viendo cómo llevábamos el día cualquier cosa podía pasar.
Salí de casa y a mitad de camino sonó el móvil avisándome de que tenía un mensaje. Ya está allí, pensé. Esperé a salir de la autovía y en la primera calle que vi un sitio libre, aparqué. El mensaje decía: “Dulce, aún tengo al jefe conmigo y se ha empeñado en que tenemos que visitar a un cliente importante. Ahora te llamo”.
Me cago en sus muertos, después de lo que ha insistido, lo mato, lo mato si ahora me da plantón. Bajé del coche y busqué un bar que estuviese abierto, necesitaba un café, aunque visto el estado de nervios que llevaba, igual mejor me tomaba un valium. Al cabo de media hora sonó el móvil.
-Dulce, estoy hecho polvo, no hay manera de convencer a este hombre. Le he dicho que me iba a mear para poder llamarte.
Yo echaba chispas, pero decidí dejarlo ya, estaba visto que no era nuestro día.
-Mira, no te preocupes, ocúpate de todos esos asuntos y ya quedaremos otro día. No pasa nada, tenemos tiempo de sobra (aunque estaba pensando que no me liaría de nuevo).
-Lo siento mucho, de verdad, lo siento, si vieras cómo estoy. Las ganas que te tengo.
-Pues me parece que vas a tener que cascártela, guapo. Y yo no tengo ni pizca de ganas de ponerme tierna. Perdona, anda, no me hagas caso. Ya hablamos ¿de acuerdo?
-Eres un encanto. A ver si puedes la semana que viene. Te prometo que no volverá a ocurrir.
-Vale. Oye, acuérdate de cancelar la reserva del hotel.
-Sí, ahora mismo lo hago. Un beso, cielo.
-Un beso.
Bien, mi cita se había ido al traste. Pagué el café y me metí en el coche.
Iba a abrocharme el cinturón cuando algo extraño en el asiento del copiloto llamó mi atención. Hubiese jurado que había alguien allí sentado, pero no, no había nadie. Agaché la cabeza de nuevo buscando el dispositivo de enganche y mirando de reojo, y ahora sí… allí en el asiento, había algo. Algo que parecía transparente, porque podía ver lo que había al otro lado de la ventanilla. Cerré muy fuerte los ojos, y los abrí de nuevo. Parecía la forma de un cuerpo sentado, pero como si fuera de agua. Miré el cigarro que me había encendido al subir al coche, lo olí. No, aquello era tabaco… ¿tendría algo el café que me había tomado? Inexplicablemente no estaba asustada, sólo sorprendida. No sé cómo me atreví a hacerlo, pero estiré el brazo intentando tocar aquello. Mi mano tocó el cristal de la ventana, pero ciertamente sentía que había atravesado una materia extraña, untuosa como el aceite, tibia, y que ejercía una especie de caricia en la parte de mi brazo que permanecía dentro de ella. Lo saqué de allí rápidamente.
No sabía si decir algo o qué hacer. Entonces aquella cosa me habló. No, no fue ciertamente hablar, fue como si escribiese las palabras en mi mente acompañadas de un sonido como de pluma al rozar en el papel: “¿Sabes quién soy?”. Me quedé un rato callada mientras pensaba que no iba a cometer la estupidez de hablar con aquello. Cerré los ojos para concentrarme e intenté escribir en mi mente mi respuesta: “No me pregunto quien eres, me pregunto qué eres? ¿un extraterrestre?. Creo que dibujó una sonrisa. Luego escribió: “No seas niña, los extraterrestres no existen?” “Ja” – contesté yo sarcástica…
Yo había permanecido mirando al frente, pero en vista de que no decía nada, volví mis ojos hacía el asiento, deseando que ya no estuviese allí. Tenía que fijarme bien porque no era fácil verle. Pero sí, estaba. Entonces, ya no escribió en mi mente con ese sonido especial, sino que habló con una voz que parecía venir de muy hondo, como de un profundo pozo, o del fondo del mar. No había escuchado nunca un sonido igual.
-No, Dulce, no soy un extraterrestre. Soy tu ángel de la guarda.
-Sí, y mi hada madrina está sentada en el asiento trasero… no te jode. Hace muchos años que dejé de creer en esas tonterías, tantos, que ya ni me acuerdo. Me parecería más lógico incluso que fueses un ser de otro planeta, un ente extraño, pero un ángel… anda, venga.
Se quedó callado, pero yo sentía que su poder de convicción estaba penetrando en mi cerebro, como si me estuviese “comiendo el coco” sin darme yo cuenta.
-Bueno, vale, admitamos que eres mi ángel de la guarda ¿qué pasa? ¿voy a morirme? ¿voy a darme una hostia con el coche? ¿pretendes salvarme?
-No, no vas a morir, pero sí que me he propuesto salvarte.
-¿De qué?... si puede saberse.
-Te estás haciendo mayor, Dulce.
-Me estás llamando vieja, ángel.
-Te estás haciendo mayor y al paso que llevas no alcanzarás la salvación.
-Venga ya, no me jodas, y a mí ¿qué puñetas me importa la salvación? ¿te has parado a pensar que puede ser que no crea en todo eso? ¿qué pasa? Deben andar escasos allá arriba de almas buenas ¿no?
-Es sólo cosa mía. Tú eres mi responsabilidad desde el momento en que naciste y no puedo dejar que sigas con esa loca vida de sexo y pecado… tanta promiscuidad. Sólo piensas en gozar de tu cuerpo y ¿qué pasa con tu alma?
-Yo no tengo alma, tío, ni falta que me hace. Si has venido sólo por eso, ya puedes abrir la puerta y largarte. Métete en cualquier charco a ver si te diluyes. O vete al África a salvar las almas de los pobre negritos que caen como moscas. No he tenido un buen día y esto es el remate final a tanto disparate.
-Ya sé que no has tenido un buen día, aunque yo creo que sí que ha sido el día perfecto. He conseguido que estés aquí conmigo en vez de follando con el tipo que te habías citado.
-Los ángeles… ¿no tenéis prohibido decir palabras soeces?... espera, espera… ¿has dicho que has conseguido? ¿has sido tú el culpable de tanto desastre?
Dicen que el que calla, otorga. Y eso mismo hizo el muy cabrón.
-Yo te mato, juro que te mato… voy a cometer contigo un “angelicidio”, pero ¿qué coño te importa a ti con quien o con cuantos follo yo?
-Ya te lo he dicho, voy a salvarte, aun en contra de tu voluntad. Cuando nace un ser humano se le asigna un ángel que tenga un carácter parecido, así que ya lo ves, soy tan cabezota como tú. Ahora, dejarás de verme, vete a casa y conduce despacio. Pero recuerda que estaré observándote…
Y desapareció.
No podía creerlo, debía haber tenido una especie de alucinación. A lo mejor fueron los nervios que pasé todo el día, el estrés… yo que sé. Volví a casa decidida a olvidarme de todo.
Pero no, algo pasa. Porque desde entonces no ha habido manera de ligar, ni de tener otra cita. Parece que hubiese perdido mi atractivo.
El pobre Ismael lo está pasando fatal. Resulta que aquel día aciago llamó al hotel y anuló la reserva de la habitación, pero algo ocurrió porque a la una de la madrugada llamaron a su casa diciendo que era de la recepción del hotel X y que tenían una reserva a su nombre que no había cancelado. El recado lo cogió su mujer, no sé si había mencionado que está casado, aunque me parece que no será por mucho tiempo porque la parienta cogió un mosqueo de un par de narices. El tío está acojonao, y no me extraña. No he querido contarle nada del ángel dichoso porque pensaría que me he vuelto loca. Que es lo que pienso yo también.
He intentado quedar con alguno de los pretendientes que tenía en lista de espera, y que estaban deseando pegar un buen polvo, pero por alguna extraña razón a todos les han pasado unas cosas rarísimas o han tenido accidentes de lo más tontos.
Estoy desesperada y si esto sigue así me parece que no voy a poder follar nunca más y cuando muera me iré derechita al cielo.
Y lo peor es que cada vez que intento algo para salir de esto, me parece escuchar una risa, como un chapoteo de agua viniendo de muy hondo…
Sólo se me ocurre una solución desesperada… ¿follarán los ángeles?
Desesperada (I)

No puedo más, estoy desesperada, necesito ayuda pero no se a quien puedo acudir. Después de mucho cavilar, he decidido contar mi historia y colgarla en la red, por si suena la flauta.
Empezaré por el principio.
Soy fea, sí, no voy a engañarme a mi misma ni a vosotros. Me miro en el espejo y me veo fea. No una de esas feas horrorosas a quien no se las puede ni mirar, no, digamos que no soy bonita. Puede que de mi rostro se salven los ojos y los labios que resultan bastante atractivos. Digo esto porque a pesar de ello, siempre he gozado de admiradores del sexo masculino. Femenino, no sé, porque la verdad es que no me lo he planteado siquiera. Sí, ya me pasaba cuando era jovencita. Iba con mis amigas a la disco y siempre acababa ligando yo. Las muy brujas siempre salían con eso de: “yo no sé qué tienes para que se fijen en ti” (con voz atiplada) … ¡qué mala leche! Pero el caso es que era yo la que me los llevaba al huerto. Y se morían de envidia. De cuerpo no estoy mal, esa es la verdad, a veces algo más rellenita y otras, más delgada, pero siempre he estado proporcionada. Una talla más de tetas no me hubiera venido mal. Pero pasa que si engordo un poco tengo unos pechos preciosos, pero ¡coño! cuando adelgazo lo primero que me mengua son las tetas… hay que joderse.
Bueno, el caso es que una se da cuenta si gusta a los tíos. Y yo me doy cuenta. La de empresarios, peces gordos, que hubiera podido ligarme. Se les nota la cara de corderos que ponen cuando pasan por el despacho, o lo melosos que se vuelven al teléfono, y más de uno me ha hecho alguna proposición más bien deshonesta. Pero, la verdad, no me gusta mezclar el trabajo y el placer, que los hombres suelen ser muy bocazas y esas cosas sólo traen complicaciones.
Me pregunto si despediré un olor especial o es que miro de forma un tanto descarada. El caso es que la mayoría de las veces miro sin ver. A ver si me explico, puedo estar mirando a alguien fijamente y en realidad no le estoy viendo, porque mi cabeza anda perdida por otros caminos. Pero claro, el que tiene mis ojos clavados no puede saber por donde paran mis pensamientos. Ese es un problema que tendré que resolver un día de estos. Aunque una ya está mayor para ir cambiando.
Sin ir más lejos, hace unas dos semanas que empezaron una obra en la carretera por donde tengo que pasar cada día para ir al despacho. Por cierto, han terminado y no sé qué coño han hecho, porque la han dejado como estaba o peor. Bueno, el caso es que había dos tíos dirigiendo el tráfico. Sí, con las consabidas señales para cerrar el paso a los que venían y dárselo a los que iban y viceversa. El primer día, qué justo que saca la señal de stop cuando iba a pasar yo. Allí me tuve que quedar aguantando la miradita del fulano que me observaba con descaro. A la vuelta me tocaba el otro fulano, y otra vez la misma operación.
Tengo la mala suerte de llevar un coche demasiado “evidente” y llamativo, que se distingue a un kilómetro, así que los días siguientes volvía a pasar lo mismo. Ya no sólo me miraban, me lanzaban besos y sonrisas babeantes que me sacaban de quicio. Al principio, yo me hacía la despistada e intentaba no mirarles, hasta que un día especialmente horroroso en el que todo me había salido al revés, cuando el fulano me sacó la señal de stop, paré, me bajé del coche y me planté delante de sus narices… ¡qué aliento tenía, el cabrón!. “Oye, tú, gilipollas – le dije – aprovecha ahora y mírame bien de cuerpo entero, porque la próxima vez que me saques la plaquita te la meto por el culo ¿estamos? Y dale el recadito al mierda del otro lado”.
A la vuelta, una vez divisaron mi coche, se apresuraron a enseñarme la plaquita azul y agachaban la cabeza a mi paso. Lo sé, porque no les quité la vista de encima.
Y esto lo contaba para que no penséis que soy una tía buena, guapísima y divina de la muerte. Pero el problema no es ese, porque para nadie, supongo, es un problema tener facilidad para ligar. Todo lo contrario. Gracias a eso no me ha faltado un buen polvo cuando las ganas se juntan, como dice la canción.
Pero ahora, hay un… no sé cómo llamarle (porque aunque me haya dicho lo que es, yo no le creo) que está haciendo que todas mis citas sexuales se vayan al carajo. Y es que no sé si contarlo, porque vais a pensar que se me ha ido la olla. No me lo creía ni yo que le vi con mis propios ojos. Veréis lo que me pasó la semana pasada…
(continúa mañana)
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Quisiera ser un pez...

Fotografía de HERBERT LIST
Se durmió en el sofá mientras escuchaba a Juan Luís Guerra susurrándole al oído: “Quisiera ser un pez, para mojar mi nariz en tu pecera…”. Era su canción preferida porque expresaba exactamente el deseo que sentía hacia su amada Carla. Cuando abrió los ojos, todo a su alrededor parecía deformado. Los muebles, los libros, las paredes… todo lo que tan bien conocía parecía ahora reflejado en esos espejos de las ferias. Algunas cosas las veía muy cerca y muy gordas, otras se veían diminutas, allá a lo lejos. Fue a restregarse los ojos, pero no tenía manos. De pronto una nariz enorme estaba allí delante de él, dio un salto hacia atrás y tropezó con algo que le pinchó. Con un rápido giro se dio la vuelta y vió una planta de plástico que parecía mecerse entre el agua ¿Agua? No tuvo tiempo de analizar ese pensamiento cuando algo empezó a caerle encima como una fina lluvia en polvo. Abrió la boca instintivamente.
No había nada que pensar… tenía hambre ¿cuándo se ha visto que los peces piensen?
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Gente

No le gustó la gente.
Creo que este sería un buen epitafio para mi tumba. Sólo unos pocos individuos gozan de mi aprecio o de mis simpatías. Unos pocos, muy pocos. Con algunos me gusta conversar y procuramos una relación libre, sin ataduras de ningún tipo, viéndonos cuando nos apetece. Incluso mantengo relaciones sexuales con unos pocos. Con otros, follo simplemente, y si puede ser sin que abran la boca para decir paridas, mucho mejor. Sobre todo si son niñatos de esos que son sólo fachada, sin nada dentro. Sí, es una caña follar con alguno de ellos, pero luego quisiera que desapareciesen, que se esfumasen como el humo.
Tengo la suerte de trabajar en casa, por lo que no necesito convivir con las mismas personas cada día. Me dedico a la publicidad y los encargos de mis clientes los preparo en casa, hoy en día con tanto adelanto en las comunicaciones, mi relación personal a nivel laboral queda reducida a una o dos horas al mes. No mucho más. Con mi trabajo aun me he dado más cuenta de lo fácil que resulta manejar a la gente. Un poco de psicología y los haces comprar lo que te salga del coño. Una mierda bien presentada, con un logotipo original y llamativo, bien envasada y con una publicidad impactante… te la quitan de las manos. Y lo más increíble es que no se dan cuenta de que lo que han comprado no es más que eso… una pura mierda.
Vivo en un ático abuhardillado de un pequeño edificio de cuatro alturas. Hay días que no piso la calle ¿para qué? Aquí tengo todo lo que necesito y aborrezco meterme entre el gentío, que se mueve con prisas, de un lado para otro, como hormigas. A estas horas, al atardecer, me gusta asomarme a la ventana y fumarme un cigarro, o dos, o tres, mientras saboreo un café frío con dos piedras de hielo, un poco de limón y unos granos enteros de café. A veces le añado un chorrito de whisky.
En el edificio hay ocho pisos, además del mío. No tengo mucho trato con los vecinos, pero a todos los tengo estudiados y debidamente catalogados.
Por ahí viene la del primero A, es una mujer madura, rubia, con ojos claros, tipo nórdico. Se aburre, se aburre como una ostra. Para mí que su marido ya ni la mira. Se pasa el día en casa sin saber qué hacer, así que se ha buscado un grupo de amigos, que se llaman a sí mismos intelectuales: escritores, poetas, músicos. Ella es su musa. Tiene un culo como un pandero, pero se siente grácil y etérea. Yo creo que está pidiendo a gritos un buen polvo y se olvidaba de todas sus neuras. Pero claro, falta que encuentre quien quiera hacerle ese favor.
Su vecina es aun peor. Esa no vive en un piso, vive en el cielo. En su casa no mean, ni cagan. Es gloria bendita lo que ellos hacen. Tiene un hijo y una hija, la parejita, puros angelitos según su madre que empieza a contar y aburre hasta a las piedras. Habría que decirle que su hija grita como una zorra cuando su novio se la folla en la cama de matrimonio de su madre siempre que se quedan solos en casa. Y que su hijo no tiene novias, porque lo que le gusta es chupar pollas y que cobra por ello. Esta mujer es imbécil y gilipolla.
Los del segundo B son una pareja recién casada. Hace poco que vinieron a vivir aquí. Me los he tropezado alguna vez cuando salgo a por pan o al estanco a por tabaco. Pero no les veo yo mucho futuro porque hay que ver las miradas que me dirige el maromo. Estoy segura que si lo encuentro a solas, me tira los tejos. Pero eso sí, ya se ha dado prisa en preñar a la parienta, así tiene asegurada la madre, la criada y la puta… todo en una.
La viejita del segundo A, es casi invisible, así que poco hay que decir de ella. El marido se murió un buen día, como un pajarito, sin hacer ruido, por no decir ni dijo “pio” siquiera. Y la pobre, está más sola que la una, y eso que parió cinco hijos… cría cuervos y te sacarán los ojos. Ni aparecen a ver si la vieja necesita alguna cosa, el día menos pensado empieza a oler mal y es que estiró la pata. Pero entonces seguro que le salen parientes hasta de debajo de las piedras, aves de rapiña en busca de carroña.
Los del tercero son mi perdición. Los odio. Él está más sordo que una tapia, pero se tira unos pedos, el cabrón, que retumban las paredes. Y qué tufo sale por debajo de su puerta, deben comer mierda o es que la mierda se los come a ellos. Siempre está borracho. La mujer es de las que se pasan el día espiando tras la puerta, a ver quien sube y baja. Y cotilleando con la vecina, lleva siempre la misma bata, en invierno y en verano, llena de rotos y de porquería. Yo creo que cuando se la quita, si es que se la quita alguna vez, se debe quedar tiesa como si ella aun estuviese dentro. Como el desgraciado borracho de su marido está sordo, hablan a gritos, a todas horas. Y la televisión la escucha todo el vecindario. Tengo ganas de que se mueran de una puta vez, los dos a un tiempo.
La otra vecina cotilla es viuda de un militar. Y se da aires de gran señora. Mira por encima del hombro cuando algún día te encuentras con ella. Tiene un abrigo lleno de calvas que dice que es de visón y en Septiembre ya lo lleva puesto, luego resulta que tienen que fiarle en la tienda de la señora Engracia porque no llega a fin de mes. También tiene un hijo militar, que es todo un caballero, según ella. Por eso un día, con la excusa de que alguien le había encargado no sé qué asunto de publicidad subió a mi casa, y si no es por la patada en los huevos que le arreé y le dejó traspuesto, me hubiera violado, el hijo de la gran puta.
En el cuarto hay un piso vacío y en el otro, justo debajo de mí, vive el único vecino que soporto. Es un hombre maduro y vive solo. No sé a qué se dedica porque no tiene un horario fijo de entrar o salir de casa, pero a veces cuando reina el silencio, le escucho tocar el violín. Entonces corro a abrir la ventana porque el sonido me llega a través de la suya entreabierta. Y cierro los ojos mientras las notas se cuelan en mis oídos. Me gusta tanto escucharle que una vez que estuvo ausente diez o quince días… le eché de menos. Alguna vez le he visto, pretende parecer desaliñado pero hay algo en él que hace que aunque se vista con harapos no pueda ocultar su porte, su elegancia innata. Tiene una mirada observadora cuando cree que no es a su vez observado. Y una voz arrogante y cálida. Las vecinas cuchichean a su paso, cuentan una historia extravagante, de un amor traicionado, de que estuvo encerrado en un psiquiátrico… que está loco.
Malditas cotorras, putas desfaenadas, a saber lo que dirán de mí a mis espaldas.
No me gusta la gente. Si fuera dios (suponiendo que exista) y tuviera en mi mano acabar con el mundo, no me lo pensaría un segundo, tan sólo salvaría a unos pocos escogidos a ver si eran capaces de crear otra especie, aunque si soy sincera… hay pocas esperanzas.
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Albena Teatre presenta: "13"

Es la obra de teatro que he ido a ver esta tarde.
Es el espectáculo número 13 de Albena Teatre.
Basada en el libro de relatos de Enric Balaguer "12 + 1".
Director: Carles Alberola
Intérpretes: Albert Forner, Ángela Castilla, Cristina García, Alfred Picó, Pati Martínez y Maria Juan.
La vida que se nos escapa.
Demasiado a menudo he pensado que la vida es eso que pasa mientras estás haciendo otra cosa. Lejos de tener la patente de este sentimiento, con los años, me he dado cuenta que mucha gente lo comparte. Quiero creer que la fragilidad y fugacidad de nuestra existencia, su caducidad ineludible, debería espolearnos a luchar por nuestros sueños en lugar de dejar pasar el tiempo mientras nos dedicamos a hacer realidad los sueños de los demás, pero no es así. ¿Por qué? No lo sé. Creo que malgastamos nuestros días arrepintiéndonos de lo que no somos, de la escasez de oportunidades que hemos tenido, de nuestra mala suerte, sin darnos cuenta que tal vez en este momento esté sonando nuestra canción y que nuestro ángel de la guarda nos esté mirando, con una sonrisa cómplice, deseando que lo saquemos a bailar. ¿A qué estamos esperando?
Carles Alberola
13 se compone de trece historias que nos hablan de la complejidad de vivir, de las relaciones sentimentales, de la búsqueda de la felicidad y de la suerte, o mejor dicho, de la mala suerte. Todo eso en clave de comedia, con un humor agridulce, que responde al carácter de un “optimista con información” que era como le gustaba describirse a Enric Balaguer.
Sólo tengo una palabra: espléndida.
Recuerdos

Visitando hace unos días a mi querido y admirado PAU, me llevé una grata sorpresa al ver que subía a su blog algunas fotos de su infancia. Me gustó mucho esa idea y se lo dije. Hoy estreno scaner y he querido probarlo. Rebuscando entre las fotos que tengo por ahí, encontré ésta que me trae muchos y buenos recuerdos. Me gusta sumergirme de vez en cuando en esas pequeñas sensaciones del pasado que parecen muy lejanas en el tiempo, pero sólo hace falta una imagen para que salgan a las superficie.
En esta fotografía estamos: J, su pequeño sobrino, yo (la rubita con cara de boba) y mi amiga Juani. Éramos todos vecinos. Cuando mis padres vinieron aqui, nos instalamos en una casa propiedad del dueño de la fábrica donde mi padre trabajaba. Había cuatro o cinco viviendas juntas también ocupadas por otros empleados y operarios.
Juani era mi mejor amiga en aquellos tiempos y pasábamos muchas horas juntas. Ella, aunque tenía mi misma edad, parecía algo más mayor. Por una parte, debido a su altura pues fue una de esas niñas que hasta los 12 ó 13 años crecen todo lo que tienen que crecer, mientras que yo fui un poco más despacio. Pero también parecía mayor por lo espabilada que estaba. Yo era un alma cándida a su lado. Creo que fue con la primera amiga que empecé a hablar de sexo. En aquellos tiempos era un tema tabú del que no se hablaba en los colegios, ni en casa, ni en ninguna parte, así que uno tenía que apañárselas de cualquier forma para enterarse de algo. Y así nos iba. No sé qué será de ella ahora. En la adolescencia nuestros caminos se separaron, ella se fue a vivir a la ciudad y aun pasé en su casa alguna temporada durante las vacaciones, pero luego, poco a poco, se fue perdiendo el contacto. Fueron buenos ratos los que pasé con Juani.
El pequeñin es sobrino de J. y casi se crió en mi casa como aquel que dice. Era un niño adorable, ocurrente, y le encantaba estar conmigo y mis hermanas. A él sigo viéndole... ahora es alcalde. Aun no le he pedido ningún "enchufe" pero no está mal tener amistades en las esferas políticas.
Y por último J. No sé si aqui en el blog he hablado de él, pero sí que tengo por ahí algún relato contando sobre nosotros. Él era mi héroe, creo que la primera persona del sexo opuesto por quien me sentí medio enamorada. Digo medio enamorada porque no sé con seguridad que era aquello que sentía por él. Nunca he sido buena para etiquetar sentimientos. Aunque es muy poca la diferencia de edad, entonces le veía como un hombre, y yo era una niña. Pero eso no pasó siempre, antes jugábamos como dos críos sin darnos cuenta de nada, pero llegó un momento en que yo sentí algo diferente, fue como un "click" que se encendió en mi cabeza.
Viene a mi memoria un verano. Mis padres, a veces, aprovechaban el viaje de algún familiar a Asturias para que yo me fuese con ellos y pasase el verano con mi abuela hasta el mes de Agosto que era cuando mi padre disfrutaba sus vacaciones. Aquel año me fui con los primos de J. (él vivía en su casa, porque sus padres seguían en Asturias), venía también J., y no estoy segura si nos acompañaba mi hermana, creo que sí.
Recuerdo, sobre todo, un calor del demonio, ambos con pantalones cortos. Él acababa de sacarse el carnet de conducir, ya tenía 18 años, así que yo debía tener 15. Algún rato llevaba él el coche, y yo me sentaba detrás apoyando los brazos en su asiento. Pero lo mejor era cuando él se sentaba atrás, a mi lado. Recuerdo el roce de nuestras piernas desnudas y cómo mi estómago se llenaba de mariposas. En algún momento del viaje, J. pasó su brazo por detrás de mi cuello y yo me recosté sobre él, con mi cara vuelta hacia la suya... haciendo que dormía. Teníamos muy juntos nuestros rostros, él también aparentaba dormir, pero yo sabía que no era así, por la presión que hacía con su mano en mi hombro intentando atraerme hacia él.
¿He dicho que fue un viaje inolvidable? Pienso que me hubiese gustado que durase siempre, que Asturias estuviese en el fin del mundo. Fue uno de los buenos momento que pasé con J. alguien muy importante en mi vida.
Pensamientos sin dueño

Estoy bien así, sobre ti tendida. Mi cuerpo y tu cuerpo, pegadas las pieles. Y pienso: ¡ojalá! fuésemos siameses. Déjame dormir aquí, mis labios rozando la curva preciosa que forma tu cuello. Abre la ventana y lanza con fuerza el reloj odioso que marca las horas. Que quiero escuchar como se destroza cuando llegue al suelo. Vuelvo a acurrucarme buscando tu abrazo. Deja que me duerma mientras tú me sigues hablando al oído. Si algún día pudiese dibujar tu voz, sería sinuosa como una serpiente de esas que los indios con ancho turbante sacan de sus cestos de mimbre tocando una flauta. La tuya es azul y desde tu boca viene contoneándose hasta que se cuela en la oscura gruta que guarda mi oreja. Se entretiene un rato jugando y bailando con los huesecillos esos que tenemos dentro y de cuyos nombres yo nunca me acuerdo. Si por un momento mi cuerpo pudiera hacerse transparente podrías ver tu voz tiñendo de azul todos los rincones. No sé quien la guía, pero ella siempre llega hasta el punto mismo donde está mi alma. No me lo preguntes, porque yo no tengo la más mínima idea de dónde se encuentra. Sólo sé que siento como una caricia, dentro, muy, muy dentro. Para que me entiendas te pongo un ejemplo: ¿nunca has encontrado una pluma de ave y se te ha ocurrido rozarte con ella?... pues eso, eso mismo es lo que tu voz consigue que sienta.
Y también me gusta andar de tu mano. Aunque no lo creas, a veces las miro y remiro por ver si descifro dónde está el secreto. Quizá haya un resorte enterrado allí en su mismo centro que hace que al cogerse a la mía, broten de mis pies alas diminutas. Y ya no camino. Si un día te fijas más atentamente verás que hay un hueco de unos tres centímetros entre ellos y el suelo.
Me gustan tus besos. Me gusta que cuando tristes pensamientos como nubes negras se acercan a mí y presagian tormenta, atrapes mi boca con tu boca dulce. Y que con tus besos borres de un plumazo todos mis temores. Tu boca es un pozo de placer sin fondo donde yo quisiera vivir para siempre, como vive un pez en una pecera. Y cuando me besas, perdidos los dos entre la vorágine de gentes y coches, ya nada me importa. Me pregunto entonces si eres un mago que con un gran truco hace desaparecer todo lo que sobra. Y me sobra todo cuando estoy contigo. No oigo, no veo, soy sólo una boca prendida a tu boca.
Todo eso lo pienso mientras que en silencio me miro en tus ojos. Pero me lo guardo y no te lo cuento. Estos pensamientos de loca de atar, de boba, de niña pequeña que aun cree en cuentos, se quedan ahí guardados en un rinconcito que tengo para ellos. Y luego, una noche cualquiera, como ésta, se escapan furtivos y guían mis dedos que teclean locos sin que ni siquiera yo pueda detenerlos.
Supongo que sienten que te pertenecen. Tú eres el artífice de su nacimiento, por eso te buscan e inventan mil tretas para abrir la puerta y salir volando, libres de su encierro, como mariposas.
Pues aquí los tienes, tuyos para siempre. Yo sólo deseo que no me despiertes, que quiero dormir aquí sobre ti, prendida a tu pecho.



