Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Desordenada hablando de sí misma.
No voy a contar mis intimidades (como si no hubiese contado ya unas cuantas), pero me apetecía hoy escribir sobre algunas de mis pasiones favoritas. Y cuando digo pasiones me estoy refiriendo ahora a actividades con las disfruto… lo del sexo es otro cantar.
La primera es el teatro, y los que me leéis a menudo ya lo sabéis. El gusto por el teatro lo descubrí siendo muy joven, no me perdía ninguno de los “Estudio 1” que emitía la única televisión que había en aquellos años. Aquellos actores y actrices me mantenían con los ojos pegados a la pantalla: Luis Varela, Jesús Puente, José Bódalo, Ismael Merlo, Nélida Quiroga, Alicia Hermida, María José Goyanes, Lola Cardona, Lola Gaos, Pedro Osinaga… o un admiradísimo José María Rodero que me atrapó con su interpretación de ciego en “El Concierto de San Ovidio” y muchos más. Recuerdo que mis compañeros de clase o mis amigos no entendían como podían gustarme esos “rollos”, cuando ellos lo único que eran capaces de aguantar era alguna que otra comedia.
Sin embargo, yo siento verdadera admiración por esas personas que son capaces de transformarse en otras, interpretar otras vidas como si de la suya propia se tratase. Lo comparo con el arte de escribir.
Otra pasión importante es la fotografía, sólo que la descubrí algo tarde. Hace 12 o 13 años se me ocurrió apuntarme a un curso que organizaba el Ayuntamiento. No era un curso de esos con un número de horas limitado, éste tenía una duración de tres años escolares, quiero decir que constaba de tres cursos que comenzaban en Septiembre y terminaban en Junio. No sé por qué me vino la idea de hacerlo pero supuso para mí un importante descubrimiento. Teníamos un laboratorio equipado con unas cuantas ampliadoras en blanco y negro. Y en esos tres años aprendimos todas las técnicas que se utilizaba en la fotografía manual: virados, envejecimiento de las fotos, hasta me hice experta en “colorear” con pincel fotos en blanco y negro como hacían antiguamente. Me divertí mucho en esos años. Formamos un buen grupo y aprovechábamos los fines de semana para salir a hacer fotos que trabajábamos durante la semana en el laboratorio aplicando la técnica que estábamos estudiando en ese momento. O bien, si se trataba de retratos nos dejaban el escenario del teatro de la casa de la cultura. Teníamos un joven profesor al que se le notaba su dedicación y no le importaba “trabajar” más horas de las que cobraba. Y yo no lo hacía mal del todo… según El Profe que con motivo de una exposición que organizó la escuela hizo este montaje y en el reverso escribió un mensaje personal para cada uno de nosotros.

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Aprovecho que hablo de la fotografía para responder al comentario que me dejó Pau en el post anterior. A veces, efectivamente, una determinada imagen me sugiere al instante una historia. Otras, sin embargo, me paso horas buscando en la red una foto que tenga algo que ver con la historia que he escrito. También sucede que relatos o textos escritos hace tiempo duermen en mi disco duro hasta que una imagen me salta a la vista y sé que es exactamente la que necesito.
Y por último, ya sabéis lo que me queda: escribir. También llegué tarde a descubrir mi gusto por la escritura, pero me está compensando con creces. Poco puedo decir que no haya dicho ya, escribir supone hoy por hoy una gran satisfacción y que mis historias las lean otros ojos… ya ni os cuento.
Ya no os aburro más con mis cosas, sólo me queda presentar oficialmente mi nueva imagen, una foto que una amiga me regaló y que creo define perfectamente el nombre que elegí cuando empecé este blog: Desordenada.

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Memoria
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(Fotografía de Delacroix y Dellfina)


Esta mañana la sorprendió perdida entre el polvo y el silencio.

No sabe donde está. A su lado: dos muñecas rotas, el raíl de una antigua vía, una locomotora descarrilada, un par de zapatos viejos, un balón desinflado, piezas desperdigadas de un puzzle de madera, un viejo caballo sonriente, naipes, cartas arrugadas, fotos color sepia y tres estampas de santos.
Recuerda entonces que anoche fue desterrada.
Desterrada al desván de su memoria.

 
Recuerdos imborrables
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Recuerdo que llovía. Era una de esas tormentas de verano que aparecen repentinamente precedidas por todo un despliegue de relámpagos y truenos. Nubes negras que se habían ido acercando despacio hasta oscurecer por completo la luz del sol.
Recuerdo que era ya noche cerrada y el agua seguía cayendo sin descanso. A ratos se oía su repiqueteo furioso que semejaba un concierto de tambores. Luego se apaciguaba lentamente, como quien se toma un respiro para recuperar nuevos bríos.
Recuerdo que la ciudad me pareció hermosa. El agua se había llevado toda su suciedad y estaba radiante como una jovencita endomingada. El pavimento y el empedrado de la zona vieja resplandecían bajo las luces de las calles y los carteles luminosos, que se reflejaban en el suelo como en un espejo. Era como ver la ciudad dos veces. Y las luces de los pocos automóviles que circulaban asemejaban estrellas rojas y blancas.
Recuerdo que sentía mi ropa empapada mientras caminaba despacio por la acera. Los pantalones, largos y anchos, me pesaban cada vez más y se pegaban a mis piernas. Debió ser entonces cuando me senté en un pequeño bordillo y me desprendí de las sandalias. Luego las coloqué en un rincón, junto a una puerta. El suelo estaba frío y me gustó esa sensación.
Recuerdo que al levantarme me miré en un escaparate. Y me ví guapa. Tenía el cabello pegado a la cabeza y chorreaba agua por cada uno de los gruesos mechones que se habían ido formando. La camisa blanca se adhería a mi cuerpo como una segunda piel dejando adivinar sus formas. Sí, estaba guapa, a pesar de la exagerada dimensión de mi nariz, o mis dientes que nunca les gustó la línea recta. A pesar de mis pechos algo caídos y de algún michelín alrededor de mi cintura. Por fin me veía guapa y mis ojos brillaban.
Recuerdo que creí escuchar por un momento una voz gritona y rasposa que me increpaba: “Inútil, estúpida… no sirves para nada y además… eres fea” “Mírate, mírate… ¿quién piensas que te va a querer a ti, desgraciada?” “Hasta follando eres una puta mierda” “Ya tienes suerte de que me dieras lástima… cerda” “Tenías que besar por donde yo piso, adorarme como a un dios” “No eres nadie, imbécil, no eres nadie ni eres nada” “¿Dónde vas a ir tú… muerta de hambre?... basura, no eres más que una basura…”
Recuerdo que la lluvia se llevó esa horrible voz y se deslizó por mi cuerpo hasta perderse en las alcantarillas y yo me puse a bailar abrazada a mí misma. Di vueltas y vueltas chapoteando descalza en el agua con los ojos cerrados y cuando los abrí casi no podía ver porque una luz azul muy fuerte me cegaba. La luz giraba sin parar, parecía que bailaba como lo hacía yo un momento antes, pero su baile era monótono y aburrido. Me pareció que estaba fuera de lugar bajo la hermosa lluvia.
No, señor policía, no recuerdo nada de lo que usted me dice. No recuerdo ningún martillo, ni la casa, ni tampoco a un hombre apoyado en la mesa con el cráneo destrozado. Lo siento, señor policía, se lo juro… ¿necesito un abogado, dice? Como usted quiera señor, pero le estoy diciendo la verdad, ya ve qué buena memoria tengo.


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