Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Duda razonable
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Imagen: Evan Oberholster

La creí cuando me dijo que me amaba, que yo era el único hombre de su vida, que jamás querría a nadie como a mí.

La creí cuando me aseguró que no había pasado nada entre ella y mi mejor amigo, que mis ojos me habían engañado, que sólo quería ayudarle a sobreponerse de la depresión en que había caído y por eso pasó con él la noche.

La creí cuando me juró que el embarazo había sido un accidente, que las estadísticas decían que los anticonceptivos no eran fiables al cien por cien, que seríamos felices los tres.

La creí cuando me insistió para que firmase aquellos papeles del seguro de vida, que ella y nuestro pequeño dependían de mí, que pensase en el futuro.

¿Por qué me cuesta creer que me sentará bien el café que me ha preparado?... sabe tan raro
¿Será que yo nunca tomo café?.
 
Pídeme la luna
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Pretendes que te olvide y lo dices así, serio y sereno. Y a mí me da la risa. No, no es que lo tome a broma ni me burle de ti, no, déjame que te explique: es esa tierna ingenuidad que muestras lo que dibuja en mi rostro una sonrisa. Estás completamente convencido que la tarea de olvidarte no es nada de otro mundo, que es algo tan sencillo como ha sido quererte. Y no, mi amor, andas equivocado.
Más de media vida tardé en hallarte, después de mucho andar y equivocarme, después de tropezar una y mil veces con pobres sucedáneos de aquello que con tanto afán yo pretendía. No sabía que fabuloso tesoro perseguía, ni dónde, cuándo o cómo iba a encontrarlo, pero estaba segura que lo reconocería en el mismo momento que osara cruzarse en mi camino. Más de media vida tardé en hallarte, y bastaron tan sólo un cruce de miradas, un abrazo, y un simple par de besos para empezar a amarte. Haz cuentas, haz cuentas y verás que se lo que me digo.
Y ahora ¿pretendes que te olvide?
Dime que apague el sol, que cuelgue un par de estrellas en el techo encima de tu cama, que deje de fumar, que me convierta al budismo o que aprenda a bailar claqué o sevillanas. Pídeme que acabe mi vida en un convento, que atraviese el desierto del Sahara, o que vaya nadando hasta Canarias, que suba el Everest o que recorra descalza la muralla China. Haz la prueba: pídeme la luna y la tendrás esta noche en tu ventana.
Pero jamás me pidas que te olvide porque en eso no puedo complacerte. Es imposible, amor, lo juro, es del todo imposible… aunque quisiera.
No es tan sólo mi mente que recuerda, la piel también tiene memoria. Son mis ojos, mi boca, la curva de mi cuello, mis orejas, mi vientre y el hueco de mi ombligo. Son mis piernas, mis brazos, mi nariz, mi espalda, y ese lugar exacto donde pierde su nombre. Son mis nalgas, mi sexo, mis manos, mis pies y hasta mis botas. Todos ellos, y alguno que me olvido, llevan algo de ti: una mirada, tu aroma, una caricia, dos gotas de sudor, el calor que desprendes, el sabor de tus labios, tu saliva, la marca de tus dientes…
Por eso es que me río al oír que pretendes que te olvide… anda, no digas tonterías y pídeme la luna, eso sí puedo conseguirlo.

 
Momentos
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Imagen: Leopoldo Pomés

Te observo detenidamente. Tu pecho sube y baja con un rítmico y pausado movimiento. Duermes profundamente. Estabas contándome hace sólo un momento una historia que ya no recuerdo. Yo andaba pendiente de tu voz, de como su sonido inundaba mi cerebro. Poco a poco se fue convirtiendo en un suave susurro hasta que me di cuenta que te habías quedado dormido.
Te miro. Mis ojos recorren tu cuerpo lentamente, intentando grabar en sus retinas el más mínimo detalle. Podría dibujarte con los ojos cerrados si no fuese tan torpe con el lápiz. Deseo acariciarte pero no quiero que despiertes. Acerco mis manos a tu rostro, sin tocarte, apenas a un centímetro de ti. Así, sin un roce, voy siguiendo tus formas: la nariz, las mejillas, el cuello, los hombros… recorriendo tus brazos. Esos brazos que son mi mejor refugio, que me envuelven como un dulce manto.
El calor que despides atraviesa ese mínimo espacio y llega hasta las palmas de mis manos. Sigo mi recorrido por el pecho, el vientre, las caderas, el sexo… y hacia abajo. Cuando llego a los pies inicio el camino de vuelta de nuevo hasta tu rostro.
Sigues dormido. Y yo disfruto de este momento en que eres sólo para mí, en que puedo mirarte sin encontrarme con tus ojos que tienen esa extraña facultad de atravesar piel, músculos y huesos y llegar hasta lo más profundo de mi alma. Disfruto sin escuchar tu voz que me trastorna y no me deja pensar. Sin tus caricias que me hacen olvidar todo lo que no sea desearte, me vuelven del revés, me incapacitan.
Te huelo. Aspiro tu olor intensamente. Es pura avaricia. Quiero llevarlo metido en la nariz… olerte siempre. Quiero traerlo a la memoria cada vez que tu ausencia me visita y me enloquece. Quiero poder decirle: “no me dueles ¿te enteras?... no me dueles, porque cierro los ojos y está aquí, aquí, aquí, metido en mi cabeza, tanto que hasta le huelo”. Y verla largarse vencida y humillada.
Me visto lentamente sin dejar de mirarte, en silencio, no quiero despertarte. Cojo el bolso y luego de puntillas me dirijo a la puerta. Debo irme.
¿Debo irme? Me atrevo a preguntarme con un atisbo de esperanza. Y esa estúpida voz que siempre tengo ahí… jodiendo, contesta un simple, cortante, malsonante, irritante, autoritario y burlón: “Sí”.
Un día voy a matarla, pienso mientras te doy una última mirada y cierro la puerta.

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Doble moral
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Imagen: Juan Carlos Rivas Fraile

Cuando su doble vida salió a la luz, estalló el escándalo.
La pareja perfecta que jamás discutía, que se hablaban siempre con tanto respeto y cariño, que iban juntos a todos lados haciéndose arrumacos e intercambiando cómplices miradas… resultó que se engañaban mutuamente.
Él ahora se follaba a su nueva secretaria. Y antes la habían precedido una media docena de mujeres diferentes.
Ella, después de un par de aventuras pasajeras, tenía un amante al que se mantenía fiel.
A él, un tipo bastante atractivo, los hombres empezaron a mirarle con cierta envidia. Y las mujeres con algo de rabia y bastante lujuria.
A ella, una mujer hermosa, hombres y mujeres le hicieron el vacío.
De él dijeron que era un adultero.
A ella solamente la llamaron puta.
 
Abrazado a la tristeza


"Menos mal que con los rifles no se matan las palabras.

Mil besos... mil
Des.
 
Se busca planeta habitable para traslado inmediato
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"Me encanta ver las caras desencajadas de los familiares en los funerales. Aquí, en la cárcel, sus lloros son nuestras sonrisas y acabaremos a carcajada limpia. Esta última acción de Sevilla ha sido perfecta; con ella, ya he comido para todo el mes"

Éstas parecen ser las palabras de un hombre que hoy en un gesto "legal y humanitario" ha sido puesto en libertad... o casi.
No acostumbro a escribir sobre política, no es ése el cometido de este blog, aunque por supuesto tengo mis propias opiniones. No tengo ideología definida ni pertenezco a ningún grupo o partido político, sólo me considero una persona que intenta comprender los diferentes puntos de vista de sus congéneres, aún cuando no coincidan con los propios.
Hoy, por mucho que le de vueltas a este asunto no logro entender las razones de esta sinrazón. Y supongo que aún sería mucho más dificil esa comprensión si fuera uno de los familiares de alguna de las víctimas de ese hombre que hoy ha sido noticia en todos los medios de comunicación.
No voy a nombrarlo porque hasta su nombre me produce rechazo. Y en el fondo siento una pena tremenda al constatar la irracionalidad del ser humano... qué triste debe ser vivir para matar, qué triste disfrutar con el dolor ajeno, qué triste no sentir compasión, ni un poquito, sólo un poquito de mala conciencia, de remordimiento.
No, no me creo la chorrada esa de la ideología política, ni de que luchan por el pueblo... y una mierda. Pueblo también son las personas que murieron por sus bombas y los familiares a los que les han arrancado una parte importante de sus vidas. Pueblo somos los que nos quedamos estupefactos al constatar que, una vez más, los que gobiernan el país han hecho lo que les ha pasado por los huevos.
En días como hoy quisiera largarme a otro planeta.
"Razones humanitarias"... dicen, y yo a este tipo no acabo de encontrarle la humanidad por ningún sitio.