Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
HOY (Rosana Acquaroni)
Image Hosted by ImageShack.us

Imagen: Verónica Castrejón

HOY (ROSANA ACQUARONI)

HOY
tampoco ha habido islas
que abracen paraísos.

La herida
no ha cesado de adentrarse.

Nada en el horizonte.

Sólo
un extenso mar de parafina
superficie indeleble,
sábana extendida,
estela funeraria
que aguarda ser tallada
para siempre.

(De Cartografía sin mundo, 1995)

PD: Gracias Rosana, por pasar por aqui, es para mí un gran honor y un verdadero placer.
Des.
Etiquetas:    
 
Bateria baja
Image Hosted by ImageShack.us

Tengo sed, pero por nada del mundo me muevo de aquí. Prefiero sentir la garganta reseca. Hace días que no tengo ganas de hacer nada… nada. No escribo, ni leo, ni paseo, ni voy a tomar el sol, ni siquiera pienso. Las ideas están como desteñidas, en blanco y negro, o peor… en gris, andan medio sonámbulas arrastrando los pies y rebotando contra las paredes del cerebro que parecen revestidas de goma espuma. Me recuerdan a esos cochecitos de juguete que cuando encuentran un obstáculo en el camino, dan media vuelta a la derecha, o a la izquierda y siguen andando. Andan y andan sin descanso hasta que se les agotan las pilas. Y ni pensar en hacer nada “productivo” como quitar el polvo de los rincones, archivar los miles de papeles que revientan esa carpeta “provisional” donde los voy metiendo sin orden ni concierto o planchar el montón de ropa arrugada de la silla. Magui, el conejo, me mira desde su jaula. Fija en mí sus ojitos oscuros sin dejar de mover los bigotes. Ya sé, ya sé que no es el mejor nombre para un conejo, pero pensamos que era hembra y para cuando quisimos darnos cuenta del error, ya estaba “bautizado”. De todas formas, no creo que se traumatice por eso. Al fin y al cabo, sólo es un conejo. Hay ratos que no para quieto en su jaula: hace levantamiento de peso con la boca intentando cambiar la decoración de su casa o se pelea con los barrotes a base de mordiscos. Estaría mejor en la paella. En el monte, en libertad, sería conejo muerto, acostumbrado como está a tener su comedero lleno, su bebedero con agua limpia, su ración de heno, su calcio para los dientes. Así que soltarlo a él sería como dejarme a mí en plena sabana africana. Y hablando de África. Me pasé el fin de semana tirada en el sofá, no hablo metafóricamente, no, tirada en el sofá en posición horizontal, y sin nada mejor que hacer que mirar la televisión. Digo mirar porque a ratos la veía y a ratos, no, aún cuando siguiera mirándola. Decía lo de África porque hicieron una película, que por cierto era larga pero la estiraron hasta el punto que tuvieron que partirla en dos episodios, uno el sábado y el otro el domingo, tampoco me extraña porque cada quince minutos de película, otros quince o más de publicidad. Y que publicidad, Díos, siempre los mismos anuncios… en esos ratos, dormía. Se llamaba “Africa, Mon Amour” y no estuvo mal: había guerra, amor, tragedia… de todo un poco. Me pregunto por qué las películas rodadas en África tienen una luz especial. Y me llama la atención que la protagonista aún cuando esté despeinada, de polvo y arena hasta las cejas después de no sé cuántos kilómetros a lomos de un camello, de un caballo, o incluso a pie… me pregunto por qué sale siempre tan estupenda. Sí, sí, da igual la actriz de que se trate, aparece rodeada de un halo de hermosura, con esos vestidos blancos y vaporosos que reflejan la luz del sol, tocadas con bonitos sombreros. Casi igual que yo recién levantada. Menos mal que como estoy medio dormida ni me veo en el espejo hasta después de la ducha, si no, seguro que me despertaba del susto. Que yo no sé qué tengo. Si será apatía, abulia, melancolía, pena, astenia, tristeza, aburrimiento, falta de vitaminas o pereza sin más… claro que esto último no suena tan poético. Estoy agotada con tanto esfuerzo y de un momento a otro, empezaré a escuchar ese horrible zumbidito que me avisa que esto se acaba, que me queda apenas un bostezo. Voy a meter los dedos en el enchufe a ver si me recargo, si oléis a quemado… por favor, avisad a los bomberos.

 
Yo no he sido
Image Hosted by ImageShack.us

Imagen: Alfman de Ojo Digital. Net.

Yo no he sido la linda muchachita, de rostro angelical y boquita de fresa, que paseaba de tu brazo las tardes de domingo. Yo fui la chica fácil del colegio, que apagaba tus ardores juveniles en solitarios y húmedos rincones.
Yo no he sido la novia virginal, con vestido de seda y blancas flores, que te dijo “sí, quiero” en el altar. Yo fui la que, escondida entre el gentío, te vio salir del templo, entre lluvia de arroz, vivas y aplausos.
Yo no he sido la madre de tus hijos, la que vivió bautizos y grandes comuniones, luciendo orgullosa, a tu lado, los últimos arreglos de la estética. Yo fui la que escuchaba y calmaba tus temores, cuando en la puerta, dejabas el disfraz de hombre importante.
Yo no he sido la fiel y amantísima esposa que te ponía los cuernos con el chofer, cada vez que te decía cariñosa: “Mi vida, hoy me voy de compras”. Yo fui la que sabía y callaba, la que era feliz con sólo amarte, y a la que volvías, irremediablemente, cada día.
Yo no he sido la viuda consolada por todos, que finge sentimientos, destrozada. Yo fui la sombra, que en el cementerio, en silencio, me tragué las lágrimas.

Etiquetas:     
 
GOSSES (Perras)
Image Hosted by ImageShack.us

Gosses (Perras) es el título de la obra de teatro con la que me deleité en la noche de ayer.
Producia por Albena Teatre y contando con dos fenomenales actores: Chema Cardeña y Joseph Manel Casany.
Un escenario minimalista: una imagen en el telón de fondo recreando los árboles de un parque y un pequeño banco a un lado del escenario.
La historia se desarrolla precisamente en un rincón de un parque en el que coinciden por primera vez dos hombres desconocidos y completamente diferentes que salen a pasear a sus perras. En sus conversaciones van dejando entrever datos, que a veces pueden parecer poco importantes, sobre su forma de ser y de ver la vida. Parece que su charla gire sobre sus perras y la relación que ambos tienen con ellas: uno es escrupuloso, metódico, buen adiestrador, de costumbres conservadoras y totalmente programadas; mientras que el otro es todo lo contrario, dado a la broma, cambiante, con poca autoridad sobre su mascota, agresivo… pero en realidad se advierte que hablan de las mujeres, de sus exparejas, de todas las mujeres.
Hacen reír al público con algunos de sus comportamientos cotidianos, pero en algún momento te das cuenta que hay algo oscuro que subyace en su interior, y es entonces cuando deja de ser divertido y empieza a escarbar las tripas, a sentir una especie de miedo, de rabia e impotencia.
Y es que no puedo desvelar la trama de esta comedia con una gran dosis de realidad y dramatismo.
Especialmente complicado me pareció el hacer “ver” al público dos perras invisibles, inexistentes, mediante diálogos, juegos, llamadas, reprimendas, por parte de ambos actores hacia sus mascotas. Como cuando un mimo te hace ver una cuerda por la que está escalando cuando la realidad es que se agarra al vacío.
Y para rematar la calidad de la obra, una música fantástica. Como soy algo curiosa, al terminar la representación me acerqué a la sala de “efectos” (digo yo que se llamará así) y pregunté por las canciones que sonaban en los entreactos. El cantante era Paolo Conte y aquí os dejo un vídeo de una de las que pude escuchar anoche en el teatro:

 
Valse de l'absence
Ma vie est une danse solitaire de bras tirés qui t'attendent.
Mes heures sont accords nostalgiques de mains qui embrassent ma ceinture.
Mon coeur palpite en mesure aux mélodies d'un acordeón canaille et plaintive …
Dansons, la valse de l'absence sonne.



PD: Perdón por mi mal francés... si algún visitante domina el idioma o es oriundo del país vecino, puede hacerme las correcciones que crea convenientes y le estaré profundamente agradecida.
Des.
 
Y sin embargo... te odio.
Image Hosted by ImageShack.us

Te pienso, te pienso a cada instante. De forma compulsiva e insistente. Me estoy volviendo loca. Y sé que si dejo de evocarte… ya no existes. Soy yo quien te da vida, quien te convierte en un ser tangible que respira.

Sólo pensar tu nombre me humedece. Dibujo sus letras en mi mente, lo pronuncio despacio, en el silencio de mi habitación vacía y siento escalofríos. Evoco lentamente tu imagen: los ojos, la boca, la barbilla, el cuello, las manos… y el deseo me inunda. Y mi sexo palpita.

Este deseo inmenso se transforma, poco a poco, en un odio infinito. Te odio, te odio tanto que suplico a los demonios del maldito infierno que lancen sobre ti los males más terribles. Y sobre todo que jamás, jamás, ni aunque mil veces vivas, consigas gozar con ninguna otra mujer si no es conmigo. Que nada despierte tu deseo. Que nunca, nunca más puedas sentir placer con ningún ser humano, animal u objeto inanimado. Ni aun en soledad, contigo mismo.

Te odio, te odio tanto… y te deseo.

Estoy sola en la habitación, y estás conmigo. Es fácil hacer eso, sólo tengo que cerrar los ojos y llamarte. Llamarte en silencio. Y tú siempre apareces. Ya te lo he dicho, puedo darte la vida o hacer que desaparezcas para siempre sólo con dejar de pensarte. Y hoy te quiero aquí… te necesito.

Quiero que te desnudes para mí, así… sé cuidadoso, no me gusta el desorden. Ve dejando tu ropa bien doblada mientras yo te miro. No te voy a tocar, no lo mereces ¿te he dicho que te odio? Sólo quiero analizar con detalle por qué es tu cuerpo y no otro el que deseo, qué veneno tiene tu piel, qué hechizo tu mirada, qué mortal dependencia destila tu saliva.

Calla. No quiero que me hables o estoy perdida. Ahora desnúdame. No quiero que nadie más me toque, ni yo misma. Sólo tus manos rozándome la piel, dejando la huella ardiente de tus dedos. Ven. Enjabona mi cuerpo, quítame el recuerdo pasado de otras manos. Acaricia mis pechos y mi sexo mojado. Te odio, te odio tanto…
Abro un momento los ojos y la soledad se instala en ellos. Pero no logra borrarte por completo, porque estás enquistado en mi deseo. En mis pezones hinchados que esperan ansiosos el roce de tus labios, en mi sexo abierto que late y se estremece por ti. Ya, ya vuelvo. Y estás de nuevo aquí.

Sécame. Te arrodillas y empiezas por los pies. Tu boca va sorbiendo el agua de la ducha que se desliza por mi cuerpo y gotea en el suelo. Ahora, ahora siento ganas de aplastarte como si fueras un muñeco de barro y convertirte en un bola viscosa, amarronada. Pero me tiemblan las piernas mientras tu boca recorre el camino hacia mi sexo. Acuéstate en el suelo. Y obedeces.

Me siento sobre ti, sobre tu boca exactamente. Y dejo que tu lengua me penetre y tus labios aprisionen ese botón ardiendo donde parecen concentrarse, en este instante, todas mis emociones. Tus dedos mientras, se aventuran entre mis nalgas entreabiertas. Y en un momento, ya están dentro de mí, más, más adentro. Si me dejase llevar por mi deseo, morirías ahogado por mi sexo, que ya descontrolado, deja fluir el odio que ahora siento en un río caudaloso de placer inmenso.

No me engaño, son mis manos las artífices de este orgasmo que aun me hace temblar. Me levanto de la cama ahora vacía y abro mi armario. Allí, escondido de cualquier ojo ajeno guardo un pequeño tesoro. Tomo asiento en el pequeño sillón, frente al espejo, y te llamo con los ojos cerrados.

Estás de rodillas ante mí. Tus manos se deslizan por mi pie derecho, lo alzas suavemente mientras lo calzas con una de esas botas que sólo a ti te pertenecen. La acaricias, la pasas por tu rostro, la lames… y yo me mojo otra vez, allí mirándote. Luego, repites la misma operación con mi pie izquierdo. Si te odio… ¿por qué al mismo tiempo te deseo?

Tengo hambre. De la nevera, cojo un racimo de uvas y algo de chocolate. Vuelvo a mi habitación y me siento en el borde la cama.
Estás allí otra vez, bajo mis botas, mientras yo voy metiéndome en la boca, una uva tras otra. Aprieto mis pies sobre tu cuerpo desnudo y la suela se dibuja claramente en tu piel, en un tono rojizo. Las acerco a tu pene ya excitado y lo acaricio con ellas. Voy a ponerme de pie… sobre tu vientre. Quiero sentirte aquí debajo. No puedo dejar de mirarte… ¡dios! Mi odio es inmenso. El placer te hace cerrar los ojos, mientras tu sexo tiembla y un chorro de semen salpica mis botas.
No estás aquí, pero no importa, porque te traigo a mi presencia cuando quiero. No escaparás jamás de mi cabeza donde estás encerrado. No escaparás mientras que mi deseo viva en mí, como mi odio.
Etiquetas: