Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Ma plus belle histoire d'amour (Bárbara)


SI OS HA GUSTADO PODÉIS ENCONTRAR MÁS VIDEOS DE ESTA CANTANTE FRANCESA AQUÍ
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Malentendido
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- ¡No quiero verte más! gritó la mujer enfurecida.
Y el hombre le sacó los ojos.
 
PREMIOS CARABIRU
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Esta noche he recibido un correo en el que me comunican que he sido galardonada con el PREMIO CARABIRU por parte de RÁSSELAS... gracias. Soy muy tímida y aún estoy ruborizada.
Es todo un honor. Y ahora, creo que tengo que elegir a mis cinco premiados, aqui van:

La Crisalida del tiempo de mi admirado y querido PAU.

Estoy de paso de mi querida amiga DESPUÉS.

Desde el Jergón de el incomprable BURDON.

El escondite de Iván de otro querido amigo: IVÁN.

Cuentos de Burdel de unos estupendos escritores, a los que llegué a través de PABLO.

A éstos y otros muchos les debo horas de enorme placer leyendo lo que tienen que contarnos, que es mucho y bueno. Espero que hayan salido bien los enlaces... con lo torpe que soy para estas cosas.

Y ahora creo que tengo que copiar las bases:

A) Si eres el/la afortunado/a, deberás escribir un post donde indiques cinco blogs que te hacen reaccionar o a quienes sigues por múltiples razones. Ellos, a su vez, seguirán la cadena y formarán una unión virtual digna de admiración.
B) Haz un enlace a este post para que aparezca quien te otorgó a ti el premio y en qué entrada.
C) Disfruta de tu premio. De verdad, es un auténtico orgullo que alguien reconozca, con un simple signo, tu pequeña aportación en este mundo tan inmenso.

Gracias otra vez.
Des.
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Arañas
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Shot at 2007-08-19

¿Me quieres? Pregunté en un arrebato, mientras conversábamos en el Messenger sobre la forma de reproducción de la araña venenosa de Malasia… ¿me quieres? Y se colgó el ordenador.
Llevo así desde ayer, intentando decidir si reseteo o no.
 
La magia de la ilusión
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Shot at 2007-08-16

¿Ilusiones? No, gracias, ya no uso.
Crearse ilusiones es algo especial, mágico, y necesita su práctica. Lo mío no fue repentino, de un día para otro, fue algo lento, casi imperceptible, como si poco a poco se secase el fluido interno capaz de aportar los ingredientes necesarios para la mágica creación. Así me di cuenta que ya no salían conejos de mi chistera. No sé si me dolió.
En otro tiempo, era capaz de fabricar castillos en el aire, caminaba sin apenas rozar el suelo, de puntillas, como en un ballet imaginario, me levantaba cada mañana con la ilusión renovada después del descanso del sueño. Era como vivir en una nube blanca y esponjosa. Podría decir, sin temor a equivocarme que disfrutaba de la felicidad que otorga la ilusión. De la ilusión del amor estoy hablando. Hay muchas otras pero no tienen la misma importancia en nuestras vidas y en el fondo tampoco existen demasiadas diferencias… ilusiones, al fin y al cabo.
Es bien sabido que cuanto más alto vuelas, más grande es la caída. Puras matemáticas. El golpe es directamente proporcional a la altura alcanzada. Y nadie ha inventado todavía el “parailusiones”, ese artefacto capaz de hacerte aterrizar en el suelo sana y salva. Así que entonces llegaba el consabido llanto, el dolor agudo y punzante de algún hueso roto, otra cicatriz en el alma y la pérdida total de esperanza. Era el tiempo de lamerse las heridas en la más absoluta soledad, hasta que volvía a sentir la acuciante necesidad de una nueva ilusión.
Francamente, no la echo de menos.
Resulta mucho más gratificante, dónde va a parar, convertirse en fabricante de ilusiones ajenas. O lo que es aún mejor, ser la ilusión de otros. La sensación de poder es alucinante.
El juego consiste en captar a la víctima propicia, en mi caso suele tratarse de hombres. Hombres con un claro síndrome de inseguridad, infelicidad e inferioridad. Y un afán desmesurado por ilusionarse. Es apasionante comprobar como la ilusión, la suya, va creciendo a mi antojo, al tiempo que me parapeto tras una coraza de hielo capaz de aguantar las temperaturas más elevadas sin el más ligero síntoma de resquebrajamiento. Eso hace que, una vez el individuo ha conseguido un grado de ilusión suficiente para hacerle olvidar sus muchos complejos, se sienta espoleado en lo más íntimo de su orgullo y se muestre dispuesto a darlo todo por conseguir hacer realidad su sueño. Luchará hasta la muerte, sin darse cuenta que se ha convertido en una marioneta cuya felicidad pende de un hilo que él mismo ha puesto en manos de una extraña.
Y cuando roza la felicidad con la punta de los dedos, cuando cree que se abrirán de par en par, para él, las puertas del cielo, cuando el globo ficticio de la ilusión está tan hinchado que surca majestuoso la inmensidad azul… pum… un ligero pinchazo, y todo estalla como una burbuja de jabón gigante.
Es la parte más apasionante. Me excita. Todo mi cuerpo se humedece, goza, observando el gesto de sorpresa, ese segundo interminable que tarda el cerebro en procesar la información. Luego, la negación de lo inevitable, la lucha absurda por permanecer ciego ante lo evidente, la esperanza de que se trate de una pesadilla, de una broma de mal gusto.
El goce, el mío, se intensifica cuando la víctima se arrastra suplicante, cuando siento su mirada expectante a la espera de un mínimo gesto de compasión: una mueca que parezca una sonrisa, una mirada de conmiseración, algo a lo que agarrarse… otra ilusión.
Cuando esta etapa se alarga demasiado y el ilusionado no acaba de darse por vencido y comprender que todo ha terminado, empiezo a cabrearme. Me resulta humillante ese arrastrarse como gusanos, rogando y rogando sin descanso, no tienen dignidad. Acabo echándoles a patadas de mi vida y si me apuran mucho… hasta de la suya.

 
Cosas de casa
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Shot with FinePix S7000 at 2007-08-05

Así pensé que terminaría mi aventura: atada de pies y manos, hecha un lío y enredada entre nudos y cuerdas. Y todo eso por intentar cambiar la correa de la persiana... YO NO ME RÍO... listos, que os creeréis que es muy fácil la cosa. Total sólo se trata de sacar la vieja y colocar una nueva exactamente igual que estaba la otra... Ja!.
Todo empezó el jeves cuando se rompió la correa de la persiana de la habitación de mi hija, y ella, que tiene que arreglarlo todo enseguida: "Mamá, no puede ser tan díficil, anda, compra una nueva y la cambiamos". De pedir ayuda al padre de la criatura, mi contrario, ni pensarlo, es incapaz de hacer ningún arreglito en casa, ni el más insignificante. Me pregunto, a veces... ¿para qué quiero un marido que no sabe cómo arreglar ese grifo que gotea, el enchufe que no funciona o cambiar la correa de la persiana?... sí, vale, estaréis pensando que un marido sirve para algo más que el bricolaje, pero, no estoy yo tan segura. Al menos... folla bien... bueno, a lo que iba.
El viernes me acerqué a la ferretería y traje el repuesto. Y allá que nos pusimos manos a la obra. Desmontamos el cajón y el recogedor. Luego quitamos la cinta rota. Hasta aqui, todo bien, pero ahora venía lo peor...
Pensemos: cuando subimos la persiana la cinta se mete en el recogedor... CORRECTO. La sonrisa se nos borró pronto de la cara, probamos de todas las formas posibles: enrollando la cuerda arriba con la persiana bajada, con la persiana subida, enrollándola en el recogedor, al derecho, al revés, en el sentido de las agujas del reloj y en el contrario.... uf!. Yo sabía que fallaba algo, una tontería que dejaba de serlo al convertirse en el punto clave de la cuestión: el dichoso muelle que hacía que el recogedor recogiese la cinta ¿y cómo coño podíamos conseguir que hiciese lo que tenía que hacer? Y lo sabía porque había pasado por ese mismo trance (el de cambiar la correa) hace un montón de años. Pero claro, entonces era una jovencita inexperta, y creía que ahora sería más fácil, como si una por cumplir años se hiciese una experta en correas de persiana.
Total, que nos dieron las siete de la tarde líadas con la dichosa cinta. La niña entonces dice que se larga porque la están esperando para irse de fin de semana, así que yo mando a la persiana a tomar por donde la espalda pierde su bonito nombre, suelto un montón de tacos y amenazo con volver al asunto el lunes. No iba a quedarme yo sola ante el peligro... faltaría más.
Me fui a pasear un rato con la bici, después de darme una buena ducha, pues en mi pelea con la persiana estaba más sucia y sudorosa que una cerda, con todos mis respetos a la susodicha. Y el caso es que algo más relajada, se me ocurrió buscar en google algún artículo de bricolaje sobre el tema en cuestión... ¿qué haríamos sin la red?... ¡¡¡Yujuuuuuuuu!!! lo encontré: una página genial que podéis encontrar aqui con fotografías y todo...
Tiembla persiana que el lunes te coloco la cinta nueva como que me llamo... Desordenada... por ésta.
 
Lo que me jode...
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Shot at 2007-08-01

Quererte y no ser correspondida no es lo que me jode, no, no es eso.
Lo que me jode es este puto deseo inagotable por tenerte a mis pies hora tras hora. Es sentir que mi boca está vacía, sedienta, ávida, anhelante por beber tu saliva que envenena. Es no tener más afán que someterte cuando en verdad yo soy la sometida. Es apretar los puños, respirar y contar hasta diez cuando te miro, no sea que me pierda entre tus brazos y no quiera salir jamás, nunca en la vida.
Lo que me jode es pensarte, pensarte, y pensarte otra vez, hasta que mi cabeza está llena de ti, rebosante, repleta de tu imagen. Es rechazar las aventuras nuevas o al viejo amante, que en otro tiempo sabía colmarme de placeres, eso que hace unos años era impensable, hoy me aburre, me cansa, me empereza, porque nada ni nadie es comparable con tu sola presencia.
No digas que exagero o que no lo mereces. No digas que es mi imaginación o que dejaré de quererte cualquier día. Antes de que llegases a mi vida, otros habían andado mis caminos, pero tu paso lento los recorrió tranquilo, parando en los lugares más inexplorados, como el descubridor de un mundo nuevo que yacía en mi interior dormido. Se borraron las huellas de tus predecesores y te quedaste solo, sentado en el centro de mi ombligo.
Lo que me jode es que ya nada podrá llenar tu ausencia si en un aciago día te perdiese, lo sé. Es una de esas cosas que no hace falta que nadie nos diga, que se sienten allá en los adentros, igual que sabemos que un día nacimos o que hemos de morir irremediablemente.
Quererte y no ser correspondida no es lo que me jode, no, no es eso.