<?xml version="1.0" encoding="ISO-8859-1" ?><feed xmlns="http://www.w3.org/2005/Atom" xmlns:openSearch="http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/"><title><![CDATA[Cajón desastre]]></title><link rel="http://blogs.ya.com/cajondesastre/atom.xml" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cajondesastre/atom.xml"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><generator><![CDATA[http://www.ya.com]]></generator><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated><entry><title><![CDATA[Al final del camino]]></title><link rel="Cajón desastre" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cajondesastre/atom.xml" title="Cajón desastre"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Al final del camino]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(ladesordenada)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/cajondesastre/c_515.htm"><![CDATA[<a href="http://imageshack.us"><img src="http://img374.imageshack.us/img374/2763/caminoks6.jpg" border="0" alt="Image Hosted by ImageShack.us"/></a><br/><br/><br/>Más de tres años en este apacible cajón no son ninguna tontería. Cincuenta y dos mil visitas, tampoco. Pero, ultimamente, esto no funciona: hace semanas que se hace dificil acceder aqui. Mi paciencia tiene un límite.<br/>Creo que ha llegado el momento de buscar otro rincón, de empezar de nuevo. Mañana cumplo cincuenta y un años y ¿qué mejor regalo de cumpleaños que estrenar casa nueva?.<br/>Me da pena dejar el "Cajón Desastre", pero al mismo tiempo siento un cosquilleo en el estómago, el despertar de una nueva ilusión. Y, creedme, que es algo que me hace mucha falta.<br/>Así que, a partir de este momento, me mudo. Si queréis encontrarme estaré  <a href="http://des-enelpatio.blogspot.com"title."patio">EN EL PATIO DE ATRÁS</a>, donde seréis bien recibidos.<br/>Gracias a todos por el cariño con que habéis tratado siempre este rincón.<br/>Os espero.]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Historias del día a día (El nuevo)]]></title><link rel="Cajón desastre" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cajondesastre/atom.xml" title="Cajón desastre"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Historias del día a día (El nuevo)]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(ladesordenada)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/cajondesastre/c_514.htm"><![CDATA[<a href="http://imageshack.us"><img src="http://img249.imageshack.us/img249/759/ancianoszg6.png" border="0" alt="Image Hosted by ImageShack.us"/></a><br/><br/><br/>No me gusta el nuevo, no, no me gusta…<br/>Joaquín no puede evitar un mohín de disgusto ante tal pensamiento.<br/>- ¿Qué te pasa? – le pregunta su mujer, que hace rato le observa de reojo. Le conoce demasiado bien y sabe que algo le ronda por la cabeza.<br/>- ¿A mí? ¿Qué quieres que me pase? – contesta él disimulando.<br/>- Nada, nada, eso es lo que quiero, que no te pase nada, pero andas haciendo caras raras. Mira, por ahí entra Rafael, hazle un sitio, anda, que están todas las mesas ocupadas.<br/>- ¡Lo qué me faltaba! – contesta él, entre dientes.<br/>- No se qué te ocurre con ese hombre, es educado y amable, mejor que muchos de los que andan por aquí y a ti parece que hasta te molesta verle.<br/>Mientras, a Rafael le han hecho hueco en una mesa ocupada por cuatro mujeres que juegan una partida de cartas.<br/>- ¡Hala! mejor, a ver si lo aburren esas viejas brujas y se va a dar un paseito.<br/>- Pero mira qué eres, cada día estás más insoportable, eres un viejo gruñón.<br/>- Sí, claro, es mejor el nuevo ese, haciéndose el elegante, total porque lleva ese viejo pañuelo anudado al cuello en plan señorito, y se pone la americana para venir a cenar… ¡tonterías! Me apuesto lo que sea a que no tiene dónde caerse muerto.<br/>- Pero ¡qué sabrás tú lo que tiene o lo que no! ¿desde cuando te preocupas de las vidas ajenas? Pues sí, mira, yo creo que es elegante, se le da un aire a ese cantante ¡ay! ¿cómo se llamaba? esta cabeza mía cada vez va peor… sí, hombre, ese… Gardel, Carlos Gardel.<br/>- ¡Qué mas quisiera! Anda, anda, no me hagas reír… ¡qué tonterías dices, Pepita!<br/>- Bueno, mira, está visto que contigo no se puede hablar, cuando se te mete una manía entre ceja y ceja, no hay nada que hacer. Yo me voy a acostar que no me encuentro demasiado bien, creo que he cogido frío en el paseo de esta mañana ¿te quedas tú un rato más?<br/>- No, no, me voy contigo, aquí hay poco que ver.<br/>Joaquín coge del brazo a Pepita que anda apoyada en su bastón y después de dar las buenas noches se dirigen a su habitación. Ella se ha puesto el camisón y se sienta sobre la cama mientras su marido, en el sofá, parece sumergido en la lectura de un libro.<br/>- Pepita ¿te gusta el nuevo? <br/>- ¡Jajajajaja! Pero ¿qué dices ahora? ¿qué significa eso de si me gusta?<br/>- Pues eso, si te gusta como hombre.<br/>- ¡Ay! Joaquín ¿qué cosas tienes? <br/>- Aún no me has contestado.<br/>- Ya te lo he dicho antes, me parece un hombre educado y simpático. Y sí, todavía está de buen ver. Va siempre arreglado y limpio, no se abandona como otros. Bueno, ya ves que las tiene a todas medio bobas con sus galanterías. Esas cosas nos gustan a las mujeres, aunque ya no seamos jóvenes, Joaquín, y parece que a algunos hombres se os olvida y al mismo tiempo que cumplís años os vais volviendo más y más bruscos, parece que andéis enfadados con la vida. La vejez no tiene remedio, Joaquín, no vale la pena andar amargado por ahí, echando de menos lo que ya no podremos recuperar.<br/>- O sea, que él es un tío cojonudo y yo soy un gruñón antipático.<br/>- ¡Hala, hala! exagerao, eso es lo que eres, un exagerao.<br/>Él, enfurruñado, finge concentrarse en la lectura.<br/>- ¿Sabes lo que echo de menos? – le dice la mujer desde la cama.<br/>- ¿El sexo? – contesta él, rapidamente.<br/>- ¡Jajajajaja! hoy estás chistoso, no, verás…<br/>- ¿Chistoso? A mí aún me apetece, de vez en cuando…<br/>- Echo de menos que me cantes como antes ¿te acuerdas? Me encantaba aquella canción del Titi ¿cómo era? aquella del muñeco de fallas ¿por qué no me la cantas ahora? anda, Joaqui, un trocito sólo… anda…<br/>- ¿Me vas a dejar que te toque luego las tetas?<br/>- ¡Serás descarado!... bueno, ya veremos.<br/>- No, ya veremos, no, que luego no me dejas.<br/>- Anda, canta y no te hagas de rogar.<br/><br/>“Oyéndote bebía la locura<br/>del fuego de tus piropos<br/>y yo no comprendía<br/>que me estabas matando poquito a poco”<br/><br/>-Ven, ven, siéntate aquí a mi lado<br/><br/>“Como a un muñeco de falla<br/>me quemaste, me quemaste<br/>y al despuntar la mañana<br/>me dejaste, me dejaste.<br/>Y Valencia vio mi pena,<br/>pedir por tus pecaos<br/>y a la Virgen santa y buena<br/>de los Desamparaos.<br/>Me olvidaste, me olvidaste<br/>y aunque mi pena se vaya<br/>me quemaste, me quemaste,<br/>como a un muñeco de falla”<br/><br/>- Qué bien cantas, Joaqui.<br/>- Va, tonta, ahora ya casi no tengo voz... ¿me vas a dejar…?<br/>- Pues, oye, Rafael también canta muy bien.<br/>Joaquín se levanta de la cama como un resorte.<br/>- Y tú ¿cómo lo sabes?<br/>- Pues porque lo oí cantar ¡no te digo!... el otro día, no se, el lunes me parece que fue, sí el lunes ¿te acuerdas que fuiste con Antonio a la visita médica? Nos cantó una canción a Isabelita y a mí.<br/>- Le va a cantar a su padre… ¿será cabrón?<br/>- Pero, Joaqui, no te pongas así, no seas tonto ¿qué querías? ¿qué me marchase para no escucharlo?<br/>- Se va a enterar ese, se va a enterar…<br/>- Joaquín, Joaquín ¿dónde vas ahora?...<br/>El hombre sale de la habitación. ¿Qué se habrá creído ese desgraciado? A su mujer sólo le canta él, pues sí señor, si ya sabía que el nuevo iba a traer problemas. Pero ahora mismo va a poner las cosas claras, sí señor, se lo va a dejar bien clarito. Ni se le ocurra acercarse a su Pepita, ni se le ocurra… faltaría más.<br/>Se para ante la puerta de la habitación de Rafael. Carraspea. Saca pecho. Estira sus cansados huesos intentando ponerse bien tieso. Golpea con los nudillos y espera un poco, sin recibir respuesta. Gira el pomo y la puerta se abre. Joaquín entra despacio intentando no hacer ruido. La habitación está vacía. Sobre la cama, pulcramente doblado, un pijama de hombre. Y a su lado, preparado para usar, un pañal para adultos.<br/>Joaquín está ensimismado mirándolo cuando Rafael entra por la puerta.<br/>- Perdón - dice el recién llegado - ¿me estabas buscando?<br/>Joaquín vacila un instante.<br/>- Sí, sí, pensaba que ya estabas aquí, lo siento, la puerta estaba abierta.<br/>- No pasa nada, hombre ¿querías algo?<br/>- Verás, yo venía… venía a decirte… que se me ha ocurrido algo. Me han dicho que cantas muy bien, y yo no lo hago mal del todo. He pensado que podíamos organizar un karaoke una tarde de éstas ¿qué te parece si se lo proponemos a la monitora?<br/>Rafael no sale de su asombro. Tenía la impresión de que no le caía bien a aquel hombre que siempre le miraba con el ceño fruncido y mirada aviesa.<br/>- Bueno, yo… no se, sí, puede ser una buena idea, pero ¿se atreverán los otros a cantar?<br/>- Claro, hombre, ya verás, empezamos nosotros para romper el hielo y seguro que nos salen espontáneos por todas partes. No se hable más, mañana empezamos a organizarlo. Me voy a dormir, buenas noches.<br/>- Buenas noches, qué descanses.<br/>Joaquín cierra la puerta tras él y sonríe satisfecho. <br/>Al fin y al cabo no es más que otro pobre viejo con problemas de incontinencia, piensa. Y hablando de incontinencia, tengo que cambiarme el dichoso pañal o Pepita me tirará de la cama de una patada diciendo que huelo a perro meao… ¡qué mujer!<br/>- Pepita, Pepita ¿no te habrás dormido? Me dijiste que podría tocarte las tetas… ¡Pepita! No te hagas la dormida que no me lo creo… ¡Pepita!<br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[¡¡¡Extra!!! Anuncio especial]]></title><link rel="Cajón desastre" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cajondesastre/atom.xml" title="Cajón desastre"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[¡¡¡Extra!!! Anuncio especial]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(ladesordenada)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/cajondesastre/c_512.htm"><![CDATA[<a href="http://imageshack.us"><img src="http://img258.imageshack.us/img258/685/newspaperboyij8.jpg" border="0" alt="Image Hosted by ImageShack.us"/></a><br/><br/><br/>¡Extra, extra! ¡Primicia mundial! ¡Extra, extra! ¡Noticia!<br/><br/>Este periódico se ha hecho eco de una noticia que va a conmocionar a medio mundo y que cambiará la vida de muchas personas. Y en nuestro afán de mantener informada a esta maravillosa y gran audiencia, la hacemos pública, sintiéndonos muy honrados al haber sido elegidos entre un nutrido número de medios de comunicación que pugnaban por erigirse en portavoz de tan importante evento.<br/><br/>“La archifamosa cuentista conocida por Desordenada, atendiendo a la incesante petición de sus fieles seguidores que ante las puertas de su Cajón Desastre corean a voz en grito aquello de ¡¡Queremos un libro tuyo!! (dicen las malas lenguas que algunos  cambian el “libro” por “hijo” pero es un rumor que no ha sido confirmado), ha decidido por fin editar su primer libro de relatos eróticos. Veintinueve relatos, veintinueve, que harán las delicias de hombres y mujeres, y algún que otro ser sin clasificar. Veintinueve relatos recopilados bajo el enigmático título de <a href="http://stores.lulu.com/desordenada"title."libro">"Humedad Relativa"</a> (clickad, clickad ahí mismo en Humedad y no os arrepentiréis). Un libro creado y diseñado por ella misma con la importante colaboración de algunos de sus admirados y conocidos amigos y escritores”.<br/><br/>Podéis entrar a mirar… debéis entrar a mirar, y ya de paso os hacéis con un ejemplar, o ¿por qué no? con media docena de ellos… es el regalo perfecto que os hará quedar bien con el afortunado o afortunada que reciba tan interesante y atrevido obsequio.<br/><br/>Y no estaría de más que hicieseis por ahí un poco de publicidad.<br/><br/>(Ahora voy a ver si cobro los irrisorios honorarios que la Desordenada ha prometido pagarme por cubrir el evento… si no fuera porque estoy sin curro…)<br/><br/><a href="http://www.lulu.com/commerce/index.php?fBuyContent=2124835"><img src="http://www.lulu.com/images/services/buy_now_buttons/es/orange.gif" border="0" alt="Apoya a la publicación independiente: compra este book en Lulu."></a><br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Pájaro herido]]></title><link rel="Cajón desastre" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cajondesastre/atom.xml" title="Cajón desastre"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Pájaro herido]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(ladesordenada)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/cajondesastre/c_511.htm"><![CDATA[<a href="http://imageshack.us"><img src="http://img217.imageshack.us/img217/2092/pajaroheridole7.jpg" border="0" alt="Image Hosted by ImageShack.us"/></a><br/><br/><br/>Cuando el Pecas entró por la puerta del bar del polígono, el viejo reloj en forma de bote de cerveza marcaba las diez y media. Cuatro parroquianos de gesto taciturno y cansado ocupaban una sola de las mesas diseminadas por el local. El recién llegado se arrimó a la barra y saludó al camarero que se dispuso a servirle una caña de cerveza. <br/>Siempre llegaba el primero a la cita de los viernes. Los tres amigos que esperaba solían hacerlo juntos. Parecen  críos, pensaba Pecas, van a buscarse unos a otros como cuando íbamos al instituto. En realidad sentía cierta nostalgia de aquellos años en el barrio, siempre inseparables, hasta que a su viejo le dio por comprar un piso en la quinta puñeta. <br/>En ese momento llegan bromeando y dándose empujones: el Poli, el Chinto y el Caniche. Ya era hora, cabronazos – es el saludo que les dedica el Pecas. Picarán un poco y saldrán por ahí a dar una vuelta. Sopló el poniente todo el día y aún persiste la sensación de calor, y eso que todavía no llegó la primavera. Esta noche, al Pecas, el cuerpo le pide guerra, después de toda la semana puteado en la fábrica por el nuevo encargado, un comemierdas sobrino del jefe que no sabe dónde tiene la mano derecha.<br/>Pasadas las doce salen del bar, bien comidos y mejor bebidos. Se quedan un momento parados a pocos metros de la puerta esperando que el Pecas decida hacia donde se dirigen. Él, que ya lo tiene bien pensado, se hace un rato el interesante disfrutando del poder que ejerce sobre ellos. Echa a andar, y los otros se colocan rápidamente a su lado formando una perfecta fila de cuatro.<br/>El nuevo parque, a esas horas, parece vacío y envuelto en el silencio. Atraviesan la gran verja de hierro y se adentran por el camino, haciendo crujir la gravilla bajo el peso de sus botas. Avanzan sin prisa, guiados por la tenue luz de las farolas diseminadas en puntos estratégicos. <br/>Sentados en un banco, una pareja de adolescentes se magrea. Aislados del mundo, centran  toda su atención en las bocas, las manos, el deseo. Cuando quieren darse cuenta los tienen a dos pasos. Los cuatro amigos disimulan, hacen como que no los vieron y pasan por su lado, dos a un lado del banco, dos al otro. La pareja permanece inmóvil, el deseo ha dado paso, en no más de un segundo, a la inquietud y al miedo. Ya respiran aliviados cuando dos pares de brazos les sujetan. La chica intenta gritar pero la mano es más rápida que ella y la enmudece. Él forcejea,  y un puño americano le rompe la nariz de un solo golpe. <br/>El Pecas enciende un cigarrillo y les contempla. Esperaba encontrar algo más divertido que propinar unos golpes a esos desgraciados, pero tampoco está mal para hacer boca. Los muchachos esperan que haga algo con la chica, tendría que follársela pero no le apetece. Le obligará a hacerle una mamada, no puede echar a perder la fama que tanto le costó crearse. Se desabrocha la bragueta y le hace una seña al Poli para que la obligue a arrodillarse. Mira al chaval que llora sin ningún tipo de pudor y piensa que es a él a quien le gustaría dar por el culo. Le imagina comiéndole la verga mientras por la nariz la sangre le gotea. Ahora ya se le puso dura. Abre la boca, zorra – y se la mete de lleno en la garganta.<br/>Cerrad la puta boca, hostias- susurra el Pecas al tiempo que su dedo índice les manda guardar silencio. Delante de ellos, sobre un banco, en un escondido rincón entre las grandes jaulas de los pájaros y la caseta del guarda, hay alguien durmiendo. Se acercan con pasos sigilosos y no tardan en reconocer al hombre que yace bajo la manta. Es un joven hippie que a veces hace de mimo a la entrada del parque, y otras vende pequeños colgantes que él mismo fabrica, de esos con el nombre de uno hecho de alambre. <br/>A éste sí le tengo ganas, piensa el Pecas, pero ganas de las otras. Lo ha observado muchas veces, con aquella sonrisa angelical, los ojos grandes y azules, la melena oscura y lacia cayéndole por encima de los hombros, qué ganas de follárselo. Y el puto hippie parecía adivinarlo y le miraba fijamente mientras se mantenía inmóvil disfrazado de estatua. <br/>Les ordena otra vez con gestos que guarden silencio y prepara el enorme bate de béisbol que esconde dentro de la cazadora. El primer golpe se lo dará en la cara para borrarle de una vez esa puta sonrisa, ya no será la misma con unos cuantos dientes rotos. A una señal del Pecas, sus compinches le propinan al hombre un empujón que le hace caer al suelo. Concentra toda su fuerza en la madera y golpea. La sangre le salpica. El hombre abre los ojos aterrado sin saber qué sucede cuando una lluvia de puñetazos y patadas le caen encima. Se dobla sobre sí mismo protegiendo el estómago y sus partes, y otro golpe de bate le sume en una oscuridad profunda. El gorro de colores se va tiñendo en rojo poco a poco.<br/>Los cuatro en formación retoman el camino de regreso. El Pecas distingue entre las sombras un pequeño bulto en el suelo. Se agacha y lo recoge con cuidado: es un pájaro herido. Abre la cremallera de la cazadora y suavemente lo coloca en el bolsillo interior. A ver si aguanta hasta que llegue a casa, piensa. Intentará curarle el ala rota, aunque tenga que escuchar al viejo una vez más: “mariconadas”. <br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[La función de las tres]]></title><link rel="Cajón desastre" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cajondesastre/atom.xml" title="Cajón desastre"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[La función de las tres]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(ladesordenada)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/cajondesastre/c_510.htm"><![CDATA[<a href="http://imageshack.us"><img src="http://img267.imageshack.us/img267/6572/leopoldopomsdc9.png" border="0" alt="Image Hosted by ImageShack.us"/></a><br/><br/><br/>Imagen Leopoldo Pomés<br/><br/>En el viejo reloj de la iglesia sonaron tres campanadas cuando aparcó el coche ante la puerta de su casa.<br/>Respiró hondo al tiempo que giraba el espejo retrovisor interior para mirarse. Aún se podía adivinar por el brillo y el enrojecimiento de sus ojos que había estado llorando. Ni ella misma puede entender claramente el motivo de su llanto, pero cuando enfiló la autopista después de despedirse de él, las lágrimas empezaron a rodar por sus mejillas. No hizo nada por detenerlas, las dejó caer mansamente aliviando la angustia que le oprimía el pecho.<br/>Cuánto quería a ese hombre. <br/>Le desbordaba esa explosiva mezcla de sentimientos cuando estaba a su lado. Él nunca llegaría a darse cuenta de lo que se desataba con su sola presencia, de que el recuerdo del tiempo que pasaban juntos llenaba todos los momentos de su ausencia. <br/>Y el deseo.<br/>No se cansaba nunca de sus besos. Su cercanía, su mirada o un leve roce de sus manos conseguían humedecerla al instante.  No podía evitarlo. Se obligaba a veces, cuando estaban juntos, a pensar en otra cosa, a no prestar atención a sus ojos, a los labios que se movían incansables hablando de mil cosas, a no mirar sus manos… Pero se encontraba de pronto, buscando con avidez su boca o abrazándose a él como a una tabla de salvación en mitad del océano.<br/>Se arregló un poco. Intentó no pensar en nada. Debía relajarse, salir del coche y dirigirse a casa. Tenía la impresión de llevar sus besos enganchados a la boca y sus caricias tatuadas en la piel con tinta permanente. Debía ensayar un gesto cansado, el que tendría que mostrar después de una cena de trabajo que se alarga demasiado. Con un poco de suerte los encontraría a todos dormidos.<br/>En la oscuridad de la noche, le pareció que todo su cuerpo brillaba, que transparentaba los sentimientos que bullían en su interior. Se vio a sí misma como un árbol de navidad con todas las luces encendidas.<br/>En un momento debería salir a escena y hacer gala de todas sus dotes de actriz consagrada en el arte de fingir. <br/>Metió la llave en la cerradura con tanta suavidad como fue capaz. No encendió la luz, podía manejarse a oscuras perfectamente. Se desnudaría en silencio y se metería en la cama. Mañana ya no le pedirían cuentas por su tardanza.<br/>¡¡¡ Sorpresa, sorpresa!!! Las luces de la casa la cegaron y el corazón pareció querer salir disparado del pecho. Ante su incrédula mirada fueron apareciendo rostros de familiares y amigos, al tiempo que un guirigay de voces desafinadas intentaban cantar al unísono: “Cumpleaaaaaaaaños feeeeeeeliz, cumpleaaaaaaaaaños feeeeeeeeeeliz…”<br/>No tuvo que actuar. Se quedó pálida y se desplomó en el suelo.<br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Detalle]]></title><link rel="Cajón desastre" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cajondesastre/atom.xml" title="Cajón desastre"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Detalle]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(ladesordenada)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/cajondesastre/c_509.htm"><![CDATA[<a href="http://imageshack.us"><img src="http://img81.imageshack.us/img81/5858/preocupada1nc8.jpg" border="0" alt="Image Hosted by ImageShack.us"/></a><br/><br/><br/>Hace algún tiempo que lo vengo comprobando: Cada día me cuesta más yacer con un hombre, en el sentido bíblico. No me mires así, me he propuesto no utilizar palabras malsonantes. Decía que me causa pereza y cierto malestar yacer con un hombre… ¿será la menopausia? Quizá podría ser esa la causa de mi poca apetencia si no fuese por un pequeño, ínfimo detalle: sólo me excito (no, ésta no es una palabra malsonante) si me pienso pisándote las tripas… Si se lo cuento a mi psicoanalista seguro lo califica de depravación, desviación, o vete tú a saber, y probablemente intentará meterme mano asegurando sin asomo alguno de vergüenza que se trata de una nueva terapia de choque. Le veo algo salido últimamente. ¡Mierda!, perdón se me escapó, ahora tendré que rezar tres padrenuestros, que es la penitencia que me impuse si soltaba algún taco. <br/>¡Mierda! otra vez, y ya que estamos, me pongo y rezo seis. No encuentro otra palabra que pueda expresar más claramente la frustración que siento. <br/>No, decir ¡cáspita!,  ¡mecachis! o ¡pardiez! no causa el mismo efecto.<br/>¡Ay! no se qué voy a hacer…<br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Borrón y cuenta nueva]]></title><link rel="Cajón desastre" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cajondesastre/atom.xml" title="Cajón desastre"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Borrón y cuenta nueva]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(ladesordenada)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/cajondesastre/c_508.htm"><![CDATA[<a href="http://imageshack.us"><img src="http://img120.imageshack.us/img120/7282/dibujokumikosmckeeow1.jpg" border="0" alt="Image Hosted by ImageShack.us"/></a><br/><br/><br/>Dibujo de Kumiko Smckee<br/><br/>Bórrame de tu vida, bórrame para siempre.<br/>Se lo digo aparentando una serenidad que estoy lejos de sentir, temiendo un poco, sí, su reacción.<br/>Estoy cansada, harta de que seas el dueño y señor de mis acciones, de que decidas por mí, de que me ignores. Controlas cada detalle de mi vida: lo que debo hacer o lo que no, eliges a aquellos que debo considerar amigos, el lugar donde pasar mis vacaciones, si me llevo a la cama compañía, incluso la ropa con que me vestiré cada mañana. No lo soporto más, Es inútil seguir con esta historia, me aburre. Es una situación penosa, caduca y sin sentido.<br/>No se a qué viene ese gesto tuyo de sorpresa, es imposible que no te des ni cuenta. Claro que eres tan egocéntrico, sabiondo, estúpido y cretino que no ves más allá de tus narices.<br/>Y para no escucharme me mandas de misión especial y secreta a las Antillas.<br/>No te librarás de mí tan fácilmente. No voy a obedecerte esta vez. Esta vez, no.<br/>Bórrame de tu vida, bórrame para siempre.<br/>Es por ti ¿no te das cuenta? Empezarás de nuevo, volverás a creer ciegamente en tu talento, a soñar, a ilusionarte, no quiero ver como te hundes, no quiero ser testigo de tu ruina.<br/>Entonces frunce el ceño, su rostro adquiere lentamente un aire compungido y en silencio, asiente dos, tres veces. Sus ojos me miran con tristeza, esperando quizá una señal, algo que le lleve a  pensar que estoy arrepentida.  <br/>En su mano derecha empuña el arma que acabará definitivamente con mi vida. No hay marcha atrás, la decisión está tomada.<br/>Bórrame de una vez, no seas cobarde.<br/>Empieza borrándome las piernas, las caderas, el vientre y más arriba. Ya queda sólo en el papel mi boca sonriente,  que se torna en dolorosa mueca cuando con un brusco borrón queda partida, y unos ojos que le entregan su amor, agradecidos. <br/>Sentado ante la mesa, parece hipnotizado ante el papel en blanco que le mira.<br/>Su mano derecha aún aferra con fuerza la goma de borrar con la que acaba de matar a su dibujo favorito.<br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Go-gó]]></title><link rel="Cajón desastre" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cajondesastre/atom.xml" title="Cajón desastre"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Go-gó]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(ladesordenada)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/cajondesastre/c_507.htm"><![CDATA[<a href="http://imageshack.us"><img src="http://img150.imageshack.us/img150/8100/rd1004elultimobailepostvr0.jpg" border="0" alt="Image Hosted by ImageShack.us"/></a><br/><br/><br/>Hace un buen rato que el tipo no deja de mirarla y ella, al darse cuenta, imprime un poco más de voluptuosidad a sus movimientos. Su cuerpo semidesnudo se cimbrea al ritmo de la música, las caderas imprimen a su pelvis un golpeteo casi obsceno, su piel brilla sudorosa… y ella se siente única e irrepetible. <br/>Sólo con el baile consigue anular esa torpeza que la caracteriza desde niña, siempre tropezando, enredándose con los pies, caminando como un pato. “Lástima de hija” dice su madre cada vez que la ve dar algún trompicón, la misma cantinela que escucha desde que tiene uso de razón. <br/>Quizá esta noche se lleve a ese hombre a la cama. No es su tipo, pero para follar no importa demasiado, el caso es sentir el calor de otra piel bajo las sábanas, unas manos ajenas que acarician, una boca, el deseo brillando en la mirada… que más da que cuando amanezca no recuerde su nombre, ni su rostro, que más da que al salir de su cuarto bostezando le de los buenos días un “lástima de hija” susurrado entre dientes por su madre. <br/>Bruno, su compañero de baile, le hace señas y ella empieza a andar lentamente sobre la pasarela metálica que une las dos jaulas. Es el momento en que bailan juntos, cuerpo a cuerpo. Sudan sensualidad, se ve y se huele, en la ruidosa sala abarrotada. Cientos de rostros observan extasiados esa danza magnética que aviva su deseo. <br/>Es de él de quien está enamorada, es con ese hombre que se sueña follando cada noche. Pero el muy cretino sólo tiene ojos para una novia lechosa con pinta de anoréxica a quien adora. Y ella se muere de ganas cuando le tiene allí tan cerca, con su sexo pegado al de él, la pierna rodeando su cadera, con las bocas a escasos milímetros una de otra… siempre acaba con el tanga empapado y llevándose a cualquier desconocido a la cama, o masturbándose en silencio, en un rincón del pequeño cuarto que usa para cambiarse.<br/>Cuando se acaba el baile, ella mira un momento hacia el hombre que no deja de observarla y le hace un ligero gesto con la mano, él asiente. Otra pareja de go-gós toma el relevo. “Lástima de hija” dijo su madre cuando ella dejó la escuela, harta ya de suspensos, de broncas, de amenazas. Y lo dijo otra vez cuando iba rodando de trabajo en trabajo, cada vez más jodidos y peor pagados. Y otra vez más cuando la vio salir la primera noche camino de su debut como go-gó de aquella discoteca. Ella lloraba cada vez que escuchaba la maldita letanía, lloraba hasta que le escocían los ojos. Ahora no. Cuando baila se olvida de quien es, de sus miedos, de su estúpida torpeza y de su madre. Y en tan sólo una noche cobra más que en toda una semana en aquella mierda de trabajos. Claro que no sabe cuánto tiempo podrá seguir con esto, aún es la mejor, pero… las niñas vienen ya pegando fuerte.<br/>Follará con el tipo de la barra al ritmo de tambores, trompetas, guitarras y acordeones. Ella folla con música, para no tropezar o darse de narices con la puerta. Y los hombres se quedan boquiabiertos viéndola desnudarse al tiempo que su cuerpo se mueve candencioso, ligero, sensual. Con un andar felino se acerca hacia la cama y después de los besos, magreos y caricias, los cabalga con furia mientras suena la música a máxima potencia.<br/>Baja con cuidado la escalera y se cruza con Bruno y su escuálida novia que sonríe con timidez. Hasta el viernes, le dice él, con un guiño. Hasta el viernes, contesta, mientras piensa ¿qué tendrá esa pánfila?... y tropieza.<br/>Unas manos la sujetan antes de caer, es el tipo que la espera. No está tan mal, piensa mientras le observa, total para follar… “lástima de hombre”… aunque quien sabe, quizá con él… <br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[Tenia trece años y estaba enamorada.]]></title><link rel="Cajón desastre" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cajondesastre/atom.xml" title="Cajón desastre"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[Tenia trece años y estaba enamorada.]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(ladesordenada)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/cajondesastre/c_506.htm"><![CDATA[<a href="http://imageshack.us"><img src="http://img412.imageshack.us/img412/4588/rbolgl4.png" border="0" alt="Image Hosted by ImageShack.us"/></a><br/><br/><br/>Tenía trece años y estaba enamorada, locamente enamorada. Lo había olvidado.<br/><br/>Esta mañana me desperté temprano, demasiado para un domingo. No se si por culpa del insomnio o por ese extraño sueño que tuve justo antes de abrir los ojos. Siempre sueño historias tan surrealistas que no se de qué me sorprendo.<br/>Decidí que antes de ir a desayunar saldría a pasear un rato con la perra. La calle estaba desierta y tranquila. Me fui con ella a un campo cercano para que corriese un rato y se desfogase de estar todo el día en el piso. En algún momento se metió bajo un naranjo y empezó a escarbar, la llamé y vino hacia mí llevando algo entre los dientes. Cuando conseguí que lo soltase vi que se trataba de una pequeña figurita tallada en piedra de unos cinco centímetros aproximadamente. Parecía una especie de ángel o de hada. Pensé que podría ser algún amuleto perteneciente a cualquiera de los inmigrantes que deambulan por esta zona. La guardé en el bolsillo pensando que quizá hoy era mi día de suerte. Una extraña sensación de algo parecido a la felicidad me cosquilleó el estómago.<br/>Cuando entré en la cafetería le vi.<br/>Estaba solo. Leía atentamente un periódico abierto sobre la mesa. Ni siquiera lo pensé: me dirigí hacia allí y, sin pedir permiso, me senté a su lado, al tiempo que apretaba con fuerza la piedra en mi bolsillo. Él me miró apenas un momento - ¿un café? – preguntó. Asentí.<br/><br/>Tenía trece años y estaba enamorada, recordé de repente.<br/><br/>Sus ojos, rodeados ahora de pequeñas arrugas, tenían la misma profundidad de entonces. ¿Por qué no se extrañaba de mi presencia allí, a su lado? Apenas nos saludábamos cuando alguna vez coincidíamos, incluso intentábamos no mirarnos. Pero esta mañana todo era distinto, algo me empujaba a comportarme de esa forma que parecía que él encontraba del todo normal. No hablábamos, sólo nuestras miradas se cruzaban de tanto en tanto, como queriendo asegurarnos de que el otro seguía allí.<br/>Cuando terminé mi café eché una ojeada al reloj y me levanté dispuesta a marcharme. Él cerró su periódico, dejó unas monedas sobre la mesa y salió tras de mí. Llegamos hasta mi coche, subimos y arranqué sin saber hacia dónde ir. Mientras conducía me sentía desazonada y tranquila, alternativamente. Él parecía sereno, aunque cuando le miraba de reojo podía percibir cierto temblor en la comisura de sus labios.<br/><br/>Tenía trece años y lo hubiese dado todo porque me besara.<br/><br/>Camino de la montaña, llegamos a una zona apartada y solitaria. Metí el coche bajo las ramas de un viejo árbol y apagué el motor. Imposible reprimir un intenso suspiro de alivio, como quien termina una engorrosa tarea y se siente profundamente satisfecho y tranquilo. Salimos del coche.<br/>Y de pronto me encontré entre sus brazos que me apretaban fuerte, con mi nariz hundida en su cuello y un nudo en la garganta que amenazaba con hacerme llorar. Me besaba una y otra vez por toda la cara: las mejillas, los párpados, la nariz, la barbilla, la boca. Me quemaba su boca. Mi cuerpo ardía. Estaba segura de que mis piernas temblorosas acabarían por no poder sostenerme. Sus manos se perdieron bajo el jersey y sentí como mis pechos crecían con su contacto. Me apreté contra la dureza de su sexo, de puntillas, buscando el acople perfecto con el mío, palpitante. La ausencia de palabras, nuestras respiraciones entrecortadas, los gemidos, la premura del deseo mutuo, el peligro de que alguien nos sorprendiese en aquel paraje solitario, hacían que cada gesto, cada caricia, multiplicase por mil su efecto. Sentía mi sexo inflamado y húmedo. Me desprendí de los pantalones y al momento le tenía ante mí, arrodillado, con la boca metida entre mis piernas, provocando oleadas de placer que mojaban su rostro. Le cogí del pelo echándole hacia atrás. Se levantó al tiempo que se desabrochaba el pantalón. Me penetró con fuerza, de pie, abrazados. Lo hicimos como quien quiere en un momento resarcirse de todos esos años deseándonos, como quien salda una deuda postergada durante largo tiempo, como quien piensa que va a morir al día siguiente.<br/>Después de vestirnos nos besamos largamente, con dulzura. Paré cerca de la cafetería, nos miramos por última vez y se apeó del coche. Recordé la pequeña figura que llevaba en el bolsillo. Parecía palpitar. La saqué del bolsillo y la metí en la guantera. <br/><br/>Tenía trece años y estaba enamorada.<br/><br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry><entry><title><![CDATA[De vez en cuando... la vida]]></title><link rel="Cajón desastre" type="text/html" href="http://blogs.ya.com/cajondesastre/atom.xml" title="Cajón desastre"/><id><![CDATA[tag:ya.com,2008-03-26:]]></id><summary><![CDATA[De vez en cuando... la vida]]></summary><author><name><![CDATA[blogs@ya.com(ladesordenada)]]></name></author><content type="application/xhtml+xml" xml:lang="es" xml:base="http://blogs.ya.com/cajondesastre/c_505.htm"><![CDATA[<a href="http://imageshack.us"><img src="http://img299.imageshack.us/img299/149/simonfdezescribiendorx2.jpg" border="0" alt="Image Hosted by ImageShack.us"/></a><br/><br/><br/>Imagen Simón Fernández.<br/><br/>Esta tarde retomé la vieja costumbre de salir con la bicicleta después de comer. Hacía meses que no disponía del tiempo suficiente, en realidad, no disponía de tiempo para casi nada. Hasta este pequeño cajón del desastre lo he tenido algo abandonado. Ni siquiera me apetecía escribir aqui el motivo de esta ausencia. Quizá hoy es el momento.<br/>A mediados de Octubre, un viernes por la noche, recibí la mala noticia de que la madre de mi marido (en adelante, mi suegra) acababa de sufrir una caída. Salí corriendo hacia su casa, a dos manzanas escasas de la mía, y efectivamente me encontré con ella sentada en el suelo. Tenía la cadera rota. A partir de ese momento, mi vida sufrió un giro radical. <br/>Ella, con ochenta años, en el hospital. Y mi suegro, ochenta y tres, y con un derrame cerebral ya a sus espaldas, en casa. Fueron tres o cuatro semanas de auténtica locura. Días en los que se me olvidaba comer o dormir en mi afán por estar en todas partes, como Dios. ¿Cómo se hace para cuidar a dos ancianos con gran dependencia, sin dejar desatentidos a mi propia familia, mi casa y mi trabajo? Sí, tenía a mi marido y a mis hijos ayudando en lo posible, pero para mi desgracia soy de esas personas que prefiere hacer las cosas antes que mandarlas, y que siente que no puede desfallecer porque el bienestar de los suyos depende de ella.<br/>Tuve que recurrir al fin a buscar la ayuda de una persona contratada para atenderles, una vez que mi suegra volvió a casa. Y encontrar a la adecuada tampoco fue cosa fácil. No es agradable, lo sé, ocuparse de un par de ancianos con todos los problemas que su edad conlleva: incontinencia, sordera, costumbres anticuadas, poca higiene, racanería. <br/>De repente me encontré con dos niños grandes que casi no comían por no gastar, que escatimaban agua y calefacción, que pasaban la semana sin cambiarse de ropa por no utilizar la lavadora. Unas costumbres, en fin, que más bien parecían del tiempo de la posguerra. Eso sí que casi acaba con mis fuerzas: pasarme el día intentando convencerles de cómo tenían que hacer las cosas, organizando su casa, tirando cosas viejas, comprando otras nuevas que a ellos les parecían supérfluas, obligándoles a ducharse diariamente... discutiendo, discutiendo, discutiendo.<br/>Después de casi tres meses he conseguido que se acostumbren a esta nueva situación, que estén bien alimentados, limpios, y con todos los cuidados que necesitan. Tienen a diario una mujer que les cuida, limpia y cocina. Y todas las noches, mi marido y yo vamos a acostarles. También tenemos los fines de semana ocupados en su cuidado, pero al menos ya empiezo a estar tranquila.<br/>No dispongo del tiempo libre del que antes disfrutaba pero, poco a poco, voy buscando algún hueco para hacer aquello que me gusta.<br/>Entre todo este desbarajuste, se murió mi perro, un husky siberiano blanco que llevaba ya doce años con nosotros (un abrazo, Spook, allá donde te encuentres), pero pronto mis hijos, que no pueden vivir sin perro, encontraron un sustituto. En uno de los albergues para perros abandonados encontramos una preciosa perrita que responde al nombre de Chica y es así de guapa:<br/><br/><a href="http://imageshack.us"><img src="http://img179.imageshack.us/img179/8503/chicawv4.jpg" border="0" alt="Image Hosted by ImageShack.us"/></a><br/><br/><br/>Así que este año no pedí nada a Papá Noel, ni a los Reyes Magos. No por favor, no se vayan a equivocar y me aguarde alguna que otra sorpresita. <br/>La vida, a veces, nos espera al doblar la esquina y nos atraca. Y no nos queda otra que darle cualquier cosa que nos pida.<br/><br/><object width="425" height="355"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/OgxhBF4HyiI&rel=1"></param><param name="wmode" value="transparent"></param><embed src="http://www.youtube.com/v/OgxhBF4HyiI&rel=1" type="application/x-shockwave-flash" wmode="transparent" width="425" height="355"></embed></object><br/>]]></content><updated>2008-03-26T09:51:13.830+01:00</updated></entry></feed>
