Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Anoche, otra vez, soñé contigo (II)



La escena me recuerda a las tumbas de los amantes, solo que nosotros no estamos muertos, creo.
El espacio que nos separa actúa de hilo conductor de calor que se transmite de uno al otro. También parecen llegarme tus pensamientos, pero no sé si tú llegas a captar los míos. Siento que con tu mente empiezas a acariciarme, y aunque permaneces inmóvil, yo noto como tus dedos tibios se pasean lentamente por mi cuerpo. Y él empieza a reaccionar. El vello se va erizando, como a cámara lenta. Un dulce temblor empieza a recorrerme y mis pezones parecen ponerse de puntillas para alcanzar tus manos. Tus roces son tan ténues, casi etéreos, que toda mi piel los busca ansiosa. Una cálida humedad inunda mi sexo y noto que la sábana se va mojando con el deseo que se desprende de mí. Mi olor, de hembra en celo, inunda la habitación y yo, sin verlo, sé que tu sexo lo ha captado y ya empieza a despertar de su letargo, y su flaccidez se torna dureza. Intento transmitirte mis pensamientos, en los que yo también te acaricio, pero no sé si puedo concentrarme mientras siento como tus dedos rozan el clítoris al que noto crecer hasta límites insospechados.
Ahora, hemos cambiado de posición, estamos frente a frente, mirándonos. Ya no hay colores en la habitación, es una escena en blanco y negro. Sólo tus ojos aparecen como pintados por un artista que se entretuvo coloreándolos. No pestañeamos. Y con la mente seguimos acariciándonos. Nuestros cuerpos se tocan sólo en algunos puntos: tu sexo erecto que roza mis muslos, cerca del pubis; y mis pezones que al ritmo de las respiraciones, contacta con tu pecho.
Y yo sigo recibiendo tus pensamientos. Y ahora me estás vistiendo de besos; besos diminutos, cortos, leves: en los hombros, el cuello, los brazos, los huecos que forman los codos, las piernas, los pies, los muslos, la espalda, las nalgas... los siento a miles, quemándome la piel. Y besos profundos, mojados, ansiosos: en la boca, en los pechos... para acabar en mi sexo que palpita como si en su interior albergase una criatura sedienta por devorar tu boca.
Estoy mirando tus ojos que relucen en medio de los tonos grises de la habitación y no quiero dejar de hacerlo, mientras mi cuerpo se convulsiona en espasmos de placer inmenso y siento como tu semen caliente moja mi vientre.
Es la primera vez que me hacen el amor con la mirada.


 
No