Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Cena para tres


CENA PARA TRES

Una tenue luz ilumina el salón, la mesa está preparada para la cena. Ella, tras los cristales, observa la calle. Es domingo, y habitualmente salen a cenar, pero hoy él la ha llamado por teléfono hace unas horas, había ido al despacho a terminar un trabajo urgente:
-Silvia, llama al restaurante francés y pide la cena, hoy no vamos a salir.
-De acuerdo, como tú quieras, enseguida llamo.
-Pide para tres, tengo una sorpresa.
No quiso explicarle nada más, y ella tampoco le preguntó. Fuera debe hacer frío, las calles están desiertas. Oye las llaves en la puerta. Ya ha llegado. Se acerca a recibirlo.
-Hola cariño, que frío hace, te has puesto muy guapa. Mira, he traído a Luis a cenar con nosotros.
Luis es el dueño de la empresa donde trabaja Carlos, su marido. Es viudo desde hace cuatro años, su mujer murió joven, víctima de una cáncer. Desde entonces vive solo.
-Hola Luis, me alegra verte – le dice, mientras se acerca a él para besarlo.
-Hola Silvia, estás preciosa, espero que no te moleste que haya aceptado la invitación de tu marido.
-No, que va, es un placer que hayas venido.
Los besos de él, en las mejillas, se acercan peligrosamente a la comisura de los labios, algo habitual cuando la saluda.
Pasan al salón y Carlos sirve unas copas mientras ella, en la cocina, desempaqueta los platos preparados que han traído del restaurante. La cena está servida, y los tres se sientan a la mesa.
Conversan distraídamente, del trabajo, como siempre. Mientras, su marido no para de acariciarla por debajo de la mesa. Ella no acaba de comprender esa actitud, pero lo deja hacer, manteniéndose educadamente atenta a la charla.
Una vez acabada la cena, toman el café y se sientan en los sillones, frente a la chimenea. Luis no ha dejado de mirarla en toda la noche y ahora se ha acomodado a su lado. Carlos ha ido a la habitación y cuando vuelve se agacha ante la pequeña mesa de cristal y se prepara una raya de coca, con un gesto les ofrece. Los dos niegan con la cabeza. Ella, no sabe por qué, se siente algo mareada. Como si en su cabeza se hubiera formado una especia de niebla. El caso es que no ha bebido casi nada.
Su marido ha vuelto al dormitorio y la está llamando, se disculpa con Luis y acude a ver lo que quiere. Él la coge de la mano, y la hace entrar en la habitación. La atrae y comienza a besarla. Ella se resiste:
-¿Te has vuelto loco o qué? Luis está en el salón ¿no puedes esperar a que se vaya?
-Cállate –es la única respuesta que recibe.
Ella, sumisa como siempre, calla. Carlos la está desnudando mientras sigue besándola y acariciándola. Después le dice que se eche sobre la cama y sale de la habitación.
Acostada y desnuda se queda allí… esperando. Oye a los dos hombres hablar, aunque su conversación le llega entrecortada:
-Vamos, Luis, no seas… hazme caso, sé que te… ¿crees que no me he dado cuenta?
-Pero, ella… no, esto no está bien.
-Ella hace… además disfrutará. Te… ya lo verás.
Cierra los ojos, prefiere no escuchar y con esa neblina que le invade la mente, se siente bien. Ya no oye sus voces, ahora percibe los pasos de alguien que se acerca. Siente el peso de un cuerpo sobre la cama y unas manos que le acarician el rostro. No son las de su marido, lo sabe. Abre los ojos y se encuentra con la mirada de Luis. Él acerca la boca a su oído y su suave voz le llega en un susurro:
-Te quiero y te deseo, pero no voy a aceptar esto. Tú no tienes porque aguantarlo.
Ella mira hacia la puerta y ve a su marido que la observa. Lee en sus ojos y sabe que tiene que hacerlo. Alarga su mano hasta el rostro de Luis y lo atrae hacia ella. Busca su boca y le besa con deseo, mientras enreda el cuerpo de él con sus piernas. Carlos se ha ido. A salvo de su mirada, se deja llevar por las caricias del hombre que está con ella. Le desnuda y se entrega por completo a la pasión que crece por momentos entre ellos. No le importa gemir y gritar cuando le llega el orgasmo, sabe que su marido la está escuchando y eso lo hace todavía más placentero.
Se queda dormida. Cuando despierta, está sola en la cama. Se levanta, no hay nadie en la casa. Son las nueve de la mañana, Carlos ya se ha ido a la oficina. Se ducha y se dispone a desayunar cuando suena el timbre de la puerta. Es un chico con un ramo de tulipanes amarillos, seis tulipanes y una nota:
“ Lo siento, mi amor, he ganado la apuesta. Te mando un tulipán por cada uno de los años de felicidad que me has dado. Siempre tuyo” No lleva firma, pero a ella no le hace falta, sabe quien se lo manda.
Coge el teléfono y marca un número. Al otro lado, una secretaria eficiente y discreta no le pregunta nada, reconoce su voz. Mantiene una corta conversación con él, se muestra reacio a hacer lo que ella le pide, pero al final consiente. Se despide y cuelga.
En el dormitorio, se viste despacio. Luego coge dos maletas y empieza a guardar sus cosas en ellas. Llama a un taxi y mientas espera vuelve al salón y se dispone a escribir:
“ Gracias por el regalo de anoche, por una vez has sido un cornudo consciente de ello. Llevo seis años acostándome con Luis y nunca lo había disfrutado tanto, en mi propia cama y ante la mirada complacida de mi marido, que no ha dudado en venderme como a una puta de su propiedad, a cambio de un ascenso. Tu jodido trabajo, eso es lo único que tienes en la cabeza. Sí, cielo, me cansé de ser la esposa sumisa y obediente. Siempre atenta y complaciente con tus invitados, la anfitriona perfecta… hermosa, callada, educada, atenta. Pues bien, esta puta se va y no aguanta a más chulos que cobren por ella. Te dejo las llaves del apartamento y del coche, no las voy a necesitar. Tengo todo lo que deseo, un hombre que me quiere y todo lo que él puede ofrecerme. ¡Ah! Se me olvidaba, quiero darte una gran noticia, cariño… ¡estás despedido! Disfruta y sé feliz”
El taxi está esperando, coge sus maletas, da un último vistazo, sale y cierra la puerta.





 
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Genial!!
 
 
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¡Ay Dock! que se me había olvidado mi queridísimo doctor soleado ¡mecachis! Gracias a tí por pasarte a leer y por tus bonitas palabras. Eres un cielo.
Un beso.
 
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Lara, Paloma, Capi, Lola: me encanta que os haya gustado la historia, es que hay veces que a los que se creen tan listos, se les gira la tortilla.
Besitos.
 
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:-DDD Gracias, Des. He disfrutado un montón con tu relato. Una gozada, y me lo he bebido de un tirón. No parecía un post, sino una novela "de verdad". ¿Te vale, writer?
Un par de besazos emocionados, artista.
 
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Se me ha quedado cara de poker. Que historia tan buena, como todas las tuyas.
Un beso
 
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Cara Des: ¡Vaya historia! lo que llegan a hacer algunos para medrar, descender los escalones del averno convencidos de que llegarán a la cima. Chica lista, lo mejor para ganarse el cielo, es quedarse con una copia de las llaves del infierno. Un beso libertario Des.
 
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Genial, buenísima historia, y sobre todo, con final feliz.
Besitos
 
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Le salió el tiro por la culata al cabrón... Muy buena la historia y las letras que la cuentan. Si señora.
Bsos ;)
 
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Pepe: el problema, creo yo, es que a algunas mujeres les gusta sentirse utilizadas, y tampoco las critico, porue en realidad muchas veces son ellas las que utilizan a los maridos y ellos no se dan cuenta.
Coco: eres un golfo :)). ¿No querrás que me crea que no ligas? Pues no, no me lo creo.
Wolffo: me alegro que te haya gustado. Tengo algunos relatos por ahí guardados y cuando no se me ocurre nada, porque mi vida transcurre en absoluta calma chicha, echo mano de llos.
Fray: gracias por tus aplausos, son una bonita melodía para mis oídos.
Besos mil.
 
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plas,plas,plas,plas,plas,plas,plas.
Genial Des, un relato magnífico con un final maravilloso. Aunque parezca imposible sigues superandote día a día.
Un beso desde mi convento.
 
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¡Yujuuuuu...!
Sabes, Des, me he sentido como cuando de pequeño, tararí-taríiii llegaba el Séptimo de Caballería. Qué final tan bueno. O sea, no: qué magnífico relato. Qué forma de servírnoslo.
Te quiero, Des.
 
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Yo no sé qué haría. Probablemente seguir dejándome follar, pero no ya por mi marido, ni por el jefe de mi marido, si no por cualquiera que me apeteciera. En fin, que lo sueños, sueños son. Beso.
 
Comentario:
No sabes lo mucho que me gustaria que aquellas mujeresd que se sienten utilizadas por sus maridos (en todos los sentidos) leyesen tu post de hoy para armarse de valentia. Me ha encantado, ah! y gracias por enlazarme, es un lujo, de veras. Un beso
No