Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
De principios y finales (II)


Se mete bajo la ducha y deja que el agua se lleve por el desagüe las últimas huellas de sus caricias. Eso se imagina, eso es lo que quiere creer. Si pudiera desprenderse de su recuerdo tan fácilmente. Si pudiera abrir su corazón y rociarlo con gel de aroma de jazmín. Si pudiera, luego, apuntar en su centro el chorro de agua ardiente y acabar con cualquier sentimiento. Si pudiera...
Hoy quiere volver a estar guapa, tiene que recobrar su esencia, volver a vivir. Se maquilla despacio, intentando devolver a su rostro la alegría perdida por algún rincón olvidado, pinta de un rojo indecente sus labios carnosos. Abre el armario y elige un bonito vestido veraniego, lleno de grandes flores. Se sube en lo alto de sus sandalias preferidas, aún a costa de partirse la “crisma” en algún traspiés y sale a la calle.
La recibe una claridad cegadora, que hace que rebusque rápidamente en su bolso, las gafas de sol. Y echa a andar, tranquila y serena, respirando el aire ocioso de la ciudad en una mañana de sábado.
Mira, descarada, a la gente con la que se cruza, amparada tras sus gafas oscuras. Hace tiempo que no practica su juego preferido: observar las caras de los viandantes y adivinar su estado de ánimo. Últimamente siempre iba enfrascada en sus pensamientos, caminando como una autómata sin fijarse en nada. Ve una bonita terraza frente a la Alameda y se dirige hacia allí. Se sienta en una mesa dispuesta a disfrutar de un café bien frío.
Se entretiene observando a un anciano con buena planta que ojea el periódico, una joven mamá con dos niños pequeños que se pelean por su batido de chocolate, un grupo de jovencitas que ríen y charlan en voz alta, y cuya conversación le llega entrecortada por el ruido del tráfico de la ciudad, una pareja de enamorados que se come la boca como si sólo ellos habitasen el planeta. Instintivamente desvía su mirada, no quiere recordar.
Sus ojos se posan en un hombre que toma una cerveza en una mesa cercana. Su rostro le parece conocido y empieza a mirarle insistentemente. ¿De qué le conozco?- piensa. Sabe que jamás se equivoca, tiene muy buena memoria para las fisonomías, el problema es que muchas veces no logra asociarlas a las personas a las que pertenecen. Se da cuenta que él también la está mirando y empieza a esbozar una sonrisa. Él se está levantando de su asiento y se dirige hacia ella decidido. Entonces le reconoce.
-¡Merche! ¡cuánto tiempo sin verte! ¿cómo estás?.
-¡Álvaro! No te había reconocido. Lo siento, habrás pensado qué hacía mirándote con tanta insistencia.
Se besan en las mejillas. Álvaro es un antiguo amigo y amante. Tuvieron una relación no demasiado larga: él se enamoró, ella no. Así que, cuando las cosas empezaron a tomar visos de relación más estable, Merche salió corriendo. Durante algún tiempo, él insistió: la llamaba, quería verla; pero ella se negó de forma tajante.
Empiezan a hablar de viejos tiempos, de cómo les ha ido a cada uno la vida, de que estás muy delgada pero guapísima, de que tú también estás muy bien, de que ninguno de los dos se casó. Y mientras, Merche se pregunta ¿por qué se enamora siempre de quien no debe? ¿por qué no quiso a este hombre o a cualquier otro?. Y hace un repaso mental de su vida amorosa, mientras asiente y contesta a Álvaro, casi de forma automática. Piensa que ha tenido suerte con los hombres que la amaron, y ella se dejó querer, pero no se entregó, jamás se dio plenamente. Y la única vez que se enamora es de la persona equivocada. También tenía que tocarle a ella, y la vida se estaba cobrando ahora su precio. Sólo él, el que no puede olvidar, en una noche, borró de su mente todas las noches pasadas y futuras. Se hizo el dueño de su cuerpo y de su alma, y se siente impotente para echarlo de allí.
Álvaro está feliz por haberla encontrado, y ella decide que quizá es otra oportunidad que le brinda esta puta vida. En su interior, sabe que no es esa la solución, pero quiere sentirse amada, quiere saberse importante para alguien.
Deciden comer juntos y seguir recordando...

(Continúa)
 
Comentario:
Paloma: es que es rara la vida, hija mía, pero así hay que aceptarla.
Kakilla: Bienvenida, sí supongo que es una historia que muchos hemos vivido. Me alegra que apareciera ese repelente extraño.
Scape: siga usted atento a la pantalla, jejejeje.
Besitos.
 
Comentario:
La historia promete... emociones.
 
Comentario:
Me siento identificada con esta historia, ¿sabes?.
Siempre me empeñé en tener lo que menos me convenía (¡revelde sin causa!). No me quería dar por vencida pero, sin comerlo ni beberlo, como por arte de magia, en mi vida apareció el repelente extraño que ahora da sentido a mi vida.
 
Comentario:
Si la vida nos brinda nuevas oportunidades, sólo hay que verlas venir y no dejarlas escapar.
Besitos
 
Comentario:
Coco: me has hecho pensar, como casi siempre, y no sé si es mejor amar o sentirse amado y me pregunto ¿por qué puñetas casi nunca se aman los dos igual?
Lola: gracias a tí, Lola, por pasarte por aqui. A mí me pasa igual, casi siempre, antes de irme a dormir paso por los blogs y luego me voy tranquila a la cama con algún pensamiento nuevo en la cabeza.
Ivan: es un inmenso placer estar en tu blog que visito a diario y me parece de una muy buena calidad. Gracias.
Besitos, queridos blogers.
 
Comentario:
Mi mama se llamaba Merche y tambien tomaba cafe para mantener su debil alegria a raya. Un placer leerte. Me permití añadirte a mis WEBS AMIGAS en mi blog.
Un besote de los robustos y vitaminados.
 
Comentario:
En las noches en que me cuesta dormir me gusta entrar en tu blog y vivir tus historias, hoy no he podido evitar pintarme los labios de rojo y salir a borrar una noche con sorbos de cafe bien frio.
Gracias Des por la compañia de tus palabras.
Un besazo
 
Comentario:
A veces me he sentido Álvaro y a veces Merche. En algunas ocasiones, contadas, me he sentido los dos al mismo tiempo, leyendo en los ojos de otra Merche-Álvaro que observaba desconcertada cómo el paso del tiempo acaba limando las circunstancias.

Beso, corazón.
No