Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Hoy, no soy una buena compañía
No, hoy no soy una buena compañía, porque posiblemente acabaría haciendo daño al que se propusiera consolarme, o discutiendo, o echándole con "cajas destempladas".
Y es que, hay días que tengo ganas de largarme de todas partes, dando un portazo y un buen corte de mangas. Mandarlo todo a la mierda y quedarme relajada y feliz.
Hasta este gilipollas hoy está en mi contra ¿pues no se me acaba de tragar lo que había escrito? Tiene ganas de joderme, también.
Estoy harta, quemada, depresiva, cabreada y cansada, cansadísima. Parezco una mula, siempre tirando del carro, de todos los carros. Y eso, agota, te lo digo yo.
Cada día estoy más convencida que no estoy hecha para el matrimonio, o por lo menos para este matrimonio (a buenas horas "mangas verdes" dice un refrán popular). No me extraña y ahora cada vez lo comprendo mejor, que haya más divorcios en la edad madura, cuando los niños crecen y ya no absorven toda tu energía.
Y es que, no sé si yo corro demasiado y él no puede o no quiere alcanzarme. O qué elegimos caminos distintos y no hay forma de encontrar un cruce. O qué coño pasa. Sólo sé que cada día nos distanciamos más. No, no hemos dejado de querernos, ni de tener relaciones sexuales, no, que va, eso funciona de puta madre. Es que no tenemos nada de qué hablar, si no es del tiempo. Porque, además, si hablamos, acabamos discutiendo. Todo lo vemos de distinto color, todo, la vida entera.
Él, se ancló en el tiempo del mamut, en la rutina, la pasividad, la tranquilidad y no le apetece cambiarla. Yo, siempre tengo nuevos proyectos, ilusiones, ganas de cambio. ¡Joder! si hasta el trabajo en el que llevo 20 años quiero cambiarlo ¿estoy loca? Y no, no quiero que él haga lo mismo que yo, pero necesito sentirme animada, apoyada, que note algo de interés por su parte. No, a él todo le parece bien, no pone cortapisa ¡faltaria más!, sabe que tampoco lo consentiría, pero ¡coño! un poco de ilusión por su parte tampoco me vendría mal.
Y luego, luego están las discusiones por los hijos. ¿Por qué le cuesta tanto ponerse en su piel? ¿Ya no se acuerda de cuando él tenía su edad? Sí, sí, se acuerda para decir : "Pues, cuando yo era joven........" Y comparar, y las comparaciones siempre son odiosa. Y no se puede comparar según qué tiempos. Y no se puede creer uno que todo lo sabe, simplemente porque es el padre y tiene más años. No. Porque la experiencia es un grado, sí, y la preparación, otro. Y, en algunas cosas somos los padres los que tenemos que aprender de los hijos. Pero ¡méteselo en la cabeza!. Y claro, la gilipolla de turno (que soy yo) está en el medio del fuego cruzado y todas las balas me dan a mi, como en la canción de Estopa: "Me disparan tantas balas, que vivo en un paredón". Y, a veces, me trago las palabras, por no desmerecer al padre ante la hija y me saben amargas. Y otras, otras no puedo callar. Y espero, y cuando la otra parte, no está, empiezo a hablar. Pero ¿me escucha? No, el omnipotente y todopoderoso padre de familia lo sabe todo.
Y entonces, una, que cuando descorcha no se puede callar llena la habitación de palabras, que sé que duelen, que se clavan no sé donde y luego no hay manera de borrarlas, porque están escritas con tinta permanente. Sí, al tiempo todo vuelve a su cauce, pero no se olvida y ellas están agazapadas en cualquier rincón polvoriento para atacar cuando menos te lo esperas.
Quisiera acercarme al mar y soltarlas en la arena, con la esperanza de que la próxima ola se las lleva a lo más profundo y las ahogue, pero tengo miedo que se queden congeladas en la garganta.
Así que, se escurren por los dedos, en cuenta gotas y se quedan aqui grabadas, en el rincón de las alegrías y tristezas, de la desesperanza y la ilusión, intentando hacer un exorcismo.
Ni siquiera tenía hoy ganas de escribir, pero quizá haga que me sienta mejor.
No.
Hoy, no soy una buena compañía ni para el mismísimo demonio.
No