Historia de una relación (III)

Dejó el bolso que colgaba de su hombro, encima de un sillón y se dio media vuelta, quedando los dos frente a frente. Él la cogió de la mano y la condujo hacia la cocina, diciéndole que allí tomarían una copa de vino mientras terminaba de preparar la cena. Le ofreció asiento en una silla y preparó el vino. Se sentó a su lado y mientras la miraba, le contó que se llamaba Miguel, estaba soltero, tenía veintiocho años y era pintor. Había estado ausente unos días preparando una exposición en una ciudad cercana. Así siguieron su conversación sin apartar la mirada uno del otro. Ella solo tenía deseos de besarlo y sentir su abrazo.
Él se había levantado de la silla para mirar el asado que estaba en el horno, y cuando volvió a la mesa se quedó apoyado en ella con las piernas un poco abiertas. Entonces le tendió la mano, invitándola a levantarse. Cuando estuvo de pie frente a él, la rodeó por la cintura y la atrajo hacía sí, en el hueco que había entre sus piernas. Ella pasó los brazos alrededor de su cuello y se apretó contra su cuerpo. Sus bocas se encontraron, se rozaban apenas una y otra vez, para ir abriéndose poco a poco, buscando la humedad de su interior, entrelazaron las lenguas ávidas por encontrarse, se besaban como si les fuera la vida en ello. Mientras sus manos, por debajo del vestido acariciaban las apretadas nalgas, atrayéndola cada vez más hacía él. Ella notaba como su sexo se diluía, se volvía líquido, el clítoris crecía, se inflamaba de deseo. Se separó un poco de él y acaricio su miembro por encima de los pantalones, lo notó duro y caliente. Se disponía a bajar la cremallera, cuando él cogió su mano y la detuvo. ¿No prefieres cenar antes? Ella por toda respuesta, buscó su boca con avidez. No, la cena podía esperar.
La llevó a la habitación, ella iba como hipnotizada por su mirada. Empezó a acariciarle el rostro suavemente, a besarla, le lamía las orejas, el cuello, los hombros, pero no dejaba que ella se moviese, le decía al oído “quieta, déjame que te haga gozar” y seguía con las caricias, tan despacio que ella pensaba que no podía aguantar tanto deseo. Bajó los tirantes del vestido, que resbaló por su cuerpo hasta caer al suelo. Ahora le acariciaba los pechos, pellizcaba los pezones, los lamía pasando la lengua por todo su contorno para luego aprisionarlos entre los labios, succionándolos. Ella sentía esa boca caliente que la hacía gemir de placer, retorcerse de deseo.
Dejó por un momento sus pechos y le acarició el sexo suavemente, por encima de las braguitas. De pie, sintiendo su boca besándola apasionadamente, con aquella mano acariciándola, ejerciendo la presión justa, se le doblaban las piernas. La empujó suavemente para que se tendiera en la cama y antes de que se diera cuenta la había despojado de las bragas y las sandalias. Empezó nuevamente con las caricias, volvió donde se había quedado y fue bajando poco a poco por su vientre, sin dejar ni un milímetro de su piel sin besar. Entonces sintió su boca húmeda en los dedos de los pies, iba chupándolos uno a uno, era una sensación increíble, nadie le había hecho esas caricias antes. De vez en cuando él levantaba la vista hacia ella y la miraba, le gustaba ver el deseo reflejado en su rostro, oír sus gemidos. Y seguía subiendo por sus piernas, la parte interna del muslo, abriéndolas suavemente. Sentía el sexo totalmente empapado, abierto, alzaba el pubis deseando su contacto, su caricia y él se demoraba. Por fin, sintió la caricia de sus dedos sobre el clítoris, un roce apenas, pero con la excitación que sentía la hacía temblar de pies a cabeza. Luego la caricia se hacía cada vez más insistente, volvía a parar, introducía los dedos profundamente en su interior, la estaba llevando al borde de la locura. Abrió los ojos y se encontró con los de él, mirándola fijamente. Sin apartar de ella la vista fue bajando la cabeza hasta meter la boca entre sus piernas. Lamía cada rincón, masajeaba con la lengua, succionaba el clítoris con los labios, apretándolo. Ella no podía resistir más, quería gritarle que parase, que la penetrase, quería sentirlo dentro, pero él seguía disfrutando de aquel sexo palpitante hasta que sintió las contracciones que producían las oleadas de placer que la estaban inundando, el orgasmo que recorría todo su cuerpo transportándola por un momento al éxtasis total.
Luego, se tumbó a su lado y empezó a besarla suavemente los ojos, la frente, la nariz, la boca, susurrándole al oído, como si le estuviera cantando bajito, muy bajito. Todavía estaba vestido, así que ella se arrodilló en la cama y empezó a desabrocharle la camisa, tan lentamente como lo había hecho él antes, acariciaba su pecho fuerte, jugaba con el suave vello que lo cubría, lamía los pezones y los mordisqueaba suavemente. De vez en cuando levantaba la vista hacia él y siempre se encontraba con sus ojos, la retaba con la mirada. Siguió descendiendo por su cuerpo poco a poco, bajó la cremallera de los pantalones y el pequeño slip, del que su sexo pugnaba por salir. Ella se sentía mojada otra vez, volvía a desearlo con locura. Entonces acercó la boca a aquel miembro erecto que parecía a punto de estallar, pasó la lengua suavemente desde la base, rodeándolo, notando cada vena, hasta llegar a la cabeza hinchada y roja, con la que se entretuvo jugueteando. Después fue introduciéndolo en la boca, rozándolo con los dientes, apretando sus labios mientras lo rodeaba con la lengua.
Supo que él no iba a aguantar más cuando cogió su cabeza entre las manos y la empujó despacio para que se apartara. Entonces ella se sentó encima, rodeando su cintura con las piernas, y acogiendo aquel miembro ardiente en su interior. No podían dejar de mirarse, sus cuerpos jadeantes moviéndose a un mismo ritmo, hasta que los gemidos se convirtieron en gritos de placer cuando él se derramó en su interior y ella estalló en un intenso orgasmo como nunca había sentido.
Después de permanecer un rato quietos en la cama, se ducharon y se sentaron a la mesa. Estuvieron hablando durante horas mientras cenaban y luego sentados en el sofá. Después, él le enseñó el estudio que utilizaba para pintar sus cuadros y le propuso que posara, quería pintarla, necesitaba plasmar su cuerpo y sobre todo la expresión de su rostro en la tela. Ninguno de los dos quería dar fin a aquella velada, pero ella tenía que volver a su apartamento, así que se despidieron hasta el día siguiente.
Cuando volvió a su piso, tenía la impresión de que había comenzado una relación distinta a todas las que había tenido hasta entonces. Sentía una atracción muy fuerte hacia él que en cierto modo la asustaba un poco y no se equivocaba, iba a vivir a su lado experiencias difíciles de olvidar.
(Continuará)
Comentario:
Mot, tus palabras son todo un cumplido, creo que para eso se escribe en definitiva, para que algo se remueva por dentro.
Un beso, guapísimo.
Un beso, guapísimo.
Comentario:
Describes el deseo como nadie. Erótico y sugerente. Que sepas que algo se remueve por dentro cuando te leo, algo muy vivo y muy humano, y muy animal, la verdad. Sigo...
Comentario:
Querido Capitán: Tienes tu sillón preferido esperándote, para que te sientes cómodamente el tiempo que desees. La nevera está llena, la ventana entreabierta para que te refresque la brisa y la luz de la luna te haga compañía. Si necesitas algo más... silba.
Mi entrañable Dock: ¿qué si es bueno dices? ya me dirás. Una a la semana es saludable, pero una al dia es... requeterrecomendable.
Besitos.
Mi entrañable Dock: ¿qué si es bueno dices? ya me dirás. Una a la semana es saludable, pero una al dia es... requeterrecomendable.
Besitos.
Comentario:
¡Qué potito, Des! Lo mínimo que puedo decir de tus relatos es que son excitantes, por supuesto, ... y preciosssos.
Tendré que coincidir con el colega Wolf en que tendremos que controlar el tema de las erecciones, matutinas o vespertinas según nos toque. Pero eso me parece francamente bueno, n'est-ce-pas?
Y para quien no le digan nada estas fantásticas historias, pues Viagra que te crió, corazones.
Un besazo "a distancia" por si acaso, divertida Des ;-)))))
Tendré que coincidir con el colega Wolf en que tendremos que controlar el tema de las erecciones, matutinas o vespertinas según nos toque. Pero eso me parece francamente bueno, n'est-ce-pas?
Y para quien no le digan nada estas fantásticas historias, pues Viagra que te crió, corazones.
Un besazo "a distancia" por si acaso, divertida Des ;-)))))
Comentario:
Cara Des: ¡Uufff!, estas entradas y salidas mías!!. Tendré que ponerme al día con mis favoritos este fin de semana. Será un placer el leeros a todos, ¡qué prolíficos sois!!. Tiraré de hemeroteca querida Des, esta historia no me la pierdo. Un beso arrobado y a tus pies quedo para lo que fuera menester pedir y estar en mi mano el conceder. ¡Buen fin de semana!.
Comentario:
Lola: muchas gracias, es todo un honor, he leido algunos libros de La Sonrisa Vertical y no puedo decir que no me gusten.
Wolffo: me encanta hacerte feliz, voy a tener que patentar los relatos como "remedio" contra la inapetencia, como la Viagra, vamos.
Besitos.
Wolffo: me encanta hacerte feliz, voy a tener que patentar los relatos como "remedio" contra la inapetencia, como la Viagra, vamos.
Besitos.
Comentario:
al que madruga dios l'apoya.
Jesús, cómo sientan de raro estas erecciones matinales...
Seguimos esperando (con la lengua fuera...)
Jesús, cómo sientan de raro estas erecciones matinales...
Seguimos esperando (con la lengua fuera...)
Comentario:
Despues de leerte y reunirme conmigo misma, he decidido concederte el premio "La sonrisa vertical".
Espero la siguiente entrega.
Un besazo
Espero la siguiente entrega.
Un besazo
