Historia de una relación (IV)

Le duele recordar esa época de su vida, un tiempo en el que gozó y sufrió a partes iguales. Nunca habló de esa historia con nadie, la arrinconó en su memoria y cerró puertas y ventanas. Ahora, todas esas sensaciones salían en tropel, empujándose unas a otras para llegar al exterior. Se prepara una copa, hace años que no bebe, pero hoy lo necesita, enciende un cigarrillo y de su bolso saca un papel doblado. No, no lo lee, todavía no está preparada, tiene que recordarlo todo como si de un exorcismo se tratase, para poder tomar una decisión.
Después de esa primera cena, pasaban juntos todo el tiempo libre de que disponían. Hablaban durante horas, posaba para él, que llenaba lienzos y lienzos con su imagen o hacían el amor. La pintó de todas las formas imaginables, sobre todo le gustaba plasmar las expresiones de su rostro. Un día, después de hacer el amor, él colocó una manta en el suelo y le dijo que se echase desnuda. Quería pintarla mientras ella se masturbaba, esto la pilló por sorpresa y se mostró reticente. Él le decía que pensase en el día que lo hizo en la ducha mientras la miraba desde la ventana, si se iba a sentir mejor que cerrase los ojos e imaginase que estaba sola. Así lo hizo, cerró los ojos y empezó a acariciarse despacio empezando por los hombros, el cuello, los brazos. Ensalivaba los dedos y acariciaba los pezones, rodeándolos, apretándolos, hasta endurecerlos. Después bajaba por el vientre rozando el pubis suavemente para, poco a poco, acercar la mano al sexo. Se acariciaba rozando apenas el clítoris con su mano derecha, mientras la otra seguía ocupada en los pechos. Abrió los ojos y lo miró, él estaba pintándola entusiasmado. Volvió a cerrar los ojos y continuó acariciándose, cada vez más excitada. Su sexo estaba lubricado, de él emanaban los jugos provocados por el deseo, ya no podía parar y se dio cuenta que no se sentía cohibida, al contrario, le gustaba que Miguel la mirase. Las caricias se hacían más intensas y los dedos entraban y salían de su vagina, con mayor rapidez. Los gemidos se hicieron más fuertes, hasta convertirse en un grito de placer cuando, en crecientes oleadas, le sobrevino el orgasmo. Cuando abrió los ojos, relajada, él había parado de pintar. Estaba mirándola, se despojó de los pantalones, única prenda que portaba y se acercó a la manta donde ella estaba tumbada. La besó en la boca, a continuación le dio la vuelta, acostándola boca abajo, subió sus caderas y la penetró con urgencia, con fuertes embestidas que hicieron que se corriera de inmediato. Nunca le enseñó el cuadro que había pintado.
Miguel disfrutaba con el sexo y se sentía fuertemente atraído por ella. Tenía una mezcla de inocencia y sensualidad que lo volvía loco, no podía evitar excitarse solo con mirarla. Sus gestos, su sonrisa, su forma de andar, de hablar, todo en ella desprendía erotismo y lo mejor de todo es que era algo natural, ella ni se daba cuenta.
Hacían el amor a cualquier hora y en cualquier lugar. A veces él se pasaba horas y horas acariciándola, excitándola al máximo, sin descanso. Ella terminaba agotada y dichosa después de disfrutar de los sucesivos orgasmos que le provocaba. Otras veces, lo hacían con urgencia, sin quitarse la ropa, con el deseo a flor de piel, como si fuera la última vez.
Cuando ella volvía de la Universidad, iba corriendo a su casa, abría la puerta con la llave que él le había dado y lo buscaba, desesperada por echarse en sus brazos. Solía encontrarlo en su estudio, pintando. Después, mientras Miguel seguía con su trabajo, ella se ponía a estudiar, concentrados cada uno en sus quehaceres y mirándose a cada poco, como para asegurarse que el otro seguía allí.
A veces, una vez terminadas sus obligaciones, salían a pasear o de compras. Un día fueron a unos grandes almacenes, ella quería comprarse un bikini, hacía ya buen tiempo y habían planeado ir a la playa el fin de semana. Se metieron en un probador con algunos modelos que le gustaban. Nada más despojarse de su ropa, Miguel empezó a acariciarla, ella le dejó hacer hasta que sintió que se estaban excitando demasiado y entre risas le dijo que parase. Pero él, con la sonrisa burlona que asomaba a sus labios cada vez que se le ocurría una travesura, se bajó la cremallera del pantalón, sacando su pene totalmente empalmado. La atrajo hacia sí, frotándole el clítoris con él, sin penetrarla, haciéndola desearlo cada vez más. Follaron allí, de pie, aguantando los gemidos, tapándose la boca con los besos para que no les oyeran, sin demasiado éxito, porque cuando salieron las miradas que les dedicaron las dependientas lo decían todo.
Cuando estaba sola en su apartamento y pensaba en él, no podía dejar de sentir un poco de miedo. Se daba cuenta de que aparte del deseo, en su interior estaba creciendo otro sentimiento que no entendía. No sabía si se estaba enamorando o empezaba a depender psicológicamente de él, en cualquier caso, las dos cosas la asustaban. Y al mismo tiempo, notaba que en el terreno sexual, se estaba conociendo cada vez más. Las relaciones esporádicas que había tenido hasta entonces habían sido con jóvenes de su edad, y la verdad, habían dejado mucho que desear. Él estaba haciendo salir al exterior toda su sexualidad dormida. Se atrevía a tomar ella la iniciativa y empezaba a provocarlo, cosa que pocas mujeres hacían en esa época. Y él se hacía de rogar como si no entendiera lo que ella quería, para hacerla desinhibirse cada vez más de todos los convencionalismos.
(Continuará)... como ya os podéis imaginar.
Comentario:
OHHHHHHHHHHHHHHHHH................increible como leyendo mi respiracion se hacia recorta..............pero era incapaz de parar ya que traspasar el deseo a la escritura increiblemente es de valientes ......bueno hacerlos legibles ............pero si todos tienen razon .........menos mal hiciste un alto...........GENIALLLLLLLL.....LENANIS@HOTMAIL.COM ledis
Comentario:
Ya acaba, ya acaba... sí, creo que es una relación muy especial de esas que sólo aparecen una vez en la vida... si aparecen.
BEsito.
BEsito.
Comentario:
Uffff, esta relación está siendo muy intensa...
Comentario:
Gracias Paloma, besos para tí también.
Comentario:
Ufff ¡qué temperatura, por dios! me encantan tus historias, te sigo cuando el tiempo me lo permite, aunque no te comente siempre, pq ¡es que a veces me dejas sin palabras! como en esta ocasión.
Muchos besos
Muchos besos
Comentario:
Coco: y lo que cuesta encantarlas... no es tarea fácil, no.
Dock: me alegra que hayas hecho una parada... ¿qué haces en el curro un sábado? otro pringaillo como yo, también me tocó currar esta mañana un rato... qué cruz.
Solistra: un poquito de paciencia. Esto es una mezcla de amor, sexo y su pizquita de intriga.
Besitos.
Dock: me alegra que hayas hecho una parada... ¿qué haces en el curro un sábado? otro pringaillo como yo, también me tocó currar esta mañana un rato... qué cruz.
Solistra: un poquito de paciencia. Esto es una mezcla de amor, sexo y su pizquita de intriga.
Besitos.
Comentario:
Me he leído las cuatro partes y estoy en espera de la quinta, estoy intrigada con ese papel que ha sacado del bolso y no ha querido leer y se ha dedicado a recordar y hacerme imaginar sus recuerdos.
Besos.
Besos.
Comentario:
Te he hecho una entrada rápida desde el curro. Ya sabes, el mono que tiene uno ...
Joé, ¡qué temperatura! Si lo sé no entro. O mejor sí ... ;-)))
Un besazo relajado, excitante Des.
Joé, ¡qué temperatura! Si lo sé no entro. O mejor sí ... ;-)))
Un besazo relajado, excitante Des.
Comentario:
Me encantas... con lo que cuesta ser serpiente...
Un besazo, cielo.
Un besazo, cielo.
