Pedazos de vida de una vieja puta (II)
No te asustes, Esperanza ¿qué pensabas encontrar en tu reflejo? ¿el cuerpo que tenías con veinte o aun con cuarenta años? No, claro que no, y a fin de cuentas, tampoco es importante. Esta piel, ahora ajada, ha sido depositaria de miles de caricias. No, no son ellas las que la han dejado así: arrugada y fláccida. Es el tiempo que no perdona. Pero en cada recoveco de mi cuerpo marchito hay grabados retazos de vida: deseos, pasiones, desengaños, traiciones, celos, amores y desamores.
Ya están esos malditos vecinos dando gritos. ¡Qué buena compañera es, a veces, la soledad! Estoy vieja, lo sé, y gruñona, pero prefiero mil veces echar de menos que aguantar cada día una compañía no deseada. Y el perro... ¡cómo aulla!... alguna patada le habrán propinado al pobre animal. Mejor me olvido de ellos.
Mi madre me llamó Esperanza y siempre me pregunté el motivo. En aquella época lo lógico era seguir con la tradición familiar y bautizar a los hijos con el nombre de la madre, el padre, o alguno de los abuelos, pero según me contaron, ella se encabezonó en que así había de llamarme. No quiso oír una palabra de que me bautizasen con el nombre de Pilar, como ella. No la imagino llevándoles a todos la contraria, siendo que siempre la sentí obediente y sometida a la voluntad ajena. Ni sé qué esperaba de mí, si es que esperaba algo de alguien. No recuerdo haber tenido con ella ninguna conversación con algún atisbo de intimidad.
Casi ni hablaba. Vivía reconcentrada en sí misma y en la vida que le había tocado vivir. Cuando yo era pequeña, la observaba agazapada en cualquier rincón, esperando que me sorprendiese con alguna sonrisa escapada de aquellos labios fruncidos en un gesto de rabia contenida. Trabajaba de día y de noche, cuando yo me dormía ella seguía trajinando sin descanso y cuando despertaba al día siguiente, la encontraba enfrascada en sus quehaceres, siempre silenciosa. Yo me preguntaba en qué pensaba, y me quedaba mirándola fijamente, hasta que ella me sacaba de mi ensimismamiento: “¡Espabila! Que las cosas no se hacen solas”. Y yo salía corriendo a hacer lo primero que se me ocurría, avergonzada como si hubiese sido pillada haciendo algo que no debía.
Mi padre, Anselmo Morales, hombre hosco y taciturno, de manos grandes y encallecidas, perdía toda su rudeza frente al único amo y señor de todas las tierras del pueblo y colindantes, D. Hermenegildo de las Heras, cuando una o dos veces al mes venía a visitar sus propiedades. Entonces mi padre se lavaba el cuello y las orejas, se afeitaba la recia barba, haciéndose siempre algún que otro corte, en el que pegaba un trocito de papel de fumar para que dejase de sangrar. Luego, con las manos a la espalda, estrujando la boina de “mudar”, se posicionaba a la puerta de casa, nervioso y expectante, esperando la llegada del amo. Era como un ritual que nos anunciaba la llegada inminente del que, además de gobernar las tierras, mandaba sobre nuestras vidas que también le pertenecían, aunque yo entonces no podía imaginarlo.
Mi madre también se aseaba y pasaba horas en la cocina preparando algún buen puchero con el que agasajar a D. Hermenegildo, con una gallina del corral que se había sacrificado para la ocasión, o un conejo que mi padre había cazado en el monte. Ya entonces, yo no entendía que a un hombre que tenía todo lo que deseaba, le ofreciésemos lo que nosotros no podíamos comer sino era en ocasiones especiales. En mi inocencia, pensaba que tenía que ser justamente lo contrario, que él que estaba harto de la buena comida, nos regalase a nosotros, aunque fuesen las sobras. La vida me enseñó, pocos años más tarde, que casi nunca es justa, y si lo es alguna vez, es pura coincidencia.
(Continuará)
Ya están esos malditos vecinos dando gritos. ¡Qué buena compañera es, a veces, la soledad! Estoy vieja, lo sé, y gruñona, pero prefiero mil veces echar de menos que aguantar cada día una compañía no deseada. Y el perro... ¡cómo aulla!... alguna patada le habrán propinado al pobre animal. Mejor me olvido de ellos.
Mi madre me llamó Esperanza y siempre me pregunté el motivo. En aquella época lo lógico era seguir con la tradición familiar y bautizar a los hijos con el nombre de la madre, el padre, o alguno de los abuelos, pero según me contaron, ella se encabezonó en que así había de llamarme. No quiso oír una palabra de que me bautizasen con el nombre de Pilar, como ella. No la imagino llevándoles a todos la contraria, siendo que siempre la sentí obediente y sometida a la voluntad ajena. Ni sé qué esperaba de mí, si es que esperaba algo de alguien. No recuerdo haber tenido con ella ninguna conversación con algún atisbo de intimidad.
Casi ni hablaba. Vivía reconcentrada en sí misma y en la vida que le había tocado vivir. Cuando yo era pequeña, la observaba agazapada en cualquier rincón, esperando que me sorprendiese con alguna sonrisa escapada de aquellos labios fruncidos en un gesto de rabia contenida. Trabajaba de día y de noche, cuando yo me dormía ella seguía trajinando sin descanso y cuando despertaba al día siguiente, la encontraba enfrascada en sus quehaceres, siempre silenciosa. Yo me preguntaba en qué pensaba, y me quedaba mirándola fijamente, hasta que ella me sacaba de mi ensimismamiento: “¡Espabila! Que las cosas no se hacen solas”. Y yo salía corriendo a hacer lo primero que se me ocurría, avergonzada como si hubiese sido pillada haciendo algo que no debía.
Mi padre, Anselmo Morales, hombre hosco y taciturno, de manos grandes y encallecidas, perdía toda su rudeza frente al único amo y señor de todas las tierras del pueblo y colindantes, D. Hermenegildo de las Heras, cuando una o dos veces al mes venía a visitar sus propiedades. Entonces mi padre se lavaba el cuello y las orejas, se afeitaba la recia barba, haciéndose siempre algún que otro corte, en el que pegaba un trocito de papel de fumar para que dejase de sangrar. Luego, con las manos a la espalda, estrujando la boina de “mudar”, se posicionaba a la puerta de casa, nervioso y expectante, esperando la llegada del amo. Era como un ritual que nos anunciaba la llegada inminente del que, además de gobernar las tierras, mandaba sobre nuestras vidas que también le pertenecían, aunque yo entonces no podía imaginarlo.
Mi madre también se aseaba y pasaba horas en la cocina preparando algún buen puchero con el que agasajar a D. Hermenegildo, con una gallina del corral que se había sacrificado para la ocasión, o un conejo que mi padre había cazado en el monte. Ya entonces, yo no entendía que a un hombre que tenía todo lo que deseaba, le ofreciésemos lo que nosotros no podíamos comer sino era en ocasiones especiales. En mi inocencia, pensaba que tenía que ser justamente lo contrario, que él que estaba harto de la buena comida, nos regalase a nosotros, aunque fuesen las sobras. La vida me enseñó, pocos años más tarde, que casi nunca es justa, y si lo es alguna vez, es pura coincidencia.
(Continuará)
Comentario:
Interesante tu texto... pasaba por acá en búsqueda de una imagen para mi blog, y te encontré... Felicitaciones...
Comentario:
Desordenada, vengo a decirte que estoy aqui y que acompañaré las memórias de Esperanza. Me parece que estás a dar vida a un personaje que dejará marca en la historia de los blogs. Pero no me contento con leerla en la web: en mi biblioteca hay un rincón aguardando esa novela, negro en el blanco, con tu nombre en la tapa y una dedicatória escrita con tu letra en la primera página.
Esta página es un lujo. Como tú, amiga, como tú.
Abrazos
Marién, anticipando emociones
Esta página es un lujo. Como tú, amiga, como tú.
Abrazos
Marién, anticipando emociones
Comentario:
¿Novela por entregas? ummmm, me muerdo las uñas esperando las siguientes. Ya sabes que me gusta mucho como escribes.
Un beso
Un beso
Comentario:
Cuánta verdad desde niña tenía Esperanza, las cosas debían ser así: el amo debía darles de lo mucho que él tenía; pero cuánto más tienen, más quieren... sin importar quitarles algo o todo a los demás. Esa mujer tiene mucho que contar! Y comulgo con el comentario de Cayetana, esta historia va excelente que debe ser una novela.
abrazofeliz
abrazofeliz
Comentario:
Ledis: me estás acostumbrando muy mal, el día que no te vea por aqui me faltará algo. Ya no sé como darte las gracias por todos tus comentarios, perdona si no voy a cada post a responderte, pero los recibo en el correo, así que los leo todos.
Scape: Seguramente habrá muchos más.
Lara: Si puedes imaginar, me alegra, porque debe ser que no lo estoy haciendo del todo mal.
Cris: Bienvenida y gracias por tu visita, espero y deseo que te encuentres a gusto. Guardo tu dirección y voy a verte.
Yambra: Otro para tí, a Esperanza se lo hago llegar, tranquilo.
Art: Bienvenido/a, aún no sé quien eres, pero pronto voy a pasearme por tu casa. Gracias.
White: Es un descanso saber que no te aburre, espero seguir así.
Cayetana: Bienvenida también. Son palabras mayores esas que dices. Me da un poco de miedo eso de "novela" pero intentaré escribir la historia lo mejor que sé, de eso puedes estar segura. Muchas gracias por tus palabras. Voy a hacerte una visita.
Juan Carlos: tienes razón, pero todos sufrimos de ellas alguna vez, así es el mundo.
Gracias a todos. Besos.
Scape: Seguramente habrá muchos más.
Lara: Si puedes imaginar, me alegra, porque debe ser que no lo estoy haciendo del todo mal.
Cris: Bienvenida y gracias por tu visita, espero y deseo que te encuentres a gusto. Guardo tu dirección y voy a verte.
Yambra: Otro para tí, a Esperanza se lo hago llegar, tranquilo.
Art: Bienvenido/a, aún no sé quien eres, pero pronto voy a pasearme por tu casa. Gracias.
White: Es un descanso saber que no te aburre, espero seguir así.
Cayetana: Bienvenida también. Son palabras mayores esas que dices. Me da un poco de miedo eso de "novela" pero intentaré escribir la historia lo mejor que sé, de eso puedes estar segura. Muchas gracias por tus palabras. Voy a hacerte una visita.
Juan Carlos: tienes razón, pero todos sufrimos de ellas alguna vez, así es el mundo.
Gracias a todos. Besos.
Comentario:
La injusticia tiene muchas formas y la peor es aquella que hace que nos acostumbremos a soportala,como si fuera natural e irreversible.
Comentario:
Buena, muy buena. Esto no se puede leer por capitulos. Esto es una novela muy, muy buena, de las que se cogen por la noche y nos sorprende el alba con ella en la mano. Yo la quiero así. No te digo que no lo siga pq no se si seré capaz de aguantar, pero kiero leerlo de un tiron. Es lo suyo.
Un beso
Un beso
Comentario:
Buena, muy buena. Esto no se puede leer por capitulos. Esto es una novela muy, muy buena, de las que se cogen por la noche y nos sorprende el alba con ella en la mano. Yo la quiero así. No te digo que no lo siga pq no se si seré capaz de aguantar, pero kiero leerlo de un tiron. Es lo suyo.
Un beso
Un beso
Comentario:
Siempre me sabe a poco, esta vez me has recordado a "La barraca" de Blasco Ibañez, la he releido hace poco y la imagen del amo...
Tu relato engancha, quieres que no termine, tener más letras para devorar.
Saluditos
Tu relato engancha, quieres que no termine, tener más letras para devorar.
Saluditos
Comentario:
ánimo
la injusticia es el manto reversible de la armonía
Yo ya no me lo creo.
Un atento y justo saludo
la injusticia es el manto reversible de la armonía
Yo ya no me lo creo.
Un atento y justo saludo
Comentario:
Hummm, "lo mismo te echo de menos, lo mismo, que antes te echaba de más..."
Un saludo especial a Esperanza Morales, y para ti un beso muy fuerte.
Un saludo especial a Esperanza Morales, y para ti un beso muy fuerte.
Comentario:
Un parentesis....pasa por el blogs tu boca 1.2.3. lindos ledis
Comentario:
Que buena historia...Y muy bien narrada.
La seguiré de cerca.
La seguiré de cerca.
Comentario:
Con tu relato es fácil imaginar las imagenes de lo que cuentas.
La injusticia, eternamente presente, en todas las épocas, en todos los lugares...
Sigo aqui, esperando el tercer capítulo.
Besos ;)
La injusticia, eternamente presente, en todas las épocas, en todos los lugares...
Sigo aqui, esperando el tercer capítulo.
Besos ;)
Comentario:
El primer encuentro con la injusticia, parece.
Comentario:
sabes...........esperanza se cuestiona desde que era una niña.....noble ventaja de una futura escritora.......y desde su ambiente natural fue perfeccionando sus criterios hasta llegar a ser autocritica...........y eso se vale...... para mas..... utiliza el espejo para sus preciosos monologos..........inteligente habilidad..........por eso me atrevo a decir que ese espejo tiene mucho que contar.................adelante estare siguiendote con gran intriga un beso lenanis@hotmail.com ledis
