Pedazos de vida de una vieja puta (V)

Iba a dar comienzo la función, y bajo la carpa de aquel pequeño circo, llena a rebosar, rostros expectantes esperábamos con sonrisas nerviosas, a que apareciesen aquellos artistas que, durante unas horas, nos harían olvidar nuestras carencias y penurias cotidianas. Yo, con mi raquítico vestido, estaba sentada entre mis padres, mirando a todos lados para no perderme detalle de todo lo que allí iba a suceder. Las filas de sillas delanteras estaban ocupadas por las autoridades y personalidades más relevantes del pueblo, los vip que se dice ahora: el señor alcalde, el médico (aunque sólo venía al pueblo dos o tres días por semana), el farmacéutico (que vendía de todo en su botica), D. Hermenegildo de las Heras, el párroco y por último, la señorita Irene. Cada uno de ellos tenía a su lado a su pareja respectiva, el que la tenía, claro.
Se escuchó un redoble de tambores y todos nos removimos inquietos y guardamos un respetuoso silencio. Uno tras otro, fueron saliendo a la pista, entre aplausos enfervorizados, los modestos artistas que hicieron la delicia de los espectadores. Los ojos como platos, los cuerpos en tensión, las bocas abiertas siempre dispuestas para un “¡Oh! admirativo, o un pequeño grito sobresaltado ante el temor de una simulada caída de la trapecista, los hombres sin quitarles los ojos de encima a aquellas señoritas descocadas en el vestir que lucían unas hermosas piernas, formadas por las largas horas de ensayos. Y como apoteósico final la actuación estelar de Rafael “el lanzador de cuchillos”.
Salió a la pista ataviado con un pantalón como los que habíamos visto en las películas que llevaban los piratas, abombachados y embutidos en unas lustrosas botas negras, una camisa blanca que dejaba al descubierto un pecho fuerte y moreno, un ancho cinturón que ceñía su cintura, y un pañuelo en la cabeza que resaltaba la belleza de su rostro. Le acompañaba una joven, que resultó ser su hermana, y que haría de centro de la diana donde Rafael debería clavar sus puñales. Empezó con algunos números que la gente aplaudió con fervor y cuando ya todo estaba dispuesto para su última demostración, seguramente para darle mayor expectación, anunció que necesitaba a alguien del público para ayudarle. Diciendo esto, se dirigió directamente hacía la primera fila y alargó su mano hacía Irene, cuyo rostro enrojeció de tal modo que parecía a punto de estallar. Ella cogió la mano que Rafael le ofrecía pero se mostraba remisa a abandonar su silla, hasta que la muchedumbre estalló en aplausos y no tuvo más remedio que levantarse. Yo, desde mi sitio, observaba su expresión, que variaba entre el pánico y el gozo, y la envidiaba. Deseaba poder estar en su lugar, pero con aquel ridículo vestido, me hubiese muerto de vergüenza si a Rafael se le hubiese ocurrido elegirme a mí.
Él, la colocó suavemente en el lugar donde debía permanecer totalmente inmóvil, y se alejó unos metros. Por dos o tres veces, volvió hacia ella, haciendo que se moviese un poco. Y cada vez que rozaba sus brazos para posicionarla, Irene cerraba los ojos y a mí me parecía ver que se estremecía. Por fin pareció que Rafael se sintió satisfecho, y ensayó varias veces con el cuchillo sin lanzarlo, hasta que el brillo del metal atravesó la pista y fue a clavarse al lado derecho del cuerpo de Irene, junto a su brazo. Así, uno tras otro, fue lanzando sus armas hasta siluetear por completo la figura de la maestra. Ella, cada vez que uno de ellos salía disparado de la mano de Rafael, contenía la respiración para luego soltar el aire con un pequeño gemido. Parecía que en lugar de aquel trozo de metal era el hombre el que se clavaba en ella que lo recibía temerosa y ansiosa a un tiempo. Cuando terminó su número y la gente aplaudía a rabiar, él volvió a ofrecerle su mano y durante unos minutos interminables permanecieron unidos, comunicándose en un lenguaje que sólo ellos entendían: el del deseo y la pasión desbordados.
Terminada la función, volvimos cada uno a nuestras casas para dar cuenta de una cena también algo especial, por tratarse del día de fiesta mayor, y salimos de nuevo hasta la plaza del pueblo donde, de un momento a otro, empezaría el baile. Cuando llegamos allí ya había comenzado la música y algunos bailarines daban sus primeros pasos al son de un pasodoble. Yo fui en busca de la gente de mi edad, que hacía sus pinitos imitando a los mayores. En aquellos tiempos había algo que siempre me llamaba la atención, y era que las mujeres solas bailaban entre sí, sin embargo, los hombres nunca lo hacían, si no tenían pareja se limitaban a observar a los otros que giraban enlazados al ritmo de la música. Irene permanecía sentada en una de las sillas dispuestas en corro, frente a la pequeña orquesta que amenizaba el baile. Al cabo de un rato, apareció Rafael, que sin dudarlo se dirigió hacia ella invitándola a bailar. Ella aceptó, enrojeciendo otra vez hasta la raíz del pelo y sabiendo que sería el cotilleo de todos los vecinos al día siguiente. Pero creo que ya en ese momento no le importaba nada que no fuera danzar entre los brazos de aquel hombre.
(Continuará)
Comentario:
Lara: Primer beso y mucho más.
Ledis: gracias, guapa, a mí me encanta que vengas.
Dock: Gracias guapísimo, sé que allí tengo mi rincón esperándome siempre.
Solistra: Me alegro que te guste.
Yambra: Perdón, se me había pasado tu comentario. Sí, hay recuerdos que duran toda una vida.
Besos.
Ledis: gracias, guapa, a mí me encanta que vengas.
Dock: Gracias guapísimo, sé que allí tengo mi rincón esperándome siempre.
Solistra: Me alegro que te guste.
Yambra: Perdón, se me había pasado tu comentario. Sí, hay recuerdos que duran toda una vida.
Besos.
Comentario:
Me ha gustado, me ha gustado como todo lo que escribes.
Coincido totalmente con Yambra.
besos
Coincido totalmente con Yambra.
besos
Comentario:
Cuando entro a tu blog y veo que has posteado de nuevo, Des, sé que el mundo no se ha parado, que sigo vivo y que nos veremos de nuevo en el Sunset.
Un besazo, corazón, y gracias por tus palabras.
Un besazo, corazón, y gracias por tus palabras.
Comentario:
me encanto.....seguire leyendote....lenanis@hotmail.comledis
Comentario:
Un primer baile después de un primer contacto... y habrá primer beso, claro...
Que no tarde tanto la VI entrega pliiiiis
Besitos Des ;)
Que no tarde tanto la VI entrega pliiiiis
Besitos Des ;)
Comentario:
Scape: tu sonrisa alienta la mía.
Roberto: Muchas gracias, tu ansía será pronto calmada y espero no te defraude.
Tt: gracias a tí tambien por tu visita, esas palabras viniendo de alguien como tú, son todo un halago.
BEsos.
Roberto: Muchas gracias, tu ansía será pronto calmada y espero no te defraude.
Tt: gracias a tí tambien por tu visita, esas palabras viniendo de alguien como tú, son todo un halago.
BEsos.
Comentario:
Hummm, Irene, toda una vida esperando esa noche y toda una vida después recordándola... El tiempo se justifica sólo si hacemos que sea justificable.
Un beso fuerte.
Un beso fuerte.
Comentario:
Me gusta mucho tu forma impecable de escribir. Es un placer leerte.
Comentario:
Es precioso esto que has escrito y estoy ansioso de saber el resultado de esa noche para los protagonistas.
Comentario:
:)
