Pedazos de vida de una vieja puta (VII)

Ha oscurecido y mis viejos huesos se duelen con el relente. Me he sonreído recordando el dramático juramento inspirado en aquella mujer, su silueta recortándose impasible contra el cielo. ¿Quién le iba a decir a esa Esperanza niña, todas las historias que iba a vivir? ¡Cómo pasa el tiempo! Parece que fue hace unos días cuando rezaba todas las noches para hacerme mayor a toda prisa, tenía que cumplir años pronto para poder salir de aquel pueblo. Me ahogaba allí, necesitaba respirar, vivir. Y luego, el tiempo pasó en un suspiro. Se hace corta la vida cuando una quiere comérsela y disfrutarla.
Irene ¡pobre Irene! O quizá no tan pobre, al fin y al cabo, consiguió vivir de un amor que sólo duró una noche, eso la mantuvo en la esperanza, haciéndola revivir una y otra vez aquel encuentro, amando al gitano Rafael hasta la muerte. Aquel hombre de carnes morenas se marchó igual que había llegado, y ella se quedó en su pueblo, con sus clases, con su rutina de siempre. De vez en cuando yo la veía pasar camino del caserón abandonado. Iba feliz, con la sonrisa colgada de la comisura de sus labios. Quizá se encontraba allí con el fantasma de Rafael. Creo que fue más feliz de lo que todos pensábamos. No llegó a conocer la rutina, el aburrimiento, los reproches, el desamor, que seguro habrían llegado a marchitar esa gran pasión.
He conocido a mujeres que siempre han sido “la otra”. Algunas habían sido putas anteriormente y tuvieron suerte de que un hombre se enamorase de ellas y no quisiera compartirlas. Otras se vieron envueltas en esa circunstancia. Todas se quejaban alguna vez de la situación en la que vivían por ser amantes, por no tener una vida normal con su pareja. No podían salir con sus hombres, ir al cine, a cenar. No presumían del estatus de tener un hombre sólo para ellas. ¡Qué tontas! yo siempre les decía lo mismo. No se daban cuenta de que ellas se llevaban la mejor parte, no padecían las incomodidades de la convivencia y cuando sus amantes iban a visitarlas, encontraban a unas mujeres bellas, relajadas, dispuestas para gozar. Y ellos acudían felices a la cita, sabedores de que iban a pasar los mejores momentos del día. Las otras, las esposas oficiales, eran las que lo tenían difícil. Bregar con los niños, trabajar en casa y algunas, fuera de ella, preparar comidas, llevar la economía, aguantar doce horas de trabajo diario. ¿Cómo iban a estar divinas y dispuestas para complacer a sus esposos?. Pero está visto que nadie está contento con lo que tiene.
Bueno, voy a lo que iba, que esta cabeza mía se va a veces por donde le parece, y no sé yo a cuento de qué venían todos estos pensamientos ¿de qué estaba yo hablando?... sí, claro de aquella noche de fiesta.
Volví corriendo a la plaza del pueblo con las imágenes recientes que acababa de presenciar bailando aún en mi memoria, cuando ya de lejos divisé a mi madre y supe que estaba buscándome. Al verme, vino hacía mí con expresión feroz. Yo me quedé parada dispuesta a esquivar como pudiese las bofetadas que esperaba recibir, porque aquellos eran otros tiempos y por menos de un “quítame allá esas pajas” te arreaban un sopapo, no como ahora que dicho sea de paso, mandan más los hijos que los padres. Bueno, bueno, dejemos eso, que ahora no viene a cuento. Me equivocaba, y esta vez mi madre no me zurró.
-¿Se puede saber dónde te has metido? Hace medía hora que te andamos buscando.
-No se enfade madre, fui un poco a pasear y ya de paso a ver si encontraba un sitio donde orinar. El bar está lleno de hombres y no iba a bajarme las bragas en mitad de la plaza.
-No seas descarada, que te arreo. Pues sí que te fuiste lejos, porque vienes toda acalorada.
-Me senté un poco y me pasó el tiempo sin darme cuenta. Ahora vine corriendo.
-Vamos, vamos a ver si viene tu padre, que ya es hora de ir a casa.
En ese momento, mi padre salía del bar con cara de pocos amigos. Ya no tenía esa expresión feliz que aun retenía en mis ojos cuando me fui de la plaza y ellos estaban bailando enlazados. Tenía la sensación de que algo había ocurrido en mi ausencia, pero ¿qué?.
Hicimos el camino de vuelta a casa en completo silencio, con paso rápido y perdidos cada uno en sus pensamientos. Cuando llegamos yo fui directa a mi habitación, estaba muy cansada por toda la excitación que había vivido esa noche. Caí rendida en la cama, pero cuando estaba a punto de coger el sueño, unas voces crispadas y amenazantes me sacaron de ese estado de modorra que te entra cuando empiezas a quedarte dormida. Eran mis padres, y estaban discutiendo...
(Continuará...)
Comentario:
Pasé a visitarte, linda amiga Desordenada, y a saber noticias de Esperanza. Sigo con atención esos retazos que espero ver publicados en formato de Novela y anidados en mi estante junto con otros autores, grandes como tú.
Cariños
Marién
Cariños
Marién
Comentario:
... qué pasaba... por qué la discusión... qué paso luego que Esperanza se fué de la plaza...
abrazollenodedudas
abrazollenodedudas
Comentario:
Joder... El padre le zurraba a la madre...?
Bueno, aqui sigo, despues de muchos días fuera de onda, y a ponerme al día.
Por cierto... qué bien escribes, "joía".
Besitos ;)
Bueno, aqui sigo, despues de muchos días fuera de onda, y a ponerme al día.
Por cierto... qué bien escribes, "joía".
Besitos ;)
Comentario:
El arte es suyo, señor Iván. Me inclino en reverencia y de paso, al descuido, te mando un beso.
Des.
Des.
Comentario:
QUE ARTE TIENES DES!!!
Carai!!
Un beso.
IVAN
Carai!!
Un beso.
IVAN
Comentario:
Gracias, Art, pero no me hagas mucho caso, es que a veces des-varío y tengo la mala costumbre de, encima, escribirlo.
White: eso es lo que tienen las novelas "a trocitos" que tienes que esperar al siguiente. Gracias, guapísima.
Besos.
White: eso es lo que tienen las novelas "a trocitos" que tienes que esperar al siguiente. Gracias, guapísima.
Besos.
Comentario:
Bueno, un día más me dejas con la miel en los labios, quiero más. Saluditos
Comentario:
"Perdiendo la cabeza o un orgasmo divino" es un post muy difícil de narrar.
Entiendo la dificultad de plasmar una traza coherente y simultáneamente visceralmente irracional.
Deseaba valorártelo.
Un cordial saludo
Entiendo la dificultad de plasmar una traza coherente y simultáneamente visceralmente irracional.
Deseaba valorártelo.
Un cordial saludo
