Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Con los ojos cerrados
Me gusta cerrar los ojos y concentrarme en mis pensamientos, así,como ahora. Es mucho más fácil evocar imágenes, recuerdos, o simplemente, inventarlos. Puedo imaginar que me estás mirando y ensayo la mejor pose ¿sonriente? ¿seria? ¿triste? ¿enigmática?... da igual, tú no me ves, pero yo a tí, sí. Es el poder de mi mente. Lo siento, pero no voy a contarte el secreto. Imítame, haz como yo, cierra los ojos y concéntrate en lo que quieres ver. Puedo... puedo, sentir el aliento de tu respiración muy cerca de mi rostro, y en mi oído. ¿Vas a hablarme? No, no puedo oirte, se me hace dificil concentrarme en tu voz. Pero sí en tu tacto, los dedos, como pequeños insectos que van posándose por mi piel. Si abro los ojos... desapareces.
Me gusta este poder, te hago aparecer y desaparecer cuando me viene en gana. Te pienso y vienes. Te despienso y te largas. ¿Existe la palabra despienso?... tendré que buscarla en el diccionario. Exista o no, también me gusta.
Cuando beso, no, cuando me besan, también cierro los ojos. Intento mantenerlos abiertos, pero no puedo. Y cuando hago el amor, entonces sí que es imposible mantener los ojos abiertos. Por eso, no me gusta correrme al mismo tiempo que mi pareja, porque me encanta observar la expresión de su rostro. ¿Pondré yo la misma cara? ... así, como en éxtasis. ¿Te imaginas morirse justo en ese momento? Todo el mundo se daría cuenta cuando fuesen a velar al muerto. Este se murió follando, dirían. Jajajajajaja!!! menuda guasa.
Pero, no estaba hablando de eso, sino de ver con los ojos cerrados, de mirar hacia dentro, hacia mi mente, que es como una película sin final, llena de imágenes. Así, puedo ver hasta lo que siento y sentir lo que veo, pero sólo lo que yo quiero ver. Puedo elegir. Y ahora, en este mismo momento, eligo verte. Y tu imágen viene rápida a mis ojos cerrados. Y la retengo ahí. Iré así, ciega, guiándome por el tacto, hasta la cama, para que no se escape y seguiré pensándote hasta que el sueño me venza. Y mañana... mañana, ya veremos. Igual, te despienso y dejas de existir. Porque sí, porque a mí me da la gana.
 
No