Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Un cuento... a Pablo


Un cuento... a Pablo

Una ráfaga de aire la despertó de su letargo y la llevó en volandas, zarandeándola sin miramiento alguno. Se posaba un instante en las rocas y volaba de nuevo. Era bonito y apasionante dejarse llevar por el viento. Sólo temía ir a caer en el agua, aquella inmensidad azul y salada que se la tragaría para siempre.
Un fuerte soplo marino la elevó muy alto, tanto que sintió un tremendo vértigo, hasta que con la misma fuerza la dejó caer en un pequeño promontorio. Permaneció inmóvil y expectante esperando que otro arrebato de ese inconstante Eolo la elevara otra vez hacia las nubes. Pero, incomprensiblemente, el viento se había calmado y sólo se oía, allí arriba, el chillido agudo de las gaviotas.
Entonces se dio cuenta que estaba custodiada a ambos lados por un par de grandes pies, descalzos y manchados de arena, que permanecían inmóviles. El dueño de aquel par de pies era un hombre grande, imponente, que sentado en una roca, mantenía su rostro medio escondido entre las manos. Daba un poco de miedo mirarle, no tanto por su aspecto físico como por los negros pensamientos que ella veía cruzar por su mente. Ese hombre sufría y se debatía entre el dolor, la impotencia, la rabia y el miedo.
El hombre apartó las manos que ocultaban su cara y se fijó en la hoja de papel blanco que el viento había traído hasta sus pies. La cogió y se quedó mirándola, preguntándose cómo podía estar tan limpia, inmaculada. Pensó en hacer con ella un pequeño barco y dejar que las olas lo envolviesen. La hoja tembló entre sus dedos. Y se dijo que no, era un papel precioso, de textura suave y perfecta. No, la doblaría y se la llevaría a casa. Pero siguió acariciándola con sus grandes manos. Y mirándola. No podía apartar sus ojos de aquella blancura.
La hoja de papel sintió los ojos del hombre clavados en ella. Y deseó que no dejase de mirarla. En sus pupilas se reflejaban todos los sentimientos que llevaba guardados dentro de sí y que él luchaba por reprimir para que nadie pudiera verlos.
El hombre rebuscó en los bolsillos del pantalón. Estaban vacíos. Miró a su alrededor y descubrió una pluma de gaviota que las olas habían traído hasta él. Aun estaba húmeda. Y sin saber muy bien lo que hacía, empezó a escribir.
Para su sorpresa, la pequeña pluma empezó a soltar un líquido azul, del color del mar y las letras se iban dibujando, enlazándose unas a otras, en un baile perfecto y armonioso. La hoja de papel estaba feliz, le gustaban las caricias de aquella pluma y las palabras que el hombre iba escribiendo sobre ella. Eran como suaves cosquillas. Ya no era virgen, alguien se estaba vaciando en su blancura perfecta y la llenaba de sentimientos. Y no podía haber encontrado mejor dueño.
El hombre escribía y escribía, volcándose por completo en aquella hoja que parecía no tener fin. El papel y él crecían a un tiempo. De repente, se había olvidado de todos sus negros pensamientos, y montones de historias se agolpaban en la punta de sus dedos queriendo salir, empujándose unas a otras, queriendo ocupar un lugar preferente en su mente. Sintió que creaba vida, que aquellos seres llenos de defectos, virtudes y sentimientos de muy diversa índole que él inventaba eran obra suya, que podía hacer sentir a otros lo que él sentía, que podía volar lejos, multiplicarse en distintas personalidades. Se sintió Dios.
Mientras, sin darse cuenta, una lágrima escapó de su ojo derecho y fue a caer en la hoja de papel.
Y ella supo que esa gota salada era el corazón que la haría vivir para siempre.
 
Comentario:
Nunca unas maldiciones me hicieron sentir tan bien. Gracias, Iconoclasta. No estoy para nada de acuerdo contigo, ese Pablo se merece mucho más que un pequeño cuento. Se lo debo por todos los momentos que he pasado maldiciéndole por apretarme el corazón. Hubiera querido traerle una hada madrina con una varita mágica, o la lámpara de Aladino, para que todos sus deseos le fuesen concedidos. Pero no los encontré en todo lo largo y ancho de este mundo, ni en el mercado negro. Nada.
Así que le dí lo que tengo, algunas palabras enlazadas que intentan contar una historia.
Un beso, Iconoclasta.
Vaaaaale, buen sexo para tí también (no voy a ser egoista).
 
Comentario:
¡Maldita Desordenada escritora! ¿Cómo se te ocurre dedicarlo a un Pablo?
¡Qué casualidad! Qué fatídica casualidad que el hombre del cuento se sienta así de atormentado y que se sienta en agonía ante una hoja en blanco, preciosa e hipnótica.
A veces rabiando y otras llorando.
Narrado con una ternura que revuelve las tripas, aquí dentro justo en la base del estómago.
Un puño cerrado...
¿Y por qué me siento así de estúpidamente sensible, orgulloso...?
Maldito Pablo que no se merece líneas de tal belleza.
Un beso Desordenada, maldita escritora.
Buen sexo.
 
Comentario:
Wolffo: (Saleroso)
Julio: Paso a leerla, me gustan los cuentos de los abuelos y tú lo cuentas de maravilla.
Dock: Está dedicado a Pablo, pero puede ser para cualquiera de los escritores que leo, tú entre ellos.
Zifnab: supongo que cada uno de los que escribimos te podría dar mil y una razones y formas. Todas son buenas, lo importante es que tanto al que escribe como al que lee les aporte algo.
Besos.
 
Comentario:
Las letras que se pintan sin más razón que la que da el mar???. Yo pensaba que escribir era una forma de seducir a las musas, pero que la naturalezca interceda tambien en la labor es muy probable.
 
Comentario:
Lo has descubierto. Por eso tengo yo un blog. Y por eso escribo: os escribo, me escribo, vivo.
Un besazo, magnífica Des.
 
Comentario:
Anda que tú también, ¡vaya cómo escribes!.
Ya he colocado la 2ªparte del HOMENAJE A MI ABUELA:
derribando las puertas del cielo.
Besos derribadores
 
Comentario:


(soberbio)
 
Comentario:
Pau: muchas gracias, es solo un pequeño cuento para alguien especial.
Ledis: Eres muy generosa conmigo. De momento intento disfrutarlas, la pena es que se acaban enseguida.
White: Creo que en este cuento se pueden ver reflejados muchos escritores. Es un acto hermoso y mágico el escribir. Y tú lo haces de maravilla.
Angel: muchas gracias por la invitación. Tomo nota de la dirección y paso a visitarte. Gracias por venir.
Besos.
 
Comentario:
Hola, me gustaría que conocieras una selección que voy construyendo de poesía contemporánea y clásica, relacionada con el mundo onírico, con la noche y las imágenes el deseo.

Por eso te invito a conocerla en mi página que es ya una revista literaria, creo. Cada mes, y lo verás en los archivos, publico 11 poemas de distintos autores. Espero que te agrade.

Saludos,
Angel
 
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Precioso cuento...
 
Comentario:
Qué bonito, es cierto, el acto de escribir daca la deidad que anida en aquel que crea a través de una pluma y un papel vidas ajenas que son la suya mientras las escribe. Me ha gustado mucho y Pablo se sentirá feliz por tu regalo. Saluditos
 
Comentario:
DEFINITIVAMENTE LA MAGIA ESTA EN TODAS PARTES..................y tu la tienes en tus escritos .......felices vacaciones SUPERDES.....lenanis@hotmail.com ledis
 
Comentario:
Una historia preciosa y buena.
No