Regalo de cumpleaños (Final)
Queridos amigos, siento haber dejado el relato a medias, pensaba colgar la continuación al día siguiente, pero me marché fuera unos días, uno de esos planes inesperados que acaban resultando casi perfectos. Y para mí, que me hacía falta.
Es bueno, muy bueno a veces, volar a otro planeta, y ver las cosas de la tierra "a vista de pájaro" como decía el desaparecido Félix Rodríguez de la Fuente. Alejarse de las circunstancias y los lugares comunes. Limpiar la mente y el alma de esos sentimientos tenaces que no te dejan respirar, que te cierran los poros de la piel y te ahogan. No, no es que a la vuelta lo hayas olvidado todo (que tampoco estaría mal), es sólo que lo ves algo distinto, de otro color, o simplemente que lo asumes. Y no duele tanto.
Bueno, os dejo el final de la historia que no es nada de otro mundo, es solo un relato en tono erótico sin otra misión que entretener. Lo escribó hace tiempo y en estos días no tenía muchas ganas de escribir ni nada qué decir.
Ahora me voy a dormir, creo que será uno de los días que antes me acueste. Estoy cansada y sólo me apetece abandonarme en brazos de Morfeo.
Gracias, una vez más, por estar aqui.
Besos.

Es una casa preciosa, con una verja de hierro que se abre como por arte de magia. Supongo que alguien nos ha visto llegar. Un pequeño camino nos lleva hasta una gran puerta de madera.
-Ahora tendrás la sorpresa – me dice sonriente- pero antes tienes que prometerme que harás lo que yo te diga. Confías en mi ¿no?
-Sí, claro que confío en ti.
En ese momento, saca de su bolsillo un pañuelo de seda, se coloca detrás de mí y procede a taparme los ojos. El corazón me da un vuelco. Oigo como se abre la puerta. Él, a mi espalda, me coge por la cintura y me guía para que no tropiece. Siento la presencia de alguien, justo delante de mí.
-Te presento a mi hermano pequeño- me susurra al oído. No le conoces, acaba de llegar del extranjero.
Unas manos toman las mías y me atraen, mientras siento el roce de unos labios en mis mejillas.
-Hola, tenía muchas ganas de conocerte- tiene una voz sensual y dulce con un ligero acento argentino.
-Hola- sin querer, mi voz tiembla ligeramente.
Así, cogida de la mano del hermano y con él llevándome de la cintura voy penetrando en la casa. La percibo acogedora, una música suave con raíces andaluzas llega a mis oídos, que parece se han vuelto más receptivos. De pronto, mis pies pisan algo mullido. Creo que hemos llegado a una habitación con moqueta o alfombras en el suelo. Un suave aroma a incienso impregna la sala. Noto la presencia de los dos hombres a mi lado.
-Bien, ¿a quien prefieres desnudar primero?- es él quien me habla.
-A ti.
No se qué me pasa, pero me tiemblan las manos. Comienzo acariciando su cabello, corto y espeso, las orejas, el cuello. Conozco muy bien su rostro, pero ahora me parece distinto. Son mis manos las que me trasmiten imágenes y es una sensación extraña. Las cejas, espesas y bien formadas, los párpados, la nariz recta, los labios carnosos que acaricio suavemente. Desabrocho su camisa y me encuentro con unos hombros fuertes, brazos largos y unas manos grandes y poderosas. Él es alto y fuerte. Husmeo su cuello, percibiendo el conocido aroma, una mezcla de madera y plantas silvestres. Su pecho. Me excita su pecho, cuando me abraza, siento que estoy justo en el sitio donde quiero estar. Juego un instante con los pezones, sucumbo a la tentación de pasar por ellos la lengua, sintiendo como se endurecen.
Desabrocho los pantalones que resbalan hasta el suelo. Él, tampoco lleva ropa interior. Paso las manos por detrás y acaricio sus nalgas. Está totalmente depilado, como yo. Me gusta su culo, está bien formado, la carne prieta. Acaricio las ingles, suavemente. Su sexo, excitado, reclama caricias. Es más bien corto y grueso. Lo rozo, apenas. Oigo su respiración muy cerca de mí. Coge mi rostro y me besa dulcemente en la boca. A continuación, me da la vuelta.
Es el turno del hermano. Alargo las manos, tanteando. Estoy más nerviosa, nunca le he visto así que las sensaciones son totalmente distintas. Su cabello es más largo y sedoso, un poco rizado, lo lleva recogido en una coleta. La suelto. Es solo un poco más alto que yo, contando que llevo unos buenos tacones. La nariz es pequeña y los labios algo más finos que los de él. Necesito besarlos, probar su dulzor. Me acerco a ciegas, y los siento sobre los míos. Besos suaves, pequeños, que me provocan. Paso la mano por detrás de su cabeza y aprieto mi boca contra la suya, abriéndola, buscando la lengua. Entonces, en la habitación solo existe esa boca, húmeda, dulce, excitante que no quiero abandonar. Pero, lo hago, quiero seguir explorando ese cuerpo con mis manos. Lleva una camiseta de algodón, tiro de ella hacia arriba. Descubro un cuerpo pequeño, hecho de músculos y nervios. Acerco mi nariz, y aspiro su olor marino, a sol y algas. Hombros muy marcados. Desciendo por los brazos y acaricio sus manos, suaves, con dedos largos y delgados. Deseo que me acaricien. Tengo prisa por desnudarlo, bajo la cremallera de la bragueta y tiro de los pantalones. Toco unos pequeños boxers ajustados de algodón, se los quito. Cuando lo hago, acaricio su trasero, apretado, con un suave vello, me encanta. No puedo esperar más, y voy directamente a su pene. Está completamente erecto y tiene un tamaño considerable. La piel tersa, tirante.
-Basta, basta – su voz me ha sorprendido- ahora vamos a desnudarte a ti.
-Sólo llevo el vestido.
Inmediatamente, comienzan a acariciarme. No, no son caricias, son pequeños roces, leves toques. Tanto, que no logro diferenciar sus manos, tan distintas. Deslizan los tirantes por los hombros, y siento como el vestido va resbalando por mi cuerpo. Estoy completamente desnuda y me siento vulnerable y poderosa a un tiempo. Es una sensación muy extraña. No veo sus caras, ni la imagen que proyecto ante ellos. Quizá parezco una joven desvalida o una diosa erótica. Intento imaginar sus rostros ¿qué hacen? ¿me están mirando?
-Eres muy hermosa- es el hermano quien me habla, muy cerca, casi es un susurro.
No digo nada, pero respiro aliviada. Por un momento, estuve tentada de quitarme la venda de los ojos. Él, adivinando mis pensamientos, me abraza y me siento segura y tranquila apoyada en su pecho. Muy despacio, me deposita en el suelo. Siento algo así como una suave alfombra bajo mi cuerpo, muy blanda. Me coloca boca abajo, y apoya mi cabeza en una especie de cojín mullido. Después, siento como un líquido tibio, oloroso, se derrama sobre mi cuerpo.
Es un aceite para masajes, inmediatamente cuatro manos empiezan a acariciarme toda la parte trasera del cuerpo, hombros, brazos, espalda, culo, nalgas, piernas. Sus manos resbalan sobre mi piel y yo quiero que esa sensación dure y dure. Uno de ellos, me parece que es el hermano, está masajeándome el culo y yo me estoy excitando. Mete la mano, suavemente, rozándome el ano. Alzo las caderas, separando un poco las nalgas. Esos dedos me están volviendo loca. Siento como me penetran, suaves y resbaladizos por el aceite. Saca los dedos y me quedo con unos deseos inmensos de tenerlos dentro de mí, otra vez. Me dan la vuelta y siguen los masajes, esta vez por los pechos, el vientre, los muslos. La suavidad con la que me acarician, rozándome apenas me deja siempre con ganas. No paro de gemir, de retorcerme de placer, mientras ellos permanecen en silencio.
Tengo la piel suave y olorosa y ellos han empezado a besarme y lamerme por todas partes. Mientras uno chupa y muerde mis pechos, el otro lo hace con mi sexo. No puedo aguantar más el orgasmo, así que me corro entre gritos de placer. Ellos se afanan aún más cuando lo notan, el éxtasis se hace interminable.
Sigo con los ojos vendados, y la sensación es difícil de describir. Él me besa dulcemente en la boca, y me levanta un poco para acomodarse debajo de mí. Me siento a horcajadas. Cojo su pene con la mano y lo hundo dentro de mí. Hacía tiempo que no estaba con él y lo echaba de menos. Siento a su hermano acariciándome por detrás. Me acomodo y me abro para que él me penetre. Lo hace lentamente. Creo que me voy a desmayar. Están dentro de mí, tan profundamente, que sus penes deben tocarse, separados tan solo por una fina pared. Por detrás, va imprimiendo ritmo a mis caderas hasta que nos movemos los tres acompasados. Quiero quitarme el pañuelo que me impide mirarlos, verme penetrada por los dos. Pero me resisto a mis deseos. El ritmo cada vez es más rápido, el hermano empuja cada vez más fuerte, ya no puede meterse más dentro de mí. Voy a correrme y lo grito. Cuando siento el semen llenándome la vagina y el ano, caigo desfallecida sobre su pecho.
Me he quitado el pañuelo de seda de los ojos, están los dos, uno al lado del otro acostados, con los ojos cerrados. Los miro despacio. Me coloco entre sus piernas, de modo que tengo uno a cada lado. Jugueteo con sus sexos fláccidos, una mano para cada uno. Poco a poco, van despertando con mis caricias. Me agacho sobre él y empiezo a lamerlo, sin dejar de acariciar al otro. Vuelven a estar excitados. Y yo voy pasando mi boca de uno a otro. Puedo distinguirlos con los ojos cerrados, hasta su sabor es distinto. Me acuesto, boca arriba, y cojo a su hermano de la mano, invitándolo a penetrarme. Él se levanta y se coloca a mi lado, de rodillas. Su pene queda a la altura de mi boca. Tengo a su hermano encima, con su sexo dentro de mí. Él me mira y me gusta. Me gusta que mire como me posee otro hombre. A él también le gusta, está cada vez más excitado. Se siente mi dueño y me ofrece a su hermano que me trata como si efectivamente, yo fuese un regalo que sabe que no le pertenece. Con los pies lo aprieto contra mí, para sentirlo más adentro, mientras rodeo su pene con la boca y hago presión con la mano en su culo. Han empezado los dos a moverse. Me pellizcan los pechos y él ha metido la mano entre su hermano y yo, masajeándome el clítoris. No puedo gritar, tengo su sexo en la boca y él sabe que no puedo contenerme cuando llega el orgasmo. Así que da una última embestida y siento su semen caliente, mientras un gruñido animal se escapa de su garganta. Se retira, mientras su hermano y yo llegamos al clímax. Luego, busca impaciente mi boca que guarda su sabor.
-Y ahora ¿nos vamos a cenar?
Es el mejor cumpleaños de mi vida.
Es bueno, muy bueno a veces, volar a otro planeta, y ver las cosas de la tierra "a vista de pájaro" como decía el desaparecido Félix Rodríguez de la Fuente. Alejarse de las circunstancias y los lugares comunes. Limpiar la mente y el alma de esos sentimientos tenaces que no te dejan respirar, que te cierran los poros de la piel y te ahogan. No, no es que a la vuelta lo hayas olvidado todo (que tampoco estaría mal), es sólo que lo ves algo distinto, de otro color, o simplemente que lo asumes. Y no duele tanto.
Bueno, os dejo el final de la historia que no es nada de otro mundo, es solo un relato en tono erótico sin otra misión que entretener. Lo escribó hace tiempo y en estos días no tenía muchas ganas de escribir ni nada qué decir.
Ahora me voy a dormir, creo que será uno de los días que antes me acueste. Estoy cansada y sólo me apetece abandonarme en brazos de Morfeo.
Gracias, una vez más, por estar aqui.
Besos.

Es una casa preciosa, con una verja de hierro que se abre como por arte de magia. Supongo que alguien nos ha visto llegar. Un pequeño camino nos lleva hasta una gran puerta de madera.
-Ahora tendrás la sorpresa – me dice sonriente- pero antes tienes que prometerme que harás lo que yo te diga. Confías en mi ¿no?
-Sí, claro que confío en ti.
En ese momento, saca de su bolsillo un pañuelo de seda, se coloca detrás de mí y procede a taparme los ojos. El corazón me da un vuelco. Oigo como se abre la puerta. Él, a mi espalda, me coge por la cintura y me guía para que no tropiece. Siento la presencia de alguien, justo delante de mí.
-Te presento a mi hermano pequeño- me susurra al oído. No le conoces, acaba de llegar del extranjero.
Unas manos toman las mías y me atraen, mientras siento el roce de unos labios en mis mejillas.
-Hola, tenía muchas ganas de conocerte- tiene una voz sensual y dulce con un ligero acento argentino.
-Hola- sin querer, mi voz tiembla ligeramente.
Así, cogida de la mano del hermano y con él llevándome de la cintura voy penetrando en la casa. La percibo acogedora, una música suave con raíces andaluzas llega a mis oídos, que parece se han vuelto más receptivos. De pronto, mis pies pisan algo mullido. Creo que hemos llegado a una habitación con moqueta o alfombras en el suelo. Un suave aroma a incienso impregna la sala. Noto la presencia de los dos hombres a mi lado.
-Bien, ¿a quien prefieres desnudar primero?- es él quien me habla.
-A ti.
No se qué me pasa, pero me tiemblan las manos. Comienzo acariciando su cabello, corto y espeso, las orejas, el cuello. Conozco muy bien su rostro, pero ahora me parece distinto. Son mis manos las que me trasmiten imágenes y es una sensación extraña. Las cejas, espesas y bien formadas, los párpados, la nariz recta, los labios carnosos que acaricio suavemente. Desabrocho su camisa y me encuentro con unos hombros fuertes, brazos largos y unas manos grandes y poderosas. Él es alto y fuerte. Husmeo su cuello, percibiendo el conocido aroma, una mezcla de madera y plantas silvestres. Su pecho. Me excita su pecho, cuando me abraza, siento que estoy justo en el sitio donde quiero estar. Juego un instante con los pezones, sucumbo a la tentación de pasar por ellos la lengua, sintiendo como se endurecen.
Desabrocho los pantalones que resbalan hasta el suelo. Él, tampoco lleva ropa interior. Paso las manos por detrás y acaricio sus nalgas. Está totalmente depilado, como yo. Me gusta su culo, está bien formado, la carne prieta. Acaricio las ingles, suavemente. Su sexo, excitado, reclama caricias. Es más bien corto y grueso. Lo rozo, apenas. Oigo su respiración muy cerca de mí. Coge mi rostro y me besa dulcemente en la boca. A continuación, me da la vuelta.
Es el turno del hermano. Alargo las manos, tanteando. Estoy más nerviosa, nunca le he visto así que las sensaciones son totalmente distintas. Su cabello es más largo y sedoso, un poco rizado, lo lleva recogido en una coleta. La suelto. Es solo un poco más alto que yo, contando que llevo unos buenos tacones. La nariz es pequeña y los labios algo más finos que los de él. Necesito besarlos, probar su dulzor. Me acerco a ciegas, y los siento sobre los míos. Besos suaves, pequeños, que me provocan. Paso la mano por detrás de su cabeza y aprieto mi boca contra la suya, abriéndola, buscando la lengua. Entonces, en la habitación solo existe esa boca, húmeda, dulce, excitante que no quiero abandonar. Pero, lo hago, quiero seguir explorando ese cuerpo con mis manos. Lleva una camiseta de algodón, tiro de ella hacia arriba. Descubro un cuerpo pequeño, hecho de músculos y nervios. Acerco mi nariz, y aspiro su olor marino, a sol y algas. Hombros muy marcados. Desciendo por los brazos y acaricio sus manos, suaves, con dedos largos y delgados. Deseo que me acaricien. Tengo prisa por desnudarlo, bajo la cremallera de la bragueta y tiro de los pantalones. Toco unos pequeños boxers ajustados de algodón, se los quito. Cuando lo hago, acaricio su trasero, apretado, con un suave vello, me encanta. No puedo esperar más, y voy directamente a su pene. Está completamente erecto y tiene un tamaño considerable. La piel tersa, tirante.
-Basta, basta – su voz me ha sorprendido- ahora vamos a desnudarte a ti.
-Sólo llevo el vestido.
Inmediatamente, comienzan a acariciarme. No, no son caricias, son pequeños roces, leves toques. Tanto, que no logro diferenciar sus manos, tan distintas. Deslizan los tirantes por los hombros, y siento como el vestido va resbalando por mi cuerpo. Estoy completamente desnuda y me siento vulnerable y poderosa a un tiempo. Es una sensación muy extraña. No veo sus caras, ni la imagen que proyecto ante ellos. Quizá parezco una joven desvalida o una diosa erótica. Intento imaginar sus rostros ¿qué hacen? ¿me están mirando?
-Eres muy hermosa- es el hermano quien me habla, muy cerca, casi es un susurro.
No digo nada, pero respiro aliviada. Por un momento, estuve tentada de quitarme la venda de los ojos. Él, adivinando mis pensamientos, me abraza y me siento segura y tranquila apoyada en su pecho. Muy despacio, me deposita en el suelo. Siento algo así como una suave alfombra bajo mi cuerpo, muy blanda. Me coloca boca abajo, y apoya mi cabeza en una especie de cojín mullido. Después, siento como un líquido tibio, oloroso, se derrama sobre mi cuerpo.
Es un aceite para masajes, inmediatamente cuatro manos empiezan a acariciarme toda la parte trasera del cuerpo, hombros, brazos, espalda, culo, nalgas, piernas. Sus manos resbalan sobre mi piel y yo quiero que esa sensación dure y dure. Uno de ellos, me parece que es el hermano, está masajeándome el culo y yo me estoy excitando. Mete la mano, suavemente, rozándome el ano. Alzo las caderas, separando un poco las nalgas. Esos dedos me están volviendo loca. Siento como me penetran, suaves y resbaladizos por el aceite. Saca los dedos y me quedo con unos deseos inmensos de tenerlos dentro de mí, otra vez. Me dan la vuelta y siguen los masajes, esta vez por los pechos, el vientre, los muslos. La suavidad con la que me acarician, rozándome apenas me deja siempre con ganas. No paro de gemir, de retorcerme de placer, mientras ellos permanecen en silencio.
Tengo la piel suave y olorosa y ellos han empezado a besarme y lamerme por todas partes. Mientras uno chupa y muerde mis pechos, el otro lo hace con mi sexo. No puedo aguantar más el orgasmo, así que me corro entre gritos de placer. Ellos se afanan aún más cuando lo notan, el éxtasis se hace interminable.
Sigo con los ojos vendados, y la sensación es difícil de describir. Él me besa dulcemente en la boca, y me levanta un poco para acomodarse debajo de mí. Me siento a horcajadas. Cojo su pene con la mano y lo hundo dentro de mí. Hacía tiempo que no estaba con él y lo echaba de menos. Siento a su hermano acariciándome por detrás. Me acomodo y me abro para que él me penetre. Lo hace lentamente. Creo que me voy a desmayar. Están dentro de mí, tan profundamente, que sus penes deben tocarse, separados tan solo por una fina pared. Por detrás, va imprimiendo ritmo a mis caderas hasta que nos movemos los tres acompasados. Quiero quitarme el pañuelo que me impide mirarlos, verme penetrada por los dos. Pero me resisto a mis deseos. El ritmo cada vez es más rápido, el hermano empuja cada vez más fuerte, ya no puede meterse más dentro de mí. Voy a correrme y lo grito. Cuando siento el semen llenándome la vagina y el ano, caigo desfallecida sobre su pecho.
Me he quitado el pañuelo de seda de los ojos, están los dos, uno al lado del otro acostados, con los ojos cerrados. Los miro despacio. Me coloco entre sus piernas, de modo que tengo uno a cada lado. Jugueteo con sus sexos fláccidos, una mano para cada uno. Poco a poco, van despertando con mis caricias. Me agacho sobre él y empiezo a lamerlo, sin dejar de acariciar al otro. Vuelven a estar excitados. Y yo voy pasando mi boca de uno a otro. Puedo distinguirlos con los ojos cerrados, hasta su sabor es distinto. Me acuesto, boca arriba, y cojo a su hermano de la mano, invitándolo a penetrarme. Él se levanta y se coloca a mi lado, de rodillas. Su pene queda a la altura de mi boca. Tengo a su hermano encima, con su sexo dentro de mí. Él me mira y me gusta. Me gusta que mire como me posee otro hombre. A él también le gusta, está cada vez más excitado. Se siente mi dueño y me ofrece a su hermano que me trata como si efectivamente, yo fuese un regalo que sabe que no le pertenece. Con los pies lo aprieto contra mí, para sentirlo más adentro, mientras rodeo su pene con la boca y hago presión con la mano en su culo. Han empezado los dos a moverse. Me pellizcan los pechos y él ha metido la mano entre su hermano y yo, masajeándome el clítoris. No puedo gritar, tengo su sexo en la boca y él sabe que no puedo contenerme cuando llega el orgasmo. Así que da una última embestida y siento su semen caliente, mientras un gruñido animal se escapa de su garganta. Se retira, mientras su hermano y yo llegamos al clímax. Luego, busca impaciente mi boca que guarda su sabor.
-Y ahora ¿nos vamos a cenar?
Es el mejor cumpleaños de mi vida.
Comentario:
Lara, a ver lo que hacemos ¿eh? no vayamos a echar luego las culpas a las lecturas.
Solistra, me alegra encontrarte de nuevo, espero que hayas pasado unas estupendas vacaciones.
Besos.
Solistra, me alegra encontrarte de nuevo, espero que hayas pasado unas estupendas vacaciones.
Besos.
Comentario:
Qué me has dejado sudando!
Gran regalo de cumpleaños, que bueno que lo has compartido... quiero un regalo así!
abrazocaliente
Gran regalo de cumpleaños, que bueno que lo has compartido... quiero un regalo así!
abrazocaliente
Comentario:
Joooooder. Y nunca mejor dicho.
Qué manera de follar, hija... Y perdona la palabra, pero es que eso es una gran follada de cumpleaños... Sí, envidia, muuuuucha envidia!!! Cala, calla, que voy a dormir calentita hoy, jajaja.
Besitos ;)
Qué manera de follar, hija... Y perdona la palabra, pero es que eso es una gran follada de cumpleaños... Sí, envidia, muuuuucha envidia!!! Cala, calla, que voy a dormir calentita hoy, jajaja.
Besitos ;)
Comentario:
Ledis, Ledis... cuidado con esos sofocanes que no son buenos a estas edades. O si.
Nikero, bienvenido. Te aconsejo que empieces a dejar caer alguna indirecta, así como quien no quiere la cosa, igual se anima la cosa y tienes una sorpresa el día de tu cumpleaños. Gracias por tu visita.
Iván te echo de menos, y te leo con una pizca (mucha) envidia. Yo me estoy muriendo de calor y no precisamente por las lecturas subidas de tono. Disfruta.
Besos.
Nikero, bienvenido. Te aconsejo que empieces a dejar caer alguna indirecta, así como quien no quiere la cosa, igual se anima la cosa y tienes una sorpresa el día de tu cumpleaños. Gracias por tu visita.
Iván te echo de menos, y te leo con una pizca (mucha) envidia. Yo me estoy muriendo de calor y no precisamente por las lecturas subidas de tono. Disfruta.
Besos.
Comentario:
Madre de dios... menos mal que ando por la fria alemania. Que calenton. Des, se me olvidó ponerle las tres x a tu link en mi web.
Un placer (y nunca mejor dicho)
Un placer (y nunca mejor dicho)
Comentario:
Yo también quiero un regalo de cumpleaños así (léase con tono de envidia cochina).
Comentario:
EstaRE MENOPAUSICA.......oh mis calores jajaja buen escrito ...ledis lenanis@hotmail.com IMPECABLE lindo ....OHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH olvide encender el aire acondicionado jijij bye
Comentario:
Scape: es que hace mucho calor, hijo mío jajajajaja.
Señorito Miau: ¿leo un cierto deje de envidia? no va a tener usted en exclusiva el culito prieto, digo yo.
Besos.
Señorito Miau: ¿leo un cierto deje de envidia? no va a tener usted en exclusiva el culito prieto, digo yo.
Besos.
Comentario:
Vaya por Dios... Todo el mundo tiene el culito prieto aquí.
En fin, qué bello es el amor en familia.
Miau.
En fin, qué bello es el amor en familia.
Miau.
Comentario:
Upssss... qué sudores... :)
