Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Verde y negro (I)
Hoy he estado leyendo. Toda la tarde. Tenía unos cuantos libros pendientes que me había mandado mi querido amigo KLUZKL (el enlace con su página está a la izquierda). Ya he hablado de él en algún post, es uno de mis más admirados y queridos amigos (y tengo pocos). Seguro que si él lo lee dirá que soy una exagerada, es un hombre demasiado modesto y tímido, pero es igual, que se aguante. Bueno, decía que leí un libro de los que él me envió: Historia de una maestra de Josefina Aldecoa. Es un historia sencilla que transcurre en los años previos a la guerra civil española. Pero una de las cosas por las que más me gustó (y seguro que él lo sabía) es que la última parte de la historia transcurre en un pueblo minero muy cerca de Asturias. Ésto me trajo a la memoria historias escuchadas en tardes de invierno que me contaba mi madre, y otras relatadas por la abuela, en el paseo de la playa de Gijón o asomadas a la ventana de su casa.

Por eso, he decidido pegar hoy un relato que escribí hace algún tiempo que habla de eso, del trabajo de los mineros, de lo duro de esa profesión. Mi abuela padeció en sus propias carnes la pérdida de un hijo en esas circunstancias y de más hombres de su familia.
Lo partiré en dos o tres partes porque es un poco largo y no quiero aburriros. Pido perdón porque los diálogos están escritos en "bable" (mal escritos diría yo, porque lo hago de oído). Espero, de todos modos, que los entendáis.



VERDE Y NEGRO (I)

Son las cinco de la mañana cuando suena el despertador. Pepín lo apaga rápidamente, pues, no quiere que se despierten los niños. Mercedes se remueve a su lado, torpemente.

- ¿Ye la hora? –le pregunta.
- Sí, pero nun fai falta que te levantes, quédate en la cama, muyer.
- Anda, tontu, voy facete les sopes con leche y el almuerzu.

Le cuesta levantarse, ya sólo faltan dos meses para que su sexto hijo venga al mundo.

Mientras Pepín se asea, ella enciende la cocina de carbón para que vaya caldeando la casa y le prepara el desayuno y el almuerzo. A las seis entra a trabajar y tiene media hora de camino. Ella le acompaña hasta la puerta y, como todos los días, le da un beso de despedida.

El hombre sale de casa y enciende un cigarro Todavía hace frío a esas horas, y aunque ya llegó la primavera, hay neblina y el sol aún tardará en salir. Pepín trabaja en el Pozo de Santa Pola, uno de los muchos que pueblan la cuenca minera asturiana. Todos los días hace el mismo camino a pie y poco a poco se va juntando con otros compañeros que llevan el mismo destino.

- Buenos días Pepín ¿cómo va eso, hombre?
-Buenos días Avelino, bueno, pa que me voy a quejar –contesta.

Avelino es uno de sus hermanos pequeños, de los pocos que quedan solteros.

- ¿Cómo está madre? Fai díes que no la veo.
- Como siempre, tien un genio, la condená. Hoy casi me tira la madreña a la cabeza, nun podía levantarme de la cama.
- Claro, t’aries ayer de juerga, a ver si asientes la cabeza, que ya es hora
- Déjame, déjame que disfrute de la vida, que luego pásame como a ti, cinco fios y el que vien de caminu y s’ acabó la fiesta.

Mercedes, está trajinando por la casa. Aprovecha antes de que se levanten los críos. Luego, a los tres mayores les da el desayuno, los viste y los manda a la escuela. Los dos pequeños aun no tienen la edad suficiente, así que va con ellos todo el día, pegados a su falda. Y hay tantas cosas que hacer: ordeñar la vaca, darle de comer a ella, a los dos cerdos y unas cuantas gallinas, limpiar un poco la cuadra, ir a por agua a la fuente, lavar la ropa en el lavadero que con cinco chiquillos pequeños todos los días hay ropa sucia; cuidar el pequeño huerto que tienen detrás de la casa, donde plantan verduras y patatas para el consumo familiar. Desde luego, no tiene tiempo de aburrirse. Menos mal que tiene la ayuda de las vecinas y la madre de Pepín que viene casi todos los días a echarle una mano con sus hijos.

Son las nueve de la mañana cuando ve subir por el camino a la suegra, es inconfundible su andar ligero y arrogante, no se explica como puede tener esa energía después de haber parido doce hijos.

- Buenos días Mercedes ¿cómo estás, fia? Madre mía, con esi barrigón, nun se como pues estar trabayando to el día ¿nun llevarás dos?
- Dios me libre, ya tengo bastantes ¿no i parez?
- ¿Onde andan los guajes? ¿Tan durmiendo tovia?
- Que va, que más quisiera yo, puseyos la manta en el suelu y ahí anden trasteando con cuatro cacharros. Tan calentinos, fai ratu que encendí la cocina.
- Voy yo padentro, si tienes que ir por agua o a lavar, pues ir tranquila. No sé si nos lloverá, fai un ratín parecíame que empezaba a orbayar*.
- Sí, pongo les madreñes y marcho, nun quiero que me pille el agua y ponerme pingando
.
Mercedes, se sube el balde de la ropa en la cabeza, coge un cubo en cada mano y sale de casa camino del lavadero, al volver pasará por la fuente y cogerá agua. Es pesado no poder lavar en casa, pero también disfruta de esos ratos. Allí se encontrará con otras mujeres: primas, amigas, vecinas y mientras no dejan de enjabonar y frotar la ropa, hablan de sus cosas y de lo que pasa en el pueblo. No falta nunca la que les hace reír un rato con sus ocurrencias y sin darse cuenta se le pasa media mañana.

Camina por el sendero flanqueado por grandes árboles, las praderas tienen un verde intenso y los cerezos están en flor. Ama la hermosura de su tierra a pesar de lo dura que es allí la vida. Algunos hermanos de Pepín emigraron a otras tierras, huyendo del trabajo de la mina. Pero él nunca quiso irse, dice que nació minero y así morirá: no sabe hacer otra cosa. Al principio ella insistía, pero acabó desistiendo. Eran felices allí.

Cuando llega al lavadero, hay otras cinco mujeres. Las saluda y se coloca en su sitio. Ya le molesta la barriga, acabará con ella completamente mojada. Pero bueno, ya le queda poco, a ver si tiene suerte y se le presenta un buen parto como con los otros.

Charlan animadamente cuando a lo lejos se oye el sonido de una sirena. Todas levantan la cabeza y escuchan atentas. Hace un rato que los mineros volvieron al trabajo después del almuerzo, así que ese sonido no anuncia nada bueno. Se miran, con el temor asomando a sus ojos y recogen la ropa deprisa. Deben volver al pueblo.

El camino de regreso lo hacen en silencio, pesa sobre su ánimo la preocupación y el miedo. Llegando a las primeras viviendas de la pequeña aldea, les sale al encuentro Amada, viene jadeante y sudorosa:

- Daibos prisa, rapacines. Llegó a caballo Lito, el de Leontina, diz que hubo un accidente en el Pozu de Santa Pola. Paez que ye muy grave. Les muyeres ya marcharon payá, yo vine a buscarvos.
- ¿Y qué facemos con los guajinos? ¿Quién se va a quedar con ellos?- pregunta Mercedes.
- Nun pases pena, fia. LLevámoslos donde la escuela, la maestra diz que ella se fai cargo de to, que marchemos tranquiles.

Mercedes, entra a la casa y deja el balde de la ropa. Su suegra ya no está y ella, se une al resto de mujeres que, como en procesión, se dirigen, a paso rápido, al lugar del accidente.

Cuando llegan ya están sacando a los heridos. Ha empezado a caer una silenciosa llovizna, el orbayu que va dejando grietas, como cicatrices, en las negras caras de los mineros. La mañana se volvió gris de repente. Dicen que fue una explosión de “grisú” y una de las galerías se derrumbó con el impacto. Se habla de siete ú ocho muertos. Todo es confuso. Las mujeres se abrazan a sus hombres cuando los ven salir por su pie. No hablan, solo lloran. La rabia, la impotencia y el dolor se reflejan en sus rostros. Las otras, esperan y miran a las afortunadas con una mezcla de felicidad y envidia. Ellas ya están tranquilas hasta la próxima vez.

En un grupo, con la angustia y el miedo oprimiéndoles el pecho, están Mercedes y Lourdes, la madre de Pepín. Él y Avelino, aún no aparecieron, dicen que estaban en la galería que se derrumbó. Todavía hay esperanza...

(Continúa)
 
Comentario:
Marien: y no sabes cuánto me alegra saber que andas por aqui y lo mucho que te quiero.
Patricia: "Gracies, guajina", me alegra que te guste esta historia que tiene mucho de realidad. Aunque vivo desde hace muchos años en Valencia, todos mis antepasados son de Asturias y yo nací allí, así que tengo que llevarla en la piel.
Scape: Cómo me gusta que sigas la historia con esas ganas. Aqui está el segundo.
Besos.
 
Comentario:
Upssss... me temo lo peor... o quizá no... bueno... no sé!

Venga va, sigueeeeee ;)
 
Comentario:
Hola Desordenada,tu historia si que es bonita y ese bable que un poquin aprendi en el bar donde tenia que ir al comedor todos los dias y algo fui aprendiendo de los mayores,igual la que mas me quedo que es "guaje", "el prau ",lo de "muier" es como que lo escuchara ahora cuando me preguntaban por mi esposa,un abrazo y espero la continuacion....
Hay una pelicula que habla de la vida de un minero que va a pie a Madrid con su pequeño hijo y su muier y lo recibe el Rey,sale desde Mieres,sera que Asturias te atrapa y a mi me pasa eso,hablan de esa tierra maravillosa y su gente y solo se me presentan cosas maravillosas.
 
Comentario:
Querida y linda Desordenada, aqui estoy y estaré, acompañando a esa entrañable historia que nos cuentas (valorizada por el arte con que la escribes) y cuyo tema me interesa fuertemente, como todo lo que respecta a los trabajadores, su vida, su lucha, su grandeza.
Un abrazo.
No