Verde y negro (Final)
(continuación)...
Afuera, en los rostros de los hombres se refleja el cansancio y la desesperación. Acaba de llegar uno de los patronos que se pasea impaciente, arriba y abajo. Piensa en la pérdida que supone que el pozo permanezca inactivo, pero sabe que no tiene nada que hacer, los mineros no empezarán a trabajar hasta que no consigan encontrar al hombre que permanece atrapado en el fondo de la mina. Y por supuesto, ni se le ocurre decirlo, siente las miradas llenas de rabia que le dedican cuando pasan por su lado. Este accidente traerá consecuencias, hace tiempo que los mineros exigen más seguridad en su trabajo y amenazan con convocar a la huelga.
Han pasado toda la noche trabajando y empieza a amanecer. El cielo está gris pero parece que aguantará sin llover, eso retrasaría los trabajos de rescate. Los hermanos de Avelino, familiares y demás vecinos del pueblo volvieron a la mina para ir turnándose con los demás.
Mientras, Avelino sufre alucinaciones. No es creyente, pero durante la noche vio a la Santina que le ofrecía un vaso de agua y le decía que pronto saldría de allí. No sabe si soñaba, pero el caso es que ya no siente la sed acuciante de hace unas horas. Tiene el cuerpo entumecido. Escucha atentamente, cada vez están más cerca, pero le parece que no se dirigen hacia donde él está. Se obliga a pensar, tiene que hacer algo para que puedan localizarlo. A tientas busca por el suelo y coge una pequeña piedra. Con mucho esfuerzo logra incorporarse un poco y empieza a golpear la pared en la que se apoya. Casi no le quedan fuerzas pero tiene que seguir sin descanso, es la única forma de que lo encuentren.
Los hombres están sacando escombros, piensan que no pueden tardar mucho en encontrar el cuerpo de Avelino. Ya han perdido la esperanza de que siga con vida, sin embargo, tienen que devolvérselo a su familia para que lo entierren como Dios manda.
Rufino va delante de la patrulla cuando cree escuchar un ligero golpeteo.
- ¡Eh! Vosotros, callai. Parecióme oir algo por ahí.
Todos permanecen quietos escuchando y durante unos segundos no se oye nada, están expectantes. Al momento, empiezan a escucharse unos golpes suaves. Vienen de la parte derecha de donde ellos se encuentran. Llaman a uno de los que dirigen la patrulla de rescate y vuelven a guardar silencio. Los golpes siguen sonando. Empiezan a trabajar hacia el lado por donde creen escucharlos. La actividad se vuelve frenética.
Avelino se siente desfallecer pero tiene que seguir golpeando la pared. Por un momento cree que va a perder el conocimiento, pero le parece que los ruidos se van acercando e incluso creyó escuchar voces; así que saca fuerzas de no sabe donde y sigue con los golpes, eso le ayuda a mantenerse despierto.
Fuera de la mina ya corrió la voz. Rápidamente se extendió el rumor de que dentro se oyen golpes. La esperanza se abre paso lentamente en las mentes de los hombres agotados por tantas horas de trabajo e incertidumbre. Alguien fue al pueblo a avisar a Lourdes. Está en casa de Mercedes ayudándola con los niños. Ahora no pueden dejarla sola, tiene que salir adelante como sea. Anda trasteando en la cocina cuando oye que la llaman:
- ¡Lourdes!, asómate fía… ¡Lourdes! ¿onde andes muyer?
- ¡Voy, voy! ¿Qué pasa? ¿Pareció Avelino?
- Nun vas a creerlo, dicen que se oyen golpes, parez que podría estar vivu.
- ¡Ay! Virgen Santísima. ¡Mercedes! ¡Mercedes! Voy pa la mina, fiyina, ahora mando Aurora que venga pacá. Tate tranquilina que con lo que sea mándote recao.
Sale corriendo por el camino, con el rostro bañado en lágrimas. Casi había perdido la esperanza y solo rezaba para que lo encontrasen cuanto antes.
Mientras, en el pozo sigue la búsqueda. Los golpes se oyen cada vez más cerca. Virgilio, otro de los hermanos empieza a llamarlo:
- Avelino, ¿pues oirnos? ¿tas ahí? Da solo dos golpes pa decir que sí-dice gritando. ¡Shhhhhhhhhhhhhh! Callai, no armeis ruio.
Se hace el silencio en la galería y al momento se escuchan dos golpes solitarios. Los hombres rompen a gritar y a reír.
- Tate tranquilu, que ya tamos aquí, resiste un poco más. Sigue dando golpes pa que sepamos onde tas. ¿Pues moverte? Sí, dos golpes. No, unu solu.
Otra vez silencio y un solo golpe.
- Bien, mantente despiertu ¿eh? Yo voy seguir hablando, mientras los compañeros van abriendo caminu.
Durante dos largas horas, Virgilio sigue hablando mientras Avelino golpea una y otra vez la pared. Unas veces para contestar a las preguntas de su hermano, otras para guiarles en la búsqueda.
Por fin, llegan al lugar donde se encuentra atrapado. Apartan la piedra que le aprisiona la pierna y lo acomodan en una camilla. Todos lloran, aunque esta vez es de alegría.
Los hombres van saliendo por la negra boca del pozo. Sobran las palabras, por sus caras se sabe que traen buenas noticias. Lourdes espera ansiosa para ver aparecer a su hijo. Cuando sale la camilla, se abraza a él llorando y siente como si lo hubiera parido de nuevo. Esta vez la vida ganó la batalla. La mina lo dejó lisiado para siempre, pero vivo al fin y al cabo.
Afuera, en los rostros de los hombres se refleja el cansancio y la desesperación. Acaba de llegar uno de los patronos que se pasea impaciente, arriba y abajo. Piensa en la pérdida que supone que el pozo permanezca inactivo, pero sabe que no tiene nada que hacer, los mineros no empezarán a trabajar hasta que no consigan encontrar al hombre que permanece atrapado en el fondo de la mina. Y por supuesto, ni se le ocurre decirlo, siente las miradas llenas de rabia que le dedican cuando pasan por su lado. Este accidente traerá consecuencias, hace tiempo que los mineros exigen más seguridad en su trabajo y amenazan con convocar a la huelga.
Han pasado toda la noche trabajando y empieza a amanecer. El cielo está gris pero parece que aguantará sin llover, eso retrasaría los trabajos de rescate. Los hermanos de Avelino, familiares y demás vecinos del pueblo volvieron a la mina para ir turnándose con los demás.
Mientras, Avelino sufre alucinaciones. No es creyente, pero durante la noche vio a la Santina que le ofrecía un vaso de agua y le decía que pronto saldría de allí. No sabe si soñaba, pero el caso es que ya no siente la sed acuciante de hace unas horas. Tiene el cuerpo entumecido. Escucha atentamente, cada vez están más cerca, pero le parece que no se dirigen hacia donde él está. Se obliga a pensar, tiene que hacer algo para que puedan localizarlo. A tientas busca por el suelo y coge una pequeña piedra. Con mucho esfuerzo logra incorporarse un poco y empieza a golpear la pared en la que se apoya. Casi no le quedan fuerzas pero tiene que seguir sin descanso, es la única forma de que lo encuentren.
Los hombres están sacando escombros, piensan que no pueden tardar mucho en encontrar el cuerpo de Avelino. Ya han perdido la esperanza de que siga con vida, sin embargo, tienen que devolvérselo a su familia para que lo entierren como Dios manda.
Rufino va delante de la patrulla cuando cree escuchar un ligero golpeteo.
- ¡Eh! Vosotros, callai. Parecióme oir algo por ahí.
Todos permanecen quietos escuchando y durante unos segundos no se oye nada, están expectantes. Al momento, empiezan a escucharse unos golpes suaves. Vienen de la parte derecha de donde ellos se encuentran. Llaman a uno de los que dirigen la patrulla de rescate y vuelven a guardar silencio. Los golpes siguen sonando. Empiezan a trabajar hacia el lado por donde creen escucharlos. La actividad se vuelve frenética.
Avelino se siente desfallecer pero tiene que seguir golpeando la pared. Por un momento cree que va a perder el conocimiento, pero le parece que los ruidos se van acercando e incluso creyó escuchar voces; así que saca fuerzas de no sabe donde y sigue con los golpes, eso le ayuda a mantenerse despierto.
Fuera de la mina ya corrió la voz. Rápidamente se extendió el rumor de que dentro se oyen golpes. La esperanza se abre paso lentamente en las mentes de los hombres agotados por tantas horas de trabajo e incertidumbre. Alguien fue al pueblo a avisar a Lourdes. Está en casa de Mercedes ayudándola con los niños. Ahora no pueden dejarla sola, tiene que salir adelante como sea. Anda trasteando en la cocina cuando oye que la llaman:
- ¡Lourdes!, asómate fía… ¡Lourdes! ¿onde andes muyer?
- ¡Voy, voy! ¿Qué pasa? ¿Pareció Avelino?
- Nun vas a creerlo, dicen que se oyen golpes, parez que podría estar vivu.
- ¡Ay! Virgen Santísima. ¡Mercedes! ¡Mercedes! Voy pa la mina, fiyina, ahora mando Aurora que venga pacá. Tate tranquilina que con lo que sea mándote recao.
Sale corriendo por el camino, con el rostro bañado en lágrimas. Casi había perdido la esperanza y solo rezaba para que lo encontrasen cuanto antes.
Mientras, en el pozo sigue la búsqueda. Los golpes se oyen cada vez más cerca. Virgilio, otro de los hermanos empieza a llamarlo:
- Avelino, ¿pues oirnos? ¿tas ahí? Da solo dos golpes pa decir que sí-dice gritando. ¡Shhhhhhhhhhhhhh! Callai, no armeis ruio.
Se hace el silencio en la galería y al momento se escuchan dos golpes solitarios. Los hombres rompen a gritar y a reír.
- Tate tranquilu, que ya tamos aquí, resiste un poco más. Sigue dando golpes pa que sepamos onde tas. ¿Pues moverte? Sí, dos golpes. No, unu solu.
Otra vez silencio y un solo golpe.
- Bien, mantente despiertu ¿eh? Yo voy seguir hablando, mientras los compañeros van abriendo caminu.
Durante dos largas horas, Virgilio sigue hablando mientras Avelino golpea una y otra vez la pared. Unas veces para contestar a las preguntas de su hermano, otras para guiarles en la búsqueda.
Por fin, llegan al lugar donde se encuentra atrapado. Apartan la piedra que le aprisiona la pierna y lo acomodan en una camilla. Todos lloran, aunque esta vez es de alegría.
Los hombres van saliendo por la negra boca del pozo. Sobran las palabras, por sus caras se sabe que traen buenas noticias. Lourdes espera ansiosa para ver aparecer a su hijo. Cuando sale la camilla, se abraza a él llorando y siente como si lo hubiera parido de nuevo. Esta vez la vida ganó la batalla. La mina lo dejó lisiado para siempre, pero vivo al fin y al cabo.
Comentario:
Y luego al menos hubo un final feliz para Lourdes, una alegría luego de una tristeza.
besos
besos
Comentario:
Patricia/Ricardo: gracias a vosotros por estar aqui. Me alegra mucho que os haya gustado. Si vais a Covadonga no os olvidéis de subir a los Lagos, aunque en esa fecha igual está cerrado por la nieve. Es el paisaje más hermoso que he visto nunca. Tomaros una sidra a mi salud.
Scape: gracias a tí por acompañarme.
BEsos.
Scape: gracias a tí por acompañarme.
BEsos.
Comentario:
De corazon gracias por compartir esto con nosotros,contadas veces he leido con tanta atencion y esperar su continuidad para saber el desenlace,si Dios quiere estare por Asturias (Gijon) antes de fin de año y cuando visite la Santina prometo que este relato sera parte de mis pensamientos, un abrazo enorme.
Patricia /Ricardo
Bahia Blanca.
Argentina.
Patricia /Ricardo
Bahia Blanca.
Argentina.
Comentario:
Me ha encantado el relato. Gracias!!
