Última sesión
AVISO IMPORTANTE:
Esta historia está interpretada por especialistas, en circuito cerrado, por favor no intenten hacer ésto en sus casas, puede ser muy peligroso. La autora, o sea, yo mismamente, no se responsabiliza de los daños colaterales que pudieran sobrevenir.
Que lo sepan.

Quien te ha visto y quien te ve, ¡ay! cariño, si es que casi te lo tenías merecido. ¿Ves? ¿de que te sirve ahora tanto sexo, tanto ligoteo? Pardillo, que eres un pardillo. Y es que después de tantos años juntos, yo era una extraña para ti, mi amor, una extraña. Y encima pensabas que me engañabas ¡gilipollas! Eso es lo que eres. ¡Qué Dios me perdone! pero es que me hierve la sangre. Pero bien que me divertí también, eso es verdad.
¿Con cuántas te lo hacías a la vez? Que yo sepa con cinco. Estaba Rosita, la mejicana, esa era muy puritana, la viejita decía que estaba loquita por ti ¡cuánto te costó engatusarla! Yo te espiaba, te veía febril ante la pantalla diciéndole todas las guarradas que ibas a hacerle, que estabas loco por ella. Luego, desde la oficina, entraba en tu messenger y leía toda la conversación. Si llegas a saber que había averiguado tu contraseña... me matas. Y cómo te gustaba luego regodearte leyendo, una y otra vez, mientras se te ponía dura y acababas corriéndote, allí en la oscuridad del despacho, imaginando, siempre imaginando, con la mano moviéndose arriba y abajo. Si me hubieras conocido mejor, si te hubieras enterado de mis ganas de tirarme entre tus piernas y terminarte con la boca. Pero no, a la mujer un polvo al mes, y rapidito. Con la parienta no hacen falta fantasías que, al fin y al cabo, es su obligación abrirse de piernas.
Eres un imbécil, cariño, un perfecto imbécil. Y así te fue. Y además de Rosita, estaba Amanda, la cubana, y Amparo la catalana, y Carmen, de Sevilla. Y supongo que un largo etcétera de otras mujeres que pasaron por tu pantalla antes de empezar a espiarte. Y luego te dejaste engañar como un cretino. No, no voy a reírme porque pensarán que estoy loca, pero no veas las ganas que tengo de carcajearme en tu jeta ¡cabronazo!.
Entonces fue cuando decidí contactar contigo, desde mi despacho. Claro, te mentí, te dije que a esa hora era cuando estaba sola. Por la noche, en casa, no podía, mi marido no quería que chatease. Y te enredé, vaya si te enredé. Poco a poco, dejaron de interesarte todas, porque yo te ponía a mil, te excitaba como nadie, te escribía con pasión y sin ningún pudor todas las guarradas que sabía que te gustaban. Me llamabas puta y zorra, porque eso te ponía. Te compraste una cámara porque te dije que quería ver como te masturbabas y te corrías mientras yo te escribía lo que a ti te gustaba leer. Claro, trabajabas en casa y podías estar todo el día enganchado al ordenador. Cómo me reía sabiendo que estabas esperando como lobo en celo a que yo conectase, con la polla a punto para empezar a acariciarte en cuanto me vieses aparecer.
Las pasé canutas cuando me rogabas una foto, escuchar mi voz o verme por la cámara. Yo inventaba excusas: no podía hacerme esas fotos que tú querías, mi marido era muy celoso y siempre me estaba controlando. ¿Cámara? Imposible en el trabajo, y en casa no tenía ordenador. Y tú venga a insistir. Te contentaba con las fantasías que te escribía. Que iba sin bragas todo el día, para poder tocarme a cualquier hora. Que ponía cachondos a los tíos. Que me gustaba hacerlo en los sitios más insólitos. Y tú me animabas a follar, decías que era tu puta, la más y mejor de todas. Entonces descubrí tu vena mirona y chulesca. Te excitaba imaginarme follando con otros, y querías verme. Me convencías para que, de alguna forma, grabase algún encuentro con cualquiera, te daba igual. ¡Imbécil! Estabas animándome a ponerte los cuernos, sin imaginar que tu puta era tu mujer.
Y, ahora te lo confieso, me gustaba esa nueva faceta mía que empezaba a descubrir. Sí, empecé a mirar a los hombres con descaro, a mostrarles mis encantos, a dejar que restregasen sus pollas en mi culo cuando iba en el metro, incluso a ser yo la que buscaba ese roce y no paraba hasta que se les ponía dura. Dejé de utilizar ropa interior. Alguna tarde, después del trabajo, me paseaba por los parques buscando algún hombre solitario sentado en algún banco. A veces, encontraba a alguno y me sentaba frente a él, con un libro en las manos. Subía mi falda disimuladamente y cruzaba distraída las piernas una y otra vez, hasta que llamaba la atención del desconocido, que enseguida se daba cuenta que bajo mi falda no llevaba nada. Cuando yo veía que ya se había percatado y no me quitaba la vista de encima, abría y cerraba las piernas, hasta que el pobre desgraciado empezaba a ponerse nervioso y disimular el bulto que empezaba a sobresalir en su entrepierna. Me sentía poderosa, deseable, sensual y puta. Y me gustaba.
Y entonces apareció tu querido hermano. ¡Qué distinto a ti, mi amor! La verdad, vida mía, es que siempre tuve la sensación de que yo le gustaba, pero antes estaba tan pendiente de ti, te quería tanto, que no prestaba atención a ningún otro hombre. A ninguno, te lo juro. Por eso tú te creías que me tenías segura, y te aburrías. Y mira que yo nunca fui de esas que se deja de arreglar, que se abandona. Al contrario, intentaba estar atractiva, y lo estaba, porque los hombres buenas miraditas que me echaban. Pero tú tenías suficiente con tu ciber-sexo. Te corrías tantas veces, a solas, con todas esas guarras, que no tenías ánimo para que se te empinase conmigo.
Cuando trasladaron a tu hermano a mi departamento, me sentí algo molesta, pensé que no iba a poder seguir chateando contigo. Pero ¡ay! amor, pronto me di cuenta de cómo me miraba. Y yo empecé a coquetear. Me agachaba ante su mesa y le ponía el escote ante las narices, se le iban los ojos detrás de mis pezones que le apuntaban descarados. Teníamos que quedarnos algunas veces hasta más tarde ¿te acuerdas? Tú estabas muy tranquilo, claro, estaba con tu hermanito. El pobre lo pasaba fatal. Hasta que una tarde que estábamos solos le cogí el paquete, estaba tan empalmado que no podía disimular. Sentado en la silla no sabía como ponerse. Le saqué la polla y le hice una mamada allí mismo. Luego me senté en la mesa delante de él y me abrí de piernas con el coño chorreando para que él me hiciera lo mismo. Y vaya, si me lo hizo. Lo siento, mi amor, pero es muchísimo mejor que tú, maneja la lengua como nadie y no para hablar precisamente.
A la mañana siguiente contacté contigo, te dije que conectases la cámara y empecé a contártelo mientras te veía masturbándote como un loco hasta que te corriste y el semen salió despedido hacía todas partes. No sé cómo te las arreglabas para dejar luego todo limpio, porque cuando yo llegaba a casa no había ni rastro de las fiestecitas que te pegabas. Mira, para algo te sirvió todo eso, mi vida, aunque tarde, te acostumbraste a limpiar lo que enguarrabas, que siempre has sido muy machista tú, y muy señorito.
Entonces te empeñaste en que querías verme follar con mi compañero de oficina, y no parabas, dale que te pego. Siempre te he dicho que tu cabezonería te jugaría alguna mala pasada ¿ves?... tenía razón. Se lo conté todo a tu hermano, total ya éramos amantes, así que bueno era que se enterase de lo vicioso que era su hermano. Sí, cariño, sí, eras un vicioso, y eso, quieras que no, nos ahorraba a nosotros remordimientos de conciencia.
La verdad es que a tu hermano le ponía la idea de grabarnos mientras tú nos mirabas. Tiene gracia la cosa. Empezamos a planear cómo hacerlo. Sería en su pequeño apartamento. Yo llevaría una peluca y los dos nos pondríamos unos antifaces, sí, como hacen en algunos de los programas pornos de la tele. Aunque pondríamos la cámara para que nos enfocase los genitales, con tanta posturita saldría alguna vez nuestro rostro, además quería que vieses como se la chupaba, eso te excitaba mucho, siempre me decías que seguro que tenía boca de puta. Y yo me miraba en el espejo y me preguntaba qué tenía de distinto la boca de una puta, igual se les había deformado de tanto chupar pollas.
Y te dije que sí, que iba a hacerlo. Y sólo de pensarlo se te puso dura... ¡imbécil!. Esa noche te dije que tenía una cena con los compañeros de trabajo, que también venía tu hermano y tú te alegraste porque así no tenías que preocuparte de cerrar la puerta del despacho, ni de tener cuidado para no hacer ruido. Conectamos la cámara y allí estabas tú, en pelota picada, dispuesto a deleitarte con una película porno en directo, teniendo como protagonista a tu puta preferida.
Nunca pensé que tuvieses tanta potencia sexual, hijo mío. Conmigo, creo que sólo dos o tres veces repetimos polvo y eso en los primeros tiempos. Claro, yo no sabía que lo que a ti te gustaba era mirar, habérmelo dicho, hombre de Dios, con el hambre de sexo que he pasado yo y los tíos que hubiera podido ligarme para tu deleite y el mío. Si es que ya se sabe que el problema de las parejas es la falta de comunicación. Conectamos también los micrófonos para que nos oyeses gemir y gritar y tú nos dabas órdenes, hacías el papel de mi dueño, así que me insultabas, me incitabas a comérsela bien, a que me lo tragara todo. Le decías a él que me follara, que me la metiera más adentro, que me diera por el culo. Gritabas como loco, mientras tu polla se encabritaba en una erección casi continúa. Creo que fue la noche más loca de sexo que he tenido nunca, porque a mí también me excitaban tus órdenes, me gustaba sentirme así de guarra y de perra, como tú me llamabas. Chico, chillabas tanto que temí que pudieran oírte los vecinos.
Y llegó el final, tu hermano y yo estábamos exhaustos. Y entonces él tuvo la idea. No pensó que te lo ibas a tomar tan mal, vida mía, sólo quería que tu y yo nos divorciásemos de una vez y me fuese a vivir con él. O que te gustase la cosa y siguiéramos los tres con el jueguecito.
Él no quería hacerte daño, oye, que es tu hermano, si hubiera imaginado lo que iba a ocurrir, estoy segura, óyeme bien, segurísima que no lo hubiese hecho. Pero lo hizo. Se quitó el antifaz y se acercó despacio a la cámara. “¿Has disfrutado hermanito?” te dijo. Tu boca se abrió como la de un pez, de esos tan graciosos que salen en los documentales. Y los ojos saltones, como los de los camaleones.
Estabas horroroso, cariño. Pero aún te faltaba lo mejor. “¿Quieres conocer a la putita que te vuelve loco?” A ti se te iluminó la cara, claro que querías conocerme, delirabas por saber cómo era. Tu hermano me acercó a la cámara y allí, despacito, mientras tú no quitabas ojo de la pantalla, me quitó la peluca primero, y luego el antifaz. Y claro, te dio el ataquito. Pero ¿cómo íbamos a saber nosotros que te lo tomarías así? No, yo creo que es que tu corazón estaba el pobre tocado de tantas pajas como te hacías, cariño, es que ya no tenías edad para eso. Me asusté, mi vida, me asusté mucho, pero ¿qué podía yo hacer? si la palmaste allí en nuestras narices. Pues nada, salir corriendo para allá y sobre todo buscar en el ordenador y borrar todo rastro de tus “travesuras” y las mías, no fuera a ser que encima tuviera lío con la policía. Me dio mucha vergüenza que te pillaran desnudo, y con el suelo manchado del semen de tus corridas. Pero tu hermano, que es un cielo, tuvo la buena idea de poner una peli porno de las muchas que tenías para tu uso y disfrute, y la pasma se lo tragó.
Claro que si hubieses visto mi actuación, fue el papel de mi vida, tan desconsolada y compungida, un Oscar me merecía por eso. Y no te quejes que tú disfrutaste lo tuyo, a más de uno le gustaría morirse así.
Y es que no me canso de decirlo, esto del ciber-sexo no trae nada bueno. O sí.
Esta historia está interpretada por especialistas, en circuito cerrado, por favor no intenten hacer ésto en sus casas, puede ser muy peligroso. La autora, o sea, yo mismamente, no se responsabiliza de los daños colaterales que pudieran sobrevenir.
Que lo sepan.

Quien te ha visto y quien te ve, ¡ay! cariño, si es que casi te lo tenías merecido. ¿Ves? ¿de que te sirve ahora tanto sexo, tanto ligoteo? Pardillo, que eres un pardillo. Y es que después de tantos años juntos, yo era una extraña para ti, mi amor, una extraña. Y encima pensabas que me engañabas ¡gilipollas! Eso es lo que eres. ¡Qué Dios me perdone! pero es que me hierve la sangre. Pero bien que me divertí también, eso es verdad.
¿Con cuántas te lo hacías a la vez? Que yo sepa con cinco. Estaba Rosita, la mejicana, esa era muy puritana, la viejita decía que estaba loquita por ti ¡cuánto te costó engatusarla! Yo te espiaba, te veía febril ante la pantalla diciéndole todas las guarradas que ibas a hacerle, que estabas loco por ella. Luego, desde la oficina, entraba en tu messenger y leía toda la conversación. Si llegas a saber que había averiguado tu contraseña... me matas. Y cómo te gustaba luego regodearte leyendo, una y otra vez, mientras se te ponía dura y acababas corriéndote, allí en la oscuridad del despacho, imaginando, siempre imaginando, con la mano moviéndose arriba y abajo. Si me hubieras conocido mejor, si te hubieras enterado de mis ganas de tirarme entre tus piernas y terminarte con la boca. Pero no, a la mujer un polvo al mes, y rapidito. Con la parienta no hacen falta fantasías que, al fin y al cabo, es su obligación abrirse de piernas.
Eres un imbécil, cariño, un perfecto imbécil. Y así te fue. Y además de Rosita, estaba Amanda, la cubana, y Amparo la catalana, y Carmen, de Sevilla. Y supongo que un largo etcétera de otras mujeres que pasaron por tu pantalla antes de empezar a espiarte. Y luego te dejaste engañar como un cretino. No, no voy a reírme porque pensarán que estoy loca, pero no veas las ganas que tengo de carcajearme en tu jeta ¡cabronazo!.
Entonces fue cuando decidí contactar contigo, desde mi despacho. Claro, te mentí, te dije que a esa hora era cuando estaba sola. Por la noche, en casa, no podía, mi marido no quería que chatease. Y te enredé, vaya si te enredé. Poco a poco, dejaron de interesarte todas, porque yo te ponía a mil, te excitaba como nadie, te escribía con pasión y sin ningún pudor todas las guarradas que sabía que te gustaban. Me llamabas puta y zorra, porque eso te ponía. Te compraste una cámara porque te dije que quería ver como te masturbabas y te corrías mientras yo te escribía lo que a ti te gustaba leer. Claro, trabajabas en casa y podías estar todo el día enganchado al ordenador. Cómo me reía sabiendo que estabas esperando como lobo en celo a que yo conectase, con la polla a punto para empezar a acariciarte en cuanto me vieses aparecer.
Las pasé canutas cuando me rogabas una foto, escuchar mi voz o verme por la cámara. Yo inventaba excusas: no podía hacerme esas fotos que tú querías, mi marido era muy celoso y siempre me estaba controlando. ¿Cámara? Imposible en el trabajo, y en casa no tenía ordenador. Y tú venga a insistir. Te contentaba con las fantasías que te escribía. Que iba sin bragas todo el día, para poder tocarme a cualquier hora. Que ponía cachondos a los tíos. Que me gustaba hacerlo en los sitios más insólitos. Y tú me animabas a follar, decías que era tu puta, la más y mejor de todas. Entonces descubrí tu vena mirona y chulesca. Te excitaba imaginarme follando con otros, y querías verme. Me convencías para que, de alguna forma, grabase algún encuentro con cualquiera, te daba igual. ¡Imbécil! Estabas animándome a ponerte los cuernos, sin imaginar que tu puta era tu mujer.
Y, ahora te lo confieso, me gustaba esa nueva faceta mía que empezaba a descubrir. Sí, empecé a mirar a los hombres con descaro, a mostrarles mis encantos, a dejar que restregasen sus pollas en mi culo cuando iba en el metro, incluso a ser yo la que buscaba ese roce y no paraba hasta que se les ponía dura. Dejé de utilizar ropa interior. Alguna tarde, después del trabajo, me paseaba por los parques buscando algún hombre solitario sentado en algún banco. A veces, encontraba a alguno y me sentaba frente a él, con un libro en las manos. Subía mi falda disimuladamente y cruzaba distraída las piernas una y otra vez, hasta que llamaba la atención del desconocido, que enseguida se daba cuenta que bajo mi falda no llevaba nada. Cuando yo veía que ya se había percatado y no me quitaba la vista de encima, abría y cerraba las piernas, hasta que el pobre desgraciado empezaba a ponerse nervioso y disimular el bulto que empezaba a sobresalir en su entrepierna. Me sentía poderosa, deseable, sensual y puta. Y me gustaba.
Y entonces apareció tu querido hermano. ¡Qué distinto a ti, mi amor! La verdad, vida mía, es que siempre tuve la sensación de que yo le gustaba, pero antes estaba tan pendiente de ti, te quería tanto, que no prestaba atención a ningún otro hombre. A ninguno, te lo juro. Por eso tú te creías que me tenías segura, y te aburrías. Y mira que yo nunca fui de esas que se deja de arreglar, que se abandona. Al contrario, intentaba estar atractiva, y lo estaba, porque los hombres buenas miraditas que me echaban. Pero tú tenías suficiente con tu ciber-sexo. Te corrías tantas veces, a solas, con todas esas guarras, que no tenías ánimo para que se te empinase conmigo.
Cuando trasladaron a tu hermano a mi departamento, me sentí algo molesta, pensé que no iba a poder seguir chateando contigo. Pero ¡ay! amor, pronto me di cuenta de cómo me miraba. Y yo empecé a coquetear. Me agachaba ante su mesa y le ponía el escote ante las narices, se le iban los ojos detrás de mis pezones que le apuntaban descarados. Teníamos que quedarnos algunas veces hasta más tarde ¿te acuerdas? Tú estabas muy tranquilo, claro, estaba con tu hermanito. El pobre lo pasaba fatal. Hasta que una tarde que estábamos solos le cogí el paquete, estaba tan empalmado que no podía disimular. Sentado en la silla no sabía como ponerse. Le saqué la polla y le hice una mamada allí mismo. Luego me senté en la mesa delante de él y me abrí de piernas con el coño chorreando para que él me hiciera lo mismo. Y vaya, si me lo hizo. Lo siento, mi amor, pero es muchísimo mejor que tú, maneja la lengua como nadie y no para hablar precisamente.
A la mañana siguiente contacté contigo, te dije que conectases la cámara y empecé a contártelo mientras te veía masturbándote como un loco hasta que te corriste y el semen salió despedido hacía todas partes. No sé cómo te las arreglabas para dejar luego todo limpio, porque cuando yo llegaba a casa no había ni rastro de las fiestecitas que te pegabas. Mira, para algo te sirvió todo eso, mi vida, aunque tarde, te acostumbraste a limpiar lo que enguarrabas, que siempre has sido muy machista tú, y muy señorito.
Entonces te empeñaste en que querías verme follar con mi compañero de oficina, y no parabas, dale que te pego. Siempre te he dicho que tu cabezonería te jugaría alguna mala pasada ¿ves?... tenía razón. Se lo conté todo a tu hermano, total ya éramos amantes, así que bueno era que se enterase de lo vicioso que era su hermano. Sí, cariño, sí, eras un vicioso, y eso, quieras que no, nos ahorraba a nosotros remordimientos de conciencia.
La verdad es que a tu hermano le ponía la idea de grabarnos mientras tú nos mirabas. Tiene gracia la cosa. Empezamos a planear cómo hacerlo. Sería en su pequeño apartamento. Yo llevaría una peluca y los dos nos pondríamos unos antifaces, sí, como hacen en algunos de los programas pornos de la tele. Aunque pondríamos la cámara para que nos enfocase los genitales, con tanta posturita saldría alguna vez nuestro rostro, además quería que vieses como se la chupaba, eso te excitaba mucho, siempre me decías que seguro que tenía boca de puta. Y yo me miraba en el espejo y me preguntaba qué tenía de distinto la boca de una puta, igual se les había deformado de tanto chupar pollas.
Y te dije que sí, que iba a hacerlo. Y sólo de pensarlo se te puso dura... ¡imbécil!. Esa noche te dije que tenía una cena con los compañeros de trabajo, que también venía tu hermano y tú te alegraste porque así no tenías que preocuparte de cerrar la puerta del despacho, ni de tener cuidado para no hacer ruido. Conectamos la cámara y allí estabas tú, en pelota picada, dispuesto a deleitarte con una película porno en directo, teniendo como protagonista a tu puta preferida.
Nunca pensé que tuvieses tanta potencia sexual, hijo mío. Conmigo, creo que sólo dos o tres veces repetimos polvo y eso en los primeros tiempos. Claro, yo no sabía que lo que a ti te gustaba era mirar, habérmelo dicho, hombre de Dios, con el hambre de sexo que he pasado yo y los tíos que hubiera podido ligarme para tu deleite y el mío. Si es que ya se sabe que el problema de las parejas es la falta de comunicación. Conectamos también los micrófonos para que nos oyeses gemir y gritar y tú nos dabas órdenes, hacías el papel de mi dueño, así que me insultabas, me incitabas a comérsela bien, a que me lo tragara todo. Le decías a él que me follara, que me la metiera más adentro, que me diera por el culo. Gritabas como loco, mientras tu polla se encabritaba en una erección casi continúa. Creo que fue la noche más loca de sexo que he tenido nunca, porque a mí también me excitaban tus órdenes, me gustaba sentirme así de guarra y de perra, como tú me llamabas. Chico, chillabas tanto que temí que pudieran oírte los vecinos.
Y llegó el final, tu hermano y yo estábamos exhaustos. Y entonces él tuvo la idea. No pensó que te lo ibas a tomar tan mal, vida mía, sólo quería que tu y yo nos divorciásemos de una vez y me fuese a vivir con él. O que te gustase la cosa y siguiéramos los tres con el jueguecito.
Él no quería hacerte daño, oye, que es tu hermano, si hubiera imaginado lo que iba a ocurrir, estoy segura, óyeme bien, segurísima que no lo hubiese hecho. Pero lo hizo. Se quitó el antifaz y se acercó despacio a la cámara. “¿Has disfrutado hermanito?” te dijo. Tu boca se abrió como la de un pez, de esos tan graciosos que salen en los documentales. Y los ojos saltones, como los de los camaleones.
Estabas horroroso, cariño. Pero aún te faltaba lo mejor. “¿Quieres conocer a la putita que te vuelve loco?” A ti se te iluminó la cara, claro que querías conocerme, delirabas por saber cómo era. Tu hermano me acercó a la cámara y allí, despacito, mientras tú no quitabas ojo de la pantalla, me quitó la peluca primero, y luego el antifaz. Y claro, te dio el ataquito. Pero ¿cómo íbamos a saber nosotros que te lo tomarías así? No, yo creo que es que tu corazón estaba el pobre tocado de tantas pajas como te hacías, cariño, es que ya no tenías edad para eso. Me asusté, mi vida, me asusté mucho, pero ¿qué podía yo hacer? si la palmaste allí en nuestras narices. Pues nada, salir corriendo para allá y sobre todo buscar en el ordenador y borrar todo rastro de tus “travesuras” y las mías, no fuera a ser que encima tuviera lío con la policía. Me dio mucha vergüenza que te pillaran desnudo, y con el suelo manchado del semen de tus corridas. Pero tu hermano, que es un cielo, tuvo la buena idea de poner una peli porno de las muchas que tenías para tu uso y disfrute, y la pasma se lo tragó.
Claro que si hubieses visto mi actuación, fue el papel de mi vida, tan desconsolada y compungida, un Oscar me merecía por eso. Y no te quejes que tú disfrutaste lo tuyo, a más de uno le gustaría morirse así.
Y es que no me canso de decirlo, esto del ciber-sexo no trae nada bueno. O sí.
Comentario:
Woow!
qué historia!
buena, muuy buena!
besazo
qué historia!
buena, muuy buena!
besazo
Comentario:
Vale, Pez, vale, me ha quedado claro... me odias. Pues no te pienses que me voy a quedar así, ahora mismo voy a devolverte dos odios, por lo menos... faltaría más.
Un beso, bienvenido y gracias.
Un beso, bienvenido y gracias.
Comentario:
Ni idea de por que te odio hasta tres veces... Lo siento (tres veces).
Comentario:
Fatal. Te odio... ¿me puedes decir cómo hago ahora para intentar que mi recién nacido cuadernillo de bitácora no quede a la altura del barro después de esta historia?
Sublime. Espectacular. Sigue así. "Progresas adecuadamente".
Sublime. Espectacular. Sigue así. "Progresas adecuadamente".
Comentario:
Fatal. Te odio... ¿me puedes decir cómo hago ahora para intentar que mi recién nacido cuadernillo de bitácora no quede a la altura del barro después de esta historia?
Sublime. Espectacular. Sigue así. "Progresas adecuadamente".
Sublime. Espectacular. Sigue así. "Progresas adecuadamente".
Comentario:
Fatal. Te odio... ¿me puedes decir cómo hago ahora para intentar que mi recién nacido cuadernillo de bitácora no quede a la altura del barro después de esta historia?
Sublime. Espectacular. Sigue así. "Progresas adecuadamente".
Sublime. Espectacular. Sigue así. "Progresas adecuadamente".
Comentario:
Lola, Coco, Scape, Lara, Buffy: gracias, sois demasiado amables conmigo y las historias que se me ocurren, con vosotros da gusto escribir.
Un beso y un abrazo.
Un beso y un abrazo.
Comentario:
muy pero muy buena la historia!
mis feicitaciones!
disculpa que no te haya visitado antes, y es que estoy a full con una chambita de unos dìas nomás... y recine hoy he podido ponerme al día con los blogs :)
Un abrazo eterno
mis feicitaciones!
disculpa que no te haya visitado antes, y es que estoy a full con una chambita de unos dìas nomás... y recine hoy he podido ponerme al día con los blogs :)
Un abrazo eterno
Comentario:
Qué bueno, tía, queeeeé bueno!
Una vez me hubiera gustado gastarme una de esas, pero fue culpa mía, por mirar cosas que no debía en los archivos del ordenador...
Mujer cotilla muy mal...
Besitos ;)
Una vez me hubiera gustado gastarme una de esas, pero fue culpa mía, por mirar cosas que no debía en los archivos del ordenador...
Mujer cotilla muy mal...
Besitos ;)
Comentario:
jajjaaaaa, muy bueno, muy bueno!!
Comentario:
Ser como somos es muy cansado. Un beso por la parte que me encantaría que te tocara.
Comentario:
Plas, plas,plas....
Sin palabras.
Por primera vez sin nada que decir.
Petons
Sin palabras.
Por primera vez sin nada que decir.
Petons
