Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
Félix
Para inaugurar el mes de Septiembre, os dejo una historia que escribí hace algún tiempo, en la que el protagonista es un hombre. Espero que os guste.

Image Hosted by ImageShack.us

Hace unas horas intenté matarla, deseaba acabar con ella para siempre. Cuando apretaba su cuello con mis manos, veía su rostro tornarse morado, la garganta haciendo esfuerzos para que entrase el aire en los pulmones, los ojos mirándome desorbitados. Entonces, percibí su terror: tenía miedo a morir, me temía a mí. Y la solté.
Me horroricé, sentí asco por lo que había estado a punto de hacer, no quería convertirme en una bestia por su culpa. No, esto tenía que terminar. La pesadilla duraba demasiado.

Salí de la casa, la herida de mi cabeza latía sin cesar y no dejaba de sangrar. Me la había hecho ella al golpearme con la botella. Dirigí mis pasos hacia el hospital más cercano, debía verme un médico y seguramente necesitaría algunos puntos de sutura.

Pero esta vez no mentiría, no me inventaría accidentes o golpes fortuitos, le diría la verdad al doctor.

Ya me han curado y han hecho los informes pertinentes, así que ahora estoy en una pequeña salita esperando a una persona experta en estos temas. Ya ha llegado: es una mujer. Creo que será más fácil, para mí, hablar con ella que si lo hiciera con un hombre. Temo las burlas, las miradas de “no me lo puedo creer” o de “¿cómo un hombre puede aguantar eso?”. Empezamos a hablar y esto me tranquiliza, hace que me confíe, y voy deshilando la historia de mi vida.

Conocí a mi mujer cuando yo tenía 24 años y ella 22, era una bella mujer, con carácter. Me enamoré nada más verla. A mi madre no le gustaba. Nos casamos al poco tiempo, yo tenía un buen trabajo y no veía el momento de compartir mi vida con ella. Al principio, todo iba bien y éramos felices. Pero, poco a poco, fue mostrando su carácter dominante: le molestaba que tomase una cerveza con los compañeros de trabajo y me montaba una escena cuando llegaba a casa, así que dejé de hacerlo. No tenía ganas de ir a ver a mis padres y fui espaciando cada vez más las visitas. Empezó a invadir también mi única parcela: mi trabajo; le parecía que no tenía ambición, que debía pedir aumento de sueldo e intentar escalar puestos por todos los medios. Sin darme cuenta, fui quedándome solo: sin amigos, sin contacto con mi familia, sólo la tenía a ella.

Entonces nació nuestro primer hijo, Fernando. Eso supuso un respiro para mí, ella estaba ocupada con el pequeño y dejó por un tiempo de machacarme. Y a los dos años tuvimos al segundo, Enrique. Pensé que ese mal vivir, la pesadilla de esos años, había pasado ya y que ahora seríamos felices de nuevo. Yo la seguía amando y disculpaba su comportamiento. Pensaba que quizás tenía razón, que era culpa mía, que debía estar más pendiente de ella, complacerla … ¡qué equivocado estaba!

Según iban creciendo los niños, ella iba tornándose más y más exigente y autoritaria: descargaba en mí sus frustraciones, su rabia y su ira. Y lo peor es que no sé por qué, nunca conocí el motivo, me volvía loco pensando qué era lo que hacía mal.

Las cosas cada vez iban peor, me trataba mal delante de los niños, me humillaba, me insultaba, me hacía sentirme un guiñapo, un trapo sucio y arrugado que no servía para nada. Y llegó el día en que por primera vez, me golpeó y yo lo consentí, callé y se lo oculté a todos. Desde entonces, -¿cuántos años hace ya?-, mi vida ha sido un infierno.

Pensé en abandonarla, pero, ¿y mis hijos? No quería perderme su infancia. Si me separaba de ella, tendría que irme, verlos cada quince días. Camila me hubiera hecho la vida imposible. Si yo me iba, ¿con quién iba a descargar su rabia y sus frustraciones? Probablemente, con los niños. No podía consentirlo. Éramos tan felices los tres cuando ella no estaba. Esos ratos en que se ausentaba y nos quedábamos solos, los disfrutábamos al máximo. Y ¿qué pensaría mi familia, conocidos y compañeros de trabajo? Sería el hazmerreír de todos: un pelele, un calzonazos.

Esta mujer me está mirando y, por primera vez, me atrevo a hacerlo yo, cara a cara. Me encuentro con unos ojos llenos de comprensión, y respiro aliviado. Pregunta cuál es el motivo por el que he tomado por fin esta decisión: hoy, en plena discusión, ya ni me acuerdo de qué discutíamos, cualquier excusa es buena para ella, ha llegado mi hijo Enrique y por primera vez ha intentado defenderme –no puedo contener las lágrimas al recordarlo- entonces, ella se ha lanzado contra él con rabia y también por primera vez, yo me he sentido furioso. Quería matarla, deseaba acabar con ella para siempre.

Y de pronto, me he visto más ruin y despreciable de lo que ella me ha hecho sentir todos estos años. He mirado por un momento a mi hijo, tirado en el suelo, sus ojos suplicantes, temerosos, y la presión de mis manos ha ido cediendo poco a poco. Y supe lo que tenía que hacer.
 
Comentario:
Papeles que aparecen cambiados, pero sigue siendo el mismo horror. Creo que la vida está para vivirla y no para jodérnosla, pero supongo que es más fácil de decir que de llevarlo a cabo.
Seguiré en el intento de vivir en paz cada momento ... y de leerte todo lo a menudo que pueda, querida Des.
Un montón de besazos marinos, corazón.
 
Comentario:
Un curioso relato demasiado real por desgracia. Magistral en su enfoque y muy bien escrito.
 
Comentario:
Wolffo: encantada de que vuelvas, ya lo sabes. Un beso grande.
Scape, Lara, Gata recelosa: Así es, la mayoría de las veces es justo lo contrario, por eso quizá decidí que mi protagonista (por una vez) fuese un hombre, quizá en este tema los maltratados son grandes desconocidos, y seguramente hay más de los que imaginamos.No deberían existir ninguno de los dos casos. Jamás.
Besos.
 
Comentario:
coincido con scape95
 
Comentario:
Es jodido ver cómo un hombre es maltratado. Una mujer insatisfecha. Dos personas vacías. Lo que no entiendo es cómo se perdona la segunda vez...

Besitos ;)
 
Comentario:
Un relato duro, aunque, por desgracia, la inmensa mayoría de los casos son al revés.
 
Comentario:
¡Un honor ser el primero!

Veo que sigues en forma, después de mi espantá. Aunque no debe sorprenderme. ¿Dejaste de estarlo alguna vez?
Encantado de volver, Des. Mil besos
No