Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
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¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
El reino de Sosiego
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El reino de “Sosiego”


Os voy a contar un cuento:

Érase una vez ... una princesa que vivía apaciblemente en un reino llamado “Sosiego”. Ella era relativamente feliz con su príncipe, sus principitos y los familiares y amigos que la rodeaban. Y digo relativamente, porque sé de lo que hablo, yo comparto la vida con la princesa en el papel de dama de compañía y salvaguarda de sus más íntimos secretos. Y digo relativamente, porque ella era todo lo feliz que podía ser, sobre todo cuando no se conoce otro modo de vida diferente y siempre se ha estado rodeada de las mismas personas, y más o menos en parecidas circunstancias.

La vida de la princesa transcurría sin demasiados hechos destacables: no había ninguna gran tragedia, ni tampoco grandes goces, todo estaba como hecho a la medida de la normalidad. Claro que a veces había pequeñas desavenencias y enfados, preocupaciones, enfermedades leves... pero todo eso solía solucionarse casi por si sólo sin cobrarse más que algunas noches de insomnio y poco más.

Ella dedicaba sus ratos libres a disfrutar de las cosas que le resultaban agradables: la música, el ejercicio físico, la lectura, las representaciones teatrales, la grata tertulia con amigos. Pequeñas cosas que le reportaban pequeños placeres. Todo era pequeño, pero su suma, daba un resultado considerablemente abultado.

La princesa, que cómo ya he dicho disfrutaba mucho con la lectura y acudía siempre que podía al cuenta-cuentos para que le relatase historias de países lejanos, se preguntaba a menudo ¿por qué ella nunca había sentido ese AMOR (con mayúsculas) sobre el que tanto había leído? Ella amaba a su príncipe, pero siempre había sido un amor tranquilo, quizá porque lo había conocido siendo casi niña y se había acostumbrado a él y a su cariño. El hombre que compartía su vida era cariñoso, dulce, atractivo, inteligente, y muy fogoso. Y ella empezó a quererlo por todas esas cosas, porque se sentía protegida a su lado, mimada, adorada.

Rebuscaba en su memoria queriendo encontrar algún rescoldo, alguna pista que le llevase a pensar que sí, que ella también se había sentido morir de amor por alguien. Quizá lo más parecido que puede recordar es el primer amor de adolescente, el primer chico que le gustó y que nunca olvidó, seguramente por ser el primero que despertaba en ella ese sentimiento. Por otro lado, había tenido algún que otro romance pasajero, que si bien habían sido excitantes en un principio, no pasaron de ser un ligero revoloteo de mariposas.

Y la princesa pensaba que moriría sin haber sentido la alegría y el dolor, porque todos decían que dolía, de ese gran AMOR desconocido.

Hasta que un buen día, llegó al reino un personaje algo extraño y un tanto estrambótico, con verde mirada y hermosa sonrisa. Yo, que fui testigo, puedo decir que no pasaba desapercibido, no sólo por su apariencia física, sino también por su forma de ser y de expresarse. Tenía que pasar... y pasó. La princesa y él se encontraron y empezaron a conocerse.

Ella se sintió enseguida atraída por esa personalidad, e incluso algo envidiosa por la forma de vida de aquel hombre. Le gustaban sus firmes convicciones, el no dejarse llevar, como el resto de los mortales, por lo que se consideraba “normal” en todo el reino. Y eso la hacía pensar en su propia vida, en la inercia de las circunstancias, en que seguramente no era esa la forma en la que a ella le hubiera gustado vivir, pero ya era demasiado tarde para cambiarla, porque eso podría significar dolor y heridas difíciles de curar.

Se encontraban a menudo para hablar y él le contaba historias, anécdotas... daba igual. Ella se embebía de sus palabras porque siempre había sentido mucha curiosidad por cualquier cosa que le resultara interesante y porque escuchar su voz era como un bálsamos que la transportaba a otros lugares y otros mundos. Él era capaz de hacer pararse los relojes o que funcionasen a toda velocidad, dependiendo de si estaban juntos en que las horas a la princesa se le convertían en segundos; o cuando estaban separados, en que a ella los minutos se le hacían eternos. Así fue pasando un tiempo, y lo que empezó siendo una gran amistad y admiración, se convirtió para la princesa en algo mucho más íntimo. Ese hombre se convirtió en el centro de sus pensamientos, en su vía de escape. Él representaba o era capaz de hacerla sentir la alegría más exultante o la más horrible de las angustias. Él la hacía vivir con total intensidad. La princesa se preguntaba si eso era el AMOR, con mayúsculas. Estaba segura que no se trataba de una “atracción fatal” pues no había habido ninguna relación sexual entre ellos. No es que no la deseara, pero no era la parte más importante en esta relación.

Un fatídico día, el extraño visitante se exilió del reino, voluntariamente. Y la princesa empezó a entristecer. Ante los ojos de todos, ella seguía siendo la misma. En las mañanas cuando se levantaba, se sentaba ante su tocador y tapaba las huellas de las horas pasadas en vela. Se ponía tan guapa como podía. Y se pintaba una sonrisa. Seguía atendiendo sus obligaciones, y ocupándose de todo lo que requería de su atención. Incluso coqueteaba con algún hombre que no se resistía a piropearla. Pero todo lo hacía como una autómata, sin pararse siquiera a pensarlo. Hasta el deseo sexual se había apagado. Se sentía sin ganas para las relaciones carnales, no la excitaban igual las caricias, ni las lecturas que antes la provocaban. Estaba adormecida por dentro. Sólo se levanta como si renaciera, los días en que los sueños lo trajeron hasta ella, en los que camina por los pasillos de palacio como sonámbula, recreándose en su recuerdo.
Además de la tristeza, y la añoranza, la princesa se siente culpable de que él se haya marchado. Quizá nunca debió hacerle saber que lo que sentía por él era más que una amistad. Quizá él se marchó para que ella no alimentase ilusiones imposibles. Quizá él no sentía por ella nada más que un amigable cariño. Quizá... quizá...

Yo ya no sé qué hacer con ella. Intento distraerla, hacerla reír, embarcarla en nuevas ilusiones, en proyectos que sé que eran su sueño, pero tropiezo siempre con su indiferencia. Se deja llevar, sí, pero no le pone ganas, ni ilusión, ni nada.

A veces, la dejo que se desahogue llorando en soledad, intentando que nadie la moleste. Sé que las lágrimas calman su espíritu y esa ansiedad que se apodera de ella. Como esta mañana, cuando tuvo noticias de él. Hablaron largo rato, aunque a ella le parecieron escasos minutos. A veces, casi no atendía a lo que él le contaba, intentaba retener su voz para que el recuerdo persistiese durante más tiempo. Luego se despidió deprisa, antes de que las lágrimas rompieran el dique que las contenía. Y cuando por fin estuvo sola, las dejó desbordarse sin impedimentos, hasta que se le secaron los ojos.

Albergo alguna esperanza, hoy me confesó que no se arrepiente ni se arrepentirá jamás de haberle conocido, porque de otra forma no hubiera sentido nunca lo que no es capaz ni de describir. Que seguirá siendo la princesa a la que todos aman, pero que nada ni nadie le hará olvidar a ese extraño personaje que le regaló la vida. Y me ha dado un recado para que se lo haga llegar, así que tengo que salir corriendo en su busca. Como sé que a mi princesa no le importará he leído lo que pone en su pequeña nota:
“Te quiero, no te olvides de mí”



 
Comentario:
El amor es lo que tiene, a veces te hace volar y a veces te corta las alas, te atiza en la nuca y te pisotea el cuello con las alpargatas viejas.
El amor, generalmente, es bastante jodido, quizás porque mueve montañas y provoca aludes; pero nadie mejor que tú para darle clases a tu princesa.
Un besazo.
 
Comentario:
Inma: increiblemente contenta me siento al leerte. Los besos son recíprocos "a puñaos".
Tania: me matas de la risa. Dos "carajos", dos, por si con uno no tenía bastante. Y es que mira que esta princesa es complicada.
Lanamberguan: muchas gracias, guapa.
Wolffo: (besitos)
Scape: oye, no será la mía esa princesa que conoces. No, seguro que hay muchas parecidas.
Charlybertario: bienvenido. Seguramente tienes razón, pero ¿quién no se ha sentido dependiente de otra persona alguna vez en la vida?. Que no, que luego nadie se muere de amor, pero... casi. Y como dice un amigo mío, sentir una vez esa increible sensación, no puede hacer daño.
Besos.
 
Comentario:
Creo que no hay nada más dañino que la dependencia...aunque sea hermosa.
Los sentimientos no conocen de límites y la razón sí..pero ¿quien no se rinde ante la pasión?..de estúpidos es no hacerlo, aún sabiendo que andas por la cuerda floja y un buen dia te caerás.
 
Comentario:
Qué bonito... gracias.

Conozco a una princesa así :(
 
Comentario:

(precioso)
 
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muy muy lindo.
besos
 
Comentario:
Tania Alegria interpretando a la luz de un otro cristal semiótico:
Tanta retórica para decir esa cosa tan simple: "Quiéreme, car@jo!"
 
Comentario:
Tania Alegria interpretando a la luz de un otro cristal semiótico:
Tanta retórica para decir esa cosa tan simple: "Quiéreme, car@jo!"
 
Comentario:
Increíblemente bonito tu cuento Desordenada. Un montón de besos.
No