Cajón desastre
¿Qué hay en un cajón desastre? Vamos, vamos, pensad un poco. Pues eso.
Acerca de
¿Cómo se puede una describir? Hummmmmmm... pues mejor lo dejo a la imaginación de cada uno. De todas formas, todos tenemos muchas personalidades juntas y revueltas (o eso pienso yo), por lo que no resultará dificil que con alguna de las mías os podais sentir a gusto. O no. Correo: Des0104-blog@yahoo.es "HUMEDAD RELATIVA" (Libro) Support independent publishing: buy this book on Lulu.
Sindicación
 
A la luz de la luna
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El aire frío de la madrugada acaricia mi rostro y me hace sentir bien. Necesito despejarme. He perdido la cuenta de los tragos que llevo encima, además de dos rayas de coca y la pastilla que me ha dado Raúl, que no sé de qué coño estaría hecha. He dejado la fiesta. Ya estaban todos colgados, bueno, como yo, pero después de follar con el desconocido que me han presentado, no lo soportaba más.

Mis tacones resuenan sobre el asfalto. Los tipos del camión de la basura me lanzan algunas lindezas del tipo "qué buena estás" o "ahora mismo te comía el coñito" o "mira que polla tengo aquí para ti". No me extraña, debo parecer una prostituta vestida de Versace. Camino sin rumbo por las calles desiertas, hasta que me doy cuenta que estoy frente al edificio donde está ubicado mi despacho. Me extraño de haber llegado aquí.

Uno de los agentes de seguridad está en la puerta: me la abre y me da las buenas noches. No se sorprende de verme, está acostumbrado a mi presencia a horas intempestivas debido a alguna urgencia imprevista. Aunque hoy, ni yo misma sé por qué he venido.

Subo en el ascensor y pulso el botón de la planta 25. Abro la puerta de mi despacho, entro, y directamente me dirijo al mueble bar. Me sirvo un gin-tónic y con el vaso en la mano salgo a la terraza. Me impresiona el silencio y la paz que se respira. Ayudándome de una silla, me siento en la barandilla con las piernas colgando en el vacío.

- ¿Estás bien ahí?- oigo que dice alguien a mi lado.
- ¡Joder! ¡qué susto!, ¿de dónde has salido?, casi me caigo de la impresión.
- Pensé que era eso lo que querías- responde.
- O sea que has venido a ver como me tiro, ¿te pone eso a ti?. Si quiero tirarme lo haré yo sola, y no porque un gilipollas me dé un susto de muerte. ¿Se puede saber quién eres tú y qué quieres?, ¿cómo has entrado aquí?.
- No soy nadie importante, y no quiero nada especial, me apetece conversar un poco contigo.
- Claro, pasabas por aquí y te has dicho: "Voy a charlar un rato con esta chalada". Pues yo no tengo ganas de conversación, he venido para estar sola, así que ya te estás largando con viento fresco antes que llame a seguridad.
- ¿Has visto qué preciosa está la luna?, está llena y se refleja en tu pelo.
- Lo que me faltaba, un poeta lunático. No, no me he fijado en la luna, es un simple satélite.
- ¿Te acuerdas de la última vez que contemplaste la luna, Nuria?
Me vuelvo hacía él. Es un hombre joven y atractivo. Su mirada me taladra y parece que lee en mi interior.
- ¿Quién eres tú?, ¿cómo sabes mi nombre?, ¿qué haces aquí?. En mi cabeza se agolpan las preguntas, pero él no me responde y sigue hablando.
- Recuerda, Nuria, eras feliz, muy feliz. La luna lucía espléndida y tú estabas enamorada.
- ¡Cállate, cabrón, cállate!.
Me tapo los oídos, pero su voz, como un fino taladro, ha penetrado en mi cerebro.

Claro que era feliz, sólo faltaba una semana para mi boda. Acababa de hacer el amor con Andrés, mi prometido, el hombre al que amaba con toda mi alma. Salimos a pasear, abrazados, y nos sentamos en el parque. La luna, un gran disco de plata, era testigo mudo de mi felicidad. Por fin mi sueño se iba a hacer realidad: tendría una familia, mi propia familia, la familia que nunca tuve. Al día siguiente, quise darle una sorpresa a Andrés y me presenté en su casa, sin avisar. Tenía llave, así que abrí la puerta con sigilo. Cuando me acercaba a la habitación, oí murmullos y pensé que era la televisión. Pero, al abrir la puerta, le encontré "dándole por el culo" a nuestro más íntimo amigo. Más íntimo de él que mío, claro. Durante unos segundos permanecí inmóvil sin poder apartar la vista de aquel espectáculo, el tiempo suficiente para que ellos descubrieran mi presencia. Salí de allí corriendo, y seguí sin parar hasta que las nauseas me hicieron vomitar. Cuando poco a poco mi respiración se fue normalizando, llamé a mi secretaria y le ordené cancelar todo lo referente a la boda. No le di explicaciones, sólo que me marchaba durante unos días. No lloré, me dediqué a coleccionar hombres y a acostarme con ellos sin sentir absolutamente nada. Regresé a mi vida y a mi trabajo.

Ahora la imagen que tanto me costó borrar de la mente, aparece de nuevo y todo gracias a este hijo de puta que no sé lo qué quiere de mí. Ahí está la luna, hermosa e imperturbable. La miro.
- La vida es hermosa, Nuria, como esa luna.
- Vete a la mierda y déjame en paz. ¡Qué sabrás tú de mi vida!
- Más de lo que crees ¿seguimos repasándola?
Doy un trago a mi vaso y le miro, temblando. Tengo miedo de él y al mismo tiempo me tranquiliza su presencia.
Se ha quedado callado. El aire frío me ha despejado completamente. Miro al vacío que me atrae como un imán. Estoy muy cansada, cansada de esta vida inútil: mi vida. Noto su mirada que me atrapa, me tiene allí pegada y yo quiero volar.

- ¿Has vuelto alguna vez al mar, Nuria?- de nuevo, me sobresalta su voz.
- Cállate.
- ¿Y a tu casa?, ¿has vuelto a casa, Nuria?
- He dicho que te calles ¡Cállate!. ¿No ves que no quiero escucharte?, ¿qué pretendes?, ¿has venido a joderme la vida?. Déjame en paz.
- ¿A esto le llamas vida?, si estás pensando en acabar con ella, que más te da. No tienes vida, Nuria. Tú misma te la negaste aquel día ¿recuerdas?, el último día que viste el mar. Nuri, haz un esfuerzo... recuerda.
- No me llames Nuri, no lo hagas, nadie me llama así. No quiero, no quiero recordar. Te odio, te odio, eres un cabrón, hijo de puta, eres ...

Todo es inútil, ha conseguido otra vez su propósito. Mi mente está muy lejos de aquí: en aquella playa. Era mi cumpleaños y me sentía mayor, ya tenía ocho años. Papá había cogido el día libre y nos dio una sorpresa a mamá y a mí. Subida en aquellos hombros fuertes, sus hombros, era la reina del mundo. Desde aquella altura impresionante para mis ojos infantiles, me lanzaba de cabeza al agua, para abrazarme luego al cuello de mamá, que olía a mar. Ella me había despertado esa mañana, con besos suaves, acariciándome la espalda con su pelo. Yo hacía como que dormía para que ese roce no terminase nunca. Acababa de ducharse y su piel desprendía aroma de coco, el jabón que usaba siempre. Al anochecer, volvíamos a casa. Yo estaba feliz y agotada. Duerme, Nuri- me dijo mamá- duerme, enseguida llegaremos. Y estaba dormida, completamente dormida, cuando me sentí golpeada violentamente, el coche daba vueltas de campana y yo gritaba llamando a papá y a mamá.

- ¿Quién demonios eres?, después de tantos años, ¿por qué vienes a recordarme todo esto?- Mientras pregunto, me he bajado de la barandilla y estoy frente a él, mirándole a los ojos.
- Yo estaba allí, siempre he estado contigo, desde el día que naciste. Estaba impasible mirando como abandonabais vuestros cuerpos. Sí, Nuria, tú también deberías haber muerto en ese coche, pero te salvé la vida.
- ¿Por qué lo hiciste?, ¿por qué?, ¿no te das cuenta que yo deseaba morir?, ¿qué estoy intentándolo desde entonces?. Te odio, cerdo "metomentodo", ¿quién te mandó meter las narices en esto?.

Sin darme cuenta, estoy gritando y golpeándole con rabia. En este momento, deseo matarle. Él permanece quieto, aguantando mis golpes. Poco a poco, mis brazos y mis puños van perdiendo fuerza. Resbalo lentamente hasta que me quedo sentada en el suelo. Se sienta a mi lado.

- Mis órdenes eran de no hacer nada, los tres debíais morir, pero al pasar junto a mí, tu madre, no sé como, me vio. Me miró a los ojos y la oí susurrar: "Ella no, por favor, te lo suplico, ella no, sálvala". No sabía lo que hacer, nunca les había desobedecido y temía lo que pudiese ocurrir. Pero, antes de que fuera demasiado tarde, te cogí y te deposité nuevamente en tu cuerpo. Cuando llegó la ambulancia, llorabas. Desde aquel día no has vuelto a hacerlo y yo he seguido a tu lado.

Las lágrimas han empezado a brotar de mis ojos resecos. Discurren por las mejillas. Unas, se meten por la comisura de los labios y siento su sabor salado como el agua de aquel día en la playa. Otras, caen como gotas de lluvia sobre mi pecho. Tengo mucho frío y estoy temblando. Pienso en mi casa. Nunca volví, lo único que hago es firmar el cheque que mis abogados me presentan cada año para pagar a la vieja Jacinta, la casera. Tampoco la he visto más. Sin parientes próximos, mi destino fue un colegio interno donde me formé para seguir con los negocios de mi padre.

Su voz suave me murmura al oído: Duerme, Nuri, duerme, pronto estaremos en casa.

Me duelen los pies, estos puñeteros tacones me están matando. No sé como se me ocurre ponerme a andar a estas horas, con lo fácil que hubiera sido coger un taxi cuando salí de la fiesta. Me quito los zapatos y hago un esfuerzo por ubicarme. Creo que me he perdido. No, no estoy perdida, no sé cómo he llegado hasta aquí. Estoy parada delante de mi vieja casa. En el piso de abajo se enciende una luz y una pequeña rendija dorada se proyecta hasta mí cuando se abre la puerta. Vuelvo la cabeza al cielo y miro la luna, que contempla, impasible, a una niña vestida de Versace, con los ojos inundados de lágrimas y los zapatos de tacón en la mano.
Estoy cansada, muy cansada.
 
Comentario:
Pau: A ver si se le ocurre venir a visitarme algún director, aunque con un comentario como el tuyo, ya tengo más que suficiente.
Scape: gracias por tu generosidad, Esta historia la escribí hace algún tiempo, la tenía por ahí olvidada y se me ocurrió ponerla.
Pepe: muchas gracias, me alegra sorprenderte... para bien, claro.
Patricia/Ricardo, un abrazo también para vosotros, gracis por estar cerca aunque estéis lejos.
Inma: pues la verdad es que creo que no, aunque conmigo ni yo misma estoy segura, soy un desastre para recordar nombres, películas, libros, autores... y muchas cosas más. Yo no suelo pensar en mi muerte, con temor. Quizá sí en la de los demás.
Teté: tú sí que eres genial. Muchas gracias por tus palabras.
BEsos.
 
Comentario:
Que buen relato, muy bien enmarcado, muy... no sé, actual. Genial.
Saludos cariñosos
 
Comentario:
¿Conoces a Joe Black? desde que ví esa película pienso que si la muerte se vistiese así, casi que ni me importaría darle la mano un día... Atrapante tu relato magnífica Des.
 
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Siempre tenes capacidad de sorprender,la historia es muy buena,te mando un abrazo desde Argentina y te seguimos leyendo....
 
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Me has dejado sorprendidisimo!!! me encanta esta historia: imaginativa y con tintes muy reales lo quer la hacen mas cercana.
Enhorabuena y un beso
 
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Buffff... ¿qué decir?

Cada día te superas, ¿hasta dónde vas a llegar?
 
Comentario:
Esta historia podría ser un buen guión de una obra de teatro.
No