Cien gramos de pensamientos

Todo el día llevo hoy sin tener la mente fría, y ahora que está un poco tibia, sólo un poco, no te creas, pienso que quizá llegó el momento de hacerme algunas preguntas e intentarlas responder. De esto no tengo esperanzas, pero es un buen ejercicio para mi materia gris, que domingo y a estas horas siempre anda remoloneando y se niega a concentrarse.
Cuando el teléfono suena y yo me echo a temblar, sin saber cómo y por qué, algo en mi interior me dice que es tu voz la que oiré al responder la llamada. Y así es, no me equivoco. Del otro lado del hilo me llega esa voz tranquila, mientras que tiembla la mía. Y el pensar se paraliza, se remueven emociones. Y las palabras se quedan en la garganta atascadas.
Y ahora vienen las preguntas. No, no son preguntas. Son más bien ideas o sensaciones que pasan por mi cabeza como pequeños relámpagos que sólo duran segundos. Es difícil atraparlas.
Y es que no sé si me llamas como un consuelo a tu ausencia, por lástima o compasión, como se da una limosna a un pobre de esos que piden a la puerta de la iglesia. No es que me moleste, no, al contrario, es de agradecer que pienses en mí, aunque sea de esa forma. El orgullo hace tiempo lo perdí. Tampoco me importó mucho, creo que es algo que no sirve para nada, o por lo menos a mí, tan sólo me dio disgustos.
No te enfades, que son sólo pensamientos, tonterías que se me ocurren, ya sabes que soy así. También pienso que, a tu manera, me quieres, que te preocupas por mí, que te importa como estoy. De esto sí que estoy segura. Te lo puedo prometer.
O quizá, y es una hipótesis, me llamas porque te duele estar ausente de mí, porque a veces necesitas escuchar también mi voz. Ya, ya lo sé, no me lo digas, seguro es una ilusión de mi mente enfebrecida, pero comprende, es difícil intentar ser objetiva cuando hasta el alma te pide aunque sea una aspirina para calmar el dolor.
Tu esperas que yo adivine lo que sientes, lo que piensas, lo que no quieres decir. Y yo no aprendí todavía, ni jamás tuve poderes. Soy una simple mujer que sólo sabe vivir, que no piensa lo que dice, no sea que se arrepienta, pero dice lo que piensa, y además “desordenada” por si algo me faltaba.
Pero no puedo evitar pensar en ti cada día, y esperar hora tras hora que rompas con tu silencio. No me importan los motivos, aunque pueda parecer justamente lo contrario por todo lo que escribí. Me conoces, y ya sabes que ésta es la forma que yo elijo para deshacer angustias, para llorar y reír.
Y esto también es algo que sólo te debo a ti.
Comentario:
A veces la cabeza corre tanto, da tantas vueltas que apenas podemos alcanzarla, pero es que a veces el corazón late desacompasado con los impulsos nerviosos y cuesta hacerlos coincidir.
Todos nos preguntamos y preguntamos para luego sólo ser capaces de esperar una voz.
Me ha gustado. Besitos
Todos nos preguntamos y preguntamos para luego sólo ser capaces de esperar una voz.
Me ha gustado. Besitos
